Ciencia, en el reino del revés – Editorial: Julio 2009

julio 1st, 2009

Luis María Barassi

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CIENCIA, EN EL REINO DEL REVÉS

Vamos a ver como es

He tomado una canción de la escritora argentina María Elena Walsh, como punto de partida de la nota editorial de éste mes de julio.

Y lo hago, porque la tendencia argentina en el asunto que me interesa subrayar parece ir en sentido contrario a una historia que nos castigó hasta no hace mucho y que, en la región, parece seguir ese extraviado derrotero.

Los versos escritos por la señora Walsh tienen el siguiente estribillo: Vamos a ver como es el Reino del revés.

Y en sus estrofas se deslizan ideas tan originales e imposibles de concebir como éstas: nada el pájaro y vuela el pez, cabe un oso en una nuez o que un año dura un mes. La creadora escribe en un momento: dos y dos son tres.

Para nuestro objetivo, el concepto que sigue podría conformar ese Reino ilógico que, con creativo humor, se empeña en presentarnos la reconocida canta autora, como en un juego de libertad asociativa.

Donde se van cinco y vuelven diez

Para develar la incógnita, me refiero a ese pasado que nuestro país definió como fuga de cerebros y que poco le importó tanto a la sociedad en general como a diversos sectores representativos y a los gobernantes de turno en los últimos cuarenta y cinco años, salvo honrosas excepciones.

Miles de científicos e investigadores argentinos debieron irse del país, ya sea por una persecución demencial y suicida contra la inteligencia –en donde la vida misma estaba en juego-, como por una suerte de ignorancia cómplice en donde nada se hizo para contrarrestar discursos oficiales donde literalmente se mandaba a los científicos a “lavar los platos”.

Eran tiempos donde la Argentina se mostraba incapacitada –como en el fatal conteo del boxeo- en donde no hay reacción del rival y el árbitro suma inapelable la primera decena hasta decretar el no contest del pugilista imposibilitado de reaccionar a los embates de un rival superior.

Así, nuestro país cayó en una decadencia donde su Sistema científico – tecnológico no podía articular ni retener a los recursos humanos que formaba con suficiencia en sus universidades, pero que el exterior desarrollado devoraba con fruición de exquisito gourmet.

El tiempo que vivimos presenta una situación descarnada también. Un reciente informe del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) indica que el número de migrantes con estudios de tercer nivel hacia países desarrollados aumentó un 155% entre 1990 y 2007. Y se especifica que de un total de casi cinco millones de personas, el 88% se dirigió a los Estados Unidos.

Un primer análisis, advierte que la citada emigración no tiene que ver con una sobredimensión de la oferta altamente calificada sino a la debilidad de las demandas locales.

Y se consigna que la retensión de los recursos humanos de excelencia será posible cuando las actividades de la producción y de servicios –no sólo a partir de políticas públicas sino también de estrategias privadas- sepan aprovechar ese conocimiento.

Afortunadamente, en la Argentina de este tiempo ya no sólo hay indicios sino claras evidencias de un paradigma distinto. La tendencia a la citada fuga compite hoy con políticas de repatriación y re-localización, uno de cuyos ejemplos paso a contar.

Investigadores para el sector agropecuario

Hablo de científicos que trabajan en sedes del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), merced al Programa de Recursos Humanos de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, y de un anuncio que se hizo a fines de junio pasado en el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Dicho Programa –coordinado por el Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica, FONCyT, que depende de la citada Agencia- contempla la repatriación de investigadores residentes en el exterior y la relocalización de investigadores de una región a otra de nuestro país. Y fue creado con el objetivo de fortalecer las capacidades en recursos humanos aplicados a áreas tecnológicas estratégicas.

Según se conoce, cuenta con dos instrumentos: la línea PIDRI (Proyectos de Investigación y Desarrollo para la Radicación de Investigadores) que, a su vez, es una de las políticas de la “Ley Raíces” (por la cual ya han regresado a nuestro país más de 600 científicos), y la línea de becas para la formación de doctores denominada Proyectos de Formación de Doctores en Áreas Tecnológicas Prioritarias, PFDT.

El Programa en su conjunto –ambicioso por cierto- está dirigido a universidades e institutos de investigación científica y tecnológica. En total beneficia a 46 instituciones, entre las cuales se encuentra el citado INTA.

Para más datos

Se informó que la Agencia adjudicó al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuario algo más de cinco millones y medio de pesos para la repatriación y relocalización de 18 investigadores y las becas de formación doctoral de otros 16.

Hasta el momento se han incorporado al mencionado Instituto cinco investigadores provenientes de Estados Unidos, Canadá, Chile, Francia y Alemania, y se espera la llegada de otros cinco entre agosto y octubre de 2009.

Asimismo, cuatro investigadores han sido relocalizados en regiones consideradas prioritarias, y otros cinco lo harán en el transcurso de este año.

En total, el Programa de Recursos Humanos permitirá al INTA la repatriación y relocalización de 18 investigadores.

Precisamente, el pasado jueves 25 de junio la sede del Ministerio de Ciencia fue sede del acto en el cual fueron presentados nueve investigadores repatriados y relocalizados del citado Instituto.

Definiciones, sedes, proyectos

El Ingeniero Néstor Oliveri es Director Nacional del INTA, y durante el acto dijo que “uno de los objetivos importantes de dicha institución es promover y fortalecer alianzas con universidades y organismos de nivel científico y tecnológico”. Y añadió que ha sido capital “haber encontrado en el Ministerio de Ciencia y Tecnología, la oportunidad para incorporar recursos humanos ya formados, algo que el INTA necesita imperiosamente”.

Ingeniero Néstor Oliveri

Oliveri destacó el sentido federal en que se han distribuido los científicos que, puntualizó, no eligieron sólo el Complejo Castelar.

Dijo que uno trabajará en el IFFIVE, de Córdoba, otro en Buenos Aires –en la experimental de Pergamino-, uno restante en el Centro Regional Mendoza-San Juan, otro en el Centro Regional La Rioja-Catamarca, y el restante en el Centro Regional Tucumán-Santiago.

El ingeniero Oliveri agradeció también a las universidades asociadas en la ejecución de estos proyectos.

Y mencionó a la Universidad de Buenos Aires, de La Plata. La Universidad Nacional de Cuyo, de San Juan. La Universidad Nacional Tecnológica de Tucumán, la Nacional de Córdoba, la Nacional del Noroeste de Buenos Aires, y la Universidad Nacional de Catamarca.

Como dato importante, Oliveri citó las disciplinas en que estos investigadores desarrollarán su actividad.

Y citó las siguientes: Sustentabilidad de Sistemas de Producción –específicamente en suelos-, Economías Regionales trabajando en vitivinicultura –producción de olivo-, mejoramiento de frutas finas y hortalizas. En biodiversidad y ambiente. Sobre agro, ecosistemas en forestación. Específicamente en el tema de genética, sanidad y calidad de madera. Y en calidad agroalimentaria y fundamentalmente el mejoramiento del maíz.

Añadió que, en carpeta, tienen otros proyectos. Y si como hasta ahora se sigue trabajando en esta buena relación INTA y el Sistema de Ciencia y Tecnología, se podrá avanzar con científicos destinados a cambio climático, seguridad agroalimentaria, gestión de recursos hídricos, y tecnologías ambientales para los Sistemas de producción.

Por citar sólo dos ejemplos

Entre los repatriados citamos a la Ingeniera Agrónoma, Master of Sciencies y Doctora en Agronomía, Lucrecia Brutti.

Doctora Lucrecia Brutti.

Luego de trabajar 20 años en el INTA, a la que definió como “una muy buena institución para trabajar y desarrollarse”, la doctora Brutti viajó por motivos familiares a Chile, donde también trabajó –durante diez años- en temáticas del medioambiente y la microbiología del suelo en relación con empresas de productos biotecnológicos.

Decidida a volver al país, dijo que la recibieron muy bien y se mostró feliz por un Programa especial del Instituto del Suelo del INTA, que le preparó para su vuelta el Ingeniero Constantini.

La doctora Brutti destacó que en estos Proyectos “los investigadores que regresan lo hacen a un sitio laboral que está establecido, que tiene infraestructura, equipamiento, en el que uno –simplemente- puede empezar a trabajar”.

En su caso, contó Brutti, estudiará los niveles de carbono y nitrógeno en la región pampeana, donde los suelos son muy utilizados para el cultivo de soja, maíz y trigo. La doctora Brutti explicó que su objetivo es poder recomendarle prácticas a los productores agrícolas para que atiendan al mejor uso del suelo y a preservar el ambiente. Esto, explicó, porque cuando no hay rotación adecuada cualquier monocultivo es malo.

Precisamente, añadió, investigar los suelos pampeanos permitirá obtener –entre otras cosas- bases científicas sólidas para la implementación de nuevas alternativas de uso y manejo sustentable.

El otro ejemplo es el de Pablo Miguel Monetta, Bioquímico y Doctor en Ciencias Químicas, títulos logrados en la Universidad Nacional de Córdoba.

Monetta contó que en su caso, se trata de una relocalización, ya que de Córdoba pasó a la Estación Experimental del INTA, en San Juan, provincia donde nació.

Doctor Pablo Monetta

Emocionado, Monetta agradeció la existencia del Programa de Relocalización de Investigadores ya que, en su caso, le resultó muy gratificante. Y especificó que “a esta altura del año pasado estaba pensando, buscando un lugar en el extranjero para ir a hacer investigación”.

También confesó que “el anhelo de cualquier estudiante de doctorado en la Argentina es poder hacer investigación en el propio país, y si es posible en algo aplicado a un problema regional”.

Como sanjuanino que es, Monetta dijo que se le dio la posibilidad de volver a su provincia y trabajar en problemas relacionados a la olivicultura, por cierto, “importantes para el desarrollo de la región”.

El joven doctor Monetta también agradeció al Consejo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICET), que le dio la beca para hacer el doctorado, y además, al Sistema Educativo argentino, que –enfatizó- “mediante una educación pública” le dio los tres niveles de enseñanza de manera gratuita: la educación primaria, el secundario y la universidad.

He repasado un ejemplo clave no muy difundido en el ámbito local, que muestra el revés de una trama que consideramos de suma importancia para el futuro argentino de cara a emplear los mejores recursos del conocimiento.

Y lo hice rescatando a una cuentista y letrista argentina que, en una canción, le dio entidad de reino a situaciones tan imaginarias como imposibles.

Como imposible pareció que la Argentina adoptara un camino decidido para aprovechar sus notables recursos humanos. Por eso, en este reino del revés es posible que nuestro país esté cifrando un destino posible si hablamos de científicos…donde se van cinco y vuelven diez.

Y es fantástico que esté sucediendo mientras escribo éstas líneas.

Luis María Barassi

Editorial, Julio 2009

Isologo de la página web

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1 Comment Add your own

  • 1. Gladys Correa  |  julio 8th, 2009 at 7:32 PM

    Muy interesante el relato del Doctor Monetta.
    Quisiera saber mas del programa.224 de la Ley 26421
    Muchas gracias
    Gladys

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