La UBA y un LIBRO que repasa 150 AÑOS de su FACULTAD de CIENCIAS EXACTAS – Protagonistas: Noviembre 2015

noviembre 1st, 2015

Editado por EUDEBA, “Historia de la Facultad de Ciencas Exactas y Naturales” UBA, se presentó el  jueves  29 de octubre en un acto ágil y emotivo que tuvo lugar en el Aula Magna del Pabellón 2 de la Ciudad Universitaria.

150 años aula magna 150 años libro

150 años exactas edificio

Fue como parte de los festejos por el 150 aniversario de dicha Facultad y organizado por el Programa de Historia de la FCEyN. El valioso texto de 350 páginas, con una Introducción, 18 capítulos y un Epílogo, sintetiza las investigaciones realizadas durante los 10 años de existencia de dicho Programa, y son sus autores Eduardo Díaz de Guijarro, Beatriz Baña, Carlos Borches y Raúl Carnota.

Pasados algunos minutos de la hora anunciada y ante un calificado auditorio -no sólo profesores, ex decanos, personas que fueron protagonistas de la historia que se presentaba, y jóvenes estudiantes- se ocupó un gran porcentaje de la bella Aula Magna del citado Pabellón.

La atención de los presentes se mantuvo siempre; primero, siguiendo las palabras de los encargados de abrir el acto -en un costado del amplio escenario- Juan Carlos Reboreda (decano de la FCEN), Omar Coso (representante de la Facultad en el directorio de EUDEBA, Editorial Universitaria de Buenos Aires), y el presidente de dicha Editorial, Gonzalo Álvarez.

Hubo proyección de imágenes donde se mostraron diferentes momentos de la historia de la Facultad, y particulares referencias aparecidas en noticieros cinematográficos donde se pudo ver al Dr. Bernardo Houssay, al general Juan Carlos Onganía refiriéndose a los científicos y a la ciencia previo a la trágica Noche de los Bastones Largos que él mismo decidiría poco después, y a los premios Nobel Luis Federico Leloir y César Milstein.

Llegó más tarde el turno de las ilustrativas exposiciones de los invitados para presentar el libro. Pablo Buchbinder (coordinador del Programa de Historia y Memoria de la UBA, y autor del prólogo), Alberto Kornblihtt (profesor titular plenario de la FCEN), Adrián Paenza (divulgador científico y ex profesor de la FCEN) y el coordinador del Programa de Historia de la FCEN que habló en representación de los autores Eduardo Díaz de Guijarro. La cantidad de referencias, anécdotas y reflexiones hechas por los expositores atraparon la atención de los asistentes que aplaudieron agradecidos el final, tras lo cual muchos de ellos se acercaron a los autores del libro para conseguir sus firmas.

Los autores responden sobre el libro – Editado en El Cable “Noticias de Exactas, el 15 de octubre de 2015 –

Nuevo libro sobre la Facultad
150 años, una historia
Por primera vez, la Facultad contará con un libro que abarca desde sus antecedentes más lejanos hasta el presente. El trabajo fue realizado por cuatro integrantes del Programa de Historia de Exactas. El texto, a partir de un exhaustivo análisis documental, persigue abrir polémicas, develar misterios y contradecir algunas hechos considerados verdaderos por cierto relato mítico vigente hasta la actualidad.
Por Gabriel RoccaEn parte, la iniciativa se debe a ese extraño y poderoso influjo que ejercen los números redondos. Lo cierto es que la Facultad tuvo que esperar 150 años para darse el gusto de tener un libro que cuente en detalle todo su recorrido: “Historia de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales”, es su título. Sus autores son cuatro integrantes del Programa de Historia de Exactas: Eduardo Díaz de Guijarro (coordinador del Programa), Beatriz Baña, Carlos Borches y Raúl Carnota.

“La propuesta surgió del decano vinculada con el 150 aniversario de la Facultad. Al principio dudamos un poco porque era un desafío importante. Nosotros lo habíamos pensado para más adelante. La realidad es que la fecha resultó un disparador y nos forzó a apurarnos pero creo que llegamos a un resultado interesante”, comenta Díaz de Guijarro con satisfacción.

A lo largo de sus 350 páginas el libro recorre desde los primeros antecedentes de las ciencias en Buenos Aires hasta el presente y desarrolla la historia de la Facultad en el marco de la realidad social y política del país, e incluye referencias a la historia de las ideas sobre la ciencia y los cambios del modelo universitario, planteando no sólo los proyectos, logros y fracasos de la Facultad sino también los múltiples conflictos que la atravesaron. “Queremos dejar en claro que el libro no cierra el estudio sobre la historia de la Facultad, más bien, nos gustaría que lo abriera”, asegura Díaz de Guijarro.

Una de las características más salientes de la obra es que se basa en un notable trabajo de búsqueda y análisis de archivos. “Queremos destacar que esta investigación fue posible gracias al trabajo de la gente de Despacho y Biblioteca que conservan, en forma ordenada y accesible, la documentación de Exactas. Creo que una historia así no se podría haber escrito en muchas facultades”, reconoce Carlos Borches.

