COTLAR, Mischa – Personaje recordado del mes: Julio 2009

julio 1st, 2009

Participó en los programas: 106, 107. Homenaje editorial: Febrero´07

Doctor Mischa Cotlar

Mischa Cotlar fue uno de los matemáticos e intelectuales más destacados de la Argentina. En rigor de verdad, un autodidacto de prestigio mundial, nació en Sarney -Ucrania- en 1913, y murió en Buenos Aires -Argentina- el 16 de enero de 2007.

Cotlar -verdadera leyenda y mito- fue protagonista de la época de oro de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Primer profesor full time, autodidacto pleno, pianista inquieto.


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Audio del programa correspondiente. Difundido el 19 de octubre de 2006.

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Audio del programa correspondiente. Difundido el 26 de octubre de 2006.

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Mischa Cotlar – Notas Biográficas, por Eduardo Lima de Sá y Lázaro Recht. Asociación Matemática Venezolana, Boletín, Vol. I, Nª 1, Año 1994.

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Mischa Cotlar nación en Sarney, Ucrania en 1913 y emigró con sus padres y su hermano a Uruguay en 1928; tenía entonces 15 años y a pesar de que no había tenido más de un año de educación formal, había estudiado algunos libros de matemática y resuelto algunos problemas de teoría de números, como descubrió algún tiempo después, el matemático uruguayo Rafael Laguardia quien lo invitó a participar en su seminario.

Para ayudar económicamente a su familia, Mischa, que era ya un buen pianista, tocó el piano en algunos bares del puerto de Montevideo hasta 1931, cuando comenzó a tocar en un trío de cámara en Punta del Este.

En 1935 Mischa emigró a Buenos Aires, que se convirtió en su ciudad natal, atraído por su actividad matemática.

En 1938 se casa con Yanny Frenkel, una joven estudiante de matemáticas de origen ruso, con la cual ha compartido toda su vida.

Como Mischa Cotlar es un autodidacta y sólo tuvo un año de educación formal, nunca pudo inscribirse oficialmente como estudiante en ningún instituto argentino o uruguayo.

Su primer diploma, el doctorado de la Universidad de Chicago, lo obtuvo en 1953 cuando tenía 40 años y ya había publicado alrededor de 30 trabajos de Matemática.

La falta de un grado académico le impidió durante su primera etapa en la Argentina el desempeñar cargos académicos oficiales, no así el enseñar en forma privada y desarrollar diversos trabajos matemáticos.

A su regreso a la Argentina, después de obtener su doctorado, fue profesor primero en la Universidad Nacional de Cuyo y luego de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Buenos Aires, hasta el año 1966 cuando un golpe militar y ataques a la Universidad produjeron su renuncia.

Desde 1967 hasta 1971 fue profesor de Rutgers University.

En 1971 enseñó en la Universidad Central de Venezuela y regesó a la Argentina en 1972, a la Universidad Nacional de La Plata.

En 1974 regresó a Caracas y es profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela desde entonces.

Ha sido profesor también de las siguientes universidades: Washington University, University of Chicago, Dartmouth College, Universidad de la República en Montevideo, Universidad de Ingeniería en Lima, Université de Nice, McGill University y Howard University.

Mischa es sumamente modesto y muy querido por todos los que tienen la suerte de conocerlo. Como puede verse en la lista de sus publicaciones, muchas de ellas son en colaboración con otros matemáticos, un indicio más de su carácter amistoso y su espíritu de colaboración y también del interés puramente científico que lo motiva en su trabajo.

Entre sus colaboradores más estrechos puede citarse a su esposa Yanny Frenkel, Rodolfo Ricabarra (su gran amigo y colega intelectual), Beppo Levi, Eduardo Zarantonello, Rafael Panzone, Rodrigo Arocena, Cora Sadosky.

Manuel Sadosky, Yanny Frenkel y Mischa Cotlar

Ha colaborado en la formación de muchos matemáticos, entre los cuales cabe destacar, en la Argentina, a Rafael Panzone, Cora Ratto de Sadosky, Eduardo Ortiz y Concepción Ballester a quienes dirigió las tesis doctorales.

Entre sus discípulos en Caracas están: Rodrigo Arocena, Pedro Alegría, Ramón Bruzual, Carmen Casas, Stefania Marcantognini, Cristina Pereira, José Abreu, María Dolores Moran, Marisela Dominguez, Alexis Quevedo y Wilfredo Urbina.

Ha recibido los siguientes premios y distinciones científicas: Premio Waissman del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina, Premio Nacional de Ciencias de Venezuela y Premio de la Academia de Ciencias de Madrid. Es miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Argentina, y profesor honorario de la Universidad  Nacional de La Plata.

Para concluir este breve recuento de la vida de Mischa, quisiéramos reproducir parte de las palabras del gran matemático argentino Alberto Calderón, con motivo de la incorporación de Mischa Cotlar a la Academia Nacional de Ciencias Exactas de la Argentina: “…sus contribuciones son en su mayor parte en el área de Análisis, y se refrieren a una amplia variedad de capítulos de esta disciplina, tales como Teoría de Reticulados, Teoría de Grupos Semiordenados, Teoría de Integración, Teoría Ergódica, Algebras de Banach, Familias Normales de Funciones, Teoría del Potencial, Núcleos de Tôeplitz y muchos más.l

El trabajo matemático del Dr. Cotlar tiene características singulares.

Una es su penetración, que hace aflorar las profundas raíces y motivaciones de teoremas y teorías.

La otra es la visión, que descubre vínculos y relaciones insospechadas entre temas aparentemente desconectados.

Es por esas características, creo, que sus trabajos tienen un marcado sabor de ensayos filosóficos.

Ejemplo de esto son los cuatro artículos consecutivos aparecidos en la Revista Matemática Cuyana, volumen 1 (1955), fascículo dos. En uno de ellos, el resultado conocido ahora como el “Lema de Cotlar”, muestra la razón por la cual la transformada de Hilbert es acotada en L2, independientemente de la teoría de Fourier.

En otro, da un tratamiento unificado de la transformada de Hilbert y el teorema ergódico, que se conoce como el principio de la transferencia en la teoría ergódica moderna…”

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H O M E N A J E – Editorial, Febrero 2007.

Este mes, el contenido de la nota editorial es breve.

La intención es recordar dos apellidos vinculados con la ciencia y que, en vida, significaron verdaderos modelos de humanismo y preocupación por sus congéneres.

A ambos tuve la fortuna de conocer, y así darme cuenta de que sus respectivas y ponderadas capacidades eran sólo un medio para pensar en el perfeccionamiento integral de los demás: intelecto, razón y compromiso, pero también sensibilidad por el hecho artístico y la creación superior.

Distintos aspectos de la vida y pensamiento de los doctores Enrique Belocopitow, muerto el siete de enero, y Mischa Cotlar, fallecido el pasado día 16, usted podrá encontrarlos en la categoría “Entrevistados” de la presente página web.

Pero en estas pocas líneas no quiero dejar de expresar que Belocopitow y Cotlar fueron auténticos guías, y fijaron su obstinación vital en un hacer comprometido y siempre lejos de ponerse ellos mismos como centros de referencia.

Belocopitow y Cotlar trabajaron para, desde un hacer creativo, ser también transmisores de la herencia esencial recibida de maestros a quienes ellos admiraban. La humildad, entrega y generosidad de ambos fue extrema.

En ambos, los valores últimos –esos que ennoblecen las almas o espíritus, el corazón sensible de los hombres- se transformaban en gestos y actitudes, cualesquiera fueran las responsabilidades que el hacer cotidiano les impusiera.

