ONELLI, Clemente – Personaje recordado del mes: Abril 2009

abril 1st, 2009

Naturalista: paleontólogo, etnólogo y geólogo. Nació en Roma, en 1864, y murió en Buenos Aires el 20 de octubre de 1924.

Clemente Onelli

CLEMENTE ONELLI

Clemente Onelli fue uno de los más prestigiosos naturalistas extranjeros que desarrollaron su labor en la Argentina. Ligado indiscutiblemente al Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, Onelli fue también por muchos años el Director del Jardín Zoológico de la capital argentina.

Nacido en Roma en el año 1864, arribó al país con tan solo 24 años de edad, trayendo como todo equipaje sus conocimientos científicos, especialmente orientados a la paleontología. Recién llegado, se relacionó con el prestigioso químico Pedro Arata, quien lo presentó al doctor Francisco P. Moreno, por entonces director del Museo de La Plata, institución que se estaba edificando.

Francisco Moreno, uno de los argentinos más importantes de nuestra historia.

De inmediato, Onelli, que traía una solicitud de envío de colecciones de animales para el Museo de Roma, se incorporó como miembro de planta en el Museo platense.

Poco tiempo después, inició su primer viaje de exploración por la Argentina. Junto al Perito Moreno, en Punta Arenas, buscó fósiles y otras piezas paleontológicas y arqueológicas.

Posteriormente recorrió e hizo una descripción del lago San Martín, descubierto por Moreno en 1879. Se muestra, para entonces, como un avezado naturalista, etnólogo, geólogo o paleontólogo, y ha aprendido las lenguas de las comunidades aborígenes patagónicas. Hacia 1897, dada la cuestión de límites con Chile, Onelli secundó a Moreno en los trabajos de demarcación de la frontera argentina. En virtud de su labor, fue designado Secretario General de la Comisión Argentina.

Posteriormente, escribió un breve tratado de mineralogía de carácter pedagógico, lo que le valió el nombramiento de profesor de la materia en el Colegio Nacional Sur (1904), y otro sobre Geología.

En 1904, el Presidente Julio A. Roca lo puso a cargo de la Oficina de Tierras, sección que tenía como misión impulsar la colonización de los territorios patagónicos.

En ese mismo año, el gobierno nacional lo designó al frente del Jardín Zoológico de Buenos Aires, en cuya dirección se mantendría hasta su muerte, en 1924. Su principal interés en la gestión fue darle al Zoológico vivacidad y copiar los mejores ejemplos de instituciones similares de Europa.

Durante su dirección reapareció la Revista del Jardín Zoológico, en la que Onelli publicó numerosas descripciones zoológicas de los animales en exhibición.

Onelli, durante una de sus recorridas por el Jardín Zoológico de Bs.As.

Demostró un gran interés y una esforzada atención por estos animales, estudiando los mejores tratamientos veterinarios y las enfermedades más habituales. Este apego le valió su ingreso a la Sociedad Protectora de Animales.

Onelli durante un paseo con algunos de sus ilustres conocidos.

Durante los años que Onelli estuvo al frente de la institución, el Zoológico de Buenos Aires vivió una época de esplendor y la cantidad de visitantes aumentó considerablemente. Se realizaron numerosas obras de infraestructura y se establecieron distintos entretenimientos para niños.

Onelli murió el día 20 de octubre de 1924.

———————————————-

Algunos aspectos de la vida de CLEMENTE ONELLI

(1864-1924)

Clemente Onelli nació en Roma, Italia, en 1864 y llegó a la Argentina en 1889.

A los pocos días de haber llegado a Buenos Aires, conoció a Pedro N. Arata, quien lo presentó a Francisco Pascasio Moreno. Fue así como Onelli, llamado “el más criollo de los gringos”, se convertiría en un colaborador cercano del Perito Moreno incorporándose al personal del Museo de la Plata como explorador naturalista.

A tres meses de haber llegado realizaba ya sus primeras excursiones hasta Punta Arenas, en compañía del baquiano Monsieur Poivre, guerrero de un abogado francés que pretendía proclamarse S.M.Aurelio I, Rey de la Patagonia y que se encontraba prisionero en Chile.

Onelli manejó las lenguas araucanas y tehuelches casi antes que el castellano. Como bien dice el Dr. José María Gallardo, Onelli fue “un escritor nato, con una gran versación sobre literatura clásica y otros conocimientos humanísticos”.

