GIAMBIAGI, Juan José – Personaje recordado del mes: Junio 2008

junio 1st, 2008

Juan José Giambiagi

El Doctor en Física Juan José Giambiagi nació en Buenos Aires (Argentina) el 18 de junio de 1924 y falleció en Río de Janeiro (Brasil) el 8 de enero de 1996. Amante de las sonatas de Beethoven, Giambiagi descolló en varios campos de la física, y sus estudios fueron básicos para algunos de sus continuadores, galardonados con el Premio Nobel.

Giambiagi, concentrado, redactando un manuscrito.

En una carrera marcada por las estadías en diferentes países, Juan José Giambiagi llegó a ser uno de los máximos referentes de la investigación teórica argentina.

Su protagonismo en la ciencia se desarrolló en muy diversos campos de la física, creando grupos de investigación en temas muy variados y significativos:

Hidrodinámica de plasma, física experimental, física de suelos y el estudio de fenómenos fisicoclimáticos como el de la Corriente “El Niño”.

Sin embargo, el terreno en que más sobresalió fue la física de partículas, el estudio de los componentes últimos de la materia.

La educación secundaria recibida en el Colegio Nacional de Buenos Aires, estimuló su vocación por la física. Años más tarde se confesaría atraído hacia esa disciplina por “la singular belleza de sus teorías”.

La Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires fue entonces el lugar elegido para seguir su formación superior. En dicha casa de estudios, donde tuvo maestros de la talla de Julio Rey Pastor, Giambiagi se graduó en 1948 (con una tesis sobre la Aplicación del método Hadamard al cálculo del campo magnético del electrón) y se doctoró en 1950, a los 26 años. Pocos años después viajó al exterior para volver de Manchester con un posdoctorado.

Luego se fue a Brasil para trabajar como investigador, interesado en la teoría cuántica de campos, en el Centro brasileño de Investigaciones Físicas de Río de Janeiro (CBPF). La etapa en aquel país fue decisiva para su formación científica, intelectual y humana.

La Comisión Nacional de Energía Atómica de la Argentina le propuso que volviera al país en 1956 para dirigir una división de física teórica y Giambiagi aceptó. Una vez aquí, además de cumplir la función para la que había sido convocado, encabezó el Departamento de Física Experimental de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y creó una escuela de física teórica y experimental que ganaría prestigio como la más avanzada del Hemisferio Sur.

Cuando se produjo el golpe de estado de 1966, Giambiagi formaba parte del directorio del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). Como reacción ante este hecho renunció a todos los cargos oficiales que ocupaba. Se incorporó entonces por un año a la Fundación Bariloche, después volvió a Brasil, para luego regresar y ejercer la docencia en la Universidad Nacional de La Plata, e ingresar, en 1975, al CONICET.

En 1976 Giambiagi volvió a emigrar. Otra vez fue Brasil su destino. Allí dirigió el Centro Latinoamericano de Física (CLAF), organismo que vinculó a investigadores de los países de la región en trabajos conjuntos, y trabajó en la Universidad Católica de Río de Janeiro y el Centro de Investigaciones Físicas.

También desarrolló tareas en importantes centros de investigación internacionales como el Instituto de Tecnología de California, el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares, de Suiza (CERN) y el Centro de Física Teórica de Trieste.

Juan José Giambiagi –que consideraba a la formación de nuevos investigadores como la tarea más importante que había desarrollado a lo largo de su trayectoria profesional- murió en 1996.

Fuente, Educ.ar

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Volumen 7 – N?40 – 1997

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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

CIENCIA Y SOCIEDAD

La Física del Siglo XX a Vuelo de Pájaro

Conferencia de Juan J. Giambiagi
en la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Buenos Aires


En diciembre de 1995, cuando la Academia Nacional de Ciencia Exactas, Físicas y Naturales lo designó miembro honorario, Juan José Giambiagi habló de la física de este siglo a punto de concluir y de su visión de lo disciplina en el próximo. Ciencia Hoy reproduce aquí su disertación, ante todo, porque sintetizo el pensamiento de uno de los físicos de mayor influencia, por más de tres décadas, en la Argentina y en la región. Además, el nombramiento de un miembro honorario -la principal distinción conferida por la Academia- constituye, de por sí un hecho especial que merece atención. Y, finalmente, como esta resultó su charla póstuma, pues Giambiagi murió poco después, a comienzos de 1996, el texto tiene el valor de un documento histórico, que su publicación ayudará a conservar.
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(Para profundizar el pensamiento del conferencista, véase ‘La física latinoamericano busca su identidad’, Ciencia Hoy, 4:12, 1989). Juan José Giambiagi había nacido en Buenos Aires en l 924, obtenido su doctorado en física en l 950 y, desde 1976, trabajaba en el Brasil.

Estamos llegando al final del siglo XX. Es difícil resistir a la tentación de echar una mirada retrospectiva, a vuelo de pájaro, a lo que fue la física en este siglo y a su trascendencia en la vida de la sociedad humana. Tampoco es fácil evitar realizar predicciones para el siglo XXI, aun siendo conscientes de que ninguno de los grandes físicos de fines del siglo pasado hubiera acertado haciendo predicciones para el presente siglo basadas en la física del XIX. Pero como personalmente no soy uno de los grandes físicos de este siglo, pido la buena voluntad de los lectores de aquí a cien anos, cuando llegue el momento de la verdad.
Sucede que las transformaciones inducidas por la física en este siglo fueron absolutamente revolucionarias, desde todos los puntos de vista (filosófico, científico, industrial, social, etc.). Lo mismo prometen las del siglo XXI, aunque sean de distinta naturaleza. La revolución científica comenzó en el año 1905, con la relatividad especial, que acabó con la noción de tiempo absoluto. En 1917, la relatividad general terminó con el concepto del espacio-tiempo plano. En 1925 llego la mecánica cuántica y con ella, el gran impacto en la filosofía, ya que la física deterministica, que afectó a todas las otras ciencias, había sido la base de la filosofía positivista. La mecánica cuántica también planteó, en otros términos, la cuestión de nuestro conocimiento de la realidad objetiva, independiente del observador. Tal supuesta realidad objetiva escapa a nuestra observación directa, debido a que lo que vemos y medimos es, siempre, la realidad objetiva más la influencia de nuestro aparato de observación. Esta fue una contribución fundamental a la teoría del conocimiento. Pero la repercusión de la mecánica cuántica no fue solamente filosófica. Gracias a ella pudimos entender la tabla periódica de los elementos. También comprendimos las ‘rayitas’ con que se simbolizan las valencias químicas. Pudimos entender y predecir el comportamiento microscópico de los materiales. Recordemos que los átomos y moléculas tienen dimensiones del orden de 10-8cm. Casi todas las propiedades de los materiales que usamos están asociadas con esta distancia, lo mismo que la materia biológica. Es bueno recordar esta distancia, pues volveremos después a ella. Es claro que la curiosidad del hombre no se detuvo ahí (tabla 1). Quiso saber qué había en el centro de los átomos, en los núcleos. Las dimensiones asociadas con los núcleos atómicos son de:orden de 101 2cm (diez mil veces menores que las de los átomos): las energías asociadas son diez mil veces mayores, ya que la energía crece con la inversa de la distancia. El hombre exploró esas distancias y aprendió que los núcleos tienen protones y neutrones. Estudió la dinámica de los núcleos y vio que podía obtener energía en forma explosiva (como en las Dombas) o controlada (como en las centrales nucleares). Las primeras bombas de Hiroshima y Nagasaki fueron una pálida imagen de las posteriores de hidrógeno. Cada una de estas últimas tiene un poder destructor igual a treinta veces el de todas las arrojadas durante la segunda guerra mundial. Siempre es útil recordar que, al finalizar la guerra fría, las grandes potencias tenían almacenadas alrededor de 30.000 bombas del segundo tipo. Es para sentir escalofríos. Estamos llegando al final del siglo XX. Es difícil resistir a la tentación de echar una mirada retrospectiva, a vuelo de pájaro, a lo que fue la física en este siglo y a su trascendencia en la vida de la sociedad humana. Tampoco es fácil evitar realizar predicciones para el siglo XXI, aun siendo conscientes de que ninguno de los grandes físicos de fines del siglo pasado hubiera acertado haciendo predicciones para el presente siglo basadas en la física del XIX. Pero como personalmente no soy uno de los grandes físicos de este siglo, pido la buena voluntad de los lectores de aquí a cien años, cuando llegue el momento de la verdad. Sucede que las transformaciones inducidas por la física en este siglo fueron absolutamente revolucionarias, desde todos los puntos de vista (filosófico, científico, industrial, social, etc.). Lo mismo prometen las del siglo XXI, aunque sean de distinta natruraleza. La revolución científica comenzó en el año 1905, con la relatividad especial, que acabó con la noción de tiempo absoluto. En 1917, la relatividad general terminó con el concepto del espacio-tiempo plano. En 1925 llego la mecánica cuántica y, con ella, el gran impacto en la filosofía, ya que la física deterministica, que afectó a todas las otras ciencias, había sido la base de la filosofía positivista. La mecánica cuántica también planteó, en otros términos, la cuestión de nuestro conocimiento de la realidad objetiva, independiente del observador Tal supuesta realidad objetiva escapa a nuestra observación directa, debido a que lo que vemos y medimos es, siempre, la realidad objetiva más la influencia de nuestro aparato de observación. Esta fue una contribución fundamental a la teoría del conocimiento. La pregunta ?energía nuclear si o no? continúa sin respuesta firme. La teoría de los reactores nucleares es satisfactoria para los primeros veinte años de funcionamiento, pero después esas máquinas se comportan en forma diferente de la prevista: las constantes dejan de ser tales y cambian con el tiempo, por lo general en forma imprevisible. Es necesario un esfuerzo conjunto de físicos e ingenieros para resolver este importante problema, la necesidad de cuya solución se puede tornar cada vez más aguda en los próximos cincuenta años, a menos que se tenga éxito en las obtención de energía a partir de la fusión de elementos livianos. Volvamos ahora a las distancias subatómicas. Es claro que la curiosidad del hombre tampoco se detuvo en los 10-12cm. Hoy sabemos que los protones y neutrones están formados por tres quarks cada uno. Un protón consta de dos quarks U (up) y uno D (down), mientras que un neutrón esta constituido por la configuración DDU. Las dimensiones de un quark son del orden de 10-16cm. En la actualidad pensamos que los constituyentes elementales de la materia son los quarks, los cuales, paradójicamente, no pueden ser observados libres sin romper la consistencia de la teoría. Aparecen siempre combinados de a dos o tres, como muestra la tabla 2, y dan así origen a protones, neutrones, mesones y a todas las partículas hadrónicas (aquellas que sufren interacciones nucleares fuertes) observadas hasta ahora. Pero este avance permanente hacia distancias cada vez más pequeñas tropieza con ingentes problemas de todo tipo. Cada progreso importante, cada salto, ha implicado energías del orden de 10.000 veces mayores. El principal acelerador actualmente en uso produce protones de 1TeV (un millón de millones de electrón-voltios de energía -1eV es la energía ganada por un electrón cuando es acelerado en un campo eléctrico de un voltio-). El Congreso de los Estados Unidos acaba de rechazar un proyecto para construir en Texas un nuevo acelerador de partículas, que hubiera costado arriba de diez mil millones de dólares, después de una discusión que duró varios ahos. Aprobó, en cambio, una partida de seiscientos millones de dólares para cerrar todos los laboratorios que se ocupaban del proyecto e indemnizar a los perjudicados. Me refiero al famoso SSC (superconducting supercolliderer). Vemos, entonces, que la curiosidad tiene un precio cada vez mayor cuanto menores son las distancias en cuestión. Podríamos pensar en la existencia de una escala humana, la de las distancias moleculares, de la que dependen las propiedades microscópicas de la materia y las de la materia biológica. Distancias millones de veces menores, como las características de los quarks, escapan a la escala humana. El ejemplo del SSC es muy interesante e ilustrativo de la problemática de la política científica en el primer (primerisimo) mundo. No es obvio que pasar de 1TeV a 2OTeV nos hubiera llevado a una nueva teoría, o a la teoría de todo (TOE, por theory of everything), como se la designa actualmente. Sus detractores la llaman TON (theory of nothing). Los alquimistas querían hacer transformaciones nucleares con energías químicas, miles de veces menores que las necesarias para lograr ese objetivo. ?Por qué, ahora, un factor 20 nos llevaría a teorías revolucionarias acerca de la estructura de la materia? Conviene señalar que toda la física tiende a la unificación de conceptos. Newton unificó cuando observó que la caída de la manzana y la rotación de la Tierra alrededor del Sol se debían a una misma fuerza. Maxwell unificó los campos magnético y eléctrico y mostró que eran dos caras de una misma moneda. Después, Einstein unificó el electromagnetismo con la cinemática y tentó pero no consiguió- unificar el electromagnetismo con la gravitación (los dos únicos campos conocidos a comienzos de siglo). Esa tendencia a unificar conceptos fue uno de los Leitmotive de la física durante todo el siglo y llevó, en los últimos años, a una teoría unificada del campo electromagnético con las llamadas interacciones débiles. Tal unificación permitió predecir la existencia de nuevas partículas, las W (positiva y negativamente cargadas) y el Z (neutro). Luego tuvo lugar la tentativa de unificación con las fuerzas nucleares, que constituye el modelo standard, que explica muy satisfactoriamente los fenómenos en los que no interviene la gravitación. La unificación con la gravitación un verdadero desafío para fiscos y matemáticos- queda para el próximo siglo.

Tabla 1
LA FISICA DEL SIGLO XX

 

Relatividad Especial

1905

Relatividad General

1917

Mecánica Cuántica

1925

Neutrón

1932

Fisión Nuclear

1939

Energía Nuclear

1942

Semiconductores

1954

Computadoras Transistorizadas

1960-70

Q.C.D., Salam-Weinberg

1970-80

Efecto Hall Cuántico

1980-90

Láseres Cuasicristales

1980-90

Microscopio Efecto Túnel Superconductividad

1982

Altas Temperaturas

1985

Ingeniería Nanométrica

1990

Motores Biológicos

1990

Sistemas Neuronales

1990


La física de partículas elementales se ha transformado en una gigantesca empresa, con la consiguiente dispersión de los esfuerzos necesarios para asegurar el flujo de dinero que ella demanda. Esto es particularmente cierto para los aceleradores gigantes (CERN, Fermilab), pero hay una característica nueva: el tiempo que transcurre desde el enunciado de una teoría hasta su verificación experimental también está escapando del ámbito de la escala humana, Por ejemplo, la llamada supersimetria, una teoría enunciada hace ya veinticinco años, todavía carece de verificación experimental. Es probable que haya que esperar otros veinticinco años, después de los cuales la respuesta de la naturaleza podría ser negativa. Son tiempos de espera que escapan de la escala humana. ? Qué lejos estamos de aquella interacción directa entre teoría y experiencia que fue -y continúa siendo- característica de muchos campos de la física!. Es probable que, en el próximo siglo, las observaciones de muy altas energías no se hagan por medio de aceleradores sino mediante el estudio de la radiación cósmica y con telescopios tipo Hubble, colocados fuera de la órbita terrestre.
Observemos que, al acercarse a distancias cada vez más pequeñas, el hombre se escapa de lo que hemos llamado las dimensiones de la escala humana: pero, obviamente, aún quedan muchos interrogantes en esa escala. El estudio de los sistemas complejos -compuestos por millones y millones de átomos y moléculas- es otro de los grandes problemas a resolver. Es el campo que se denomina genéricamente materia condensada, que adquiere cada día más importancia teórica y práctica. Veámoslo un poco, ya que su influencia en la sociedad humana será muy revolucionaria. El paso inicial fue dado por el descubrimiento de los semiconductores, que permitieron el desarrollo de los transistores y la substitución de las válvulas electrónicas por estos. Sin este cambio hubieran sido imposibles las computadoras en su forma actual, pues se hubiera necesitado una cantidad muy grande de válvulas y, dada su vida media, siempre alguna habría estado en reparación. Además, el volumen de una computadora sería enorme. Entre paréntesis, los semiconductores y las válvulas dieron un ejemplo concreto de la importancia que tiene para un país en desarrollo el contacto con los medios científicos avanzados. El presidente Nasser de Egipto, realizó un gran esfuerzo financiero para construir una fabrica de válvulas; cuando la terminó, no pudo hacer otra cosa que cerrarla, pues los transistores ya la habían hecho obsoleta.

 

Volumen 7 – N?40 – 1997

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Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

CIENCIA Y SOCIEDAD

La Física del Siglo XX a Vuelo de Pájaro

Conferencia de Juan J. Giambiagi
en la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Buenos Aires

En la ultima parte del siglo hubo varios descubrimientos trascendentales, tanto por sus consecuencias teóricas como por sus aplicaciones. Cabe señalar al efecto Hall cuántico; en determinada experiencia en que los físicos esperaban encontrar una línea recta, hallaron, en cambio, una escalera con saltos bien definidos, tanto que llevaron a las mejores mediciones de la constante de estructura fina, mucho mejores que las hechas sobre sistemas simples. Parece paradójico que sistemas complejos, con millones de átomos completamente diferentes, con impurezas, etc., tengan valores determinados con una precisión hasta ahora desconocida. Para explicarlo, este fenómeno requiere de nuevas estructuras matemáticas aplicadas a la descripción de los fenómenos físicos. La topología irrumpió en la física por la vía de experimentos concretos en materia condensada, campo en el que tiene mucho más vigor que en el de partículas elementales, donde comenzó.

Otro descubrimiento que generó muchas esperanzas, todavía no concretadas, fue el de la superconductividad de altas temperaturas. Si bien éstas se ubican en el orden de los cien grados baje cero, se la llama así porque la superconductividad era un fenómeno conocido sólo para la temperatura del helio liquido, cercana al cero absoluto. El helio es muy escaso en la Tierra, en contraposición con el nitrógeno, mucho más barato, con el que pueden obtenerse esas temperaturas de cien grados baje cero. Este hecho abrió perspectivas de industrialización en gran escala, pero, lamentablemente, subsisten todavía dificultades no solucionadas. Las cosas resultaron más difíciles de lo que se previó en el primer momento, aunque hay esperanzas de que, hacia el final del siglo, se puedan generar aplicaciones industriales.

Tabla 2
Estructura de la Materia

 

Quarks
(spin ?)

Carga Eléctrica

Up

2/3

Down

-1/3

Charm

2/3

Strange

-1/3

Top

2/3

Bottom

-1/2

 

Partículas

Configuración

Carga

Protón

UUD

1

Neutrón

UDD

0

Pion+

UD

1

Pion-

UD

-1

Kaon

DS

0

Kaon-

SU

-1

Siguiendo con la enumeración de descubrimientos importantes de los últimos años, debemos mencionar los cuasicristales, sobre los que vale la pena detenerse para hacer algunas observaciones. El hombre aceptó siempre, como una realidad objetiva del mundo exterior que el espacio-tiempo tiene cuatro dimensiones (tres del espacio y una del tiempo). Sin embargo, las modernas teorías de cuerdas encuentran que cuatro no es un valor adecuado para los fenómenos subnucleares. Hay también aquí algunos resultados experimentales que es interesante recordar. Haciendo difracción de rayos X se encontraron estructuras pentagonales, pero como no hay ninguna estructura cristalina pentagonal, se las llamó cuasicristales (de AI-Mn-Si). Sin embargo, estudiando grupos cristalográficos en cuatro y cinco dimensiones, se encontró que los cuasicristales son proyecciones de cristales de cuatro y cinco dimensiones. No es aventurado decir pues, que tenemos indicaciones de la existencia de dimensiones por encima de cuatro. Es probable que la cuarta dimensión sea un prejuicio heredado de los siglos XIX y XX.

Quiero ahora pasar a unas consideraciones muy divertidas y de consecuencias muy grandes. Hace treinta y tres años, R. Feynman, premio Nobel, dio un after dinner talk en una reunión de la American Physical Society en la que llamó la atención sobre la importancia de poder acumular gran cantidad de información en muy pequeño volumen; escribir la Biblia en la cabeza de un alfiler. Para ello tendríamos que poder manipular átomos y moléculas individualmente –explicó-, lo que permitiría fabricar motores que afectaran a miles y miles de moléculas. Feynman señaló la importancia de repetir el proceso biológico, pero con máquinas diseñadas por el hombre. Nadie prestó gran atención a sus ideas en ese momento; se pensó que eran extravagancias del genio. Sin embargo, tales ideas han cobrado actualidad en los ultimes años -más específicamente en los últimos tres años- gracias al descubrimiento del microscopio por efecto túnel, STM (scanning tunneling microscope). Ahora no sólo podemos fotografiar cada átomo o molécula sino, también, como se hizo en un laboratorio de la IBM, manipular cada átomo y llevarlo de un lugar a otro. Es así como los investigadores de la IBM escribieron este nombre en dimensiones de diez a veinte ?ngs- troms. Por eso se empezó a llamar a tal rama de la ingeniería, nanométrica (10-9metros). Dado que con un millón de letras se escribe un libro, la predicción de Feynman está ya en el limite de lo posible; se podrá poner toda la información de un libro en la cabeza de un alfiler. Un bit de información pasa a ser un átomo. En un centímetro cuadrado hay, alrededor de un cuatrillón de átomos. Puesto que con un millón de átomos se tiene, aproximadamente, la información de un libro, el numero de átomos que hay en un centímetro cuadrado permite acumular la información de mil millones de libros, es decir de todo el acervo de la cultura humana. La capacidad de memoria de las computadoras se va a multiplicar por un millón (a igualdad de volumen).También será posible detectar en una superficie la primera molécula que sufra una transformación química. Al comienzo se hicieron muñecos de dimensiones atómicas, pero pronto se encararon cosas más concretas, como conductores, y se vio la posibilidad de fabricar motores atómicos. No hace falta mucha imaginación para percibir que las aplicaciones de lo anterior en medicina, así como en muchas otras disciplinas científicas y técnicas, pueden ser espectaculares. Hace tres años la cantidad de científicos en este campo no excedía de dos mil. Hoy son más de cien mil y su numero crece. Es claro que se necesita mucha investigación básica acerca de este tema. Japón tiene para ello un laboratorio con un presupuesto del orden de mil millones de dólares por año; algo semejante sucede en los Estados Unidos y en la Unión Europea. Creo que se trata de un campo en el que debemos entrar agresivamente y con la mayor colaboración posible entre los países de América latina. Todos estos fenómenos han dado al hombre gran habilidad en una ingeniería en la que los fenómenos elementales están regidos por leyes cuánticas.

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Para resumir las predicciones para el próximo siglo (siempre con las reservas mencionadas al comienzo), no me parece que habrá descubrimientos espectaculares con aceleradores de partículas. Si hubiera algún avance importante en las altas energías (distancias muy pequeñas), provendrá de observaciones con el telescopio Hubble o sus similares que se construyan a lo largo del siglo. En cambio, creo que se verificará un gran progreso en el estudio de los sistemas complejos, con gran repercusión en las aplicaciones.


También creo que las técnicas de la ingeniería nanométrica tendrán grandes consecuencias para la sociedad. Es necesario tener presente que las universidades y, en ellas, la investigación básica, serán los instrumentos fundamentales de la transformación de nuestras sociedades modernas. Modernidad, hoy, significa capacidad de realizar investigación científica del más alto nivel.

El siglo que viene verá al hombre viajando por el sistema solar a Marte, Júpiter, etc. Verá, también, las primeras estaciones artificiales que alberguen seres humanos intentando sobrevivir cuando las transformaciones solares hagan imposible la vida en la Tierra. En una proyección milenaria, es la lucha del ser humano por su dudosa supervivencia histórica.

Lecturas Sugeridas

FEYNMAN, R.P., trabajo presentado en la reunión anual de la American Physical Society, diciembre 29 de 1959, reimpreso en H.D. Gilbert, ed., 1961, Miniaturizatio, Reinhold, New York.

FREEDMAN, D.H., 1993, ‘How to get intimate with atoms’, Science, 262:1376.

STROSCIO, J.A. & EIGLER, D.M., 1991, ‘Atomic and molecular manipulation with the scanning tunneling microscope’, Science, 254:1319.

SUNDARAM, M., CHALMERS, S.A, HOPKINS, P.F. & GOSSARD, A.C., 1991, ‘New quantum structures’, Sciemce, 254:1326.

WHITESIDES, C.M., MATHIAS, J.P. & SETO, C.T., 1991,’ Molecular self-assembly and ranochemistry; a chemical strategy for tre synthesis of nanostructures, Science, 254:1312.

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GIAMBIAGGI Juan José (1924-1996)

Entrevista realizada por Irene Naselli, editada en su libro “Frente, nariz y mentón”, editado en 2007, libro del Zorzal, en el capítulo titulado Los que se fueron.

…Al trabajo que le había pedido lo llamó con actitud ascética “Situación actual del sistema de Ciencia y Tecnología en América Latina”. Lo escribió a mano, con frases cortas, letra pareja y en líneas que invariablemente se inclinaron hacia arriba.

El manuscrito, en el que responde a un cuestionario que se le había hecho llegar por fax, dice así:

“Hay actualmente en América Latina grupos de investigación básica en las distintas áreas que son de gran jerarquía. Comparables a las buenas universidades del primer mundo. Lo mismo no puede decirse de las ciencias aplicadas. El desarrollo de éstas ha sido relativamente precario. Este problema es mucho más difícil que el anterior. El desarrollo de las ciencias aplicadas requiere la existencia de grupos fuertes en ciencias básicas y no sólo en una orientación, sino en varias.

La naturaleza no se divide en compartimentos y atacar cualquier problema real resulta en una cuestión interdisciplinaria.

En este aspecto, América Latina es deficitaria. En general, falta masa crítica científica para atacar varios puntos. Sin embargo, hay algunos problemas en que el esfuerzo mancomunado de los distintos países del continente, en especial México, Brasil y Argentina (también Chile, Cuba y Venezuela) puede alcanzar masa crítica.

Tal es el caso de la energía nuclear, el estudio de la corriente de El Niño, que es un calentamiento anómalo en las aguas del Océano Pacífico en proximidades de la costa de Perú y Ecuador; la microelectrónica, la geofísica, etcétera. Hay países donde el éxodo de científicos es alarmante. Particularmente Argentina, que no usa la colaboración de los científicos en le medida deseada y necesaria”.

¿Cuáles son las razones de esa situación y cómo puede compararse el desempeño científico-tecnológico latinoamericano con el del mundo desarrollado?

“No hubo en América Latina un apoyo fuerte y sostenido al desarrollo de las ciencias.

Las excepciones son México y Brasil. Naciones Unidas recomienda un presupuesto para C y T del 1% del PBI. Pero en Brasil, el país que más apoya en la región el desarrollo de ciencia y tecnología, ésta cifra es –en la actualidad- del 0,6 por ciento.

Por otro lado –y ésta es la diferencia fundamental con el Primer Mundo-, la industria nacional, salvo casos aislados, no recurre a la ciencia nacional para resolver sus problemas. El empresariado no se acerca en la medida debida al medio científico y, además, en nuestros países o no hay industria de punta o hay muy poca.

La industria nuclear en Argentina es un claro ejemplo de las dificultades de montar una industria de punta. Lo mismo sucede con la microelectrónica. Aquí es necesaria una política agresiva y una participación activa tanto del Estado como de las empresas privadas.

Ejemplos con éxito han sido, entre otros, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI); la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) o el Instituto de Metalurgia de la Universidad de La Plata. Estos ejemplos deben ser apoyados e imitados en número creciente. Entre las iniciativas privadas cabe mencionar al laboratorio de Siderca, del grupo Techint, en Campana”.

¿Por qué el fracaso? ¿Por qué emigran nuestros científicos?

“La política científica desarrollada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) ha sido, durante años, más bien pasiva. Se ofrecen becas y subsidios que después se otorgan de acuerdo a los antecedentes, pero sin que exista una política activa de integración a los grandes problemas nacionales. Siempre faltó decisión y estímulos para atacarlos y resolverlos.

También es cierto que la industria nacional desconoce a la ciencia nacional tanto como la ciencia a la industria. Éste es un círculo vicioso que sólo se ha roto en hermosas excepciones. Es necesario que una parte de la industria nacional de avanzada pertenezca a capitales o administraciones nacionales, hecho que debiera catalizar la demanda de científicos. Pienso que las empresas extranjeras deberían seguir el ejemplo de Techint e instalar laboratorios de investigación en el país. Es eso lo que hace falta y, mientras eso no ocurra, el éxodo de científicos avanzará cada vez más y cada vez estaremos más alejados de una genuina modernidad.

Mientras no logremos ese estado de cosas, el CONICET y la secretaría de Ciencia y Tecnología (SeCyT) tienen la obligación de preservar el capital científico nacional, hecho que es cada vez más importante en el mundo moderno”.

¿Cuáles son las perspectivas del sistema de C y T en el proceso de integración?

“La falta de masa crítica, como ya le dije, dificulta el despegue y un acoplamiento de la ciencia a los grandes problemas nacionales. Por eso la integración de proyectos con países de la región es una necesidad histórica reparadora. Separados no llegamos a constituir esa masa crítica. Pero juntos podemos atacar muchos problemas y facilitar el despegue.

En una reunión organizada en Mendoza por el Instituto Argentino del Petróleo y el Centro Interamericano de Física (institución intergubernamental para el fomento de la colaboración en el campo de la Física) se discutió el uso de la técnica en la industria del petróleo. Quedó allí en claro que una activa colaboración entre científicos venezolanos, brasileños y argentinos permitiría atacar con éxito muchos problemas de la industria petrolera que, como sabemos, tiene un gran significado económico y con demanda importante de mano de obra de la más alta calificación. No dudo que la incorporación de México, Chile, Cuba y Colombia al grupo anterior fortalecería mucho una consultora latinoamericana que serviría de modelo para otras aventuras similares”.

¿Cuáles son las posibilidades concretas de proyectos conjuntos con Brasil?

“Considero que la interacción de Brasil y Argentina es de la mayor importancia en múltiples aspectos: cultural, científico, económico, social y político.

En primer lugar, la tarea creadora es la actividad más importante del ser humano. Es una obligación ética de toda sociedad humana fomentarla al máximo, tanto en las ciencias como en las artes.

En literatura, América Latina ya adquirió mayoría de edad, la literatura latinoamericana es autóctona y auténtica. Hoy puede surgir un gran escritor en la región sin que haya ido nunca a Europa o a los Estados Unidos, pero ciencias no ocurre lo mismo.

Hay dependencia de ideas y pocas (pero ¡buenas!) se originan en la región. Para que ello ocurra es importante aumentar mucho la comunicación entre los institutos más avanzados.