– Muchas veces este tipo de libros se escriben como una compilación donde diferentes autores se abocan a trabajar sobre períodos específicos. Ustedes, en cambio, decidieron que el libro en su conjunto fuera de cuatro autores, ¿Por qué?

– CB: Nosotros cuatro venimos trabajando hace tiempo en el Programa de Historia y muchos de los temas los tenemos muy discutidos. Éramos conscientes de los matices que podíamos tener respecto de algunos períodos pero se buscaba, justamente, que el libro tuviera un tono único y no la yuxtaposición de diferentes voces. Eso requería de un trabajo intensísimo, la mayor parte del cual recayó en manos de Eduardo, que era quien tenía que destilar larguísimas discusiones de horas y plasmarlas, a veces, en pocas páginas. Me parece que se logró. Y creo que el trabajo resultó muy interesante porque el hecho de haber tenido estas discusiones, nos obligaba a afinar en los argumentos, en las formas de exposición, y me parece que todo eso fue enriquecedor.

– Una de las características del libro es que incluye un intenso análisis documental a partir de múltiples archivos de la facultad.

– EDG: Quisimos hacer una historia lo más abarcativa posible. Entonces tomamos desde los hechos previos a la formación del Departamento de Ciencias Exactas de 1865 hasta el presente, narrando la historia de la Facultad con varios marcos de referencia conceptuales. Para lograr eso la referencia imprescindible es la documentación escrita. Muchos de estos temas son altamente controvertidos y despertaron polémica en su momento y ahora también. Entonces, hemos tratado de evitar al máximo posible todo lo que pueda aparecer como una simple opinión de los autores. Siempre intentamos que el enfoque utilizado estuviera respaldado por datos documentales. De manera que toda polémica, que nosotros deseamos que se genere, es una invitación a un debate fundamentado. Ese trabajo de búsqueda de fundamentación ha sido uno de los temas que más nos ocupó, como se refleja en el siguiente hecho: el libro tiene 18 capítulos, un prólogo, una introducción, un epílogo. La cantidad de páginas que ocupa la bibliografía es mayor que el más largo de los capítulos.

– A partir de ese fuerte trabajo documental que llevaron a cabo, ¿hubo algún dato particular que los haya sorprendido, o que refute algún punto tomado como válido por el relato mítico de la historia de Exactas?

– EDG: Encontramos muchas perlitas de ese tipo. Estas curiosidades refuerzan la convicción de que nunca la historia es simple y lineal sino que está llena de contradicciones, de conflictos, de cosas que quizás no son como se cuentan. Podemos mencionar alguna aunque sin adelantar la respuesta. Hay toda una serie de versiones sobre cómo terminó la primera computadora que hubo en la Facultad, la famosa Clementina, que empezó a funcionar en 1961 y que muchas veces se dice que fue destruida en “la noche de los bastones largos”; otros sostienen que funcionó durante mucho tiempo más; algunos, incluso, afirman que está acá, en un museo de la Facultad. ¿Cuál es la verdad sobre el destino de Clementina? Hay muchas otras cuestiones. Yendo al origen de la UBA, ¿fue realmente Rivadavia el primer organizar de la UBA, o no?

– CB: Vos cuando contás una historia podés hacer hincapié en las rupturas pero también podés mirar por el lado de las continuidades. Por ejemplo: el episodio de “la noche de los bastones largos”, sin dudas fue traumático para nuestra facultad. En Computación quedó un solo profesor, todos los demás renunciaron. Pero hubo otros departamentos que no fueron afectados de la misma manera. La situación de Computación llevó a pensar que Clementina había sido destruida, pero no fue así, la computadora siguió funcionando y el Departamento se rearmó luego de un tiempo. Otras líneas de continuidad se pueden rastrear a partir del golpe de Estado de 1955. Hay como una sensación de que muchas de las mejores cosas vinculadas con la ciencia comienzan después de esa fecha avalada por una historiografía muy amplia que no casualmente fue escrita por intelectuales que participaron de un lado de ese episodio político. Pero, cuando uno empieza a mirar los papeles, se encuentra con sorpresas. Por ejemplo, que la estructura departamental de la Facultad se puede rastrear antes de esa fecha; que la participación de muchas de las personalidades de la Facultad, que fueron muy relevantes durante la década del 60, ya las podemos encontrar antes de 1955 cumpliendo una tarea muy digna. Claro, después, algunos pasados se borran y otras cosas se resaltan.

– ¿Cuáles creen que serán las polémicas más acaloradas que va a despertar el libro?

– CB: Hay debates que tienen vigencia en el presente, como la situación de la universidad en los 70 o toda la situación de la Facultad en el marco de las políticas llevadas a cabo por el menemismo. Esas situaciones están abiertas e influyen directamente en la política actual. Hay otras cuestiones más antiguas que hace unos veinte años podían despertar debates acaloradísimos y que hoy, me parece, la comunidad universitaria ya las puede mirar desde otro lugar. Puedo contar una experiencia personal. En el año 92 escribí en el Cable una nota sobre la legislación universitaria peronista señalando que la gratuidad estaba ahí, no en la reforma del 18 como se decía en la década del 80. Eso llevó a que algunas personas de la Facultad fueran a ver al decano Recondo para pedir mi renuncia. Esas cosas, hoy en día, son impensables.

