FESTEJAMOS LOS 10 AÑOS DE NUESTRO SITIO VIRTUAL

Diciembre 11th, 2016

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Fue un lunes 11 de diciembre cuando nacía el desafío de presentar un sitio que comunicara temas vinculados con la ciencia y la tecnología en la Argentina. La  aspiración de tener un lugar en Internet, que durante años fue una especulación y contó con un antecedente de divulgación en radio, en marzo de 2014, se concretó en esa jornada de una década atrás. La continuidad del objetivo trazado –excepción hecha de un tiempo en que por un ataque pirata se abrió un paréntesis de silencio en este 2016- permitió acercar a una amplísima cantidad de personas que nos visitaron desde decenas de país, referencias puntuales del presente y perspectivas, pero también del pasado científico de la Argentina, con las voces de sus protagonistas, editoriales y comentarios de los más calificados referentes de distintas especialidades, algunos de los cuales ya no están entre nosotros pero que han dejado registrado aquí su agudo y claro pensamiento. La felicidad de este aniversario lo queremos compartir no sólo con quienes fueron protagonistas en este sitio web sino también con cada uno de nuestros seguidores. Y queda una evocación especial para la viuda del notable matemático Manuel Sadosky, la señora Katún Troise de Sadosky –fallecida en mayo de 2014- y que oportunamente aceptó ser la madrina de esta página.

El editor de la página con la madrina, la entrañable Katún, el día de la inauguración de la página web. fotos-aniversario-web-004 fotos-aniversario-web

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DIEZ AÑOS INCLUIDOS EN HISTÓRICOS DOSCIENTOS

La referencia tiene que ver con el Bicentenario de la Independencia Argentina,   que tuvo lugar el 9 de Julio de 1816, y la década de este espacio www.cienciaenlavidriera.com.ar que repasó también en su transcurso momentos diversos de nuestra historia vinculada con episodios más o menos felices en las áreas de nuestro interés.

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El presente encuentra a la ciencia argentina viva, con bases importantes en diversas disciplinas que derivan de un buen tiempo que hay que consolidar. Es el desafío de la hora, que el actual ministro de ciencia Dr. Lino Barañao conoce muy bien, ya que fue el gestor -con el apoyo político de la administración anterior- de un rumbo añorado durante mucho tiempo por el sistema científico argentino.

Es verdad que el presupuesto nacional aprobado hace algunas semanas en el Congreso Nacional disminuyó el monto asignado al Ministerio de Ciencia provocó una inquietud importante en distintos referentes, tanto como la reducción en el número de becarios para ingresar al Conicet en 2017.

En ambos casos hubo aclaraciones de los responsables de ambos sectores, quienes justificaron la decisión al tiempo que se estima que las partidas serán complementadas el año entrante. En tanto, hay representaciones de científicos que desean confirmaciones claras y que preparan una marcha de reclamos programada para el miércoles venidero, 14 de diciembre.

Desde este espacio continuaremos de cerca con lo que suceda, comprometidos con nuestra idea sobre la necesidad de apuntalar el desarrollo científico y tecnológico de la Argentina. Esto, como aporte necesario a una puesta en valor del país y convencidos de que para lograrlo se debe privilegiar el conocimiento en las áreas de punta de aquellas temáticas, y sosteniendo el valor de la divulgación sobre los avances que se consigan, o retrocesos si llegara el caso.

Como hace diez hoy –al inaugurar nuestra página web- y doce años al comenzar el ciclo radial de La ciencia argentina en la vidriera reafirmamos que nuestro compromiso no pasa por apoyar a una u otra administración por simpatía política, y sí por analizar las medidas adoptadas por las autoridades constituidas a partir del voto en elecciones libres.

Interesados en que nuestros visitantes tengan presente lo que motivó la creación de éste espacio, copiaremos a continuación la Editorial Inaugural de este ciclo, y la nota publicada un año después con el título El derecho a ser optimistas.

También le recordamos a nuestros visitantes que pueden consultar el informe sobre lo acontecido diez años atrás en la inauguración oficial de la página, al ingresar a la misma y hacer clic sobre la referencia correspondiente.

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Luis María Barassi

Editorial: “Festejamos los 10 años de nuestro sitio virtual”

1 diciembre 2016

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EDITORIAL INAUGURAL – Dic.06/Enero 07

diciembre 11th, 2006

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Por Luis María Barassi

Todo intento de comunicación es un desafío. Quien lo encara debe suponer que tiene algo interesante para compartir, pero saber también que esa idea necesita ser expresada con claridad.