La Argentina y Brasil desempeñan un rol particularmente importante puesto que, salvo excepciones, tienen los grupos más avanzados. También México los tiene, pero la distancia y los centros asociados a ella hacen más difícil la relación. Lo realmente importante en estos momentos para nosotros es motivas la relación Argentina-Brasil. Hace veinte años no había casi interacción científica, pero hoy no hay ningún congreso importante, en cualquiera de los dos países, sin la activa participación de algunos científicos del otro.

La investigación científica se ha convertido en el principal factor dinámico de la historia. Ella gravita en forma preponderante en la evolución industrial y tecnológica.

Brasil y Argentina, organizando una intensa colaboración científica, pueden alcanzar masa crítica (de la que ya hemos hablado) en varios campos de impacto económico.

Podemos, juntos, generar patentes de alto valor económico y así generar demanda de mano de obra científica local, impidiendo que el éxodo se profundice.

Un proyecto binacional que abarque hardware de computadoras en paralelo podría colocarnos competitivamente en una industria de punta. Es un proyecto ambicioso, pero es factible.

La nueva alta tecnología está íntimamente ligada al desarrollo de la investigación científica. O entramos a ese campo agresivamente o seguiremos siendo países relegados. El estudio de fenómenos naturales que afectan nuestras economías y nuestras condiciones de vida –volvamos al ejemplo del caso de la corriente de El Niño- requiere urgente colaboración entre los dos países para poder prever con razonable seriedad los regímenes de lluvias y las inundaciones.

Lo mismo cabe decir del desarrollo de la geofísica en la Antártida.

Ejemplos como estos existen a montones: física de suelos, física de terremotos, problemas en la predicción del tiempo, etc., y no hago mención del tema de la salud por mi ignorancia en la materia, pero creo que el estudio de las enfermedades comunes no necesita ser subrayado dado lo obvio y grave del problema.

Merece especial mención el tema de los modelos de sedimentación de los grandes ríos (cuenca del Plata y, entre otros, del Amazonas).

Hasta ahora, cada vez que surge un problema se llama a una consultora internacional y se pagan millones de dólares por un trabajo que hoy podemos hacer juntos con igual o mayor eficiencia, creando así una demanda de científicos y técnicos de alta calificación.

No puedo dejar de mencionar la gran revolución que se avecina para los próximos diez o veinte años, la así llamada nanotecnología. Èsta es la ingeniería a nivel atómico.

La construcción de mecanismos a nivel atómico que guarden y unan –tomando como ejemplo a la biología- gran cantidad de información en volúmenes muy, pero muy pequeños. Tanto Argentina como Brasil están iniciando estos estudios. Es importante una colaboración íntima, ya que tenemos una chance de entrar en una tecnología de punta que está a nuestro alcance presupuestario y donde tenemos posibilidades, tanto en ciencia básica como aplicada.

Una política agresiva –muy agresiva- en ese campo, tanto por parte del Estado como de las empresas privadas, dará grandes satisfacciones a corto (tres a cinco años) y a mediano plazo”.

 

Libro de Irene Naselli donde se publica texto editado más arriba. Sra. Irene Naselli, y la semblanza de notables argentinos, en su texto.

 

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REVISTA “LA MÉNSULA” –

Programa de Histor ia de la Facul tad de Ciencias Exactas y Naturales
Secretar ía de Extensión Graduados y Bienestar
Agosto-2007
Año 1 – Nº 2
Recurrir al pasado con la mirada en el futuro
Apuntes sobre
Juan José Giambiagi