Con el auspicio de El Diario, del cual era colaborador en la redacción, y con el respaldo económico de Ramón Santamarina y Manuel Láinez, realizó una expedición al Lago Argentino. Fruto de la misma es su obra Trepando Los Andes, de 1904, donde narra anécdotas de sus vivencias en la Patagonia.

Portada del reconocido texto escrito por Onelli

Posteriormente El Diario lo envió como corresponsal viajero, para que informara sobre los trabajos de construcción de vías férreas que comunicarían Bahía Blanca con Neuquén.

En todos sus viajes Onelli aprovechó para realizar interesantes observaciones y organizar colecciones de ciencias naturales.

Debido a sus dones y conocimientos de explorador el Perito Moreno lo convocó como asesor de la Comisión de límites argentino-chilenos y por el empeño mostrado lo nombró en 1897 Secretario General de la Comisión Argentina. Fue encomendado a Santiago para descifrar los telegramas a fin de convenir la entrevista de los presidentes argentino Roca y Errázuriz, de Chile.

Más tarde, el entonces Ministro de Agricultura de la Nación, Dr. Escalante, le encargó que realizara un estudio sobre las particularidades agrícolas y ganaderas de la provincia de Santa Cruz, ya que Onelli era un gran conocedor de esos territorios y además había estudiado química agrícola.

Al regreso de su misión formó una familia y en lo laboral ingresó –por ofrecimiento del General Roca- a la Dirección de Tierras de la Nación, la cual tenía por objetivo iniciar la colonización de la Patagonia.

Redactó un pequeño manual de mineralogía destinado a los programas oficiales de enseñanza, esto le valió en 1904 el nombramiento de profesor de la materia en el Colegio Nacional del Sur. Poco tiempo más tarde apareció otro de sus manuales Nociones de geología, en el cual –al igual que en el anterior- empleaba ejemplos argentinos.

A fines de 1904 el Presidente Julio Argentino Roca lo nombró director del Jardín Zoológico de la ciudad de Buenos Aires, cargo que ejerció por veinte años, hasta su muerte, ocurrida el 20 de octubre de 1924.

Onelli instauró en 1905 una segunda época para la Revista del Jardín Zoológico e inició en ella una serie de notas sobre sus pensionistas.

El 24 de febrero de 1906 nació en el zoológico una elefanta que entusiasmó a Onelli, pero ese no es el único suceso importante bajo su dirección.

En 1911 le obsequió al Zoological Park de Londres un pingüino, cuyo envío exigió grandes cuidados. También se ingresaron numerosos especimenes, entre ellos 32 pingüinos emperador (donación del capitán de navío Guillermo J. Nuñez), una harpía americana, búfalos del Congo, facoceros africanos y una jirafa que el propio Onelli trasladó a pie desde la Dársena Norte hasta el Jardín Zoológico.

Artículo escrito por Adrián Giacchino, 1993, para la Fundación de Historia Natural Félix de Azara.

——————————-

CLEMENTE ONELLI

Otra imagen del notable naturalista que eligió hacer ciencia y vivir en la Argentina.

Clemente Onelli nación en la ciudad de Roma (Italia) el 22 de agosto de 1864. Era nieto del conde Guido Onelli y fue educado en un instituto destinado a la formación de la nobleza.

Arribó a la Argentina en 1889. Contaba sólo 24 años, luego de haber finalizado en Roma sus estudios en Ciencias Naturales.

Al poco tiempo se contactó con el perito Francisco Moreno, por entonces director del Museo de La Plata, donde ingresó como ayudante.

Onelli fue destinado a explorar la Patagonia para buscar fósiles. Durante un año recorrió la región y estudió lenguas aborígenes, que dominó antes del castellano.

De regreso al Museo se dedicó al estudio de las piezas paleontológicas, arqueológicas y etnográficas que había recogido y publicó algunos tratados sobre sus viajes al lejano sur.

Como corresponsal viajero, encabezó una expedición a Santa Cruz y al Lago Argentino, donde coleccionó cráneos indígenas y muestras de oro en polvo. Posteriormente siguió los trabajos de la línea ferroviaria Bahía Blanca-Neuquén y tuvo oportunidad de recorrer la vasta zona y coleccionar maderas de la cordillera de los Andes.

El perito Moreno lo nombró asesor en la Comisión de Límites entre Argentina y Chile y de ese modo lo acompañó varios años en los estudios geográficos.

Radicado en Buenos Aires, donde formó su hogar, prestó servicios en la Oficina de Tierras.