– EDG: Muchos de los temas que se tratan en los últimos capítulos es posible que contengan aspectos polémicos: la relación de las universidades con los organismos multilaterales de crédito; las líneas de investigación predominantes en los países centrales y su relación con los problemas nacionales; la relación entre ciencia básica y tecnología, son temas que están en discusión en este momento en la Facultad. También las etapas en las que el movimiento estudiantil tuvo participación protagónica siguen siendo controvertidas, aunque hayan pasado casi 100 años, como por ejemplo, las consecuencias de la Reforma del 18. Nosotros tratamos de mostrar algo que sí es muy importante y es que la historia de una facultad, como la de una sociedad, es una historia de conflictos. No hay etapas idílicas. Por eso desterramos el concepto de la “década dorada” tan usado para el período 55/66. Nosotros decimos expresamente que no la vamos a llamar de esa manera porque eso sugiere una realidad donde todo era armonioso y no era así. Fue una época de grandes logros pero también de terribles conflictos que tratamos de mostrar.

– ¿Quiénes les gustaría que sean los lectores de este libro?

– CB: El lector predominante que uno tiene en la cabeza son los jóvenes, los que tienen esa curiosidad de conocer qué es este lugar adonde están haciendo su carrera. Después, también el lector que tiene formación y, en muchos casos, posición tomada sobre muchos momentos de la historia de la Facultad como participante de una discusión para enriquecer el debate. Pero creo que hay como un imperativo moral de transmitir un mensaje a las generaciones siguientes para que tengan muy clarito que estas paredes materializan un proceso histórico, cargado de conflictos, de relaciones, que va más allá de la vocación que uno puede tener por la ciencia y que expresan tensiones políticas a nivel nacional e incluso internacional.

– EDG: Suele ocurrir que los primeros lectores de este tipo de trabajos son las personas que han protagonizado una parte de esta historia y que buscan el libro para verses reflejadas. Pero, el principal esfuerzo está centrado en que este trabajo les llegue a los estudiantes. Para mí, el objetivo principal, si hay que resumirlo en una sola frase, es mostrar que la historia y el presente de esta facultad no terminan en las paredes de un pabellón ni en los límites de Ciudad Universitaria, sino que van mucho más allá; que la facultad y cada uno de sus protagonistas están totalmente inmersos en una sociedad que tiene problemas que se entrecruzan y viven dentro de la facultad. O sea, que esta historia, la de Exactas, forma parte de la historia de la sociedad.

————————————–

150 años en 150 palabras
El 16 de junio de 2015 se cumple un siglo y medio de la firma del decreto que creó la institución que se convertiría, luego de múltiples avatares, en lo que es hoy la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Para conmemorar ese nacimiento, el Cable convocó a personalidades destacadas de la Facultad, profesores eméritos y autoridades, para que brinden su testimonio.
Adrián Paenza – Profesor Honorario UBANo necesito usar 150 palabras. Son demasiadas. Me alcanza con dos: gratitud y orgullo. Pasé allí los mejores años de mi vida. Aprendí de qué se trataba la matemática, pero mucho más importante, entendí de qué se trataba la vida. Aprendí en las clases pero también en las asambleas, aprendí en las prácticas pero también en las clases públicas. Aprendí en las reuniones de claustro pero también en el centro de estudiantes. Aprendí en los coloquios con mis colegas pero también con los no docentes. Tuve profesores extraordinarios y con ellos aprendí a enseñar. Tuve alumnos extraordinarios y ellos me ayudaron a entender lo que ni siquiera advertía que no sabía. Es por eso que cuando me piden el currículum, me alcanza con decir: “Soy egresado de la UBA… no, mejor dicho, ponga que soy egresado de Exactas UBA”. Así dicho me hace sentir mejor. Salud y vamos por otros 150.

Osvaldo Uchitel – Profesor Emérito UBA

La lucha y el respeto por la libertad de pensamiento y la excelencia académica, que en la práctica cotidiana se traduce en libertad de cátedra y de investigación, fue una de las características más destacables de la trayectoria de FCEN desde su creación. Este ambiente comprometido con la educación y la ciencia fue el motor que hace 25 años me llevó a cambiar el foco de mi actividad docente y finalmente mudar el laboratorio a Ciudad Universitaria. El contacto con los alumnos en la asignatura “Fisiología del Sistema Nervioso” me dio la oportunidad de integrar bajo el mismo techo la docencia y la investigación en neurobiología. Me permitió además, compartir con mis colegas y en particular con el distinguido profesor Héctor Maldonado la tarea de incorporar las “neurociencias” a la FCEN y fundar el Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (UBA-CONICET).

Vicente Barros – Profesor Emérito UBA

Mi vínculo con la Facultad lleva más de 50 años. Conocí a mucha gente que admiré por su talento, creatividad y espíritu solidario que son lo mejor de su tradición. Si hay alguien que personificó estas virtudes y a quien quiero recordar con gratitud es a Manuel Sadosky. Su labor visionaria es conocida: trajo la primera computadora electrónica al país, creó la carrera de Computador Científico y fue el primer secretario de Ciencia y Técnica de la Democracia y, por supuesto, mucho más. Lo que el tiempo va borrando, y quiero rescatar aquí, es su enorme bondad y solidaridad. Fue vicedecano entre 1959 y 1966, justo en mis años de estudiante. En muchas ocasiones actuaba casi como un padre cuando alguno de nosotros estaba en dificultades. Pero no se limitó a las acciones aisladas, y busco un canal institucional creando la Fundación Albert Eistein para becar a estudiantes de origen humilde.

