AGOTE Luis-PERSONAJE RECORDADO DEL MES: Diciembre 2009

diciembre 1st, 2009

Nacido en 1868, en Buenos Aires, Luis Agote fue un destacado médico, investigador y docente. En 1914 logró la primera transfusión de sangre de la historia.

Doctor Luis Agote

LUIS AGOTE, breve historia profesional de este notable médico argentino, quien hizo la primera transfusión de sangre, sin riesgo.

El 9 de noviembre de 1914, la ciencia médica argentino dio un paso fundamental con proyección mundial. Ese día, el doctor Luis Agote, en un hospital público de Buenos Aires, realizó la primera transfusión de sangre humana sin peligro de coagulación.

Luis Agote nació en Buenos Aires en 1868 y se graduó como médico en 1893. Un año después, fue designado secretario del Departamento Nacional de Higiene, cargo al que renunció al poco tiempo para hacerse cargo del puesto de médico en el lazareto de la isla Martín García. En esta isla del Río de la Plata, en aquellos años, se confinaba a los enfermos de lepra y allí trabajó el joven médico con gran dedicación.

De regreso, en 1899, en la ciudad de Buenos Aires, Luis Agote fue nombrado médico en el hospital Rawson y fue allí donde no solamente se distinguió por sus conocimientos de clínica médica sino que comenzó con sus trabajos como investigador en el laboratorio del mismo hospital.

Entre sus investigaciones de aquellos años, se destacaron las referidas a la clasificación de grupos sanguíneos y las realizadas sobre técnicas que permitieran perfeccionar la transfusión de sangre a pacientes. En los primeros años del siglo veinte, la transfusión de sangre se realizaba de manera muy rudimentaria y, por lo general, se corrían grandes riesgos ya que, al no contar con un elemento anticoagulante, la sangre del dador no llegaba al paciente receptor en idéntico estado de fluidez.

La preocupación de Agote por encontrar el elemento que permitiera mantener la fluidez de la sangre y evitara la coagulación del plasma sanguíneo durante una transfusión, lo llevó a trabajar con ahínco en el laboratorio hasta que la idea surgió.

Según relató el propio doctor Luis Agote muchos años después, un día, al salir del laboratorio, pasó por un restaurante que, en su vidriera, exponía un plato con una ensalada con huevos. Y mientras pensaba si entraría a ese lugar a comer o no, la idea brotó porque recordó que se impedía la coagulación de la albúmina que contienen los huevos con un preparado de citrato de sodio. Asoció entonces la albúmina con el plasma sanguíneo y en ese momento decidió que valía la pena regresar al laboratorio y hacer la prueba.

Durante unos días se dedicó a recoger la sangre de algunos heridos que llegaban al hospital y la utilizó para probar si se evitaba la coagulación con distintos preparados de citrato de sodio. Los excelentes resultados obtenidos en el laboratorio lo llevaron a hacer, el 9 de noviembre de 1914, la primera transfusión segura de sangre en un paciente, con lo que, el doctor Agote logró reconocimiento nacional e internacional.

Este descubrimiento fue acompañado con otros estudios y hallazgos importantes sobre diversos sistemas para extraer la sangre del donante y llevarla con seguridad a las venas del paciente. Pero sus trabajos como investigador no se limitaron sólo a este tema: Agote también hizo aportes importantes con un nuevo método gráfico para fijar la herencia, así como investigó y publicó trabajos sobre la úlcera gástrica y la litiasis biliar, entre muchos otros.

A su trabajo como médico, como investigador y como profesor universitario, sumó la fundación del Instituto Modelo de Clínica Médica y, con base en sus investigaciones sobre la sangre, fue creada la Dirección Municipal de Transfusión de Sangre y Plasmoterapia que, en 1940, fue seguida por la Escuela Municipal de Transfusión de Sangre y Plasmoterapia, la primera escuela de ese tipo en la Argentina y en el mundo.

Toda esa enorme dedicación a la tarea de investigar, descubrir, crear, atender pacientes y dar cátedra, no fueron suficientes para un hombre de su talento y de su amor por el conocimiento.

Por eso, a la publicación de sus numerosos trabajos en el campo de la medicina, el doctor Luis Agote agregó otro tipo de obras que también fueron publicadas, entre las que se destacan “Unidad de composición del Universo” y “Nerón y su tiempo, un estudio psicopatológico del emperador romano”.

El doctor Luis Agote falleció en 1954 y, para ese año, había alcanzado el justo y merecido reconocimiento de ser un sabio y un gran escritor.