Para mi alivio personal, confieso que muchos de los conceptos que aparecen en estas líneas se apoyan –porque creo firmemente en ellos- en convicciones profundas de valiosos interlocutores, a la sazón protagonistas en los diferentes microprogramas del ciclo radial “La ciencia argentina en la vidriera”, ahora también en Internet.

Aunque el acento del material de esta página web tiene que ver con el valor del conocimiento local en relación con las áreas de ciencia, tecnología e innovación -como impulsor del desarrollo económico, necesitado de mejor educación y una meta que es la de alcanzar una sociedad más justa- hay una convicción que lo precede e incluye.

Siguiendo al notable matemático Mischa Cotlar, comparto con él que “la cualidad humana está antes que la científica”, y que hoy por hoy “el problema prioritario de la humanidad es buscar un acuerdo entre los científicos sobre el uso correcto de la ciencia, prohibiendo su aplicación a fines destructivos o de explotación”.

Se podría señalar, asimismo, que la amenaza sobre el futuro de la vida en nuestro planeta es resultado de una explotación irracional que busca beneficios económicos a corto plazo. Eso lo promueven, desde los países más desarrollados –principales generadores de un tipo de producción y de contaminación que alienta el negativo cambio climático planetario- hasta los menos favorecidos, con formas de producción obsoletas y que buscan ganancias fáciles sin pensar en el daño que generan.
Aparece, entonces, un nuevo grado de responsabilidad. Porque, como afirma el doctor Pablo Canziani: “la ciencia avisa” los graves problemas que se avecinan. Y añade: “Yo como científico puedo decir todo lo que va a pasar, la comunidad científica puede decir los problemas o los beneficios que se producirán si hacen A ó B, pero la decisión final no está en manos del científico”.
Esto quiere decir, añade Canziani, que “es la comunidad y los tomadores de decisión quienes tienen que señalar el rumbo en base a la información que le aporta la ciencia”.

Queda claro que respetados estos puntos esenciales y que representan una suerte de catecismo laico de comportamiento universal, un país como la Argentina debe pensar en los beneficios económicos que aporta el conocimiento. Y esto debe responder a una convicción de índole cultural que también está antes y que Jorge Luis Borges nos ayuda a comprender: “Ser es un acto de fe. Y hacer una historia tiene que ver con palpar un sueño colectivo”.
Dos concepciones erradas y lamentablemente muy arraigadas en el inconsciente colectivo argentino nos las expresó el doctor José Galvele: “el creer que si uno es bueno tiene que ir afuera. Y la idea de para qué voy a desarrollar la tecnología si la puedo comprar en el exterior ”.

El propio Galvele afirma que si alguien es bueno tiene que quedarse acá, y aquel que desarrolló una tecnología de punta la usa hasta agotarla y la vende cuando está obsoleta.

La idea recuerda un pensamiento del doctor Bernardo Houssay, para quien no hay ciencia que no esté en perpetuo progreso y perfeccionamiento debido a la investigación científica. Así las cosas, no puede haber –según nuestro primer premio Nobel en ciencias- más que dos posiciones: “Remolcar o ser remolcado. Es decir, crear el conocimiento a la par de los demás, o bien aceptar una situación subordinada y dependiente de lo que produzcan los demás”.

En igual sentido, pero hace poco tiempo, un ex discípulo del propio Houssay y actual presidente del CONICET, doctor Eduardo Charreau, sentenció: “Sólo se puede hacer negocio con el conocimiento si es propio”. El concepto se enriquece con el siguiente interrogante del Doctor Mario Mariscotti: “¿Por qué no hacemos ciencia si ella es un buen negocio?”, y esta idea: “El modelo de país que se debería buscar es uno que use el conocimiento y que sepa competir en el escenario internacional a través del uso de su inteligencia”.

Ser capaces de llevar adelante un programa semejante implicaría una “revolución” de amplia repercusión. Así lo sintetiza el Presidente de la Agencia de Ciencia y Tecnología, Doctor Lino Barañao: “La transición hacia una economía basada en el conocimiento es la manera más democrática de llegar a una sociedad más justa”. Lamenta Barañao que “hasta hoy el país ha ensayado soluciones erróneas. Y lo único que no se ha probado es apostar al conocimiento”. Aunque nunca es tarde, y ante un proyecto de país que parece contar con una mayoritaria aceptación social, Barañao elige una fina ironía: “Así, el conocimiento aparece ahora como una alternativa novedosa cuando ya la mayor parte de los países la ha adoptado con mucho éxito”.
Establecer este camino de la educación como base de todo es clave. Entre otras cosas, porque “no es posible pensar en un desarrollo científico y tecnológico si no se comienza por una adecuada educación, la cual requiere de un entrenamiento que comienza desde los primeros años de vida”.