Víctor Ramos – Profesor Emérito UBA

La creación del “Departamento de Ciencias Exactas”, incluidas las naturales, se debe a la decisión pionera de Juan María Gutiérrez, el flamante Rector de la Universidad de Buenos Aires quien en marzo de 1865 afirmaba “las necesidades de un país que progresa tan rápidamente como el nuestro, justifican la creación de un Departamento del que puedan egresar ingenieros civiles, mecánicos, astrónomos y geólogos”. La enseñanza de la Geología no sólo marcó la primera clase del Departamento de Ciencias Exactas por Pellegrino Strobel en junio de 1865, sino que fue pionera a nivel continental. Los profesores y graduados participaron activamente no sólo en la exploración y descubrimiento del petróleo en la Argentina en los inicios del siglo XX, sino que han contribuido al desarrollo de los recursos naturales a través de la investigación básica y aplicada, a lo largo de sus 150 años de enseñanza.

Víctor Yohai – Profesor Emérito UBA

Quisiera recordar a algunos de mis grandes maestros, profesores de esta Facultad, que dejaron huellas imborrables en mi vida: Gregorio Klimovsky, Mischa Cotlar y Oscar Varsavsky. Los dos primeros me enseñaron a pensar y a disfrutar de la Matemática. Las clases de Gregorio Klimovsky eran torrentes de nuevas ideas presentadas con tanta fluidez que producían entusiasmo y ganas de aprender. Las clases de Mischa Cotlar eran de una profundidad y claridad excepcional y producían un disfrute intelectual único. Oscar Varsavsky era un gran matemático, pero su inquietud intelectual no se limitaba a la Matemática, sino que se extendía a la Economía, la Sociología y la Política, su gran pasión. Esta inquietud multidisciplinaria estaba dirigida a promover la creación de una sociedad más rica y más justa. Oscar consideraba que la utilización de modelos matemáticos era una herramienta muy útil para ayudar a lograr ese objetivo. Con él me inicié en la investigación y aunque luego me orienté hacia el área de la Estadística, sus enseñanzas todavía perduran.

Roberto Fernández Prini – Profesor Emérito UBA

Empecemos por la poesía, porque aun las causas dolorosas nos pueden convertir en cuasi-poetas. Eran las 21.00 del malhadado día y cuando llegamos frente a Perú nos encontramos con que estaban “cargando” estudiantes y docentes, incluyendo profesores, a los carros de detención de la policía. Aunque parezca mentira mi recuerdo fue el silencio que había, porque el estupor no nos permitió otra cosa. Nos destruyeron nuestros sueños que, poco a poco, veíamos florecer en la vida académica de la FCEN.
Cuando tuvimos un gobierno democrático, el dado se dio vuelta. Era tan poco lo hecho en el Departamento de Química Inorgánica que parecía un corralón abandonado donde los más viejos reconocimos equipos arrumbados que solíamos utilizar en las prácticas de laboratorio. Al principio, más tristeza, pero luego vimos la posibilidad de hacer algo nuevo siguiendo la dirección que había impreso el Dr. Rodolfo Busch, pero por supuesto “aggiornada” a fines del siglo XX. Así fue como recogimos con entusiasmo el desafío y hoy el Departamento de Química Inorgánica y el INQUIMAE son instituciones de gran importancia en la concreción de trabajos científicos novedosos y la prestación de los servicios que se necesitan.

Mario Nuñez – Profesor Emérito UBA

Me remonto a los años 63/64 cuando Exactas tenía la sede en Perú 222. Nuestro Departamento, Meteorología, no tenía lugar en ese sitio y funcionaba de prestado en un edificio de la Avenida de Mayo, sede de la OEA por esos años. Las aulas inmens as y los largos bancos escalonados en el Aula 1. Los mismos bancos que sacábamos a la calle para interrumpir el tránsito durante nuestras protestas estudiantiles. Recuerdo el final de Análisis 1 con el profesor Manuel Sadosky. Iba mirando el escrito de cada alumno recorriendo los bancos a nuestras espaldas y yo no sabía qué pasaba. Cuando llegó cerca de mí, miró mi hoja y me dijo: “Yo revisaría el ejercicio 4…”. Después de un buen rato encontré un pequeño error y lo corregí. ¡Me saqué un distinguido! ¡Qué profesores aquellos y cuánta humanidad había en Manuel Sadosky!