Texto de Julieta Galván, escrito para R.A.E., Radiodifusión Argentina al Exterior.

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LA VIDA DE LUIS AGOTE

El doctor Luis Agote hizo descollar a la Argentina en el campo de la Medicina.

Luis Agote nació en la ciudad de Buenos Aires el 22 de septiembre de 1868, siendo sus padres Pedro Agote y Justina García.

Su padre, hombre sumamente previsor, le internó de niño en el colegio inglés de W. Junior.

Desde 1881 a 1886 estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde obtuvo el título de bachiller, y en 1887 se matriculó en la Facultad de Medicina.

Durante sus años de estudiante fue nombrado practicante rentado de vacuna en 1888, disector de anatomía descriptiva en 1889, ocupando después los cargos de practicante menor y mayor en el Hospital San Roque.

En 1893, obtuvo el puesto de practicante mayor en el Hospital de Clínicas, y poco después entró en el mismo cargo, por concurso, en el Hospital Rivadavia.

Se graduó de doctor en medicina en 1893, presentando su tesis sobre Hepatitis supurada, que reveló su inclinación a la clínica, en donde sería, con el andar del tiempo, sabio maestro y eminente investigador.

Nombrado secretario del Departamento Nacional de Higiene, cargo que ocupó varios años, fue jefe de sala del Hospital Rawson.

En 1895 fue nombrado director del Lazareto de la Isla de Martín García, dejando como resultado de sus trabajos en este cargo una serie de interesantes memorias de la más alta utilidad. Desempeñó igualmente los cargos de médico de sanidad e inspector del Departamento Nacional de Higiene, médico adscrito del Servicio del Dr. Cantón en el Hospital Ramos Mejía, y médico del Consultorio de Niños de la Asistencia Pública.

Su amor por la docencia, se perfila también fuera de la Facultad de Medicina, pero en disciplinas paralelas, pues desde 1906 a 1931, es profesor de Ciencias en el Colegio Nacional de Buenos Aires. En 1933, y como reconocimiento a su labor docente, es nombrado Profesor Honorario de dicho colegio.

Se inició en la docencia universitaria como profesor libre de Clínica Médica, en el año 1902 (Sala III del Hospital Rawson).

En 1905 se presentó como candidato a profesor suplente de Clínica Médica, siendo nombrado en 1906. Esto inició la era de su profesorado. Cada curso dictado era un éxito que añadía a sus cursos complementarios del programa del profesor titular.

Más de una vez actuó como profesor interino de Semiología y Clínica Médica, nombrado por la Facultad en reemplazo del profesor Sicardi, que fuera su maestro en más de un concepto.

En 1911 y en 1914, dicta cursos libres completos de Clínica Médica, mereciendo los mismos, la aprobación unánime del Consejo de Medicina.

El profesor Agote, que ocupaba en aquellos años (1913) una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, poniendo en juego su influencia política para un elevado propósito educacional, había conseguido que el Congreso destinara, por la ley de Presupuesto, una fuerte partida con destino a la construcción de un pabellón Modelo de Clínica Médica en el Hospital Rawson, que pasaría a depender, en todo lo referente a dirección técnica, de la Facultad de Medicina.

Con autorización del Consejo Directivo de la Facultad se aprobaron los planos y, licitadas las obras, se llevaron a cabo rápidamente con el auxilio de nuevas partidas del Congreso.

Suplente de Clínica Médica durante diez años consecutivos, al jubilarse Sicardi se presentó (1915) al concurso para titular. En éste –hecho inusitado en los anales de la Facultad- se inscribieron ocho candidatos de primera categoría: Patricio Fleming, Mariano R. Castex, Pedro Escudero, Luis Agote, Rafael A. Bullrich, Juan José Vitón y Pablo Morsline.

Se efectuaron una serie de votaciones que resultaron empatadas, clasificándose finalmente la terna en la siguiente forma: 1ª Luis Agote; 2ª Mariano R. Castex; y 3ª Juan José Vitón.

Elevada al Consejo Superior Universitario, y después al Poder Ejecutivo, se dispuso por decreto del 28 de mayo nombrar profesor de Clínica Médica al doctor Agote. Digno sucesor y continuador de la obra de Sicardi, tuvo -como su maestro- un gran amor al estudio, palabra atrayente y cálida, una cultura humanística elevada, juicio penetrante, empuje creador e investigador, y un culto que raya en lo religioso por todas las manifestaciones del pensamiento.

El Instituto Modelo de Clínica Médica, su gran obra, se inauguró oficialmente el 11 de marzo de 1914.