Así, el compromiso admirable e incansable de Belocopitow como divulgador científico y formador de profesionales en dicha tarea, y el estado de éxtasis que Cotlar halló en la matemática como inspiración para ser mejor persona desde la cátedra, el libro o la conversación diaria, son elementos tangibles y poderosos que uno adopta con orgullo y compromiso.

La generosa amabilidad de Mischa Cotlar durante una visita a su hogar.

Queda claro que este saludo no puede significar nunca una despedida. Esto es así, porque Cotlar y Belocopitow nos enseñaron, sin alardes, que la vida es una continuidad de episodios: búsquedas, descubrimientos, interrogantes y convicciones, la cual necesita de referentes a los que siempre se vuelve. Pero de una manera particular, sin mirar atrás.

Sucede que la mirada generosa de ellos, consiguió superar el tiempo limitado de sus historias personales, y son capaces de acompañar nuestros pasos -como bondadosos guías pretéritos- deseosos de que no nos extraviemos.

Luis María Barassi, Febrero 2007

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Falleció un gran matemático del siglo XX, que la Argentina perdió por las dictaduras

Recuerdos de Mischa Cotlar
por Hugo Scolnik

Quería contar algunas anécdotas de Mischa, y al mismo tiempo siento que cuando uno hace algo así roza sin querer el juego del yo-yo, cuando realmente hay que hablar del homenajeado. Pero al fin de cuentas solamente podemos contar nuestras experiencias, esperando que sirvan para arrojar luz sobre personas tan polifacéticas.

Ingresé a Exactas de la UBA en 1959 luego de un secundario horroroso, y un difícil comienzo en Ingeniería. Encontrarme de repente con gente que creaba, y que por lo tanto no eran meros repetidores de libros o apuntes obsoletos, constituyó una experiencia inolvidable. Uno era obviamente Mischa, recién llegado al país. Lo conocí en el Aula Magna cuando iba a dar mi primer examen (Algebra, dada por Cora Ratto de Sadosky, cuyo libro con Mischa fue y es un clásico). Una alumna estaba dando oral con Oscar Varsavsky, profesor temible. Y estaba aterrorizada. Mischa la rescató, se sentó con ella detrás mío, y le explicaba con santa paciencia, cosa que Varsavsky le criticó más tarde. Realmente no sabía nada, pero luego entendí que Mischa pensaba que todos eran “rescatables”.

Pasó el tiempo, lo veía de vez en cuando, le hacía preguntas difíciles porque su enorme cultura matemática era un tesoro invaluable, así como su disposición a charlar con enorme paciencia. Cuando llegué a Funciones Reales I, materia filtro de la carrera, la dictaba un “joven brillante y presumido” que no tenía por objetivo que los alumnos entendieran. Afortunadamente estaba haciendo demasiadas materias, así que la dejé para el cuatrimestre siguiente pues la iba a dictar Mischa. La materia incluía Teoría de la Medida, y por supuesto el joven comenzaba con una serie de axiomas para nada intuitivos. Mischa por lo contrario empezó dibujando un rectángulo, diciendo con prudencia que su superficie era el producto de la base por la altura. Ahí me di cuenta que sólo un gran científico puede “descender” de las alturas, pues no necesita darse importancia con actitudes despectivas hacia la sufrida audiencia.

Tengo una anécdota que vacilo en contar porque puede resultar increíble, pero bueno ahí va: como todo pichón de matemático tuve una idea para intentar demostrar el último teorema de Fermat, la escribí, y se la di a Mischa (todavía conservo el original). No me dijo que estaba loco ni mucho menos; se puso a estudiarla y me pidió que lo viera en una semana. Fui, golpeé la puerta, me dijo “entre” con una voz media rara, abrí, y estaba cabeza abajo, posición yoga que luego me contó que la usaba con frecuencia cuando quería pensar en algo difícil. Días después me dijo que los casos particulares que había demostrado estaban bien, pero que el teorema general no me iba a salir porque las desigualdades del Análisis que usaba no eran lo suficientemente “finas”. Lo que importa de esto es la actitud: “perder” el tiempo con un estudiante, animarlo, aconsejarlo, hacerle sentir que era o podía llegar a ser “alguien”.