Juan Vilas – Profesor Emérito UBA

El Paleomagnetismo surge en América Latina con el primer viaje de campo del joven Ken Creer en 1957. A principios de la década de 1960, y por iniciativa del entonces director del Departamento de Ciencias Geológicas de la UBA, Félix González Bonorino, es contratado el Ingeniero Daniel A. Valencio para iniciar la enseñanza de la Geofísica a los alumnos de Geología e iniciar las investigaciones paleomagnéticas en Argentina. El Laboratorio de Paleomagnetismo de Buenos Aires es creado en 1964 y se constituye rápidamente en un centro reconocido internacionalmente, promotor de las investigaciones en la naciente Teoría de Tectónica de Placas y difusor del paleomagnetismo a nivel continental. Las redes de amistades que se generan a través de la colaboración desinteresada entre colegas de varias naciones latinoamericanas ayudan a la construcción de los laboratorios en Brasil y México. A pesar de numerosos avatares que conspiraron contra su supervivencia a lo largo de estas cinco décadas, el “Laboratorio de Paleomagnetismo Daniel A. Valencio” continúa plenamente activo y honrando la tradición de colaboración amistosa y desinteresada que signara su nacimiento.

Pablo Jacovkis – Profesor Emérito UBA – ex decano de Exactas UBA

Una de las características más notables de Exactas es la relación de pertenencia que crea a sus integrantes. Por un lado, ésa es una particularidad muy positiva; dejando de lado a quienes trabajan en ella (cuya sensación de pertenencia es obvia), normalmente, quienes después de recibirse -sea inmediatamente o después de ejercer un tiempo la docencia en ella- se dedican a otras actividades, profesionales o académicas, tienen a la Facultad siempre presente: es impresionante como, cuando por razones institucionales me conecté con profesores radicados en el exterior, la respuesta fue inmediata y colaborativa en prácticamente todos los casos. Y, en los últimos años, una expresión de esta pertenencia se da en el esfuerzo de numerosos graduados de contribuir a la reconstrucción histórica de la Facultad, con todos sus vaivenes, uno de cuyos muchos resultados es justamente la celebración de nuestro sesquicentenario.

Jorge Aliaga – ex decano de Exactas UBA

Desde el Cable me convocan a escribir “150 años en 150 palabras”. Lo que he dicho sobre Exactas es mucho más que 150 palabras. Lo hice cuando tenía un rol que desempeñar y ha quedado documentado en mi sitio personal de Internet. Lo único que podría aportar a esta altura, luego de haber dejado años luchando contra los negocios, la mentira y la violencia, es invitar a leer las palabras que pronunció Rolando García para el Centenario de la Facultad. Las mismas están en mi blog (http://www.jorgealiaga.com.ar). Uso entonces sólo 100 palabras y le digo a la comunidad de Exactas: Felicidades.

José Olabe – ex vicedecano de Exactas UBA

Casi 30 años después de mi incorporación a la FCEN en 1986, en su etapa de recuperación democrática, y luego de colaborar activamente en la refundación docente de la Química Inorgánica, avanzar en mi tarea científica con colegas y estudiantes inusualmente capaces, y haber podido ayudar a la consolidación institucional de la Facultad en diversas funciones, incluyendo la de consejero directivo y vicedecano, no puedo menos que sentirme gratamente conmovido por el aniversario que conmemoramos. Disfrutando del reconocimiento que la Universidad, el CONICET y los miembros de la comunidad académica me han brindado, tengo aún el placer de seguir activo en mis trabajos y poder seguir dedicando algún esfuerzo para con la Facultad, que me gratifica sobremanera. No es pequeña cosa, junto con la suerte de poder mirar hacia atrás y hacia delante con sensaciones de satisfacción por la labor cumplida.

Carolina Vera – ex vicedecana de Exactas UBA

Exactas atraviesa mi vida desde que entré por primera vez como estudiante hasta ahora como mi lugar de trabajo en docencia, investigación y gestión. Exactas, para mí significa pensar, debatir, crear, compartir e implementar ideas, no solo para aumentar el conocimiento científico sino también con la motivación de contribuir al bienestar de las personas que habitan en nuestro país. Rescato entre tantas cosas, la implementación junto con docentes y estudiantes de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de proyectos de investigación de calidad, orientados a resolver problemas concretos, mi etapa como vicedecana que me permitió conocer y aprender de las otras comunidades que existen en Exactas así como contribuir a una gestión integral de nuestra Facultad. “Ser de Exactas” nos marca con esa manera horizontal y frontal de encarar la actividad académica y científica, marca que no se borra y que llevamos a todos lados en los que nos toque actuar.

Luis Baraldo – vicedecano de Exactas UBA

Tres veces elegí a Exactas como mi casa. La primera, al ingresar, apartándome del mandato familiar que me pedía una ingeniería. Tuve que acostumbrarme a otro ritmo, otros compañeros, otra exigencia. Aquí tuve la suerte de encontrarme con gente que soñaba que la Argentina tuviera ciencia y me sumé al sueño. La segunda, cuando decidí quedarme a hacer el doctorado. Otra vez postergar el plan de un buen sueldo. Pudieron más las ganas de ayudar a que el sueño de que tuviéramos una ciencia no fuera una cosa de los sesenta. La tercera, cuando decidí volver a la Argentina. Después de tres años en los Estados Unidos, descubrí que extrañaba la docencia. Y volví para enseñar y seguir construyendo el sueño. Tres veces tuve la suerte de que esta casa me aceptara y siempre encontré con quien compartir mi sueño. No puedo estar más agradecido.