Si no se da un esfuerzo muy grande en el uso de la materia gris, la Argentina no va a resolver sus problemas, suele decir el Doctor Conrado Varotto, responsable ejecutivo de la CONAE. Y añade: “La Argentina no supo ver que se había sumado el conocimiento como cuarto factor de producción a los tres tradicionales que son la tierra, el capital y el trabajo”. Varotto habla “de ese conocimiento de tipo científico y tecnológico que es el que usted incluye en los productos y servicios de alto valor agregado, que a su vez tienen un impacto en los dos primeros sectores: el agrícola y el manufacturero”.
El necesario cambio del perfil productivo que tiene que encarar la Argentina no sólo incluye las líneas fuertes de conocimiento como son las áreas nuclear, espacial, biotecnológica, las nanotecnologías y las de software y servicios informáticos.
Como opina el economista Aldo Ferrer: “en el sector agrario y agroalimentario la Argentina tiene una frontera de desarrollo formidable. El tema es que nosotros tenemos que tratar de que en la cadena de agregación de valor –desde la explotación en la tierra hasta el producto final- participen en la mayor medida empresas argentinas transformadoras y empresas generadoras de conocimiento”.
Y en sentido coincidente, el Vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, doctor Mario Lattuada, asegura que “para los productores agropecuarios importa controlar la tecnología que se genera como insumo. En este caso, la genética de la semilla, el desarrollo de los agroquímicos, el desarrollo tecnológico de las maquinarias de último nivel”.
Estar convencidos de empezar a recorrer este camino servirá para responder una pregunta del Licenciado Arturo Prins –titular de la Fundación Sales- que tiene que ver con nuestro estado de crisis, y que el propio Prins dice que es porque “somos pobres”, y que esto nos pasa “porque vendemos bajo valor agregado y compramos alto valor agregado. Esa diferencia de caja es la que produce nuestro déficit y nuestra pobreza”.
A un país que quiere estar mejor no le conviene la débil vinculación del sector productivo con la ciencia y la tecnología.

El hoy de la economía argentina que busca un perfil diferente, señala que el 65% de nuestras exportaciones tiene un valor de 10 centavos de dólar el kilogramo, en tanto las importaciones se pagan a razón de un dólar con 30 centavos y hasta 6 dólares el kilo. Esto quiere decir que “importamos un montón de inteligencia y exportamos un montón de materias primas”, puntualiza Mariscotti. Por otra parte “en alta tecnología exportamos en relación de 1 a 17. O sea, por cada cosa de alta tecnología que exportamos hay 17 veces más que importamos”. Esto, señala, implica que tenemos un problema al que hay que buscarle solución.
En efecto, la Argentina –como dice el Lic. Prins- tiene una gran dependencia que es de carácter tecnológico. Y lamenta que la Argentina haya invertido en educación y en ciencia hasta ahora para terminar comprando afuera.
Llegados a este punto –y en esto coincide el actual Ministro de Educación, Ciencia y Tecnología, Lic. Daniel Filmus- la sociedad argentina entera debe estar convencida de la importancia que tiene invertir en ciencia y en tecnología, sin cuyo desarrollo “tendremos muchas dificultades para desarrollarnos como Nación y como región”.
Está comprobado, afirma Prins “que la ganancia que deriva de la inversión en I+D no es solo empresarial sino mayormente social”.

Para finalizar este primer encuentro editorial, me interesa subrayar el concepto “tecnología como articulador social”, que desarrolla el Ingeniero César Belinco, titular de la Red Tecnológica Argentina. Porque “necesita buenos científicos que estén en la frontera del conocimiento, que hagan cosas originales para poder, después –a partir de que el tecnólogo articula- utilizar alguno de esos conocimientos para agregar valor, para mejorar un producto, para mejorar un servicio. Estamos hablando de todos los productos y todos los servicios, ya sea de infraestructura comercial, civil o cualquier otro que uno piense”. Y cómo no entusiasmarse junto con Belinco cuando asegura: “A partir de una idea tecnológica de desarrollo aparece que hay más gente involucrada, más capacitación, talleres que trabajan. Entonces, estoy articulando una sociedad. Porque finalmente mi producto ¿qué tiene que tener? Una buena presentación –necesito publicistas-, necesito de todo para hacer tecnología”.
Por el contrario “cuando no hago tecnología, automáticamente todo ese trabajo se lo entrego a un señor de otro lugar. Es la idea de muchos, para quienes SI TOTAL TODO SE COMPRA HECHO, y que responde a concepciones políticas que en la Argentina echaron por tierra iniciativas de desarrollo industrial”.
En este sentido, hay una amplia coincidencia en que los desarrollos de política económica de gran parte de nuestra historia fueron claramente en contra de un modelo industrial.
Y se sabe que un modelo industrial necesita de un acompañamiento político muy fuerte.
Lo interesante, sostiene Belinco, es que “cuando uno decide un modelo industrial lo que decide es un entramado porque va a necesitar tecnología, la tecnología va a ser el entramado, va a necesitar capacitación o va a necesitar que la gente se instruya”.