A fines de 1904, el presidente Roca lo nombró director del Jardín Zoológico de Buenos Aires y durante varios años se dedicó a esa función, logrando transformar el establecimiento, mejorar las instalaciones y embellecer el Gran Parque. Fue tan exitosa su gestión que empezó a forjarse como un personaje reconocido por toda la ciudad. Muchas anécdotas y sucesos protagonizados por Onelli dieron origen a un popular latiguillo de la época, ante un hecho asombroso de cualquier índole se decía: “Son cosas de Onelli”.

Pero sin ninguna duda el hecho más notable y más conocido fue la supuesta aparición en el lago Nahuel Huapi de un “monstruo” de grandes dimensiones.

En 1922, Onelli decidió organizar una expedición que tuvo ribetes de espectacularidad y, como objetivo, constatar la veracidad de la insólita aparición del plesiosaurio.

Imagen del supuesto ejemplar acuático conocido como Nahuelito

Fueron muchos los derivados en el ingenio popular, ya que originó el tango “El Plesiosaurio”, unos cigarrillos marca Plesiosaurio, lapiceras de dudosa calidad realizada por los presos con la figura del presunto monstruo y un sinfín de otros elementos.

En Bariloche pudo constatar que no había nada para descubrir.

Como se sabe, nadie hasta el presente ha podido determinar la existencia de este animal, al que se le ha dado el nombre popular de Nahuelito.

De cualquier manera quedaron satisfechos los deseos de don Clemente de sacar del anonimato a la Patagonia. Su viaje ayudó a promocionar la región por su notable repercusión pública. Podemos recordarlo como un pionero de la Patagonia y como un gran promotor de las bellezas naturales, la cultura y las riquezas que encierra el sur argentino.

Una de las bellezas del sur argentino lleva el nombre de nuestro protagonista de hoy.

El 20 de octubre de 1924, después de comprar carne para los animales del Zoológico, se detuvo en una farmacia, se sentó y extrajo de su bolsillo la boleta de lo que había gastado y, antes de morir, le pidió al chofer que se la entregara al contador del Zoológico para que las cuentas cerraran bien. De esta manera nos dejó para siempre.

El entonces presidente de la Repúglica, don Marcelo T. de Alvear, dijo al enterarse de su fallecimiento: “Ha muerto el más criollo de los gringos y el más italiano de los argentinos”.

Hoy recuerdan su nombre un ventisquero del lago Argentino, un cerro de la cordillera, una sala del Museo de Luján, un camino del Jardín Zoológico, en donde un busto de bronce y mármol perpetúa su imagen, y una importante calle de Bariloche.

Bahía que lleva el nombre del naturalista. Lugares como éste Onelli quería que el mundo conociera.

Una estación del ferrocarril de la Línea Sur lleva su nombre. El pueblo cuenta hoy con 1000 habitantes aproximadamente. Clemente Onelli es conocido por su clima riguroso, se encuentra 1082 metros sobre el nivel del mar. Pero fue una publicidad televisiva de una empresa telefónica la que lo hizo conocer a nivel nacional. Un paisano se comunicaba por primera vez con su madre desde la Patagonia: “¿Hola vieja?¡A que no sabés de dónde te estoy hablando!”. Seguramente quien eligió el pueblo donde hablaría el poblador pensó en un lugar apartado, solitario, con un nombre desconocido. Hizo una buena elección cuando optó por Clemente Onelli.

Texto de Abel Sandro Manca, para el Suplemento Cultural del diario RÍO NEGRO.

——————————————

Clemente Onelli: aventurero, explorador, literato, buscador de fósiles y del mítico plesiosaurio.

Fotografía de Clemente Onelli a poco de llegar a la Argentina.

Según una breve biografía que del mismo hace Carlos Borgialli (Arg. Austral 141/1842), Don Clemente Onelli procede de una vieja familia romana, su abuelo –el Conde Guido Onelli- había sido un alto funcionario pontificio, en tanto que su padre, Victorio, un notable abogado romano.

“Ya huérfano, estudió en el colegio papal hasta la mayoría de edad; y después de hacer vida en Roma de mundano calavera, que devoró su herencia en poco tiempo, se vino a América cuando tenía menos de 25 años”.

Además de su juventud y su audacia traía en su bagaje un gran conocimiento de los clásicos, filosofía, teología e historia natural. Seguramente esto último fue lo que hizo que en 1889 Francisco P. Moreno lo mandase al sur a desenterrar fósiles.

La Patagonia termina atrapando al “gringo” Onelli; éste la recorre incansablemente, adquiriendo un gran conocimiento sobre la misma y sus mágicos paisajes, que vuelca en numerosos artículos de los principales diarios y que determinará su participación en las comisiones de límite con Chile. Con motivo de esta función llega en 1898 al río Fénix, en Santa Cruz…Pocos años después, escribe su obra Trepando los Andes

Sobre este libro en el que Onelli, con peculiar prosa, describe su viaje de dos mil kilómetros por la cordillera andina, diría Lucio V. Mansilla: “No está escrito ni en italiano ni en español. La Academia de lengua castellana o la de Crusca lo pondría en el índex, porque está escrito en lengua platense que, obedeciendo a toda ley de evolución étnica, da ya productos curiosísimos. Onelli, con sus transposiciones gramaticales deliciosas, envidiables, describe y pinta la Patagonia con un vigor de colorido que quita el sueño…o hace soñar”. ( Borgialli, Arg. Aus. 131/1942)

Su ímproba labor sería recompensada por Roca nombrándolo director del Jardín Zoológico: “Si bien Onelli –como acota Borgialli- agrandó con ello su personalidad al convertirlo en una de las mayores atracciones de Buenos Aires, entreteniendo con publicaciones de sana hilaridad a los chicos y también a los grandes de la República toda, sobre la vida, los amores, las rivalidades, etcétera, de sus pensionistas, ya no pudo Don Clemente volver a nuestros lagos (…)”.

Pero en 1922 al recibir una carta del pintoresco gaucho-yanqui Martín Sheffield, en la que lo tentaba con la posibilidad de incorporar a su colección un extraordinario animal “con cabeza parecida a un cisne de formas descomunales y el cuerpo parecido a un cocodrilo”, el inquieto Onelli no dejó pasar la oportunidad de armar una expedición a un ignoto lago patagónico en busca del mítico plesiosaurio.

La colosal aventura mantuvo en vilo a todos durante un buen tiempo, “no sabiendo si se trataba de una broma o si realmente existía en la Patagonia un ejemplar salvado de las épocas prehistóricas”, cuenta el director de la expedición Don Emilio Frey, quien agrega: “De todas partes me llovían cartas y obsequios entre los que había las cosas más notables: un tango –el Plesiosaurio-, una caja de cigarrillos marca Plesiosaurio, lápices hechos por los presos con la efigie del presunto monstruo (…)”.

De más está decir que la expedición resultó un fracaso, el lago no era más que una laguna de 300 metros de ancho y 5 de profundidad y el pícaro gaucho-yanqui advirtiendo el peligro “se evaporó…así como a los pocos días, satisfecho el deseo de don Clemente Onelli, ansioso por sacar del anonimato a las regiones de la Patagonia, se evaporó aquella fábula que en su hora fue el acontecimiento central que apasionó a muchos y divirtió a todos” (C.A.Bertomeu, Arg. Aus. 146/1943).

¿Creía Onelli en el Plesiosaurio, a estar de los siguientes dichos que se le atribuyen –muchos de los cuales podrían ser perfectamente valederos en el presente- Onelli, más que en el plesiosaurio, Onelli creía en la Patagonía:

“Vea, che… también puede ser que me haya sido forzoso, para que se realice este nuevo reconocimiento, recurrir al extremo que supone la historia del plesiosaurio, sin cuya quimera no tendríamos expediciones ni nada. En cambio, ahora irán miembros de la prensa del país y del extranjero, acompañando a los expedicionarios, y se difundirán las noticias de la Patagonia y sus maravillas, para tratar de que se forme hacia ella una fuerte corriente de turismo, de guapos hombres y capitales. La Patagonia es todavía unpaís de ensueños para mucha gente, aunque ya es conocida por tierra de asombro y riqueza. Y si no, dígase ¿qué más fantástico hubo que buscando agua en sus áridas costas (…) se hallase (…) el petróleo?”.

“ (…) se vienen ya del extranjero sabios, naturalistas y geógrafos. Traen ansias de estudiarla para saber de ella más de lo poco que nosotros sabemos… y yo los esperaré que vuelvan con el hambre del viejo que fue su entusiasta explorador, porque desde que tuve la dicha de que el ilustre Pancho Moreno me mandara a conocerla, siempre la quise como si fuera mía” (Esquel, Bodas de Plata).

Imagen del glaciar Clemente Onelli,un homenaje al hombre que promocionó al sur argentino en todo el mundo.

————————————————

Entry Filed under: Personaje del mes