La verdadera inauguración científica y docente tuvo lugar días después con su magnífica conferencia. Entre otros conceptos, se eligen los siguientes:

“Salud y enfermedad, son dos términos representativos de modos de ser de la vida biológica, gradaciones diversas de reacciones de la célula frente al medio en que se desenvuelve, inmenso océano cuyas agitaciones repercuten incesantemente sobre ella, haciéndola oscilar incesantemente también gracias a lo complejo de su naturaleza cuaternaria, como admirablemente nos lo demostrara Spencer en su magistrales “Principios de Biología”.

“En este intercambio continuo, la línea precisa donde termina la una para comenzar la otra, es tan fugaz como la que separa la luz de la sombra; pero si esto es exacto, no lo es menos también que entre esos dos extremos existen estados, gradaciones perfectamente marcadas, cuya existencia no es posible desconocer.”

“Salud y enfermedad nos aparecen indistintamente como fenómenos propios de la naturaleza celular los que tienen su génesis, desarrollo y terminación en las intimidades mismas del protoplasma, por la intervención única de sus propios elementos, sujetos a cambios o modificaciones más o menos profundas y más o menos persistentes, al ser estimulada por los agentes exteriores, todo lo cual se traduce por fenómenos característicos –síntomas y signos- que la ciencia descubre, persigue y analiza, buscando la ley que los rige, para deducir procedimientos capaces de restablecer el equilibrio, momentánea o definitivamente perturbado”.

En 1914 tuvo lugar su genial descubrimiento de la transfusión de la sangre nitratada.

La primera transfusión se hizo el 9 de noviembre de 1914. “Desde el 14 de noviembre de 1914 –dice el autor-, cuando en la gran sala de este Instituto Modelo de Clínica Médica y con la asistencia de las autoridades universitarias y de numerosos profesionales, hemos hecho conocer nuestro método para la transfusión de la sangre, hecha incoagulable por medio del citrato neutro de sodio, desde este día hasta el presente, la eficacia de este método ha sido demostrada en forma absoluta por todos los observadores de América y Europa”. (Queda claro que la primera transfusión privada fue el 9 de noviembre, como se indicó más arriba).

La primera tentativa de transfundir sangre de animales a hombres se debe a Denys y Emmeretz, que la realizaron el 15 de junio de 1667. Las transfusiones se repitieron en gran escala, pero la gloria de Denys fue sumamente efímera.

Al año siguiente cayó en desgracia al transfundir por cuarte vez sangre de ternera a un alienado. El enfermo murió apenas se había introducido el tuvo en una de sus venas, aun antes de que pasara la sangre del animal.

En abril de 1668, a raíz de este acontecimiento toda transfusión debió hacerse previo consentimiento de un médico de la Facultad de París.

A consecuencia de los trabajos e investigaciones experimentales de diversos observadores, especialmente de Dumas y Prevost, sobre los peligros de la inyección de la sangre heterogénea en los pájaros, James Blundell hizo la prueba de transfundir al hombre la sangre de un semejante.

Como aparecieron múltiples complicaciones que se achacaron a la utilización de la sangre completa, se comenzó a utilizar la sangre desfibrinada.

En 1872, Ziemsen publica un nuevo método de transfusión indirecta, por medio de agujas y jeringas, método que no tuvo mayor aceptación.

Los clásicos trabajos del eminente médico Carrel sobre cirugía vascular, abren nuevos horizontes para la transfusión, hasta que Crile, el famoso cirujano norteamericano, hace conocer su método de transfusión directa.

En 1913, Lindermann revive el procedimiento de Ziemsen. Por este tiempo se intensifican los estudios sobre el comportamiento de las mezclas de sangre humana; se observan los fenómenos de la hemólisis y la aglutinación, y se clasifican los diferentes tipos de sangre.

Jansky y Moss aportan en este sentido una serie de trabajos de capital importancia.

En el año 1914, John Abel inyecta a perros sangre adicionada de hirudina, iniciándose de este modo la transfusión por medio de los anticoagulantes, y el 9 de noviembre de 1914, como se ha dicho ya, Agote introduce su método de transfusión con la sangre citada.

Agote fue nombrado profesor honorario de la Facultad de Ciencias Médicas en 1932, y en 1945, la Academia Nacional de Medicina le confirió el título de Académico Honorario de la misma.

Luis Agote fundó la Asociación Tutelar de Menores, el Centro de Transfusiones Sanguíneas y Plasmoterapia del Hospital Italiano, en Santa Fe; el Centro de Transfusiones del Hospital de Bolívar (provincia de Buenos Aires).

Tal como se afirmó más arriba, Agote alternaba la medicina con la literatura y el arte, mereciendo ser designado presidente honorario de la Academia de Bellas Artes.

Entre sus obras médicas, además de las referentes a su método de transfusión, podemos citar las siguientes: “La peste bubónica en la República Argentina y el Paraguay” en colaboración con Arturo Medina (1901), traducida en el mismo año al francés. “Lecciones de Clínica Médica” (1904). “Las defensas naturales en los cardíacos” (1909). “La salud de mi hijo” (Manual de Higiene para las madres, 1912). “Las úlceras del estómago y del duodeno en la República Argentina” (Segundo Premio Nacional, 1918).

En el campo de la literatura muchas de sus obras permanecen aún inéditas, tales como: “Augusto y Cleopatra”; “La lucha por el Mediterráneo” y “Mis recuerdos”.

De las publicadas, merece citarse especialmente: “Nerón, los suyos y su época”, aparecida en 1912. El autor demuestra no solamente en esta obra su conocimiento del ambiente histórico y los personajes cuyo carácter analiza, sino que lleva a cabo un interesante estudio de sociología y analiza los trastornos de la mente que llevaron al César a cometer tantos desmanes.

Su estilo, por momentos incisivo, lleva en otros momentos una extraña y suave melodía que se adentra fácilmente en el espíritu del lector. No hay amaneramiento en sus descripciones y describe con firmeza trazos de la psicología de Nerón y de las multitudes que le rodeaban. De esta obra se puede decir que es la coronación de sus trabajos literarios, y aún científicos, pues es en la misma toca al arte y a la ciencia en forma verdaderamente armoniosa.

Luis Agote se jubiló en 1929, a los sesenta años. En 1986 dio su nombre al Instituto Modelo de Clínica Médica del Hospital Rawson, que fundara con tanto cariño.

El doctor Agote, murió el 12 de noviembre de 1954. Fue uno de los más perfectos exponentes de la brillante generación graduada durante la época del noventa, generación que pocas veces podrá ser igualada.

Maestro en el verdadero sentido de la palabra, por la superioridad de su talento, su carácter investigador y su enorme experiencia, extendió más aún sus horizontes por la amplitud de su espíritu, dilatado por el culto de las letras y las artes.

Luis Agote unió a todo ello su bondad innata, su prestancia física, su elegancia en el vestir, una educación esmerada -que trató siempre de mantener- y su proverbial caballerosidad.

Texto extraido de Educar-Argentina.

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LUIS AGOTE y LAS TRANSFUSIONES INDIRECTAS de SANGRE.

Desde el siglo XIX se hicieron experiencias de transfusión directa de sangre entre personas, a veces con consecuencias fatales por ignorancia de las incompatibilidades sanguíneas. La difícil tarea requería conectar una arteria del dador con una vena del receptor mediante una no trivial intervención quirúrgica.

Se necesitaba un lugar con asepsia extrema, no se podía medir bien la cantidad de sangre transferida, el dador necesitaba mucho tiempo para recuperarse y se exponía a infecciones, embolias y trombosis.

En el año 1900 el investigador austríaco Kart Landsteiner identificó algunas de las sustancias sanguíneas responsables de la aglutinación de los glóbulos rojos, logrando por primera vez identificar los grupos sanguíneos y sus incompatibilidades, iniciando así la incorporación sistemática de las transfusiones de sangre como método terapéutico.

Hasta comienzos del siglo XX las transfusiones sólo podían hacerse directamente de donante a paciente, porque no se sabía cómo conservar inalterada la sangre extraida, que luego de pocos minutos comenzaba a coagularse hasta solidificarse casi completamente.

La coagulación, defensa del organismo contra las hemorragias, es un complejo proceso bioquímico en el que intervienen tanto sustancias siempre presentes en la sangre como otras producidas por los tejidos lesionados y, en particular, las sales de calcio que contiene.

El médico argentino Luis Agote, motivado por las graves consecuencias de las hemorragias en pacientes hemofílicos, encaró el problema en el Hospital Rawson de la ciudad de Buenos Aires, con ayuda del laboratorista Lucio Imaz.

Sus primeros intentos, como el uso de recipientes especiales y le mantenimiento de la sangre a temperatura constante, no tuvieron éxito. Buscó entonces alguna sustancia que, agregada a la sangre, impidiera el proceso de coagulación sin causar luego daño a sus futuros receptores.

Después de muchas pruebas de laboratorio in vitro y con animales, Agote descubrió que el citrato de sodio (sal derivada del ácido cítrico existente en frutas como el limón) interrumpía la formación de los coágulos, siendo bien tolerado y rápidamente eliminado por los organismos sin problemas ulteriores.

En esa época no se conocían todavía todos los detalles de la coagulación de la sangre, aunque había abundante información sobre procesos similares, como el de la leche y la clara de huevo (albúmina). Hoy se sabe (y es posible hacer sencillos experimentos caseros para verificarlo) que en todos estos casos el efecto preventivo del citrato de sodio se debe a su capacidad de capturar el calcio.

Momento histórico:primera transfusión de sangre citratada: Hospital Rawson, el 9 de noviembre de 1914

La primera vez en el mundo que una persona recibió una transfusión de sangre conservada con citrato de sodio fue el 9 de noviembre de 1914. En un aula del Instituto Modelo de Clínica Médica del Hospital Rawson, en presencia de calificados testigos, el portero Ramón Mosquera recibió una transfusión de 300 cm3 de sangre así conservada. Tres días después, totalmente restablecido, fue dado de alta.

Un profesional argentino, investigando a tiempo parcial en un hospital argentino, lejos de los centros científicos más importantes y avanzados, logró resolver un problema que angustiaba a miles de médicos de los ejércitos europeos de la Primera Guerra Mundial, entonces en curso.

Fue un gran aporte a la medicina mundial, que contaría desde entonces con un método de transfusión de sangre simple, inocuo y fácil de ejecutar por un profesional idóneo, aún en pleno campo de batalla.

El periódico estadounidense “New York Herald” publicó una síntesis del método de Agote y percibió sus proyecciones futuras, profetizando que tendría muchas otras aplicaciones además del tratamiento de hemorragias agudas.

Su vida en pocas líneas

Luis Agote nació en la ciudad de Buenos Aires el 22 de septiembre de 1868. Hizo sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires e ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1887, donde se graduó de médico en 1893. En 1894 asumió como secretario del Departamento Nacional de Higiene y en 1895 se hizo cargo de la dirección del lazareto de la isla Martín García.

En 1899 fue designado médico de sala del Hospital Rawson (ciudad de Buenos Aires), donde más tarde fue jefe de sala. En 1905 fue nombrado profesor suplente de la Facultad de Medicina y en 1915 profesor titular de Clínica Médica, cátedra que tuvo a su cargo hasta su renuncia en 1929. En 1914 fundó el Instituto Modelo de Clínica Médica del Hospital Rawson, donde llevó a cabo un vasto programa de investigación, enseñanza profesional y asistencia a enfermos.

Allí fue donde desarrolló y puso en práctica su método de conservación de la sangre. Además de trabajos de medicina, Agote escribió varias obras literarias e históricas. Durante sus dos periodos como diputado nacional (1910 y 1916) fue autor de los proyectos de ley que fundaron la Universidad nacional del Litoral y el Patronato Nacional de Menores Abandonados y Delincuentes, logrando también la incorporación del Colegio Nacional a la Universidad de Buenos Aires.

Ya finalizada la Primera Guerra Mundial, el belga Albert Hustin (de la Academia de Ciencias Biológicas y Naturales de Bruselas, Bélgica) y el estadounidense Richard Lewisohn (del Mount Sinai Hospital de New York, EEUU) se atribuyeron el descubrimiento del método.

Se inició entonces un largo intercambio epistolar entre Agote y estos científicos, y se acumularon entrevistas, artículos, comunicaciones y citas en distintas revistas médicas sobre la discutida prioridad.

En todo este despliegue, sin acaloramientos ni acusaciones, el tecnólogo argentino se limitó a señalar objetivamente fechas y procedimientos. Probablemente se trató de investigaciones independientes que dieron su fruto en forma más o menos simultánea, aunque difícilmente un investigador del Primer Mundo, trabajando con los últimos adelantos tecnológicos, reconocerá el mérito de uno de un país “más atrasado”.

Por poco que sepamos sobre las íntimas intenciones de Agote, dos hechos son evidentes.

El primero es su valoración de la vida humana por encima del rédito económico, ya que no trató de patentar su resultado. Lo comunicó de inmediato a medios de prensa, a representaciones diplomáticas de todos los países –entonces en guerra- y a revistas médicas internacionales.

El segundo, es que hizo su descubrimiento trabajando en las pocas horas libres que le dejaba su muy fructífera tarea como diputado nacional.

Sería muy bueno que nuestra sociedad, en vez de los personajes de la farándula que tanto exaltan algunos medios de comunicación, tuviese muchos modelos como Luis Agote.

Editado en “Vida positiva, sólo Buenas Noticias”.

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