Vino la Noche de los Bastones Largos, la diáspora, terminamos en países distintos. Yo estaba en Suiza haciendo el doctorado con B.L.Van der Waerden, y llegó un momento que estaba atascado totalmente, sin saber como seguir, y sin recibir ninguna ayuda de mi advisor. Supe que Mischa estaba de profesor en Niza, lo llamé, y me invitó a su casa. Era pleno invierno, llegué con una tremenda gripe, cenamos (ahí entendí como un vegetariano puede ser bien gordo pues comía grandes cantidades de nueces, avellanas, etc.). Al terminar me propuso ir a dar una vuelta, proposición mirada con sospecha por su mujer Yanny (también matemática) por razones que ahora se aclararán. Salimos, y al dar vuelta a la esquina me dijo: ¿ querés un heladito ? Acepté, y cuando volvimos estaba Yanny en la puerta con las manos en la cintura y le dijo: seguro que le propusiste a Hugo ir a comer un heladito! Años de experiencia con el pertinaz trasgresor!

Naturalmente me abrió todas las ventanas, pues no hay como el aire fresco aunque uno se esté muriendo de una gripe. Apagué la luz, resistí un rato, me levanté en silencio y cerré todo. Al rato se abrió la puerta y Mischa me dijo: sabía lo que ibas a hacer! Entró, abrió todo, y me la tuve que bancar.

Al día siguiente hablamos de Matemática. Me escuchó, me advirtió como siempre que él no sabía nada, que eso era muy difícil, pero al final me explicó que la tesis era algo muy importante para un matemático, que debía hacerlo sin ayuda (no usó esas palabras, pero el mensaje era claro), y que si me esforzaba mucho lo iba a conseguir. En definitiva no me ayudó en nada. Al día siguiente debía volver a Zürich, me llevó a la estación, y no hubo manera de impedir que me pagara una couchette.

Retorné al trabajo, tan perdido como antes del viaje. Un día me llega un enorme libro, regalo de Mischa. Comienzo a estudiarlo, era muy intrincado (de esos que uno puede avanzar una página por día con mucha suerte). Luego de dos semanas, y sin ver la relación con lo que quería hacer, lo llamé a Mischa y le pregunté. Ay no querido, fui a una librería en París, y el libro ese es tan hermoso que te lo quería regalar (aquí falta el acento ruso, pero se lo imaginan). Ganas de asesinarlo ( a veces el exceso de bondad puede conspirar contra la esperanza de vida).

Pasó el tiempo, terminé el doctorado y me volví a la Argentina. Me invitan a Venezuela, y al llegar, un amigo que me esperaba me llevó a recorrer un poco la tórrida zona de Maiquetía. De repente lo vemos a Mischa en short y camiseta, haciendo footing, y transpirando a mares. Ya en esa época tenía problemas cardíacos, y le exigían dieta y ejercicios. Charlamos un rato y me invitó a cenar. Allí Yanny me contó alguna de las historias terribles de su niñez. Una que me impactó es que vivía metida en una cama con su mamá, porque hacía un frío atroz y no tenían para comer. Alguien les avisó que un pueblo distante 11km había pan, se abrigaron como pudieron, caminaron, pero el rumor era falso. Creo que ese pasado fue muy marcante para ellos y explica muchas actitudes.

Llega 1982, Mischa aparece en Buenos Aires, los invitamos a almorzar. Fui a buscarlos a su departamento de la calle Sarandí. Me observaba manejar, y al llegar me dijo: qué bien manejas el tiempo de los semáforos; casi no paraste. Bajó del auto, le abrí la puerta del jardín de entrada, y de repente se paró. Le pregunté si le pasaba algo y me dijo: hay hormigas en el suelo, no hay que pisarlas. Estuvimos un buen rato esquivándolas. Luego ambos dos se tiraron al piso a jugar con mis chicos, en una actitud muy linda y espontánea.

Cuando cumplió 90 años dio una conferencia en la facultad de Ingeniería. Fue una pieza notable sobre Ética y Ciencia, mostrando que hay cosas muy importantes más allá de los papers y el Citation Index.

Mischa fue miembro del Tribunal Russell para juzgar los crímenes de guerra en Vietnam, y una vez me contó que habían podido hacer su trabajo en París gracias a la ayuda de una persona que no registré. ¿Qué hizo pregunté? Nos consiguió una máquina de escribir.

Había gente que pensaba que esas actitudes eran ficticias, que no podían ser reales. Para él todas las personas eran maravillosas, pero sabía perfectamente lo que podía cada uno.

Sin duda se está perdiendo una generación “fundacional”, y extrañaremos la presencia referencial de Mischa Cotlar, Manuel Sadosky, y otros próceres de la ciencia argentina.

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FALLECIÓ EL NOTABLE MATEMÁTICO MISCHA COTLAR – Página, CONICET

Autodidacto, tuvo prestigio mundial.

Venerado por sus discípulos y admirado por su generosidad y su gran humanismo, falleció ayer -16 de enero- el gran matemático Mischa Cotlar, que a pesar de haber nacido en Ucrania vivió y trabajó la mayor parte de su vida en América latina.

Cotlar fue un personaje notable. Según se cuenta, ya que nadie lo sabe a ciencia cierta, había nacido en Rusia, en 1913. Llegó a Uruguay a los 16 años, después de emigrar con los suyos desde Kiev.

De familia burguesa, su padre era un hombre muy culto cuyo nombre figura en la historia del ajedrez con la variante “Lasker-Cotlar”, según contó el doctor Héctor Ciapuscio en un artículo publicado en el diario Río Negro cuando hace unos años fue distinguido con el doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires.

Mischa fue protagonista de una historia extraordinaria. Aunque sólo recibió un año de educación formal, se ganó la vida en Montevideo, primero, y en Punta del Este, después, como pianista de un terceto de música clásica.

Allí lo conoció un profesor argentino que en 1935 lo trajo a Buenos Aires, donde inmediatamente lo “adoptó” la comunidad de matemáticos local, ya que desde muy joven hjabía sentido pasión por la matemática. Aquí conoció a Rey Pastor, a González Domínguez, a Calderón yj a Manuel Sadosky, que lo condujo a la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA.

Participó de una época de oro de la universidad, e incluso sin título académico daba clases y formó una escuela de investigadores.

Cuenta Ciapuscio que Sadosky y su esposa, Cora, también matemática, se dieron cuenta muy pronto de su valor excepcionala, hasta que un profesor nortemaericano que estaba de visita en el país le consiguió una beca Guggenheim.

En los Estados Unidos estudió enYale y obtuvo su primer título, el doctorado, en la Universidad de Chicago.

“Volvió a la Argentina en 1953 y enseñó en Exactas -dice Ciapuscio- (y donaba mes a mes parte de su sueldo a la Fundación Alberto Einstein para becas a jóvenes estudiosos) hasta que, en 1966, la intervención militar lo determinó a emigrar, primero a la Universidad de Rutgers, cerca de Princeton, y luego a Venezuela”.

Un geso que lo pinta cabalmente es la imporovisación que ensayó en ocasión de ser distinguido con el doctorado honoris causa de la UBA. No habló de si mismo, sino que se refirió a su amor a la matemática, al país que lo habia acogido y a los amigos que lo habían ayudado.

El año último recibió el Premio Domingo Faustino Sarmiento, entregado por el Senado de la Nación.

En esa ocasión subrayó: “Tanto mis maestros como mis amigos y colaboradores argentinos y uruguayos eran personas de excepcional calidad humana.

(Ellos me enseñaron) que la calidad humana está antes que el científico.

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