Juan Carlos Reboreda – decano de Exactas UBA

El 16 de junio de 1865 se creaba el Departamento de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Cuatro años después se recibían los primeros 12 alumnos. Hoy, 150 años después, la Facultad cuenta con un plantel de aproximadamente 400 profesores y 800 docentes auxiliares que atienden a 6000 alumnos de grado y 1500 alumnos de postgrado. Por año, se reciben en la Facultad entre 800 y 900 alumnos de grado y de posgrado y sus docentes investigadores publican cerca de 1000 trabajos en revistas científicas internacionales. En la actualidad, la Facultad es el principal centro de Argentina en la formación de recursos humanos y en la generación de conocimiento científico-tecnológico en el área de las ciencias exactas y naturales. Esto no siempre fue así. Desde el retorno de la democracia, la Facultad experimentó un lento proceso de reconstrucción, que se basó en unos pocos pilares: docentes-investigadores con dedicación exclusiva, concursos periódicos y abiertos para todos los cargos docentes y transparencia en la gestión del presupuesto que se recibe del Estado nacional. Hoy, como en sus orígenes, el desafío de la Facultad sigue siendo formar recursos humanos y generar nuevo conocimiento científico y tecnológico que ayude al desarrollo socioeconómico de nuestro país y a lograr una sociedad más justa.

 

——————————————————

Institucional de la FCEyN – Historia
Los primeros antecedentes de estudios científicos en nuestro territorio fueron las escuelas de Náutica y de Dibujo, a principio del siglo XIX.

Al fundarse la Universidad de Buenos Aires en 1821, las materias de ciencias exactas formaron parte durante varias décadas de la formación de médicos, ingenieros y arquitectos.

En 1865, el Rector Juan María Gutiérrez creó el Departamento de Ciencias Exactas, que incluía ingeniería y el profesorado en matemáticas, con la intención de cubrir las necesidades prácticas del país pero también de estimular el pensamiento riguroso. Este se considera el antecedente más antiguo de la actual facultad. En 1870 egresaron los primeros ingenieros, pero hubo que esperar varios años para que se sistematizaran las carreras de ciencias básicas.

En el año 1874 el Departamento de Ciencias Exactas es dividió en dos facultades: la Facultad de Matemática y la Facultad de Ciencias Físico-naturales. Funcionó regularmente la Facultad de Matemática otorgando títulos de ingeniero civil. En 1878 se incorporaron nuevas carreras: ingeniero geógrafo, arquitecto y doctor en ciencias físico-matemáticas. En 1881, al nacionalizarse la UBA, que antes era provincial, se vuelven a unificar las dos Facultades, y se pasa a llamar Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas.

El 28/9/1886 obtiene su título el Doctor en Ciencias Físico-matemáticas Ildefonso Ramos Mejía. Sin embargo, el 18/5/1882 se había graduado el Doctor en Ciencias Físico-Naturales Pedro Pando, si bien no tramitó su título hasta el 8/6/1903.

Luego, los estatutos universitarios de 1891 le cambian el nombre a Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, dentro de la cual comenzó a funcionar en 1896 el Doctorado en Química, orientado a cubrir puestos de trabajo en la naciente industria nacional y el Doctorado en Ciencias Naturales. El primer egresado del Doctorado en Química fue Enrique Herrero Ducloux, el 4/3/1902, mientras que el primer Doctor en Ciencias Naturales fue Angel Gallardo, egresando el 26/3/1902.

La Facultad funcionaba en el edificio de la Manzana de las Luces, y las carreras de química, ciencias físico – matemáticas y ciencias naturales coexistían con las de ingeniería y arquitectura, mayoritarias en cuanto a cantidad de alumnos.

En las primeras décadas del siglo XX debe destacarse el trabajo del español Julio Rey Pastor, iniciador de la matemática en la Argentina. Durante esta etapa la carrera de ciencias básicas con mayor cantidad de graduados fue el doctorado en química, con una salida laboral principalmente dirigida a la industria.

A partir de la década de 1940 se introdujeron las licenciaturas, siendo necesaria la realización de una tesis de postgrado para obtener el título de doctor.

En 1949 la Facultad de Arquitectura pasó a ser una unidad académica independiente, y lo mismo ocurrió en 1952 con Ingeniería. A partir de ese momento las carreras de ciencias básicas quedaron agrupadas bajo su nombre actual: Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

A partir de 1955 se inició una etapa de gran desarrollo de la Facultad, especialmente en las tareas de investigación. Se crearon nuevas carreras, se organizaron los departamentos, se equiparon las bibliotecas y los laboratorios y se inició la construcción de la Ciudad Universitaria en 1959. En el Pabellón 1 se instaló el Instituto de Cálculo y a partir de 1962 los departamentos de Matemática, Física y Meteorología.

Dos premios Nobel estuvieron vinculados a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales: Luis Federico Leloir, médico, fue Director del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la FCEN entre 1962 y 1965, y César Milstein, químico, egresó de la FCEN en 1952.

La Facultad, como el conjunto de la sociedad argentina, fue víctima de las dictaduras militares y sus aliados: la tristemente célebre Noche de los Bastones Largos, en 1966, causó la renuncia de la mayor parte del cuerpo docente y, en la segunda mitad de la década de 1970, la violenta represión produjo cesantías, exiliados y desaparecidos.