Así las cosas, “la tecnología es un delicado equilibrio entre conocimiento y negocio donde ninguno de los dos es más importante, sino la alquimia particular de cada caso”.

Este es el camino que, entiendo, la Argentina debe sostener. Porque implica un proyecto capaz de contemplar distintas necesidades. Y le pido a usted que me acompañe rápidamente a leer estas ideas que son significativas para un desarrollo de país que no son moneda corriente en los análisis que aparecen en los medios de comunicación social:

El doctor Oscar Tangelson afirma: “es en esta articulación de educación, economía, producción, trabajo, ciencia, tecnología, empresa…Es en este tipo de articulación que una sociedad tiene posibilidades de insertarse en el siglo XXI”. Hugo Albani: “la tendencia de nuestros empresarios, de la mayoría, no de todos, es incorporar conocimiento del exterior y no a desarrollarlo acá”. Y añade el Subgerente de la empresa INVAP S.A: “Si lo hacemos acá le damos trabajo a la gente, tenemos un producto, resolvemos nuestro problema específico y tenemos un producto para ofrecer al mundo después”. Me interesa ahora rescatar un concepto del Doctor Marcelino Cereijido, para quien: “Mientras que el Primer Mundo se apoya EN la ciencia, el tercero habla de apoyar A la ciencia”. Y agrega: “Uno de los dramas del analfabetismo científico es que las sociedades que lo padecen son incapaces de detectar el problema”. Entonces, “mientras los países del llamado Primer Mundo son los que crean, inventan, fabrican, tienen, prestan…el 90% restante de la población se encuentra en países donde la gente se transporta, se viste, se cura, se mata, con vehículos, medicamentos, armas, que inventaron los del Primero”. También vale la palabra del Doctor Eduardo Dvorkin: “lo que más quieren los científicos es que la ciencia que hacemos termine convirtiéndose en tecnología, en apoyo al desarrollo social, en apoyo al desarrollo económico argentino”. Lejos de “endiosar” a ambos aspectos, importa citar esta idea del doctor Canziani: “la ciencia y la tecnología no son la única solución para los problemas de la Argentina. Pero sin ciencia y tecnología, los problemas que tenemos no tienen solución”.

La idea del microprograma “La ciencia argentina en la vidriera”, que en 2007 ingresará en su cuarto año de difusión por radio, sin ningún apoyo de origen oficial o privado –y sí merced a la comprensión de dos comunicadores: el señor Norberto Tallón, primero, por Radio América, y luego del señor Marcelo Simón, coordinador de la FM Folklórica de Radio Nacional- ha sido acercarle a la audiencia estas temáticas. Que todas las audiciones pasadas y las futuras, integren desde hoy esta página en Internet, tiene la intención de potenciar la llegada de tantos conceptos importantes vertidos por una notable serie de figuras destacadas en diferentes disciplinas, pero con la particularidad coincidente de querer un país mejor, más rico y más justo.

Creo que subrayar estas cuestiones, es hablar de un problema que tiene que ver con la historia errática de nuestro querido y maltratado país. Y las ideas aportadas por los entrevistados en el citado ciclo ayudan a pensar en una salida adecuada. Pensamientos que no deben quedar en círculos cerrados de opinión. Creo que deben ser conocidos por una población mayoritaria. Porque, como dijo el doctor Manuel Sadosky: “si no hay conciencia nacional de un problema, un pequeño grupo no puede modificar la historia. La historia excede los marcos de la universidad. Es la sociedad entera la que tiene que vivir el problema”.

La serie de microprogramas que constituye la columna vertebral de esta página web, quiere colaborar con esa necesidad de fortalecer una conciencia colectiva a favor del valor del saber y del saber hacer. También en ciencia y en tecnología, donde la Argentina –si se lo propone- tiene un futuro prometedor.

Luis María Barassi
Lunes 11 de diciembre de 2006


EL DERECHO A SER OPTIMISTAS
(Editorial del 1 de diciembre de 2007)

El encuentro de este mes nos sorprende en medio de una doble celebración de la que somos protagonistas.
La primera, tiene que ver con un episodio novedoso en la vida política argentina y se relaciona con la creación –a partir del lunes 10 de diciembre- del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Sin duda, una clara definición de la Presidenta electa en octubre pasado, y que desde aquella fecha y durante cuatro años habrá de potenciar lo hecho durante la administración saliente.

