Murió Marvin Minsky, el “padre” de la inteligencia artificial – Editorial urgente I: Enero 2016

enero 27th, 2016

El renombrado científico y filósofo tenía 88 años, y murió a causa de una hemorragia cerebal. Su trabajo inspiró el nacimiento de la computadora personal e Internet. Confesó haberse inspirado en obras de ciencia ficción y ser apasionado lector de Julio Verne, H.G.Wells e Isaac Asimov. Minsky visitó Buenos Aires en 1992, donde fue aplaudido como una estrella de la ciencia.

minsky libro 2

Nacido en 1927 en Nueva York, Minsky estudió matemática en las universidades de Harvard y Princeton. En 1959 cofundó el Proyecto de Inteligencia Artificial del Instituto de Tecnología de Massachusstes (MIT), junto con John McCarthy.

Las investigaciones de Minsky dieron lugar a muchas de las técnicas que hoy permiten que se encuentre información rápidamente a través de buscadores como Google, se consigan recomendaciones de viajes en Tripadvisor, que se hagan compras virtuales con la tarjeta de crédito, o que se decidan pedidos de una ambulancia para anteder una emergencia.

Minsky

Entre las innovaciones que Minsky desarrolló, se encuentran el primer casco de realidad virtual, el primer microscopio confocal, y el primer simulador de redes neuronales, llamado SNARC. Además, el notable científico fallecido hace tres días, creó manos robóticas capaz de manipular objetos.

Minsky libro 3

Minsky pensaba que las máquinas podrían pensar como los humanos.

Minsky en Buenos Aires

La visita de Marvin Minsky a la capital argentina se produjo por invitación del ingeniero Horacio Reggini, en 1992. Fueron cuatro días en los cuales dio tres conferencias, descansó en un campo de la provincia de Buenos Aires, anduvo a caballo y recibió el título de “ciudadano honorario”.

En una entrevista realizada por el diario La Nación durante su presencia en Buenos Aires, Minsky anticipó el rumbo hacia el mundo que hoy estamos comenzando a vislumbrar. En la nota de referencia, describió lo siguiente: “En el mundo virtual esta silla sabrá que es una silla; cuando uno termine de jugar, los juguetes se guardarán solos; todo estará limpio y tendrá sentido; será más eficiente y no perderemos tiempo. Ahora, el mundo es como un mal hotel. Algunos no se dan cuenta de cuán aburrido puede ser”.

A continuación, compartimos un programa conducido por el periodista Horacio De Dios, donde luego de anunciar a dos invitados que lo acompañarían en esa oportunidad, hizo hincapié en el Libro Sociedad de la Mente, del científico recientemente fallecido, y a la visita de Minsky al Instituto Bayard -en el barrio de Palermo, en Buenos Aires- en compañía del Ing. Horacio Reggini.

En el siguiente video, Marvin Minsky habla sobre la salud y la mente humana:

——–

Nota titulada CUANDO EL FUTURO ERA HOY, firmada por la periodista científica Nora Bär y editada en el diario La Nación del viernes 29 de enero de 2016:

Conocí a Marvin Minsky, profeta de la inteligencia artificial que acaba de morir el domingo último, una mañana de hace 25 años. Había llegado a Buenos Aires por una invitación de su amigo, el ingeniero Horacio Reggini, que a su vez había tenido la generosidad de pactar un encuentro.

Inspirado por la revolución que el científico norteamericano y un puñado de mentes brillantes estaban impulsando desde el MIT, Reggini quería difundir sus ideas en el país, y promover la programación y el uso creativo de las computadoras en la escuela (¡hace ya un cuarto de siglo!).

Minsky tenía todo el physique du rôle del genio que no encaja en las normas sociales por las que nos regimos los seres humanos “normales”. Iba y venía ensimismado por la sala semivacía en la que minutos más tarde daría una charla con un manojo de hojas de acetato transparente. Una punta de la camisa arrugada le asomaba por debajo del saco. Tenía una mirada aguda, humor ácido y la seguridad de los que están acostumbrados a ver más lejos que el resto.

Como otros superdotados, Minsky, que había sido un prodigio infantil del piano, cautivaba con la audacia y el desprejuicio de sus afirmaciones (en la entrevista que publicó LA NACION en 1992, opinaba que la realidad virtual iba a estar en todas partes, porque “el mundo es estúpido”; el año pasado usó la misma palabra en otra entrevista realizada por el especialista español en inteligencia artificial Ramón López de Mántaras y difundida por La Vanguardia: “Tenemos un montón de expertos estúpidos”). Aunque era simpático, amable y gran conversador, a primera vista no parecía apto para interlocutores timoratos. Sin embargo, Antonio Battro, el notable neurocientífico y promotor del uso de las computadoras en la educación, lo recuerda como “un hombre muy bueno y generoso, un genio excepcional y un amigo, siempre dispuesto a ayudar”.

A tantos años de aquel encuentro y cuando varias de sus teorías fueron superadas, recuerdo que encantaba como un ilusionista. Se planteaba nada menos que desmontar los engranajes de la inteligencia y recrear la mente humana en una máquina, y estaba seguro de que las computadoras llegarían a ser más inteligentes que las personas.

Casi al mismo tiempo en que se estaban desarrollando los primeros circuitos integrados y después de que, según se dice, Thomas Watson, director de IBM, había opinado que en el mundo habría mercado para unas cinco computadoras, su mente volaba hacia el horizonte y avizoraba no sólo el desarrollo de computadoras personales, sino las maravillas de cuentos de la realidad virtual, los robots “inteligentes”, la telepresencia.

Tanto él como Seymour Papert, otro pionero de la inteligencia artificial y creador del lenguaje Logo; Sherry Turkle, que entonces era una joven de treinta y pico, y se preguntaba por el sentido cultural, social y filosófico de las computadoras, y Nicholas Negroponte, fundador y director durante muchos años del célebre Media Lab, en el que se exploraban los confines de la tecnología digital, estaban avistando el futuro y explorando los múltiples caminos que se podían tomar para avanzar hacia el mundo que hoy ya estamos viendo. El país le debe a Reggini la difusión de sus ideas y la introducción de sus obras, editadas por Galápago.

“A lo mejor en 50 años seremos capaces de mirar dentro de la cabeza de alguien con un escáner -bromeó Minsky durante aquella entrevista-; ese día todos vamos a comprar esos aparatos para espiar los pensamientos de nuestros amigos”. También anticipó que la realidad virtual lo invadiría todo. “Viviremos en una suerte de Bujolandia, donde los juguetes se guardarán solos, todo estará limpio y tendrá sentido, será más eficiente y no perderemos tiempo”.

En Predecir el futuro ( Alianza Editorial, 1994), Stephen Hawking escribe: “No cabe duda de que predecir el futuro es muy difícil. En cierta ocasión pensé que me hubiera gustado escribir un libro titulado El mañana de ayer: historia del futuro. Hubiera sido una historia de las predicciones del futuro, de las que casi todas han errado el blanco”.

A juzgar por el devenir de los acontecimientos, en este caso, Minsky y un puñado de vigías inspirados que anunciaban las increíbles metamorfosis que la tecnología introduciría aceleradamente en nuestras vidas se dieron el lujo de desmentirlo.

————————————

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entry Filed under: Editorial

Leave a Comment

Required

Required, hidden

Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed