ROFFO, Ángel – Personaje del mes: octubre 2011

octubre 1st, 2011

Síntesis de su vida

Nació el 30 de diciembre de 1882 en Buenos Aires. Cursó estudios en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires. Tras graduarse (con una tesis llamada El cáncer, contribución a su estudio, que ganó la Medalla de Oro de la Facultad de Medicina), ingresó a la Cátedra de Urología de la Facultad, y fue Jefe de Trabajos Prácticos de la misma. Entre 1912 y 1915 fue profesor adscripto de la Cátedra de Anatomía Patológica, y, desde 1915 hasta 1931, Profesor suplente de dicha cátedra. Junto con Mariano Castex, Carlos Bonorino Udaondo, Alfredo Landivar y Pablo Barlaro fue secretario de redacción de la Prensa Médica Argentina desde su número inicial, publicado el 10 de junio de 1914. En ese mismo año presenta su trabajo Cáncer experimental, que fue determinante para que se abriera en 1922 el Instituto de Medicina Experimental para el estudio y tratamiento del cáncer que se convirtió en el principal centro latinoamericano para la lucha contra las enfermedades oncológicas. Fue autor de más de 500 obras sobre su especialidad, la mayor parte de ellas publicadas en el Boletín del Instituto de Medicina Experimental de Buenos Aires. Con una amplia trayectoria docente, trabajó en la Facultad de Medicina de la UBA y en distintas universidades del país y del exterior: en el Colegio Carlos Pellegrini, en la Universidad de Santiago de Chile, en la Universidad de San Andrés (La Paz, Bolivia), en el Instituto de Estudios Panamericanos y en la Eastern Research University de Wilmington (Delaware, Estados Unidos). Formó parte de numerosas academias científicas de todo el mundo (como la de Medicina de Lima, la de Venezuela, la de Río de Janeiro, Madrid, Barcelona, Génova (Italia), Turín (Italia) y México) y recibió varias distinciones, como la medalla de oro del Congreso Internacional de Higiene (Roma, 1912); el Premio Nacional de Ciencias (en 1914 y 1939), el Premio Centenario de la Independencia de la Academia de Medicina (1916), la medalla de oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, el Premio Centenario de la Independencia del Brasil (1923) y el Premio Bauti de la Universidad de Florencia (1936). También recibió otras importantes distinciones: la Orden de Caballero de la Región de Honor (1939), la Cruz de Honor (Alemania), la Gran Cruz del Orden de Cristo (Portugal), Gran Oficial de la Orden de los Andes (Bolivia), la Orden del Sol (Perú), Comendador de la Orden del Libertador (Venezuela), Comendador de la Corona de Italia. Contrajo matrimonio con Helena Larroque, que inspiró la creación de la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer. Falleció el 23 de julio de 1947 en Buenos Aires.

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Médico de gran renombre y de intensa trayectoria, Angel Roffo fue uno de los primeros profesionales argentinos dedicados al estudio del cáncer y a la lucha contra esta enfermedad.
Nació en Buenos Aires en 1882 y estudió en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de esa ciudad.
Finalizó sus estudios de médico en 1909 y poco tiempo después de graduarse -con una tesis llamada El cáncer, contribución a su estudio, con la que obtuvo la Medalla de Oro de la Facultad de Medicina-, ingresó a la Cátedra de Urologí­a de la Facultad, y se convirtió en el Jefe de Trabajos Prácticos de la misma. Entre 1912 y 1912, fue profesor adscripto de la Cátedra de Anatomí­a Patológica, y, desde 1915 hasta 1931, profesor suplente de dicha cátedra.Junto con Mariano Castex, Carlos Bonorino Udaondo, Alfredo Landivar y Pablo Barlaro fue secretario de redacción de la Prensa Médica Argentina desde su número inicial, publicado el 10 de junio de 1914. Durante su prolongada recorrida por los hospitales de Europa, iniciada en 1920, concurrió entre otros al servicio de Madame Curie y aprendió la utilización del radium como agente terapéutico. Volcó en el Instituto a su cargo toda su experiencia y sus esfuerzos, hasta el punto de instalarse y vivir en él permanentemente. Fue el pionero de la medicina oncológica argentina y representó a nuestro paí­s como delegado en los congresos y reuniones cientí­ficas de las naciones más adelantadas de su tiempo.
En 1914, presentó su trabajo Cáncer experimental, que fue determinante para que se abriera en Buenos Aires un instituto de investigación dedicado a esa patologí­a. El Instituto de Medicina Experimental para el estudio y tratamiento del cáncer se inauguró en 1922 bajo la dirección de Roffo y se convirtió pronto en el principal centro nacional y latinoamericano para la lucha contra las enfermedades oncológicas.
A partir de 1920, visitó varias veces Europa y se relacionó con los más importantes cientí­ficos de la época. Roffo era, por entonces, el principal especialista en el estudio y tratamiento de las enfermedades oncológicas de Latinoamérica, y poseí­a una vasta experiencia docente en la Facultad de Medicina de la UBA y en otras universidades del paí­s y del exterior: en el Colegio Carlos Pellegrini, en la Universidad de Santiago de Chile, en la Universidad de San Andrés de La Paz, Bolivia, en el Instituto de Estudios Panamericanos y en la Eastern Research University de Wilmington, Delaware, Estados Unidos.
Formó parte de numerosas academias cientí­ficas de todo el mundo en Lima, Venezuela, Rí­o de Janeiro, Madrid, Barcelona, Génova y Turí­n, en Italia y México.
Recibió varias distinciones, como la medalla de oro del Congreso Internacional de Higiene en Roma, 1912; el Premio Nacional de Ciencias en 1914 y 1939, el Premio Centenario de la Independencia de la Academia de Medicina, 1916, la medalla de oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, el Premio Centenario de la Independencia del Brasil, 1923 y el Premio Bauti de la Universidad de Florencia, 1936, cuyo importe donó a la Liga Italiana para la Lucha contra el Cáncer.
Además le fueron otorgadas otras importantes distinciones: la Orden de Caballero de la Legión de Honor francesa, 1939, la Cruz de Honor de Alemania, la Gran Cruz del Orden de Cristo, Portugal), Gran Oficial de la Orden de los Andes, Bolivia, la Orden del Sol, Perú, Comendador de la Orden del Libertador, Venezuela y Comendador de la Corona de Italia.
Roffo produjo más de 500 obras sobre su especialidad, la mayor parte de ellas publicadas en el Boletí­n del Instituto de Medicina Experimental de Buenos Aires. Algunas de ellas fueron: Dismatosis Humana, en1913, Biologí­a del Cáncer, Lo que debe saberse sobre cáncer, 1934, El Cáncer en la República Argentina, causas de su aumento, entre otras.
Angel Roffo murió en 1947. Habí­a sufrido la amargura de ser separado de la dirección del Instituto a su cargo ?como le ocurrió a otros cientí­ficos de la época-, y aún cuando fue rehabilitado no se sobrepuso le totalmente. Hoy, aquel Instituto por él organizado se llama “Instituto de Oncologí­a Angel H. Roffo”, feliz reconocimiento con que la sociedad argentina premió su obra.

El Instituto
En la actualidad, el Instituto de Investigaciones Experimentales -que se llama Instituto de Oncologí­a Angel Roffo- está conceptuado como uno de los más importantes centros médicos argentinos dedicados a la lucha contra el cáncer, a pesar de las crisis económicas que sufre casi permanentemente. La Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (LALCEC), una institución que ha desarrollado una vasta labor preventiva y de asistencia a los enfermos oncológicos, nació por impulso de Helena Larroque, la esposa y compañera de laboratorio de Angel H. Roffo.
El Instituto, fue la respuesta de la Academia Nacional de Medicina a la propuesta del Dr. Daniel Cranwell y a la presentación de un bien documentado trabajo del Dr. Angel Honorio Roffo.
El 19 de abril de 1922 fue inaugurado el primer pabellón, que disponí­a de salas de internación para hombres y mujeres, un quirófano con dependencias para esterilización del material, laboratorio, sala de rayos X, consultorios y oficinas para la administración y Dirección, constituyéndose en el primer establecimiento oncológico de América.
Con el apoyo de la Facultad de Medicina, de quien pasó a depender el Instituto, y el aporte de donaciones privadas y de recursos votados por el Congreso de la Nación, se inició la edificación de nuevos pabellones, cada vez más necesarios ante el incremento incesante de consultas.
La importancia que el Dr. Angel H. Roffo, director del establecimiento, le asignaba a la investigación se concretó al erigirse el Pabellón Emilio Costa, habilitado en 1923.
La esposa del Director, Helena Larroque, aportó inteligencia, imaginación y esfuerzo creando la Escuela de Nurses.
La familia Costa donó la Capilla de Santa Francisca Romana, que posee un excelente órgano, para llevar sosiego a través de la música a pacientes, sus familiares y público en general.
En 1969 se inauguró la guarderí­a para los hijos del personal del Instituto. Como todo organismo vivo el Instituto de Oncologí­a que actualmente lleva el nombre de su fundador, se fue transformando para hacer frente a los grandes cambios operados en la ciencia médica.
Nuestro equipo médico está comprometido con la vida. Su formación académica, su experiencia y capacidad técnica está avalada por el reconocimiento nacional e internacional. El Departamento de Diagnóstico por Imágenes habilitó en 1982 el primer tomógrafo computarizado a nivel hospitalario. Se cuenta además con ecógrafo, ecocardiógrafo, mamógrafo y modernos equipos de radiologí­a convencional.
El área de Anatomí­a Patológica está dotado con microscopio electrónico y un Servicio de Inmunopatologí­a.
La radioterapia, quimioterapia y medicina nuclear se encuentran asistidas por los servicios de Psicopatologí­a, Infectologí­a y Tratamiento Sintomático.
El “Hospital de Dí­a” se ha creado para aplicar la quimioterapia ambulatoria y agilizar la rotación de camas.

Fuentes
educ.ar
www.roffo.org.ar

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Ángel Roffo (December 30, 1882 – July 23, 1947) wes an Argentine doctor who dedicated his medical career to the study and treatment of cancer.

Roffo was born in the city of Buenos Aires and went on to study at the University of Buenos Aires, he graduated in 1909 with the thesis A contribution to the study of Cancer.

He became chief of practical work in the department of urology at UBA, then between 1912 and 1915 he was assigned professor of Anatomical Pathology. Between 1915 and 1931 he worked as attached professor in Anatomical Pathology.

In 1912 Daniel Cranwell presented a paper called Cáncer experimental to the Argentine National Academy of Medicine which detailed the results of his experiments on laboratory animals. This work influenced the creation of an institute for the study and treatment of cancer. In 1922 it was succeeded by the Instituto de Medicina Experimental directed by Roffo. He had become the leading cancer specialist in Latin America.

During the 1920s Roffo made numerous trips to Europe, where he met a number of leading scientists. One of these was Marie Curie, with whom he discussed the utilization of radiotherapy.

Roffo was one of the first scientists to demonstrate the link between tobacco tars and the production of tumours “[1]. By the end of the 1920s he was certain that there was a link between smoking and cancer, he went on to produce a number of papers on the subject of tobacco carcinogenesis in the 1930s. Robert N Proctor of Stanford University claimed that Roffo arguably represented the single greatest scientific threat to the tobacco industry prior to the 1950s.

Roffo received a number of awards for his contribution to science, from institutions in Argentina, Brazil, Peru, Bolivia, Venezuela, France, Spain, Portugal, Italy and Germany.

Ángel Roffo died on July 23, 1947 and the Institute of Oncology (Instituto de Oncología) at UBA was renamed in his honour.

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Instituto de Medicina Experimental para el Estudio yTratamiento del Cancer , nombre bajo el cual se iniciaron las actividades del actual Instituto de Oncología, fue la respuesta de la Academia Nacional de Medicina a la propuesta del Dr. Daniel Cranwell y a la presentación de un bien documentado trabajo del Dr. Angel Honorio Roffo, joven médico con sólida formación anatomopatológica y clínica.
El 19 de abril de 1922 fue inaugurado el primer pabellón, que disponía de salas de internación para hombres y mujeres, un quirófano con dependencias para esterilización del material, laboratorio, sala de rayos X, consultorios y oficinas para la administración y Dirección, constituyéndose en el primer establecimiento oncológico de América.

Con el apoyo de la Facultad de Medicina, de quien pasó a depender el Instituto, y el aporte de donaciones privadas y de recursos votados por el Congreso de la Nación, se inició la edificación de nuevos pabellones, cada vez más necesarios ante el incremento incesante de consultas.

La importancia que el Dr. Angel H. Roffo, director del establecimiento, le asignaba a la investigación se concretó al erigirse el Pabellón Emilio Costa, habilitado en 1923. La esposa del Director, Helena Larroque, aportó inteligencia, imaginación y esfuerzo creando la Escuela de Nurses. La familia Costa donó la Capilla de Santa Francisca Romana, que posee un excelente órgano, para llevar sosiego a través de la música a pacientes, sus familiares y público en general.

En la actualidad, el Instituto de Oncología “Ángel H. Roffo” de la Universidad de Buenos Aires ocupa un predio de casi 4 hectáreas, con amplios espacios verdes y 13 pabellones.
Atiende 63870 consultas anuales, 5.478 de primera vez y produce 2792 egresos anuales.
El tiempo de estadía es corto para un Instituto Oncológico (5,9 días).

El Área Quirúrgica opera entre 180 y 200 pacientes mensuales, con 6 quirófanos dotados de aire acondicionado, oxígeno y vacío centrales, con buena iluminación, mesas de anestesia completas con los controles adecuados.

El Área Médica cuenta con un Hospital de Día para quimioterapia ambulatoria que realizan 400 tratamientos mensuales, además de las que se hacen en las salas de internación y con un área de aislamiento para pacientes neutropénicos y servicio de Hemoterapia con separadores celulares.

En los últimos años se han publicado 50 trabajos de investigación clínica, 34 de ellos en el extranjero.

Están en curso 10 protocolos de investigaciones clínicas con la aprobación del ANMAT y 15 se concluyeron en los últimos 2 años.

Existe un tomógrafo computado moderno (UBATEC) y funcionando normalmente.

La bomba de cobalto atiende diariamente a 120 pacientes y el servicio de radiaciones ha sido designado por la Agencia Internacional de Energía Atómica como centro de referencia para el Control de Calidad en Latinoamérica.

Se ha inaugurado recientemente y está en pleno funcionamiento un acelerador lineal de 15 MEV (Mevatron Prima de Siemens), único hasta ahora en un hospital público de adultos y el de tecnología más avanzada en nuestro país. El equipo fue provisto por el Ministerio de Salud de la Nación y la obra civil generosamente donada por la Fundación Max y Nancy Bardin.

En la docencia de pregrado, en distintas asignaturas, se reciben más de 300 alumnos por año, así como participantes del internado rotatorio.

La escuela de enfermería, con su internado, instruye a 30 alumnos en su ciclo de 3 años.

La docencia de posgrado es donde se ejerce con más efectividad la función de difusión de técnicas y conocimiento en el área oncológica. En las residencias de cirugía oncológica y clínica oncológica que funcionan exitosamente desde hace más de 20 años se han formado oncólogos que ocupan cargos de responsabilidad en el medio público y privado, tanto en esta capital como en el interior.

Las residencias en radiología y radioterapia son de creación más reciente, así como la residencia de 2º nivel en Anatomía Patológica Oncológica. En el contexto de estas residencias hay unidades académicas correspondientes a las carreras de Médicos Especialistas Universitarios en Cirugía Oncológica, Cirugía Torácica, Clínica Oncológica y Radioterapia.

Se dicta anualmente un Curso de Cultivo de Tejidos muy prestigiado y se realizan las Jornadas Anuales Multidisciplinarias (la próxima será la XIX).

Se ha publicado en septiembre de 2000 la 4ta edición de las “Pautas de Diagnóstico, Tratamiento y Seguimiento en Cáncer”, obra que ha tenido amplia aceptación y que puede considerarse un aporte significativo en la difusión de normas actualizadas en oncología.

Asimismo, se publico en Agosto de 2002 la “Guía de procedimiento en patología mamaria para diagnostico y tratamiento”.


El Área de Investigación esta formada por 4 Departamentos (Biología Celular, Inmunobiología, Carcinogénesis Química y Ambiental, Bioterio y Cáncer Experimental) y una Unidad de Transferencia Génica. Se desempeñan mas de 30 profesionales, entre investigadores, becarios y técnicos. Muchos de los investigadores pertenecen también al CONICET y/o son docentes universitarios. Se cuenta con laboratorios de Cultivos de Tejidos, de Bioquímica, de Biología Molecular e Ingeniería Genética, así como un Bioterio con cepas de ratones endocriados.
En el Área se desarrollan los siguientes proyectos
? Estudio de aspectos biológicos, inmunológicos y moleculares del crecimiento tumoral y la diseminación metastática.? Estudios in vivo e in vitro.

? Desarrollo y caracterización de modelos experimentales murinos de cáncer mamario y de pulmón (ratones Balb/C).

? Búsqueda de nuevos marcadores de diagnostico, pronostico y seguimiento en cáncer humano, como cáncer de mama, de cabeza y cuello, de cervix, de vejiga y de colon, entre otros.

? El desarrollo de vectores no virales portadores de genes suicidas para terapia génica del cáncer y la obtención de células transgénicas de mamíferos altamente productoras de citoquinas humanas para su empleo en vacunación contra el cáncer.

? Estudios de Epidemiología del Cáncer: mortalidad por cáncer en Argentina, estudios analíticos para la búsqueda de factores etiológicos específicos, riegos asociados con exposiciones ambientales, ocupacionales y virales (cáncer de laringe y cavidad oral, melanoma y otros).

El total de publicaciones, de los últimos años, es de 91 para el área de investigación, en revistas extranjeras con referato.

Se realizaron 16 tesis de doctorado en los últimos 10 años, 15 de ellas calificadas como sobresalientes.

Desde 1993 actúa como Hospital Público de Gestión Descentralizada Inscripto bajo el registro Nº 02.34.0025. El 50% de los pacientes carece de toda cobertura.

Lo que se recauda por las prácticas facturadas del resto de los pacientes con cobertura, debe permitir asegurar la asistencia del 100% de los pacientes y de las demás actividades vinculadas con la Docencia y la Investigación.

El aporte del Tesoro Nacional para aplicar a los gastos de Funcionamiento, Mantenimiento y Servicios Públicos sólo ascendió a $ 115.407 (equivalente al 5% del gasto) en el año 2001.

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Bulletin of the World Health Organization

Print version ISSN 0042-9686

Bull World Health Organ vol.84 no.6 Genebra June 2006

http://dx.doi.org/10.1590/S0042-96862006000600020

PUBLIC HEALTH CLASSICS

Angel H Roffo: the forgotten father of experimental tobacco carcinogenesis

Robert N Proctor

History Department, Stanford University, Bldg 200, Stanford, CA 94305, USA (email: rproctor@stanford.edu)

Angel Honorio Roffo of Argentina (1882–1947) was one of the first to publish detailed accounts of animal experiments demonstrating the production of tumours by tobacco tars. As founding director of the Instituto de Medicina Experimental para el Estudio y Tratamiento del Cancer, established in 1922 in Buenos Aires, he was able to examine and treat a large population of cancer patients, from whom he had learned by the end of the 1920s that smoking was a cause of many kinds of cancer.1 During the next decade and into the early 1940s he published a series of ambitious papers pioneering the field of experimental tobacco carcinogenesis, blending experimental, clinical and statistical reasoning with a strong sense that many of the world’s most common cancers could be prevented. Using a number of different experimental methods, Roffo showed that cancers all along the “smoking highway” (lips, tongue, throat, cheek, bronchial passages, etc.) must be caused by exposure to tars released in the course of smoking; he was also one of the first to realize that smoking could cause bladder cancer.

Roffo’s work is interesting for a number of different reasons. For one thing, there is his defence of the use of experiments to investigate tobacco carcinogenesis — as if clinical observations had already proved the point. In 1931, writing in the Zeitschrift für Krebsforschung (he published much of his work in German), he noted that while there were cases in which tobacco was clearly to blame for the onset of certain malignancies (from clinical observations) it was nonetheless useful to document the phenomenon more generally by animal experiments.2 Reasoning by analogy from the production of cancer using coal tars, he argued that the carcinogens in tobacco smoke must be the complex, tarry, polycyclic aromatic hydrocarbons, rather than the (chemically simpler) inorganic constituents or the alkaloid nicotine. To test this hypothesis, Roffo separated tobacco smoke into three separate distillation products, which he rubbed onto the ears of three groups of 10 rabbits each. He found that the tarry fractions produced cancers but that when nicotine alone was applied no cancers were produced, no matter how long he waited. The same (no cancerous effect) was true from the various inorganic components he had isolated from smoke, including salts such as ammonium chloride but also carbon monoxide and carbon dioxide.2

Roffo ran many similar tests using different methods of preparing tobacco extracts, different fractions of tobacco tars, and different species of test animals. He never seems to have doubted the role of tobacco, and by the end of his career was able to claim, based on hundreds of his own published papers, that tobacco was the major cause of lung cancer, that tar rather than nicotine was the primary culprit, and that polycyclic aromatic hydrocarbons were the principal carcinogenic agents. Among these last-mentioned compounds was 1:2 benzopyrene — the subject of the paper reproduced here3 — which Roffo was apparently the first to identify in tobacco smoke (on the basis of spectrographic signatures).4,5 Roffo also concluded that blonde tobacco was more dangerous than black — from having higher quantities of tars — and that the most dangerous were Turkish, Egyptian, and Kentucky tobaccos.3,6 He also showed that cancers could be induced in experimental animals even by using nicotine-free tobacco, meaning that it must be the tar, rather than the nicotine, that was causing cancer. Tar was not a trivial component of tobacco smoke: Roffo calculated that smokers could inhale as much as 4 kg of tobacco tar in 10 years of smoking.4

Roffo had access to a very large pool of cancer patients at his institute in Buenos Aires and used this to explore cancer causation on a statistical basis.7 In 1934, he described how 302 of his 500 skin cancer patients had presented with malignancies of the nose, the body part most directly exposed to the sun.8 He also directed a number of projects involving human experiments, to determine the role of skin pigmentation in protecting against X-rays, for example. Male versus female differences in cancer rates were an important source of evidence for him on the tobacco question: how else did one explain the fact that men were far more likely than women to contract cancers of the lips, tongue, gums and cheeks, while cancers of the stomach were evenly balanced by sex? (Tobacco use, of course, was far more prevalent among men.) This difference by sex was particularly evident for cancers of the throat and larynx: fully 5% of his male patients’ cancers struck the throat, whereas among 7000 women in his clinic with malignancies only three (about 0.04%) suffered from cancer at this site — and all three were smokers. Similar patterns were evident for cancers of the lung.2 This was convincing evidence for him, and the language he uses is interesting: he says the patterns were so strong as to have an “almost experimental value” (fast experimentelle Wert).9

Not everyone was convinced by Roffo’s studies, however. Ernest Kennaway in England had pioneered animal experimental techniques for replicating occupational cancers (especially from petrochemicals), and he objected that Roffo had burned his tobacco at too high a temperature to be realistic.10 Roffo’s methods of chemical identification also came under scrutiny. He had used spectrographic fluorescence to identify specific components within the class of polycyclic aromatic hydrocarbons, and some critics thought the method too crude to be decisive. The tobacco industry objected to his use of a method known as destructive distillation to obtain tars for experimental manipulations, though that was actually a standard method used by the industry itself in the 1930s.

For many of his contemporaries, however, Roffo was a force to be reckoned with. Schairer & Schöniger in 1943 cited Roffo’s experiments as evidence of the carcinogenicity of tobacco tar, as did Franz Hermann Müller in 1939 and Fritz Lickint in his great Tabak und Organismus.11–13 Roffo was the key prompt for Leonard Engel’s widely read “Cigarettes cause cancer?” in 1946,14 and was crucial also for Edwin J Grace’s 1943
article in the American Journal of Surgery, which cited the Argentine’s discovery of benzopyrene in cigarette smoke.15 James Ewing in his 1940 textbook, Neoplastic diseases, devoted several admiring paragraphs to Roffo’s work.16 Argentina’s foremost cancer institute today, in Buenos Aires, is named after him.

Roffo was also taken seriously by scientists employed by the American tobacco industry. A 1950 memorandum to the president of the American Tobacco Company (AT) reviewing the “alleged causative relation between cigarette smoking and bronchiogenic carcinoma” cited Roffo as “the chief protagonist of the theory that there is a causal relation between smoking and cancer of the respiratory organs”; it also noted Grace’s “echoing” of Roffo’s opinion and conceded that cancer authorities had been dissenting from Roffo’s view “until recently”.17 Claude E Teague at R J Reynolds in his revealing (but unpublished) 1953 Survey of cancer research cited nine separate studies by Roffo, including his “isolation of a benzopyrene from a pyrolytic distillate of tobacco” and his observation that the compound was “highly carcinogenic in animal tests”.18

Cigarette manufacturers had actually been keeping a close watch on Roffo since his first published work on this topic in the early 1930s. Indeed, it is in responding to Roffo that we find some of the earliest industry denials of tobacco as a possible cancer hazard. In the 1930s and 1940s many people wrote to the tobacco companies, asking whether Roffo was right in claiming that cigarettes were carcinogenic. On 11 May 1939, for example, AT Research Director Hiram R Hanmer replied to one such enquiry: “We have been following Roffo’s work for some time, and I feel that it is rather unfortunate that a statement such as his [implicating smoking in cancer] is widely disseminated.” Hanmer claimed that the positive response to Roffo’s work had kept the literature on tobacco “in a very beclouded condition” and reassured his correspondent — a New York physician — that “the use of tobacco is not remotely associated with the incidence of cancer”.19 It was partly in response to Roffo that the industry started hiring translators; indeed, the only known English translation of his publications prior to the article published here is one commissioned internally by the Lorillard Company in the 1980s in preparation for litigation.7,20

It is unfortunate that we do not have a good biography of Roffo. We need to know more about his earlier work in the 1920s, and how scholars and tobacco men in his native Argentina viewed his research. We need to know more about how he first came to realize that tobacco was causing cancer, and how he faded somewhat from the public theatre in the wake of Wynder et al.’s experimental carcinogenesis21 and the epidemiology of Doll & Hill22 and others. Was the language gulf a problem? Did his German ties taint him? And what role did professional jealousies or industrial defamation play in the reception of his ideas?

Prior to 1950, Roffo was arguably the single greatest scientific threat to the tobacco industry. After the Second World War, however, German-language medical literature fell into a kind of oblivion; international efforts to exploit German science concentrated almost exclusively on science that could be used for military purposes (tropical medicine, rocketry, biowarfare agents, aviation medicine, etc.), and most of the work on preventable chronic diseases was ignored.23 Roffo’s contributions fell further into neglect in the 1950s, when English and American scholars improved upon his methods, sometimes without giving him much in the way of credit.

Cigarettes kill an estimated 5 million people annually worldwide, a figure expected to grow to 10 million by the year 2025. A billion people could die from tobacco disease in the present century.24 Enough cigarettes are smoked every year to circle the earth 13 000 times, or to make a continuous chain from the earth to the sun and back with enough left over for several round trips to Mars. The Argentine we honour today gave us the correct diagnosis, but tobacco mortality is still on the rise worldwide, and will be for another couple of decades. Roffo would probably be saddened to learn how little we have done to grasp this bull by the horns.

Competing interests: I have served as an expert witness for plaintiffs in tobacco litigation in the USA.

References

1. Roffo AH. Was Man von dem Krebs wissen muss. Auflklärungsschrift [What you should know about cancer: A popular exposition]. Buenos Aires: Instituto de Medicine Experimental; 1928.

2. Roffo AH. Durch Tabak beim Kaninchen entwickeltes Carcinom [Tobacco-induced cancer in rabbits]. Zeitschrift für Krebsforschung 1931;33:321.

3. Roffo AH. Krebserzeugende Tabakwirkung [The carcinogenic effects of tobacco]. Monatsschrift für Krebsbekämpfung 1940;8:97-102.

4. Roffo AH. El tabaco como cancerigeno [Tobacco as a carcinogen]. Boletin del Instituto de Medicina Experimental 1936;42:287-336.

5. Roffo AH. Krebserzeugendes Benzpyren gewonnen aus Tabakteer [Cancercausing benzopyrene from tobacco tar]. Zeitschrift für Krebsforschung 1939;49:588.

6. Roffo AH. El tabaco rubio como cancerigeno [Blond tobacco as a carcinogen]. Boletin del Instituto de Medicina Experimental 1938;47:5-22.

7. Roffo AH. Krebserzeugende Einheit der verschiedenen Tabakteere [The carcinogenic element in various tobacco tars]. Deutsche medizinische Wochenschrift 1939;65:963-67.

8. Roffo AH. Cáncer y sol. Carcinomas y sarcomas producidos por la accion del sol total [Carcinomas and sarcomas produced by the action of full-exposure sun]. Boletin del Instituto de Medicina Experimental 1934;11:353.

9. Roffo AH. Der Tabak als krebserzeugendes Agens [Tobacco as a cancercausing agent]. Deutsche medizinische Wochenschrift 1937;63:1268.

10. Doll R. Commentary: Lung cancer and tobacco consumption. International Journal of Epidemiology 2001;30:30-1.

11. Schairer E, Schöniger E. Lungenkrebs und Tabakverbrauch [Lung cancer and tobacco consumption]. Zeitschrift für Krebsforschung 1943;54:261-9.

12. Müller FH. Tabakmissbrauch und Lungencarcinom [Tobacco abuse and carcinoma of the lungs]. Zeitschrift für Krebsforschung 1939;49:57-85.

13. Lickint F. Tabak und Organismus: Handbuch der gesamten medizinischen Tabakkunde [Tobacco and the organism: A comprehensive guide to medical tobacco science]. Stuttgart: Hippokrates-Verlag; 1939.

14. Engel L. Cigarettes cause cancer? Readers’ Scope. 1946; August:3-7.

15. Grace EJ. Tobacco smoking and cancer of the lung. American Journal of Surgery 1943;60:361-4.

16. Ewing J. Neoplastic diseases. 4th ed. Philadelphia (DE): WB Saunders; 1940.

17. Hanmer HR to Hahn P. Memorandum on alleged causative relation between cigarette smoke and bronchiogenic carcinoma. 15 September 1950. Bates #MNATPRIV00025930. Available from: http://tobaccodocuments.org/tplp/MNATPRIV00025929-5958.html

18. Teague CE. Survey of cancer research with emphasis upon possible carcinogens from tobacco. 2 February 1953. Bates #501932947-501932968. Available from: http://tobaccodocuments.org/youth/CnHmRJR19530202.St.html

19. Hanmer HR to Free EE. [letter, untitled] 11 May 1939. Bates #MNAT00637003. Available from: http://tobaccodocuments.org/atc/60359252.html

20. Roffo AH. Carcinogenic element in various tobacco tars (1939). Bates #85869514-9521. Available from: http://tobaccodocuments.org/lor/85869514-9521.html

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23. Proctor RN. The Nazi war on cancer. Princeton (NJ): Princeton University Press; 1999.

24. Proctor RN. Tobacco and the global lung cancer epidemic. Nature Reviews Cancer 2001;1:82-6.

This section looks back to some ground-breaking contributions to public health, reproducing them in their original form and adding a commentary on their significance from a modern-day perspective. To coincide with World No-Tobacco Day, Robert N Proctor reviews experimental tobacco carcinogenesis in the 1920s–1940s with special reference to the work of Angel H Roffo. One of Roffo’s papers is reproduced and translated in this issue of the Bulletin.

 

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Ángel Roffo (Buenos Aires, 30 de diciembre de 1882 – Ídem, 23 de julio de 1947) fue un médico argentino que dedicó su vida al estudio y tratamiento del cáncer.

Nacido en Buenos Aires, Roffo cursó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1909 con la tesis El cáncer, contribución a su estudio, que recibiría el Premio Facultad. Al poco tiempo se convirtió en jefe de trabajos prácticos de la cátedra de Urología, en la misma universidad en donde había estudiado. Entre 1912 y 1915 fue profesor adscripto de la cátedra Anatomía Patológica, y desde 1915 a 1931 ejerció como profesor adjunto en la misma.

En 1912, Daniel Cranwell presentó ante la Academia Nacional de Medicina de la Argentina el trabajo de Roffo titulado Cáncer experimental, en el que se resumían experiencias realizadas en animales de laboratorio. La divulgación de este trabajo influyó para la creación de un instituto experimental para el estudio y tratamiento del cáncer, lo que sucedería en 1922 con la creación del Instituto de Medicina Experimental (hoy Instituto Oncológico Angel H. Roffo), dirigido por Roffo. El científico argentino se había convertido en el mayor especialista en el estudio y tratamiento de enfermedades oncológicas de Latinoamérica.

A partir de 1920 realizó numerosos viajes a Europa, donde se relacionó con algunos de los científicos más importantes. En uno de ellos conoció a Madame Curie, y aprendió sobre la utilización del radio con fines terapéuticos. A lo largo de su carrera fue distinguido con varios premios, como la medalla de oro del Congreso Internacional de Higiene, el Premio Nacional de Ciencias en dos oportunidades (1914 y 1939), el Premio Centenario de la Independencia de la Academia de Medicina en 1916, la medalla de oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, Premio Centenario de la Independencia del Brasil y el Premio Bauti de la Universidad de Florencia. Además fue distinguido con la Orden de Caballero de la Legión de Honor francesa (1939), la Cruz de Honor de Alemania, la Gran Cruz del Orden de Cristo de Portugal, como Gran Oficial de la Orden de los Andes de Bolivia, la Orden del Sol de Perú, Comendador de la Orden del Libertador de Venezuela y como Comendador de la Coronora en Italia.

Fue su esposa Helena Larroque de Roffo, dama entrerriana nacida en 1883 e hija de un abogado. Ella estudió medicina pero no llegó a recibirse aunque en la Facultad conoció a quien sería su esposo. Colaboró activamente con él -en la medida de sus posibilidades- en sus estudios e investigaciones. Juntos fundaron el Instituto de Medicina Experimental (hoy Instituto Oncológico) y la Liga Argentina de lucha contra el cáncer. La Sra. de Roffo fundó también y trabajó además activamente en la Asociación Cultural de Villa del Parque, Devoto y Talar. Hoy el Instituto, la entonces “Escuela de Nurses” y hoy de Enfermería, la Fundación y la Asociación Cultural Social y Biblioteca Popular Helena Larroque de Roffo con sus múltiples actividades forman un complejo que honra la labor tan destacada de este matrimonio.

Por motivos políticos, el Doctor Ángel Roffo fue separado de la dirección del Instituto de Medicina Experimental, y finalmente fallecería el 23 de julio de 1947. Actualmente, el Instituto lleva su nombre.

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Argentina desarrollará medicamentos para el tratamiento del cáncer.

Jueves 24 de Febrero de 2011

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva otorgará un subsidio de más de $ 20.000.000 a un consorcio público-privado argentino para desarrollar anticuerpos monoclonales para el tratamiento del cáncer y enfermedades inmunes.

El consorcio está  integrado por el INTI, el Instituto de Oncología Angel H. Roffo, la Universidad de Quilmes (UNQui) y empresas privadas . Los anticuerpos monoclonales han cumplido 35 años desde su “invención” por nuestro compatriota, el Dr. César Milstein, y el inglés G. Köhler, dejando de ser una curiosidad biológica para ser una forma de tratamiento y diagnóstico muy importante en diversas enfermedades tales como cáncer, enfermedades infecciosas e inflamatorias.

El proyecto en INTI
Este proyecto, que se enmarca en la convocatoria del MinCyT llamada Fondo Sectorial de Biotecnología (FSBio-2010), nos permite completar el desarrollo comenzado con el Subsidio correspondiente al Proyecto de Infraestructura y Equipamiento Tecnológico (PRIETEC) obtenido por el Centro de Biotecnología Industrial al comienzo del año 2010 destinado a la refacción de un edificio del INTI para construir una Planta de desarrollo productivo en células animales, que de dedicara especialmente a la elaboración de anticuerpos monoclonales pero no exclusivamente (se podrán elaborar otras moléculas proteicas para uso en salud y en alimentos).
El mismo contará con una moderna Planta de Escalado para estas moléculas que no son producidas en el país y que se importan. Sobre todo contaremos con tecnología propia para transferirla a las PYMES nacionales y para sectores sociales y del Estado que lo necesiten. En paralelo, en esta nueva Planta se trabajará especialmente en la formación de recursos humanos, tanto para los que trabajen en la misma como para otras empresas e instituciones del país.
Fundamentalmente la Planta realizará trabajos de fermentación y purificación. Se establecerán parámetros para que la productividad sea compatible con un uso industrial, así como los tiempos de fermentación. Se diseñarán y ensayarán métodos de purificación que permitan la obtención de un producto altamente puro, con un rendimiento alto y que pueda eliminar posibles agentes adventicios como virus.
El consorcio está integrado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, la Universidad Nacional de Quilmes (UNQui) y las empresas PharmADN, Laboratorio ELEA y Romikin. El objetivo del proyecto es generar plataformas tecnológicas que permitan desarrollar y producir anticuerpos monoclonales para uso terapéutico.
El plan consiste en desarrollar la plataforma a través de un biosimilar (anticuerpo monoclonal anti-CD20), utilizado en Linfoma no-Hodgkin (LNH), leucemia linfática crónica y artritis reumatoidea, de modo tal que el producto, una vez trasladado a la escala industrial, pueda ser exportado a distintos países.
Cada miembro del Consorcio tendrá las siguientes responsabilidades:
PharmADN: una empresa biotecnológica con capacidad de clonado y expresión, tendrá a su cargo el desarrollo de métodos de control de calidad y producción de lotes piloto bajo normas GMP.
Elea: un laboratorio de especialidades medicinales, tendrá a su cargo el desarrollo galénico y la formulación de los lotes piloto para estudios de estabilidad, ensayos preclínicos y clinicos. Se ocupará además del registro ante el ANMAT y gerenciará conjuntamente con el grupo de investigación del Instituto Roffo los ensayos de farmacocinética, farmacodinámica y eventualmente ensayos clínicos.
El INTI a través de su Centro de Biotecnología Industrial, llevará a cabo la fermentación, purificación y producción de lotes a escala de desarrollo y sus correspondientes controles de calidad. Esto le posibilitará la prestación de servicios a terceros y la formación de recursos humanos en el área.
Este Consorcio permite al INTI integrarse en esta red conformada por empresas de alta tecnología y de instituciones académicas nacionales como Universidades (UBA, UNQui) e Institutos Universitarios como el Roffo y la Academia Nacional de Medicina, fortaleciendo de esta manera el acceso a resultados originales de investigación y su incorporación a la producción industrial, en un sector de alto impacto social como es el de los medicamentos biotecnológicos, sobre todo los anticuerpos monoclonales en oncología y enfermedades autoinmunes, sin descartar su amplio uso para diagnósticos médicos y para la detección de contaminantes en alimentos o en controles de medio ambiente.

Algunos datos de mercado

Se estima que los productos de origen biotecnológico constituirán el 23% del mercado farmacéutico global en el año 2014, esperando que alcancen un nivel de ventas equivalente a U$ 200 billones, ocupando el 50% de los 100 primeros productos. En el 2008, once productos biotecnológicos eran los denominados blockbusters (ventas superiores a U$2 billones) y de ellos seis son anticuerpos monoclonales o proteínas de fusión.  En particular en oncología los anticuerpos monoclonales han emergido como la más promisoria herramienta en el tratamiento del cáncer.
Las patentes de los principales productos expirarán en los próximos años, por lo tanto el desarrollo de biosimilares aparece como una excelente oportunidad de negocio.
Las estimaciones hechas por el INTI, luego de consultar con diversos líderes de opinión, relevar con algunas droguerías hospitalarias y verificar datos de importaciones, oscilan en las 32.000 unidades anuales que generan una venta aproximada de 120 millones de pesos anuales para un solo producto. Más del 90% de las ventas corresponden a la indicación oncológica.

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EL CÁNCER EN NUESTRO PAÍS

En nuestro país, la incidencia (casos nuevos) de cáncer se estima en 200.000 por año, constituyendo la segunda causa de muerte luego de las enfermedades cardiovasculares. Esta entidad produce 1 de cada 3 muertes en mujeres menores
de 65 años y 1 de cada 5 muertes en varones de esa edad. Esta situación es suficiente para considerar al cáncer como problema prioritario de Salud Pública. El objetivo estratégico del Instituto de Oncología “Angel Roffo” de la Universidad de Buenos Aires es contribuir al cambio del mapa de la morbi mortalidad por cáncer en
Argentina. Para ello, se requiere reducir la mortalidad y por ende los años de vida potencialmente perdidos por esta causa, así como mejorar la calidad de vida de aquellos que resultan afectados por la enfermedad.
Para enfrentar este problema, cabe señalar la importancia de las instituciones de salud, que deben trabajar en amplia red nacional conformada por tres niveles de atención, ejecutando acciones preventivas, terapéuticas y de cuidados paliativos con abordaje integral de esta problemática. Para garantizar la eficacia se requiere el
seguimiento de un cuerpo normativo que asegure la concordancia entre los diferentes niveles de atención ya que cuando esto no sucede, resulta en pérdida de tiempo, realización de estudios ineficaces, tratamientos insuficientes o incompletos y seguimientos inadecuados con el consiguiente desaprovechamiento de oportunidades para el paciente.
El Instituto de Oncología “Ángel H. Roffo” posee las herramientas necesarias para realizar las distintas tareas que desarrolla (asistenciales, de investigación, de formación de recursos humanosy docentes), a fin de asegurar a la población afectada o en riesgo, una mejor calidad asistencial, privilegiando la equidad del acceso a la atención de la salud de los usuarios y mejorando continuamente las habilidades del equipo de salud.
En términos de ser una Institución especializada en oncología, dependiente de una institución educativa (Universidad de Buenos Aires), le cabe la elaboración de pautas con el objetivo de ordenar las etapas diagnósticas, terapéuticas y de seguimiento del paciente oncológico. La amplia trayectoria del conjunto de los autores, así como la tecnología disponible, se corresponden con el más alto nivel resolutivo en el conjunto de las instituciones públicas. Debido al esmero con que fueron realizadas, las ediciones anteriores de estas pautas en Oncología, fueron ampliamente solicitadas por colegas de todo el país y de países de América Latina. En opinión de estos usuarios, se ha constituido en herramienta que sistematiza los conocimientos oncológicos. En esta oportunidad, se suma a la edición pasada la
inclusión de dos capítulos que abordan temáticas de investigación básica. Para la elaboración de esta edición, debo agradecer la vocación de los autores, que dedicaron un desinteresado esfuerzo, unidos por el noble objetivo de contribuir
al control del cáncer en nuestra sociedad.

Dra. Berta Roth
Directora General
Instituto de Oncología “Angel Roffo”
Universidad de Buenos Aires

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Entry Filed under: Personaje del mes

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