Conocida su determinación, no resulta antojadizo subrayar el acto de inicio del Programa Pabsela, el 30 de mayo de 2007, cuando la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner afirmó ante funcionarios y científicos: “lo importante es que hemos vuelto a poner a la educación, a la investigación, al estudio: a un modelo de desarrollo económico y social, en el centro de la escena”.

En el mismo acto -organizado en la sede de la Cancillería- señaló que su presencia allí significaba “por lo menos para mí, y yo creo que también para todos los argentinos, algo más que poner un Plan científico en marcha. Significa recuperar un valor cultural que habíamos perdido y que tiene que ver con esto: con la necesidad de fomentar, de apoyar, de incentivar, de desarrollar la investigación científica”.

Entre los presentes, se encontraba un prestigioso científico pronto a debatir en esa misma reunión el tema ético vinculado con las células madre. Hablo del doctor Lino Barañao, presidente de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica desde mayo de 2003, y designado el pasado 14 de noviembre para ocupar el inaugural rango ministerial. Aquella tarde, la doctora Fernández de Kirchner, habló también de “la necesidad de recuperar a la materia gris de un país, que conforma su elite dirigencial”.

En la Casa de Gobierno, algunos meses antes –septiembre de 2006- y en el acto de presentación del citado Programa Pabsela para el “Avance de la biomedicina científica en Latinoamérica”, la misma oradora señaló: “Esto no solamente es responsabilidad del Estado. En este caso es el Estado argentino el que toma el bastón e impulsa la realización de este Plan, a través de los organismos de Ciencia y Tecnología.

Pero también hay que decirlo: necesitamos la responsabilidad social de los sectores empresarios vinculados a estas cuestiones, y de todos los sectores empresarios. Y de toda la comunidad en general”.

El otro motivo de festejo, tiene que ver con el primer año de esta página web. Un puente en el compromiso personal pero de proyección social asumido ya en el ciclo radial “La ciencia argentina en la vidriera” desde marzo de 2004, merced a la posibilidad brindada por el periodista y locutor Norberto Tallón, en radio América.

La convicción de ser un nexo entre quienes saben e investigan en las variadas ciencias -y desean articular el conocimiento con la produccióny la comunidad, fortaleció la idea de divulgar por otro medio los logros y expectativas de tantos científicos e investigadores argentinos.

Así nació este sitio en Internet, el 11 de diciembre de 2006, durante una transmisión realizada desde el estudio de la FM Nacional Folklórica –coordinada por el señor Marcelo Simón, y con el inestimable compromiso del señor Pedro Patzer- reunión que contó con la generosa presencia de amigos y de científicos relevantes, entre ellos el propio Doctor Lino Barañao. (En microprogramas: 46,47,111,113,123,140,143, 149, 158)
Como madrina de la página web, asistió la querible Katún Troise, viuda de ese notable matemático y educador que fue el Doctor Manuel Sadosky, un auténtico humanista. Suerte de homenaje personal al querido Don Manuel, y un agradecimiento a ambos, por alentarme y vincularme con gente notable deseosa de un país mejor en el tener y en el ser. (El Dr. Manuel Sadosky, en microprogramas: 15,20,44. Se lo cita en muchos otros)
Ese día, también estuvo el Dr. Enrique Belocopitow –quien nos dejaría pocas semanas después- una persona entrañable y que dedicó gran parte de su vida a concretar una convicción: la necesidad de capacitar gente para acercarle al ciudadano común el significado de los descubrimientos y avances en ciencia. Por fortuna, nuestro querido “Belo” concretó su anhelo en la sede de la actual Fundación Instituto Leloir –entonces Fundación Campomar-, y sumó la Agencia de Noticias que dirigió hasta su muerte. La Agencia continúa desarrollando hoy su meritoria tarea, merced a un calificado grupo de profesionales y con la eficiente conducción de la periodista científica, Lic. Claudia Mazzeo. (Dr. Enrique Belocopitow, en microprogramas: 30,44,100. Se lo cita en otros)

No es casual, entonces, que en este diciembre de 2007 las categorías mensuales de esta página web EL PERSONAJE RECORDADO y EL COLUMNISTA INVITADO se detengan en los nombres de los Doctores Sadosky y Belocopitow, respectivamente.

Un impacto desteñido

Este apartado, se inspira en lo que –creo- tiene que ver con las líneas editoriales y el desconocimiento de nuestros analistas políticos y económicos de mayor renombre, en relación con lo que representa hoy en día y para el verdadero desarrollo de las naciones los aspectos científicos y tecnológicos.

Es una masa crítica que falta. Una suerte de “ceguera” para ver el rumbo que debe fortalecer la Argentina si quiere competir con éxito en el mundo del siglo XXI. Hay un divorcio tácito entre los análisis globales para analizar debilidades y posibilidades de nuestro país, y aspectos que resultan necesarios a la hora de construir el camino.

Si bien algunos citan a la sociedad del conocimiento y a la economía del desarrollo, resultan tibias para trasladar a notas de tapa y con caracteres destacados el papel que le cabe al saber en las distintas ciencias, en la tecnología y en innovación.

Adoptando el dicho como ejemplo basta un botón, conocidos los nombres que ocuparían las distintas carteras a partir del 10 de diciembre, la unanimidad de tapas fue absoluta: la información se detuvo en la continuidad de nombres y menos en los cambios y caras nuevas, prevaleciendo las especulaciones en la del designado ministro de economía.

Aunque los comentarios elogiaron la designación de un notable científico, como el doctor Barañao, para cubrir un ministerio a ser creado, todo quedó reducido a una mención a pie de página. Excepción de un apunte de Joaquín Morales Solá en La Nación, otro de Walter Goobar, en BAE, y un tercero de Fernando Cibeira, en Página 12, los medios gráficos desaprovecharon el convite, una decisión sin duda “revolucionaria” a la luz de tantos infortunios por los cuales pasaron tantos científicos e investigadores a lo largo de nuestra historia.
Es cierto que en páginas interiores la prensa requirió y reprodujo reportajes al ministro designado, pero creo que por ignorancia del tema y de la proyección que posee –aunque los mil y un análisis siempre incluyen citas a la educación- se desaprovechó la posibilidad de incluirlo en tapa, como una manera de interesar al lector común que, muchas veces, se queda con la lectura veloz de los títulos principales.
Entiendo que era el momento para preguntarse –y así ponerlo en letras de molde y hablar sobre el tema en programas de radio y televisión- sobre es el significado de la creación de un Ministerio, y ¿por qué éste?, en las áreas de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Comentar también qué significa darle al sector un papel protagónico, cuál es la intención y el propósito que encierra, qué implica la medida, en definitiva.
En este sentido, y durante la entrevista realizada por el periodista científico Leonardo Moledo para Página 12, el ministro designado decía “estoy feliz por mí” pero terminaba su idea señalando que lo era, sobre todo, “por la creación de este ministerio”.

Y añadía conceptos como: se trata de una revolución en las políticas científicas, es una creación trascendente, y: es un cambio de escala que posibilitará una enorme expansión.
Llegado a este punto, quiero referirme también a la insustancial mirada y pobreza de contenidos –muchas veces reiterativos- que refleja la mayoría de los análisis políticos y económicos en medios gráficos y programas de radio y televisión. Queda claro que no reniego del debate sobre aspectos puntuales que –en efecto- muchas veces empañan actitudes y decisiones trascendentes, y deben ser difundidos. Pero me resulta poco simpático cierto grado de “farandulización” en comentarios que no van a situaciones de fondo, quedando en meras denuncias o críticas sesgadas sobre aspectos coyunturales y que postergan discusiones y análisis de políticas a largo plazo que mucho se pregonan, aunque más como muletilla que como compromiso sincero para esclarecer a una audiencia que, las más de las veces, queda confundida y enredada en pensamientos sin destino.
Por eso, uno de los debates que los argentinos nos debemos -no sólo a nivel institucional y con los variados sectores representativos de las fuerzas políticas y de la producción y del trabajo, sino en los medios de comunicación en sus distintas formas- es ese perfil de país competitivo en serio y necesario de cara al Siglo XXI. Esto no aparece. No se lee, ni se ve, ni se escucha.

En este sentido, vaya si le cabe un lugar protagónico, en comentarios y análisis, a las áreas que incluye el nuevo ministerio.
Por eso, me detengo en esta otra “muestra botón”: en Alemania, ¿sabía usted que el ministerio de economía no es sólo de economía? En Alemania existe el ministerio de “Economía y Tecnología”. Por algo ha de ser.

El análisis “en contexto”.

Conocida la noticia de la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, me llamó la atención que ninguno de los reconocidos comentaristas hayan hecho el siguiente ejercicio intelectual: vincular o asociar la economía con la ciencia.
Los habitué del ciclo radial “La ciencia argentina en la vidriera” y aquellos que visitan la presente página web, han tenido oportunidad de escuchar y leer al Dr. Lino Barañao –en consonancia con la idea del Ministro de Educación, Lic. Daniel Filmus, y del propio Ing. Tulio Del Bono, titular de la SeCyT- sobre el compromiso de contribuir a cambiar la economía del país a un modelo basado en el conocimiento.
Dijo Barañao –y esto debió ser motivo de invitaciones y debates en programas de radio y televisión- que “hoy, la Ciencia y la Tecnología definen la economía de una Nación. El conocimiento es la fuente de riqueza más importante”.

Como suele señalar: “Avanzar hacia una economía basada en el conocimiento es la manera más democrática de llegar a una sociedad más justa”. Y añade que –afortunadamente- hoy nadie podría mandar a los científicos “a lavar los platos”. Esto implica que “no es políticamente correcto ignorar la ciencia y la tecnología”.

Se trata de reconocer lo obvio: “que la Ciencia y la tecnología son motor de desarrollo de un país”.

Por eso Barañao –y nosotros también, y la comunidad científica en general, y el futuro poder ejecutivo- considera que se ha reconocido lo obvio, instrumentando a la ciencia y a la tecnología como Política de Estado, con la urgencia de agregar valor a la producción de nuestras exportaciones. Esto incluye, por supuesto, “agregar conocimiento al campo”.
Barañao señaló que “el modelo de agro más tecnología es el que más conviene”.

“Si no lo hacemos –especuló con ironía- seremos una suerte de Reserva ecológica en América del Sur. Y vendrán turistas a ver cómo era un país antes de la aplicación del modelo de desarrollo basado en el conocimiento”.

El ministro entrante afirmó que estimular el conocimiento posibilita “la creación de empresas de base tecnológica” con inversiones que no sólo debe promover el Estado sino el sector privado.

También habló de los sectores prioritarios que tienen que ser estimulados: nanotecnología, biotecnología, nuevos materiales, la industria del software. Empresas de base tecnológica con aplicaciones importantes, básicamente, en aplicaciones agrícolas.
Conciente de esta suerte de salto cualitativo que se está registrando en la Argentina y que –reiteramos- poco análisis ha merecido en los grandes medios de comunicación audiovisuales, el Doctor Barañao aseguró que “los últimos cuatro años prepararon bien el terreno”. Se aprecia hoy un Sistema científico y tecnológico integrado y eficaz, con un elogio sobresaliente por lo hecho en el CONICET.

El informe de dicho Consejo sobre el periodo 2002-2007 dado a conocer por su Presidente, doctor Eduardo Charreau, el pasado 22 de Noviembre, muestra un presente elogiable y un futuro auspicioso.

La sola mención de la existencia de más becarios, investigadores, de convenios de cooperación internacional, la creación de la carrera de tecnólogo y el mayor número de patentes registradas, es clave para cualquier proyecto que desee apoyarse en la ciencia -como le gusta decir a nuestro compatriota, el Dr Marcelino Cereijido- para afrontar los problemas nacionales.

El necesario impulso político

Queda claro que este particular protagonismo que gana el área de Ciencia, Tecnología e Innovación –que han sabido destacar muy pocos políticos, analistas, editorialistas y comunicadores responsables de titular- tiene un aval distintivo en la persona triunfante a nivel ejecutivo, en los comicios del pasado 28 de octubre.

La información del día después de la designación de su futuro gabinete, y que se puede leer en un par de diarios, da cuenta de su particular interés en este tema.
El propio Doctor Barañao declaró en un reportaje publicado en Clarín, el 15 de noviembre, que percibía que había una convicción sincera de la presidenta electa en “apoyar la ciencia nacional”. Y consideraba que “la decisión de Cristina obedece a un cambio de paradigma”.

Que esto es así, lo confirman dos episodios recientes. Ambos, del martes 27 de noviembre. Uno, en la Casa de Gobierno y que coincidió con la entrega de los Premios Bernardo Houssay. El otro, en el Hotel Hilton, con motivo de la entrega de los “Premios Sadosky 2007”, en la habitual reunión anual de la CESSI, Cámara Empresaria de Sistemas y Servicios Informáticos.

A su turno, la Doctora Cristina Fernández de Kirchner confió su aspiración para el periodo de gobierno 1997-2001: “poder vincular el conocimiento, la ciencia y la investigación e innovación tecnológica con el proceso productivo económico argentino”.

Añadió que la creación de la cartera de Ciencia era algo más que una reorganización del Estado: “Pretende ser una señal muy clara a la sociedad de lo que la Argentina necesita en esta etapa del crecimiento”.

Y puso su esperanza para que esto sea posible. Entiendo que es una muestra clara que inspira el “derecho a ser optimistas”
El espacio radial y esta página, representan un humilde aporte en ese sentido. En particular, para que la comunidad comprenda la trascendencia de potenciar estos temas.

El derecho a festejar este primer año.

Suelo decir que la idea –tanto del ciclo radial como de esta página web- es la de construir un puente, un nexo entre tantas figuras notables de la ciencia, la investigación y el pensamiento, y la comunidad. En éste caso, personas no “iniciadas” en la variada realidad de temas que compone el ingenio humano en ciencias y tecnologías, y su relación con sus hacedores cotidianos.
En cuanto al sitio virtual, debo informar que el número de visitas ha crecido de manera exponencial desde la primera estadística hasta la más reciente. De algo más de un centenar, a miles.

Y la sorpresa se potencia cuando compruebo que el interés por encontrarse con los casi 160 microprogramas –texto, fotos y audio- no corresponde sólo a “navegantes de la red” argentinos, sino a personas de una larga lista de país.
No pretendo aburrir, pero para que usted tenga una idea le digo que la página recibe visitas para escuchar audio, además de la Argentina, claro, de: Estados Unidos de Norteamérica, España, Federación Rusa, México, Brasil, Perú, Chile, Colombia, Gran Bretaña, Venezuela, Ecuador, Canadá y Ucrania.

También recibe visitas habituales de residentes en: Alemania, Francia, Holanda, República Dominicana, Bélgica, Panamá, Uruguay, Australia, Suiza, Austria, Japón, Italia y China.

La lista sigue, claro. Son decenas de países más.

Un agradecimiento particular, merecen los especialistas en distintas responsabilidades y ramas de la ciencia e investigación que no dudaron en acercar sus comentarios para informar en un espacio que nada tiene que ver con el formato comprimido de los microprogramas.

Me place recordar los nombres de quienes honraron la categoría

COLUMNISTA INVITADO DEL MES:

Dr. Enrique Belocopitow, Dr. Marcelino Cereijido, Dr. Jorge Aliaga, Dr. Conrado Varotto, Dr. Osvaldo Canziani, Dra Sara Rietti, Dr. José Sellés Martinez, Dr. Facundo Manes, Ing. Eitel Lauría, Dr. José Galvele e Ing. Luis de Vedia, y Dr. Pablo Canziani.

Sus comentarios, los recomiendo. Son dignos de ser visitados y leídos otra vez.

Otra de las categorías es: EL PERSONAJE RECORDADO, figuras que con su compromiso con el ser y el hacer brillaron con luz propia, y merecen que se consulten sus vidas con real admiración.

Fueron ellos: el físico Jorge Sabato, el físico y astrónomo Enrique Gaviola, el médico sanitarista Doctor Salvador Mazza, el Naturalista –paleontólogo y antropólogo- Florentino Ameghino, el biólogo Doctor Eduardo De Robertis, el “Perito” Francisco Moreno, el físico nuclear Doctor José Antonio Balseiro, el matemático e historiador de la ciencia Ing. José Babini, el Doctor Andrés Stoppani, el geólogo José María Sobral, y el Doctor en medicina Alfredo Lanari.

Y queda la categoría COMENTARIO EDITORIAL, en la cual reflexiono sobre asuntos de la realidad vinculados con la temática de la página web, muchas veces desde un punto de vista polémico, y también fortaleciendo mis argumentos con determinadas ideas expuestas por los entrevistados.

Así las cosas, no quedó al margen el trágico episodio que derivó en el maestro asesinado en la provincia de Neuquén, como tampoco el sentido recuerdo ante la muerte de dos figuras queridas y admiradas: los Doctores Enrique Belocopitow y Mischa Cotlar.

En el cierre de esta nota, voy a incluir algunas de las fotografías de la inolvidable jornada del lunes 11 de diciembre de 2006. Fue en el estudio de la FM Nacional Folklórica –Maipú 555, de la Capital argentina- con la presencia de amigos, de mi mujer y mi hijo, y de connotados hombres de ciencia e investigación.

Informo que en el presente sitio, hay una entrada: Inauguración de la página web, donde se puede ver la totalidad de las fotos y escuchar los audios con las entrevistas a los ilustres invitados de aquel día. Incluido el diálogo telefónico mantenido con el Dr. Facundo Manes, prestigioso neurólogo e investigador en neurociencias cognitivas.

En la despedida, a todos y cada uno de ustedes, muchas gracias por su incondicional fidelidad. No a mí, sino a una de las más extraordinarias posibilidades humanas: el conocimiento, y que con dedicación e inteligencia encarnan los diferentes entrevistados. Pero no sólo poseedores de talentos distintivos sino también con la cuota de sensibilidad y humanismo sin la cual carece de valor cualquier iniciativa.

Luis María Barassi – Editorial Primer Aniversario- Diciembre 2007

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