En 1971 se completó la mudanza al Pabellón 2 de la Ciudad Universitaria.

Desde 1983, a partir del retorno de la democracia, se produjo un paulatino fortalecimiento de las actividades docentes y de investigación, y una modificación de la matrícula, cuya consecuencia fue que actualmente la carrera más numerosa es la de Ciencias Biológicas.

———————————————

150 años de Exactas-UBA     Por Jorge Aliaga

La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (Exactas-UBA) cumplió 150 años de vida el 16 de junio de 2015.

Sus palabras no sólo son una evidencia histórica de su enorme visión política y de la importancia del proyecto académico que lideraba.

El día del aniversario, la Facultad organizó una conmemoración en la Manzana de las Luces, sitio donde tuvo su sede desde el inicio y hasta que la terminó de abandonar en el año 1971. En el acto hablaron Pablo Jacovkis (decano 1998-2006), yo (decano 2006-2014) y Juan Carlos Reboreda (decano 2014-2018). Luego el Dr. Victor Ramos, vicedecano entre 1998-2006 y representante de la Facultad en la comisión de conmemoración del bicentenario de la UBA, dio una charla sobre la historia de Exactas-UBA en la Manzana de las Luces.

Esto fue lo que dije en ese acto:

“Agradezco la invitación que me hiciera el Decano Reboreda para hacer algunas reflexiones en este aniversario. Ante todo, me costó aceptar porque estoy alejado de la Facultad y la percibo como parte de una etapa intensa pero cerrada de mi vida. Sin embargo me convenció justamente la posibilidad de poder dar una visión desde otro lugar, siempre subjetivo pero distinto.

Toda institución se crea con un propósito, y las universidades no son la excepción. Seguramente el Dr. Ramos se referirá luego a las diversas etapas que caracterizaron la historia de esta Facultad, relacionadas con diversos propósitos, así como el paso de ella por este sitio histórico.

Yo quiero destacar la importancia que ha tenido para el país la existencia de un proyecto dedicado a formar profesionales de grado y de posgrado con docentes-investigadores activos, que por primera vez eran contratados con dedicación exclusiva a esa tarea. Docentes que concursaban periódicamente, y que estaban nucleados en departamentos, sin cátedras. Con un Instituto de Cálculo dedicado a resolver problemas aplicados. Y con un Departamento de Industrias y un proyecto de Instituto de Investigaciones Tecnológicas, ambos en conjunto con la Facultad de Ingeniería.

El valor estratégico de un proyecto de estas características, como pilar de un desarrollo basado en la ciencia y la tecnología, fue visualizado hace medio siglo por una generación que lideraron Rolando García y Manuel Sadosky. No voy a juzgar si ese proyecto fue el único o el mejor. Lo que no se puede dudar es que era un proyecto posible, porque se hizo, existió.

Pero además ese mismo proyecto se recreó con enorme esfuerzo desde el regreso de la democracia, en los últimos 30 años. Entre 1957 y 1966 se construyó desde cero, lo cual tuvo la dificultad de lo novedoso y las ventajas de tener menos resistencia de estructuras preexistentes. La importancia de esta segunda etapa es múltiple. Por un lado nuevamente demuestra que es posible, con el mismo estatuto, tener todos los docentes periódicamente concursados y con renta, haciendo docencia e investigación de primer nivel internacional y en un ámbito universitario. Y que además colaboren en el desarrollo del sector productivo público y privado, sintiendo que deben dar respuestas a la sociedad que los financia y no a los intereses internos o corporativos. Pero también su existencia es una demostración experimental de que la primera vez no fue casualidad, y que lejos de ser sólo una utopía es algo perfectamente factible y desarrollable por el colectivo que se lo proponga.

Como decía Rolando, la primera vez que se impulsó este proyecto de política académica se opusieron tanto sectores de izquierda como de derecha: Los primeros, según el explicaba, porque no entendían lo que se quería hacer y los segundos porque sí lo entendían. Lo mismo pasa con la segunda vez, pareciera que algunas cosas no cambian. Es bueno tener presente que, así como pasó con la primera, esta segunda etapa también puede terminar, porque este proyecto de universidad estatal científica y tecnológica no tiene sentido en un país que solo aspire a exportar materias primas sin industrializar. Pero será más fácil volver a recrearlo las veces que se desee, porque será muy evidente que con objetivos claros, honestidad y dedicación es algo posible.

Por eso, con la convicción de la importancia estratégica que ha tenido y tiene esta Facultad en Argentina y por su actualidad, hago mío el cierre del discurso que diera Rolando García en la celebración del primer centenario, el 14 de junio de 1965. Roldando decía: “Hoy NO nos preguntamos, como cuestión más urgente que debemos dilucidar para poder vislumbrar nuestro futuro “¿adónde va la ciencia?”; nos preguntamos “¿adónde va el país?”.