El nacimiento del Departamento de Física de la FCEyN
Por Florencia Rossi (*)
Pensar la figura de Juan José Giambiagi
en el marco del Programa de
Historia de la Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales, trae aparejado
un interrogante sobre su importancia
en relación con la historia de
la Universidad. ¿De qué modo una
personalidad como la de Giambiagi
contribuyó a la construcción de una
Universidad pluralista, democrática y
científica? Esta pregunta no es menor
a la hora de pensar las acciones de este
físico argentino, quien siendo jefe del
Departamento de Física de la FCEyN,
tuvo que marcharse de la institución,
como tantos otros, la noche en que los
bastones policiales cayeron sobre los
cuerpos de estudiantes, graduados y
profesores, manchando de ignorancia
el proyecto de Universidad que por
esos años comenzaba a manifestarse.
A fines del siglo XIX, los descubrimientos
de los rayos X y la radiactividad
marcaron la señal de largada
de un período épico en la historia de
la ciencia. Centenares de investigadores
sorprendieron al mundo con
los descubrimientos que pusieron
a la física en el centro de la escena
científica abriendo un insospechado
campo de aplicaciones tecnológicas.
Cuando terminó la Segunda
Guerra Mundial, las explosiones
de Hiroshima y Nagasaki pusieron
en evidencia que los conocimientos
profundos de la estructura de la
materia, y por extensión los estudios
de la física, se habían transformado
en instrumentos estratégicos para
los estados y la industria.
En ese contexto, un grupo de
científicos argentinos nucleados
en la Asociación Física Argentina
(AFA) reclamaron insistentemente
una política oficial que permitiera
el desarrollo maduro de ese campo.
Las respuestas fueron lentas, y en
la UBA tomaron un ritmo sostenido
con la dirección del Departamento
de Física en manos de Juan José
“Bocha” Giambiagi.
¿Dónde estaban los centros de investigación
en el campo de la física antes
de 1955? Ciertamente que muy pocos
en la Universidad de Buenos Aires.
Giambiagi se doctora en la FCEFyN
en 1950 (1) con una tesis en temas de
físico-matemática bajo la dirección
del distinguido matemático Alberto
González Domínguez. Esto mismo
pone de manifiesto no sólo el interés
de Giambiagi por el desarrollo de
herramientas matemáticas, sino que
también refleja, en gran parte, cierto
vacío que afectaba al entonces Instituto
de Física, creado en 1935 y cuyo
director era Teófilo Isnardi, un físico
doctorado con el propio Walter Nernst
en Alemania. Si bien Giambiagi
reconocía en Isnardi un “gran profesor,
un erudito que parecía saberlo
todo” no concordaba con su concep-
Si hoy la FCEyN puede sentirse
orgullosa de la producción de
sus físicos, es porque cuenta con
una tradición, una escuela, que no
surgió por generación espontánea,
sino que fue fruto de un proceso que
tuvo en la figura de Giambigi su
incansable motor. El artículo de
Florencia Rossi que a continuación
presentamos en La Ménsula es de
una lectura necesaria para aproximarnos
a la historia de la física en
nuestra universidad.
Juan Roederer y J.J.Giambiagi en Plaza de Mulas
en el año 1950. Por entonces, un grupo de físicos
de Exactas habían iniciado estudios pioneros
sobre rayos cósmicos.
Ménsula
ción acerca de la física “como
un libro acabado y perfecto, una
imagen pasiva según la cual había
que estudiar mucho antes de intentar
hacer algo en materia de investigación”
(2) . Esta actitud frente a la física no ayudaba
a desarrollar científicos que luego
quisieran dedicarse a la investigación. Y
es que, curiosamente, la investigación
por esos años se desenvolvía fuera de los
claustros universitarios. En la década
anterior, había estado circunscripta al
grupo de trabajo de Enrique Gaviola
en el Observatorio Astronómico de
Córdoba sin olvidar, además, el proyecto
impulsado por Joaquín V. González en
la Universidad de La Plata que se vio
trunco. En los primeros años de la década
del cincuenta, para un sector de la
comunidad científica, investigar dentro
del ámbito estatal era un camino plagado
de dificultades. Al no existir el régimen
de dedicación exclusiva, la posibilidad
de que los docentes pudieran investigar
en el seno de la Universidad se hacía
imposible.
A raíz de estos acontecimientos, en 1952
Giambiagi consigue una beca del British
Council para estudiar en la Universidad
de Manchester. En 1953 se rehúsa a volver
a la Argentina de Perón y consigue
viajar a Río de Janeiro para trabajar en
el Centro Brasileiro de Pesquisas Físicas
junto a físicos reconocidos como Leite
López, Guido Beck y Tiomno. Esta experiencia
fue de gran importancia para
su crecimiento intelectual y humano. Su
interés por la teoría cuántica, impulsado
en un principio por el propio González
Domínguez, tuvo buena acogida en el
seno de la institución brasileña. En el
CBPF reinaba un ambiente cálido donde
se promovían muchos programas de
investigación e intensas discusiones.
Sin embargo, con el golpe de estado de
1955, se produce una intensa renovación
en la Universidad de Buenos Aires. En
1956, José Babini está al frente de la FCEyN
y en 1957 llama a concurso para adjudicar
los cargos de profesores titulares.
Juan José Giambiagi decide presentarse
y gana el cargo de Profesor de Física
Teórica. Por su parte, Enrique Gaviola
gana el cargo de Profesor de Física Experimental.
Esta intensa renovación estuvo
acompañada de una reestructuración en
muchos niveles de la propia Universidad
y en particular de la FCEyN. Fueron
tiempos de intensas discusiones en los
que no faltaron obstáculos para llevar
adelante un proyecto de Universidad
donde la excelencia académica estuviera
acompañada por la investigación y la
docencia.
Director del Departamento en el período
que va de 1959 a 1966, Giambiagi logró
crear uno de los grupos de investigación
y docencia más importantes en América
Latina marcando un antes y un después.
Esto se vio reflejado en la calidad y
originalidad de las investigaciones que
se publicaron durante estos años, fundamentalmente
en teoría cuántica de
campos y física nuclear.
Hubo una serie de factores muy importantes
que ayudaron a su gestión. Gracias
a la subvención de la Fundación Ford,
los subsidios de la UBA y del Consejo
Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas (CONICET) se crearon nuevos
laboratorios experimentales. A su vez, las
gestiones realizadas por el entonces decano
Rolando García dieron como resultado
la asignación de sueldos adecuados y
la creación de la categoría de dedicación
exclusiva –inexistente en la UBA hasta
ese momento- y fundamental para el
desarrollo de investigadores dentro de
la institución universitaria.
“Director del Departamento
en el período que va de 1959
a 1966, Giambiagi logró crear
uno de los grupos de investigación
y docencia más importantes
en América Latina Esto
se vio reflejado en la calidad
y originalidad de las investigaciones
que se publicaron
durante estos años, fundamentalmente
en teoría cuántica de
campos y física nuclear”.
Pero había algo extraordinario en lo
que Giambiagi se había propuesto. Su
criterio poco ortodoxo lo llevó a privilegiar
la formación doctoral sin descuidar
los cursos de licenciatura. No se trataba
sólo de estudiar sino de discutir ideas,
criticar las últimas publicaciones, hacer
cálculos. Se promovían tareas de investigación
y enseñanza que incentivaban
la actitud crítica de los estudiantes y
graduados. A su vez, este esfuerzo daba
sus frutos en numerosas publicaciones en
revistas internacionales. El físico Mario
Mariscotti describe la atmósfera del Departamento
de Física como excepcional.
Se entrelazaban el rigor y la excelencia
con el entusiasmo de otras actividades
que el departamento impartía. Alberto
Pignotti, quien realizó su doctorado con
el propio Giambiagi, se pregunta cómo
era posible que una institución originalmente
dirigida desde una minúscula
oficinita ubicada en un edificio arcaico
subsistiera en el precario entorno que era
América Latina.
Myriam Segre de Giambiagi y María Simon (derecha) en un laboratorio de enseñanza de Física a fines de los
años 50. (Foto: Mariana Weissman)
Ménsula
La Noche de los Bastones Largos arrasó
con todo esto. En el Departamento de
Física más del noventa por ciento de
los profesores renunciaron. El vacío que
se produjo fue general. Un Giambiagi
descorazonado pero jamás rendido se
negó a abandonar el país a pesar de
recibir importantes ofertas de trabajo en
la Universidad de California y de París.
Sin embargo, la investigación científica
no se detuvo. Se instaló, junto a Carlos
Guido Bollini, su infatigable compañero
de trabajo, en un departamento de
dos ambientes, ubicado en el barrio de
Colegiales al cual apodaron “Instituto
Juan Carlos Onganía” -haciendo una
clara alusión irónica al responsable de la
creación de dicho instituto- y desde allí,
en condiciones bastante precarias, continuaron
trabajando. Esta dupla Giambiagi-
Bollini fue realmente excepcional y
juntos realizaron trabajos muy originales
por el lapso de casi cuarenta años.
En 1969, Giambiagi se incorpora a la
Universidad Nacional de La Plata donde
Bollini ya estaba trabajando desde hacía
un año. Tantos años de trabajo juntos
dieron sus frutos y en 1972 dieron a
conocer el método de regularización dimensional,
un aporte fundamental para
la teoría cuántica de campos. Lamentablemente,
el referee de Physical Review
no pensó lo mismo y se burló de ellos.
Aún así, el trabajo salió publicado con
cierto retraso en Nuovo Cimento aunque,
para entonces, los físicos G.T Hooft
y M. Veltman ya habían desarrollado y
publicado un método similar. En 1999 la
dupla holandesa recibió el Premio Nobel
sin hacer mención a los trabajos pioneros
de Giambiagi-Bollini, hecho que llamó
la atención a muchos científicos latinoamericanos.
De hecho, actualmente el
método de regularización dimensional
es una herramienta fundamental para
tratar de manera consistente cualquier
teoría cuántica de campos.
En agosto de 1976, con el golpe militar
ya instaurado, Giambiagi debió exiliarse
y radicarse en Río de Janeiro donde se
incorporó nuevamente al CBPF. La
decisión de trasladarse a Brasil en aquel
nefasto 1976 fue crucial para su proyecto
de vida. Fueron 20 años fructíferos donde
combinó su trabajo de investigación con
una labor política intensa. Desde 1978 a
1985 fue nombrado jefe del Departamento
de Campos y Partículas del CBPF y
luego, en 1994, fue elegido nuevamente
hasta el fin de sus días.
Esta etapa “brasileña” bien podría calificarse
como su etapa “latinoamericana”
pues si bien Brasil fue su centro de trabajo
nunca dejó de mirar hacia los países
hermanos. De hecho, Giambiagi jugó un
papel fundamental en la intensificación
de relaciones entre los países latinoamericanos,
particularmente entre Argentina
y Brasil. Su interés por temáticas que
pudieran servir a la problemática de
nuestros países lo llevó, en principio,
a la fundación de la Escuela Latinoamericana
de Física (ELAF) que
posteriormente tuvo mejores frutos
en la fundación del Centro Latinoamericano
de Física (CLAF). Su preocupación
se centraba en fomentar
estudios que pudieran dar respuestas
a las necesidades de la sociedad. En
1988, en una conferencia que dictó
con motivo de la celebración del LXX
aniversario de la Academia de Ciencias
Exactas y Naturales de Venezuela se
atrevió a cuestionar el hecho de que hubiera
cientos de científicos trabajando en
problemas de cosmología, gravitación y
teoría cuántica de campos y de que, por
el contrario, no hubiera siquiera cinco
físicos oceanógrafos o especialistas en
predicción del tiempo.
Como puede verse, este tipo de política
científica lo acompañó en las etapas más
importantes de su vida. Ya fuera trabajando
como director en el Departamento
de Física de la FCEyN, como también
siendo director del CLAF. El eje de su
discurso reclamaba un necesario equilibrio
entre investigación básica y aplicada
en el marco de América Latina como
así también la necesidad de fortalecer y
prestigiar los grupos de investigación latinoamericanos
para así evitar la fuga de
cerebros. Dejó una huella imborrable en
varias generaciones de físicos argentinos.
Desde aquellos alumnos y discípulos que
se formaron en el extraordinario Departamento
de Física de los años 60, hasta
los que en años posteriores recuerdan
con cariño cómo Giambiagi les sugirió
rumbos científicos.
Juan José Giambiagi murió el ocho de
enero de 1996 en Río de Janeiro. Sus restos
fueron cremados y esparcidos en una
plaza del barrio de Colegiales donde él
solía andar en bicicleta cuando era niño.
El Departamento de Física hoy lleva su
nombre como homenaje a su trayectoria
y símbolo de una incesante búsqueda por
hacer investigación y docencia de la más
alta calidad.
Una aproximación a
Juan José
Giambiagi
Jueves 6 de septiembre – 18 hs.
Sala reuniones SEGB – Planta Baja -Pab. II
Juan José Giambiagi
ilustrado por Hermenegildo Sabat
Charla a cargo de Florencia Rossi
(*) Programa de Historia de la FCEyN
(SEGB, FCEyN)
Florencia Rossi agradece a la Filial Buenos
Aires de la Asociación Física Argentina
por haber apoyado la realización de
esta investigación en sus comienzos
(1) Giambiagi cursó en la Facultad de
Ciencias Exactas, Físicas y Naturales
(FCEFyN) En 1952 la antigua FCEFyN
se partió para dar lugar a las Facultades
de Ingeniería, Arquitectura y la actual
FCEyN.
(2) “La física latinoamericana busca su
identidad” Entrevista a Juan José Giambiagi,
Ciencia Hoy, vol 1 Nº4.
La Ménsula es una publicación del Programa de Historia de la
FCEyN (Secretaría de Extensión, Graduados y Bienestar),
creado por resolución del CD 1313/05.
Editor Responsable: Eduardo Díaz de Guijarro.
En 1966, después de la Noche de los Bastones Largos, 69 de los 75 docentes e
investigadores full-time del departamento de Física renunciaron a sus cargos como
consecuencia de la intervención de la Universidad y de la represión policial.
El 28 de septiembre de ese año, Juan José Giambiagi, Carlos Bollini, Juan Roederer
y Carlos Varsavsky publicaron una solicitada en el diario “La Nación” dando a conocer
una carta dirigida al Teniente General Onganía y firmada por 192 físicos del mundo
occidental, entre los cuales figuran seis Premios Nobel y otros tantos que luego alcanzarían
esa distinción. En dicha carta se expresaba la preocupación por el alejamiento
de “un cuerpo docente de primera clase, al cual sería imposible reemplazar en muchos
años y sin el cual la Universidad no podría retener su jerarquía ni su prestigio”.
Lamentablemente, esa preocupación se tornó realidad. (Los interesados en recibir
una copia de la solicitada pueden escribirnos a historia@de.fcen.uba.ar)
Director: Carlos Borches | Diseño: Pablo G. González.
Si tiene fotografías, volantes, anécdotas, historias para contar en nuestro
suplemento, no dude en comunicarse son nosotros.
Mail: historia@de.fcen.uba.ar

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