—————————————————————

150 Años de Exactas: Conmemoración central en la Manzana de las Luces de la creación del Departamento de Ciencias Exactas

21 Junio 2015

El 16 de Junio la comunidad de Exactas retornó a la Manzana de las Luces donde hace 150 años  el rector de la Universidad de Buenos Aires, el Dr. Juan María Gutiérrez había fundado el Departamento de Exactas para cumplir un viejo anhelo. En su Memoria de Marzo de 1865 afirmaba que “las necesidades de un país que progresa tan rápidamente como el nuestro, justifican la creación de un Departamento del que puedan egresar ingenieros civiles, mecánicos, astrónomos y geólogos”. Desde sus inicios como rector  en 1861 había tenido en claro la importancia de formar ingenieros y geólogos para nuestro país que comenzaba una importante obra de organización nacional. Los profesores contratados en Italia llegaron al país en Abril de 1865, en medio de la ebullición que había originado la declaración de guerra a la Argentina  del Congreso paraguayo y la recuente invasión de la ciudad de Corrientes por parte de las tropas del Mariscal Solano López. A los pocos días de la fundación se iniciaron las actividades en la Manzana de las Luces con la primer clase de Geología dictada por el Profesor Pellegrino Strobel.

La ceremonia se realizó en la antigua Sala de Representantes, inaugurada por Bernardino Rivadavia en 1822.  Esta sala fue sede del Congreso Constituyente de 1824 y fue  donde se reunió el Congreso del Estado de Buenos Aires en 1854. Fue la Sala de la Legislatura durante toda la época de Rosas y posteriormente Sala del Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires. La reunion tuvo una nutrida concurrencia que colmó las instalaciones de la Sala de Representantes. La conmemoración  estuvo presidida por los tres últimos decanos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. El Doctor Pablo Jacovkis, Decano de la Facultad entre 1998-2006,  hizo uso de la palabra para aludir a la figura de Juan María Gutiérrez destacando sus múltiples facetas de hombre de letras, matemático, encargado de las relaciones exteriores y gran organizador  como rector desde 1861 a 1874 de la Universidad de Buenos Aires. A continuación habló el Doctor Jorge Aliaga, Decano entre 2006-2014, quien aludio al desarrollo e impulso que tuvo la Facultad durante la excelente gestión de Rolando García (1957-1966), en lo que se conoce como la época de oro de Exactas. Cerraron las presentaciones las palabras del Doctor Juan Carlos Reboreda, actual Decano, quien se refirió a los orígenes de la Facultad y al largo y prestigioso camino que transcurrió hasta la actualidad, destacando la importancia de la institución en el desarrollo del conocimiento y progreso de las ciencias en nuestro país en la actualidad.

La conferencia del Doctor Victor A. Ramos sobre “150 Años de Exactas y la Manzana de las Luces” destacó la importancia que ha tenido nuestra Facultad en esta histórica manzana desde la creación de la Universidad de Buenos Aires, que motivara el nombre de la Manzana de lasLuces como fuera sugerido por el periódico Argos en 1821, a pocos días de su fundación, que marca el inicio del primer Departamento de Ciencias Exactas. La conferencia destacó la creación del segundo y definitivo Departamento de Ciencias Exactas en 1865, que diera lugar a través de diversas modificaciones a la actual Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. Durante la presentación se destacaron las diferentes etapas que tuvo la Facultad con sus diversas denominaciones en la Manzana de las Luces, que marcó el desarrollo de las ciencias básicas en la Argentina.

Las clases se inciaron en la sala en que se desarrollaba la Academia de Jurisprudencia y contaron con tres profesores llegados de prestigiosas universidades de Italia, uno de Matemáticas Pura, otro de Aplicadas y un tercero de Historia Natural con especial énfasis en la Geología. El cuarto profesor de Química venía ya enseñanado en la Universidad desde 1854. El departamento produjo los primeros doce ingenieros encabezados por el Ing. Eduardo Huergo en 1869, primer ingeniero argentino, y se conviertió más tarde en 1874 en las Facultades de Ciencias Fisiconaturales y  de Matemáticas.

La Facultad se nacionaliza en 1881 y años más tarde se expande al resto de la Manzana de las Luces. Ya habían egresado los primeros matemáticos, químicos y doctores en Ciencias Naturales. Debemos esperar al año 2014 para el egreso de los primeros geólogos, los Doctores Franco Pastore y Juan José Nágera.

La construcción del nuevo edificio en el sector central de la Manzana de las Luces marca el momento de máximo esplendor edilicio y académico de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales con profesores prestigiosos que marcaron numerosas generaciones de egresados en las diferentes disciplinas.

Las diferentes etapas llevaron a la “época de oro” de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales  bajo la conducción del Doctor Rolando García entre 1957 y 1966. Por sus claustros habían pasado dos premios Novel, como los doctores Federico Leloir, Director del Instituto de Investigaciones Bioquímicas y el Doctor César Milstein Licenciado y Doctor en Química de la Facultad, antes de obtener tan importantes galardones para la ciencia argentina.

La última etapa está marcada por la “Noche de los Bastones Largos” del 29 de Julio de 1966, que marcó un punto de inflexión para la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y su permanencia en la Manzana de las Luces.

Hoy día sólo quedan cicatrices de esa época de esplendor que esperan su revindicación para dar testimonio de una institución  que ha sido una de las de mayor prestigio y permanencia con más de 150 años de las señeras instituciones que se desarrollaron en la Manzana de Las Luces… La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.-

———————————————————

 

 

 

Entry Filed under: Personaje del mes

Leave a Comment

Required

Required, hidden

Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed