HOUSSAY, Bernardo Alberto – Personaje recordado del mes: Abril 2008

abril 1st, 2008

Doctor Bernardo Alberto Houssay Houssay recibe el Premio Nobel de fisiología y medicina,el 23 de octubre de 1947 Diploma entregado en Suecia al Dr.Houssay al ser distinguido con el Nobel. El Dr. Bernardo Houssay nació en Buenos Airesel 10 de abril de 1887. Farmacéutico, profesor, doctor en medicina e investigador científico, ubicó a la ciencia argentina a nivel mundial. Recibió el premio Nobel y numerosas distinciones internacionales. Murió el 21 de septiembre de 1971.

Discípulo de Houssay, el Dr. Luis Federico Leloir -también galardonado con el Nobel- dijo lo siguiente de su maestro: “Realizó en 84 años de vida, una tarea equivalente a la de varios hombres normales”. Además del Premio Nobel, Bernardo Houssay recibió el Doctorado Honoris Causa en Medicina de las más prestigiosas universidades, así como el de Ciencias en Harvard y Oxford. Houssay dedicó toda su vida a la investigación en campos como la endocrinología, nutrición, farmacología, fisiología, patología experimental, pedagogía médica, anafilaxia, hipertensión, hipófisis, páncreas, diabetes y suprarrenales. Bernardo Houssay fundó el 5 de febrero de 1958, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que en este año 2008 esta cumpliendo sus cincuenta años de existencia Logo del CONICET,fundado por Houssay hace 50 años. El CONICET es el principal organismo dedicado a la ciencia y a la tecnología enla República Argentina.

(*) Buscar -algo más abajo- asterisco entre paréntesis para repasar en síntesis fotográfica el acto conmemorativo central, realizado el día 10 de abril de 2008, en el Salón de Actos de la Facultad de Derecho de la UBA.

A continuación, también podrá escuchar los mensajes pronunciados esa noche por los doctores Eduardo Charreau y Lino Barañao.

El Correo Argentino emitió 5 sellos conmemorativos por medio siglo del CONICET. Buscar más abajo especificaciones de cada sello postal emitido por el Correo Argentino.

Los festejos por el cincuentenario serán el 10 de Abril en coincidencia con la celebración del día del Investigador Científico instaurado en conmemoración del nacimiento del doctor Bernardo Houssay. Durante la ceremonia tendrá lugar el acto de despedida de su presidente, doctor Eduardo Charreau, quien hará uso de la palabra.

(A título informativo, para quienes visitan ésta página web, le decimos que el doctor Charreau fue entrevistado para el ciclo radial “La ciencia argentina en la vidriera”, donde comenta una anécdota de juventud vivida con su maestro -el Dr. Houssay-, hace un repaso de su trayectoria en el CONICET y refiere su experiencia al frente del organismo. El programa respectivo es el número 131 , y puede ser consultado haciendo “click” sobre el mismo.)

Cabe consignar que el CONICET fue creado en 1958 como un ente autárquico del Estado con sede en la Ciudad de Bue Buenos Aires dependiendo directamente de la Presidencia de la Nación.

Sede Central del Conicet,en la capital argentina. Eduardo Charreau,presidente del CONICET hasta el 10-4-08
El organismo fundado por Houssay, obtuvo entonces una amplia gama de instrumentos que se juzgaban adecuados para elevar el nivel de la ciencia y de la tecnología en la Argentina al promediar el siglo XX, y que aún hoy constituyen el eje de sus acciones: las Carreras de Investigador Científico y Tecnológico y del Personal de Apoyo a la Investigación y Desarrollo, el otorgamiento de becas, el financiamiento de proyectos y de Unidades Ejecutoras de Investigación y el establecimiento de vínculos con organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales de similares características.

El CONICET ha centrado su misión en fomentar y subvencionar la investigación científico-tecnológica y las actividades de apoyo que contribuyen al avance científico y tecnológico en el país, al desarrollo de la economía nacional y al mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad.

Hoy, para cumplir con su objetivo, el CONICET cuenta con casi 5200 investigadores, más de 5600 becarios y 2300 técnicos que realizan tareas de investigación en los Centros e Institutos que funcionan en todo el país. Su tarea se desarrolla en cinco grandes áreas: Agrarias, Ingenierías y de materiales; Biológicas y de la Salud; Exactas y Naturales; Sociales y Humanidades; y Tecnología.

Estadística que muestra la vitalidad del CONICET. Folleto entregado a la prensa con el balance de los últimos años. Informe de Gestión del CONICET,periodo 2002-2007.

En su 50 aniversario, el CONICET -que fundara el Doctor Bernardo Houssay– continúa trabajando para mantener su sólido compromiso con la comunidad, con el fin de hacer de la Argentina un país mejor y con la firme convicción de que sólo con trabajo y esfuerzo podrá contribuir a la inserción de nuestro país en la sociedad del conocimiento, paradigma del nuevo siglo.

(*) 50 AÑOS del CONICET – SÍNTESIS del FESTEJO en FOTOS:

Facultad de Derecho,sede del festejo central por 50 años del Conicet. Preparativos de la histórica jornada, en el Salón de Actos Pantalla donde se proyectó el logo-síntesis de la convocatoria.

Houssay en el Institucional por los 50 años y que dio inicio al acto. Charreau,presidente saliente del Conicet y discípulo de su fundador. Imágenes de otros tiempos de la ciencia argentina en el Conicet.

En el filme la Dra.Marta Rovira,ya nueva presidenta del Conicet. Sellos postales del Correo Argentino por 50 años del Conicet. El Dr.Charreau pone el matasellos oficial correspondiente.

El Dr.E.Di Cola le entrega a Charreau cuadro con la pieza del sello conmemorativo. Otro recuerdo similar recibe el Ministro de C,T e Innovación,Lino Barañao. La Dra.Rovira ya tiene en su poder la serie de cinco estampillas conmemorativas.

El Directorio del Conicet y el Ministro entregan premios a investigadores. Se premió a investigadores superiores, primeros becarios y técnicos. Charreau pronuncia su mensaje de despedida.

Los asistentes aplauden al presidente saliente del Conicet. Luego de su mensaje,el Ministro Barañao premió a Charreau. Barañao y la flamante presidenta del Conicet durante el acto por el cincuentenario.

Charreau feliz, fue un notable timonel del Conicet durante seis años. El Directorio del Conicet,el ministro,y los presidentes saliente y entrante. Broche de oro para el acto por los 50 años del Conicet:la Camerata Bariloche.

La Camerata deleitó primero con un concierto de Mozart. El repertorio de la Camerata incluyó a Bach y a Piazzolla. Tras el acto la posibilidad de un brindis con los importantes invitados.

Se destaca la figura del doctor Alberto Kornblihtt. En animado diálogo el Dr.Pablo Jacovkis. José Luis de Imaz,investigador emérito,y la Dra.Noemí Girbal.

La flamante presidenta del Conicet,Dra.Marta Rovira El doctor Pablo Canziani Doctor Mario Lattuada El Lic.Arturo Prins,Director Ejecutivo de la Fundación Sales

A continuación puede escuchar el mensaje de despedida del Dr. EDUARDO CHARREAU, pronunciado durante el acto conmemorativo por los 50 años del CONICET:

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Seguidamente, puede consultar el mensaje del Sr. Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, doctor LINO BARAÑAO:

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Especificación de los sellos postales emitidos por el Correo Argentino con motivo de los 50 años del CONICET.

Ciencias agrarias,de la ingeniería y de materiales. Ciencias agrarias, de la ingeniería y de materiales. Imagen del Vidrio Bioactivo 4585– El vidrio bioactivo es un material que,al tomar contacto con tejidos vivos, posee la capacidad de desencadenar respuestas celulares que determinan la unión del mismo con los tejidos. En el sello postal, el vidrio bioactivo son las porciones que observan en tono azul más homogéneo (ángulos superior izquierdo e inferior derecho). Partículas de vidio fueron implantadas en médula ósea de tibia de rata para estimular la formación de nuevo hueso. El puntillado que se observa en los ángulos superior derecho e inferior izquierdo corresponde a los núcleos de las células de la médula ósea, mientras que en el centro de la imagen se observa un puente de tejido óseo entre el puntillado y las partículas. La foto muestra 400 veces el tamaño original y en la técnica se ha usado azul de toluidina. Investigadores CONICET: Dr. Alejandro Gorustovich – Dra. María Beatriz Guglielmotti

Ciencias Biológicas y de la Salud. Ciencias Biológicas y de la salud. Grano de Polen de Polygonum SP. – En el sello postal se observa un grano de polen del género Polygonum sp., aumentado 1.000 veces, donde se advierte la superficie ornamentada con un retículo sostenido por columnas. Los orificios que se aprecian corresponden a las aberturas llamadas “poros” por las cuales emerge el tubo polínico en el momento previo a la fecundación del óvulo. Esta microfotografía se ha tomado de muestras de mieles de la zona de Bella Vista, provincia de Corrientes. La especie vegetal a la que corresponde el polen tiene amplia distribución en toda América subtropical, es frecuente en márgenes de ríos y arroyos y se la conoce como “caa-tay”, que en idioma guaraní significa “hierba picante”. Investigadores: CONICET: Dra. Graciela Inés Lavia – Lic. Cristina Renee Salgado Laurenti.

Ciencias Exactas y Naturales. Ciencias Exactas y Naturales. Restos de la Supernova w 44.- Las estrellas nacen, evolucionan y mueren. Algunas se apagan lentamente mientras otras terminan sus días con explosiones catastróficas. Este evento se conoce como “supernova” (“superestrella nueva”) y en el momento de la explosión la estrella brilla más que cien mil millones juntas en un punto del espacio. Los restos de la estrella destruida se expanden por el espacio y se forman nebulosas bellísimas que son los “restos de supernovas”, que brillan por decenas de miles de años, como los que se observan en el sello postal, en azul (restos de la supernova W44), producidos luego de una explosión que ocurrió 10 mil años atrás a una distancia de 10 mil años luz de la Tierra (95 mil billones de kilómetros) – Investigadores: CONICET: Dra. Gabriela Castelletti (IAFE, Argentina) y Dra. Gloria Dubner (IAFE, Argentina) – Dra. Crystal Brogan (NRAO, EEUU.) – Dr. Namir Kassim (NRL, EEUU)

Ciencias Sociales y Humanidades. Ciencias Sociales y Humanidades. Arte rupestre, Valle del río Epuyén, Chubut.- El arte rupestre de la Patagonia se remonta a casi los inicios de la ocupación humana de la región. Hace ya más de 9.000 años que los hombres y mujeres que la habitaban dejaron el testimonio de su arte en las paredes de las cuevas y aleros. Desde esa lejana época nunca dejaron de pintar, y los arqueólogos han podido definir distintos estilos a lo largo del tiempo. Hace unos 1.000 años, en el norte de la Patagonia se difundió un estilo denominado “de grecas”. Las representaciones son en su mayoría geométricas, pero ocasionalmente se pintaron figuras humanas, como las que se observan en el sello postal, registrado en una paredón próximo a la localidad de El Hoyo, valle del río Epuyén, en la provincia argentina de Chubut. – Investigadora CONICET: Lic. Cristina Bellelli

TECNOLOGÍA. TECNOLOGÍA – Fluidodinámica. – La fluidodinámica al servicio de la ciencia. En el sello postal se observa un dispositivo de alta eficiencia para calefactores a gas ubicado dentro de una chimenea. La medida real es de 10 cm. de diámetro y la altura equivale a uno de los elementos que lo componen: pajitas de gaseosa; cada pequeño círculo corresponde a una de ellas. Premio INNOVAR 2007 en la categoría “Investigación aplicada” por el aumento de eficiencia y el ahorro de gas que se consiguen en el calefactor. – Investigadores: CONICET: Dr. Luis Juanicó – Dr. Alejandro González – Ing. Sebastián Gortari.


1947-1997

A 50 años del premio nobel de Bernardo Houssay

Carlos Borches y Alejandro Doria

Camino a Estocolmo, sobre un barco y rodeado sólo por el Atlántico, Houssay estaba lejos de su ámbito de aulas y laboratorios, de aquellos lugares cotidianos que lo vieron convertirse en farmacéutico a los 17 años y en doctor en medicina a los 24. Pero el viaje no era casual, sino consecuencia de muchos años de trabajo coherente: el Instituto Carolino Quirúrgico Médico de Estocolmo lo había galardonado -en forma conjunta con los esposos Gerty y Carl Cori- con el Premio Nobel de Medicina. Para esta distinción, el Instituto había tenido en cuenta los trabajos del científico argentino que determinaron el papel de la anterohipófisis como reguladora del metabolismo de los hidratos de carbono.Houssay había iniciado esta línea de investigación cuando, siendo estudiante de medicina, realizaba las prácticas en el Hospital de Clínicas de la UBA. Cuentan sus biógrafos que el tratamiento de un paciente que presentaba un tumor en la hipófisis lo llevó a encarar estudios sistemáticos sobre el funcionamiento de esta glándula. Para esto, retomó las técnicas que unos años atrás se habían empleado para aislar la adrenalina producida por las glándulas suprarrenales, combinando acciones quirúrgicas (extirpación e injertos), biológicas (aplicación in vivo de extractos de glándulas) y acciones químicas para aislar componentes activos de los extractos glandulares.En épocas donde no existía el correo electrónico, ni rápidos viajes al otro extremo del planeta, trabó relación mediante correspondencia con Hervey Cushing, considerado el padre de la cirugía cerebral. Desde los EE.UU., Cushing le envió varios trabajos científicos que dieron base a Houssay para iniciar sus estudios. El argentino experimentó con perros a los que les había extirpado la hipófisis y que, tras la operación, demostraron, primero, severos trastornos de crecimiento y, en segunda instancia, reacciones hipoglucémicas cuando se les aplicaban pequeñas cantidades de insulina -descubierta un año atrás, en 1922, y preparada en el laboratorio dirigido por Houssay.Estos trabajos, realizados en un medio tan alejado de lo principales centros científicos del mundo, pero no por eso desatentos a las novedades revolucionarias que se estaban dando en el campo de la fisiología, permitieron al grupo de Houssay comprender el rol de la hipófisis en los procesos metabólicos de los carbohidratos y en la diabetes. De esta manera se cerraba el ciclo que había iniciado el fisiólogo francés Claude Bernard con los descubrimientos sobre la función glicógena del hígado, en 1848.A partir de mediados del siglo pasado, la fisiología había comenzado un indiscutible proceso de transformación. Houssay se refería al respecto: “Esta ciencia había sufrido una gran crisis de crecimiento dando lugar a numerosas ramas, que luego se separaron de la fisiología, como lo son la bioquímica, biofísica, nutrición, patología y farmacología”. Las ramas a las que hacía mención Houssay tenían espacio en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (IBYME), por él fundado y mediante el cual generaba las condiciones necesarias para que jóvenes investigadores -como, por ejemplo, su brillante discípulo Luis Federico Leloir- pudieran trazar nuevos rumbos para la ciencia argentina.Pero pese a contar con su propio instituto, Houssay mantuvo intactas sus raices en la Facultad de Medicina, donde no estaba exento de frecuentes cuestionamientos por parte de sus pares. La casa de estudios, de tradición conservadora, encontraba un factor desestabilizador en los proyectos de Houssay, que ponían en tela de juicio la actividad docente tal como se desarrollaba entonces. El nobel no admitía la docencia universitaria sin investigación científica, por lo cual impulsaba fervientemente el cargo full time para los profesores. Esto amenazaba el modelo imperante: dedicación parcial a la docencia -que permitía adquirir prestigio- y atención privada en rentables consultorios.Aquellas eran épocas de dicotomías, en que medio país no toleraba a la otra mitad, y la ciencia no escapaba a la coyuntura. En 1946, con el advenimiento de Juan Domingo Perón, Houssay fue jubilado de su puesto de profesor y director del Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina y, alejado de la universidad, concentró toda su labor en el IBYME, desechando de esta manera los ofrecimientos recibidos de varios institutos científicos del extranjero. Este “exilio interno” tenía un porqué. Vinculado con los sectores más tradicionales de la Argentina, Houssay no había logrado asimilar el acceso al poder, de la mano de Hipólito Yrigoyen, de los sectores medios de la sociedad, y mucho menos la irrupción de la clase obrera, encolumnada detrás de Perón.Con el golpe de estado de 1955 Houssay recuperó su lugar en la Facultad de Medicina. Uno de los grandes logros de la época fue la materialización de su reclamo, lanzado ya en el 30 desde la Asociación para el Progreso de las Ciencias: la creación de un Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (Conicet). Su prestigio académico y sus relaciones con el poder permitieron que el entonces presidente de facto, el general Eugenio Aramburu, firmara un decreto creando el Consejo, organismo que con el correr de los años se convertiría en uno de los más importantes sitios de producción científica en el país.El otro eje de la investigación estaba en la Universidad de Buenos Aires, que, en la década del 60, ya no era la misma institución en la cual se había formado Houssay. Ahora la UBA se había convertido en un ámbito bullicioso que, además de contar con una brillante producción de conocimientos, se encontraba inmersa en el debate político de la época, con la realidad nacional y mundial dentro de los claustros, y con participación, no sólo de un estudiantado efervescente, sino también de los trabajadores no-docentes y sus luchas gremiales. Esta ebullición, que amenazaba con cambios sociales, espantaba al prestigioso fisiólogo, que iba camino a cumplir 80 años y, pese a su edad, continuaba batallando por lo que creía justo. Hasta el final de sus días -falleció el 21 de septiembre del 71- no dejó de recorrer laboratorios, ni de recibir en su despacho a colegas y discípulos, fiel a las líneas que había escrito como un hito más en su camino: “Quiero dedicarme al desarrollo del país donde nací, me formé, tengo amigos, nacieron mis hijos, luché, aprendí y enseñé”.

Así pensaba Houssay
“La Universidad es el centro de la actividad intelectual superior, y cumple así un papel social de la más elevada jerarquía. Su función consiste en crear los conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia, formar los hombres más selectos por su cultura y capacidad. Como bases fundamentales de su acción debe enseñar el respeto a la verdad, desarrollar la aptitud de buscarla con acierto, e inculcar la noción de que es un deber el servicio social”.*”Todo este régimen universitario defectuoso y deplorable, agravado por la intromisión de la política externa, ha creado un malestar permanente entre los alumnos, que notan que no aprenden bien, y que miran al profesor como un opresor que los aprieta en los exámenes, más que verlo como a un compañero de trabajo que enseña con su ejemplo y su experiencia. Este malestar y este antagonismo engendran las asociaciones y los movimientos estudiantiles que no tienen razón de ser y que serían incomprensibles en las buenas universidades de las grandes naciones civilizadas”.*”La primera función de la Universidad es investigar, para crear conocimientos. La potencia de un país y hasta su independencia, dependen de su adelanto técnico mantenido por la investigación permanente. El cultivo de las ciencias fundamentales es la base de las aplicaciones prácticas posibles”.*”El gobierno universitario debe estar exclusivamente en manos de los profesores titulares. La administración estará a cargo de un Director o Decano y de un Consejo administrativo. (…) La participación de los estudiantes será útil transitoriamente, mientras la experiencia demuestre que ejercen la influencia moralizadora. Con el adelanto universitario será innecesaria, como lo es en las grandes naciones”.*”La ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia la tiene. Por mi parte no acepté posiciones de profesor en los Estados Unidos y no pienso dejar mi país, porque aspiro a luchar para contribuir a que llegue alguna vez a ser una potencia científica de primera clase.”
 


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Revista EXACTA mente – Versión Digital

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Dr.Bernardo Houssay,notable investigador. B.Houssay al recibir el Doctorado Honoris Causa en Harvard. Houssay en su hogar, y junto a tantos reconocimientos.

10 de Abril – Se celebra el Día del Investigador Científico.

El 10 de abril se conmemora el Día del Investigador científico en honor al natalicio de Bernardo Houssay. Considerado el “padre de la fisiología argentina”, el científico es reconocido en el mundo entero por sus desarrollos en el campo de la ciencia. Creador del CONICET, fue nombrado Dr. Honoris Causa en 18 universidades y miembro honorario en 114 instituciones académicas.

Nacido en el seno de una familia francesa el 10 de abril de 1887 en Buenos Aires, Bernardo Houssay se destacó a lo largo de toda su vida en el ámbito científico. Egresado del Colegio Nacional a la edad de 13 años con un promedio de 8,84, curso el colegio primario en diferentes instituciones privadas.

Debido a su corta edad, no le era permitido cursar estudios en Medicina, motivo por el cual decidió ingresar en la Escuela de Farmacia de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), donde adquirió gran reputación por sus practicas en química, recibiendo el título de farmacéutico a los 17 años.

En 1907, siendo interno del Hospital de Clínicas, comienza su largo recorrido por los caminos de la fisiologóa y la ciencia. Diez años después cerró su consultorio particular y renunció a su cargo de Jefe de Sala en el Hospital Alvear , para dedicarse exclusivamente a la investigación y a la docencia. Bernardo Houusay fue el primer profesor en América Latina con dedicación exclusiva a la educación.

Padre de la Fisiología Argentina

Profesor titular de la cátedra de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas, creó el Instituto de Fisiología que dotó a nuestro país de un gran prestigio internacional.

Houssay , considerado “Padre de la Fisiología Argentina” fue nombrado Dr. Honoris Causa de 18 universidades y fue miembro honorario en 114 Instituciones Académicas . Entre sus más reconocidos discípulos se encuentran Carlos G.Mainini, Eduardo Braun Menéndez y Luis Federico Leloir ( Nobel de Química en 1970).

Fundador de la Sociedad Argentina de Biología, emprendió múltiples investigaciones en endocrinología y metabolismo, neurofisiología , sangre e inmunidad, respiración , digestión y función renal. En tanto que, en 1922, ya era candidato al Nobel por sus averiguaciones sobre los extractos hipofisiarios.

Defensor de la democracia y de la Constitución, el régimen de 1943 lo destituyo del cargo de profesor de la Facultad de Medicina. Jubilado con anticipación, en 1947, su nombre quedó ligado al Nobel en Medicina y Fisiología por esclarecer “el papel de la glándula Hipófisis en la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono”. Al momento de recibir la distinción expresó: “ Quiero dedicarme al desarrollo del país donde nací, me formé, tengo amigos , nacieron mis hijos, luché , aprendí y enseñé”.

En 1958, fundó, tal vez, su logro más importante: creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución que presidió hasta su muerte. EL CONICET fue concebido para promover, coordinar y orientar las investigaciones en el campo de las ciencias puras y aplicadas.

(Por Prensa Institucional UNL – prensa@unl.edu.ar – Fuente: www.nobelpreis.org)

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Despedida de Osvaldo Loudet en el sepelio de Bernardo A. Houssay

Osvaldo Loudet, quien siendo consejero estudiantil del Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Médicas, en 1919, había afirmado que “el Doctor Houssay está muy bien en la Escuela de Veterinaria y el Doctor Soler debe estar en la Cátedra de la Escuela de Medicina“, lo despidió como académico de letras: “El eminente científico ocupaba el sitial bautizado con el nombre de Francisco Javier Muñiz y fue el sucesor de Angel Gallardo. Un sabio sustituyó a otro sabio. Los dos no fueron hombres de letras. Fueron hombres de ciencia, pero la ciencia tiene sus letras, porque la expresión clara, sobria, precisa de las ideas científicas, constituye un estilo literario propio e independiente: “Una memoria de Fisiología bien escrita” –decía Claude Bernard– “es equivalente a una tragedia clásica en cinco actos“.

Houssay fue desde su juventud un espíritu aguijoneado por la curiosidad de conocer la génesis de los fenómenos naturales, explicar sus relaciones, sorprender su determinismo y descubrir sus leyes. Desde ese momento se inicia el diálogo interminable entre su alma de investigador y la Naturaleza. Diálogo dramático que tiene la virtud del silencio y la soledad, porque sólo en el silencio y la soledad se escuchan las voces de las ideas y se siente la dulzura de las emociones intelectuales. Diálogo sin palabras inútiles porque la germinación del pensamiento se hace sin ninguna resonancia. Diálogo de las sombras y de las luces porque se apagan muchas hipótesis y se encienden otras, nacen nuevas teorías y mueren las antiguas. Diálogo siempre inconcluso porque la respuesta de una verdad es el comienzo de una nueva pregunta. Diálogo que conduce a la desesperación cuando las pausas son prolongadas y las respuestas lentas e indefinidas. Diálogo que se transforma en un monólogo tremendo cuando la Naturaleza se calla, se oculta o huye y se escapa a nuestros requerimientos y a nuestras exigencias.

Todas estas peripecias del investigador las ha experimentado Houssay en sus indagaciones, pero la Naturaleza ha premiado su amor y su fe y muchas veces se ha entregado a él para mostrarle alguna de sus verdades y algunas de sus bellezas. “Para llegar a generalizaciones verdaderamente fecundas y luminosas” –escribía el padre de la medicina experimental– “es necesario haber removido en el hospital, en el anfiteatro o en el laboratorio el terreno inanimado o palpitante de la vida. La verdadera ciencia puede ser comparada a una meseta florida y deliciosa. a la cual no se puede llegar sino después de haber ascendido por escarpadas pendientes y haberse arañado a través de las rocas y de las malezas“. Houssay llegó a esa meseta florida y nada le importaron los arañazos y las heridas sufridas en el camino. .

Además del placer intelectual y científico, ha sentido la satisfacción moral propia de los espíritus superiores. Le ha dicho a sus discípulos: “La investigación es un deber social, una de las mejores maneras de hacer adelantar su país y la humanidad entera. La investigación científica pura es la madre de la investigación aplicada a la tecnología, a la sanidad y a la producción. Cuando se secan las fuentes de este manantial pronto se estacionan, languidecen y mueren, las ciencias aplicadas y las industrias técnicas. Todo instituto de investigación es una expresión de fé, y de esperanza en el futuro de la civilización“.

No creáis, ni por un momento, que este señor del laboratorio estuvo totalmente satisfecho de sus hallazgos y descubrimientos. Ningún sabio verdadero cree haber llegado a una meta definitiva. Él sabía que el amor inquisitivo por la Naturaleza se renueva siempre y el diálogo no termina nunca. Más allá del mundo sensible existe un inundo invisible, inviolado e impenetrable. Por eso convivían en él, el sabio subyugado por el mundo circundante y el hombre moral angustiado por el misterio. Podía decir como Renán: “Tengo una naturaleza doble; una parte de mi mismo sonríe, mientras la otra llora“. En efecto, se sonríe y se iluminan los ojos ante una verdad descubierta y se humedecen ante el misterio inaccesible.

Lo que más admiramos en este hombre no es el premio Nobel, no es un descubrimiento. Es la perseverancia, el esfuerzo, el trabajo para llegar a formar una Escuela y en ella discípulos para seguir con la antorcha simbólica. Sea loado nuestro país que ha tenido para sus hijos dos premios Nobel: el de la Medicina y el de la Paz, Houssay y Saavedra Lamas, que representan la vocación de nuestra patria por la ciencia generosa y la paz fecunda. Ultimamente el Premio Nobel de Química ha sido otorgado a otro hombre de ciencia argentino: el doctor Luis F. Leloir.

Nos enorgullece el pensar que el nombre de Houssay figura para siempre entre los auténticos hombres de ciencia que honran la humanidad.

Fuente: Boletín de la Academia Argentina de Letras N 141-142 Julio-Diciembre de 1971.

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El Dr. Luis Leloir,discípulo del Dr. Houssay

Houssay en diálogo con Leloir.Amistad y admiración mutuas.

                   
  Luis Federico Leloir (1906-1987) Bioquímico
Nacido en París (Francia) el 6 de setiembre de 1906, fallecio en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1987.
En el año 1970 los argentinos se sorprendieron con la noticia del otorgamiento de la más famosa distinción internacional en el campo de la ciencia y la cultura, el Premio Nobel, a uno de sus compatriotas, cuyo nombre y actuación eran absolutamente desconocida por la inmensa mayoría de ellos. Aunque los inicios de su carrera de investigador estuvieron firmemente ligados a la figura de Bernardo A. Houssay -también premio Nobel-, Luis Federico Leloir brilló luego con luz propia y llevó a la ciencia argentina tan alto como su maestro y amigo. Leloir habia nacido en París el 6 de setiembre de 1906, durante una estadia de sus padres, durante la cual el Dr. Leloir se someteria a una intervencion quirurgica, ambos argentinos y en aquella ciudad transcurrieron sus primeros dos años de su vida, de todos modos, posteriormente el Dr. Leloir adopto la ciudadania argentina.. Una vez en Buenos Aires y desde muy chico se interesó por la naturaleza, a la que tenía fácil acceso ya que su familia poseía grandes extensiones de campo y se dedicaba a actividades agropecuarias. Terminados los estudios primarios y secundarios se inscribió en la Universidad de Buenos Aires, graduándose en Medicina en 1932. En sus inicios como practicante trabajó en el Hospital Municipal José María Ramos Mejía, donde participó de la creación de una sociedad en parte científica y en parte social llamada como el hospital y cuya principal actividad era el dictado de conferencias. Ya graduado pasó a formar parte del plantel del Servicio de la Cátedra de Semiología y Clínica Propedéutica que funcionaba en el Hospital Nacional de Clínicas, dedicándose a la gastroenterología durante dos años. Pero poco tiempo después -inquieto por su deseo de encontrar respuestas a algunos enigmas de la naturaleza- abandonó la práctica médica para consagrarse a la investigación científica pura.Conociendo bien los trabajos del profesor de Fisiología Bernardo A. Houssay, resolvió incorporarse al instituto que éste dirigía, y que funcionaba en el viejo edificio de la Facultad de Medicina. Así, Leloir comenzó a trabajar en el Instituto de Fisiología para realizar su tesis de doctorado, que a propuesta de Houssay trató sobre Las glándulas suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono -y que resultó ganadora del Premio de la Facultad de Medicina de Buenos Aires en 1934. Para llevar adelante esta investigación se necesitaba contar con conocimientos de técnica bioquímica, por lo que Leloir siguió algunos cursos en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. En esta Facultad, aunque no llegó a completar la carrera, sí adquirió los conocimientos que serían luego la base de sus notables trabajos de investigación y también definió su futuro científico: pasó de la Medicina a la Bioquímica. Esta disciplina, rama de la Química, había nacido en los inicios del presente siglo y se desarrolló en forma acelerada. Gracias a ella se pudieron conocer la estructura química de la mayor parte de las vitaminas y hormonas.Luego de doctorarse en medicina Leloir partió a Inglaterra, al Biochemical Laboratory, de la Universidad de Cambridge, que dirigía el profesor Frederick Gowland Hopkins, ganador del Premio Nobel en 1929 por su descubrimiento de las vitaminas.Cuando regresó, en 1937, se reincorporó al Instituto de Fisiología, desempeñándose como ayudante de investigaciones hasta 1943. En un ámbito con marcadas limitaciones materiales investigaba metódica e intensamente y se integraba muy bien a los equipos de trabajo. Con el doctor Juan María Muñoz -químico de personalidad original, ya que era además odontólogo y médico- realizaron experiencias sobre el metabolismo del alcohol. Después se sumó a Juan Carlos Fasciolo, Eduardo Braun Menéndez, Juan María Muñoz y Alberto Taquini para llevar adelante observaciones sobre aspectos fundamentales de la hipertensión arterial. Cuando el riñón sufre una disminución de la irrigación sanguínea libera una sustancia -renina- vinculada al aumento de la presión arterial. El grupo logró comprobar que la renina actuaba sobre una proteína de la sangre y es ésta la que produce la hipertensión: la llamaron hipertensina. También descubrieron que en los tejidos y en la sangre existía otra sustancia que destruía la hipertensina. De estas investigaciones surgió el libro Hipertensión Arterial Nefrógena, publicado en 1943, que obtuvo el tercer premio Nacional de Ciencias y que fue traducido al inglés y publicado en los Estados Unidos en 1946. En 1941, paralelamente a sus investigaciones, Leloir comenzó su carrera de profesorado de Fisiología en la cátedra de Houssay, pero la abandonó en 1943, cuando su maestro fue destituido por haber firmado junto a otros profesores un manifiesto en el que pedían el restablecimiento de la democracia después del golpe de estado del 4 de junio de ese mismo año. Como protesta también renunció a su cargo en el Instituto de Fisiología y decidió irse a seguir su labor en el exterior. El laboratorio de Carl Gerty Cori -Premio Nobel de Medicina- en St. Louis, Estados Unidos, fue el sitio elegido. Allí trabajó durante seis meses en el estudio de la formación del ácido cítrico. Luego fue al Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia, en Nueva York.Cuando regresó a la Argentina volvió a trabajar con Houssay, pero esta vez en el ámbito del Instituto de Biología y Medicina Experimental, una institución creada gracias al apoyo de fundaciones privadas. Por iniciativa de Jaime Campomar, propietario de una importante industria textil, se fundó un instituto de investigación especializado en bioquímica que Leloir dirigiría desde su creación en 1947 y por 40 años. Este organismo empezó a funcionar en una pequeña casa de cuatro habitaciones separada sólo por una pared medianera del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Como se trataba de una casa antigua y en mal estado, durante los días de lluvia, caía abundante agua en su interior, pero nada de esto desanimaba a Leloir. Poco tiempo después la sede del instituto se trasladó a un edificio mejor, naciendo así el Instituto de Investigaciones Bioquímicas, Fundación Campomar. Con la puesta en marcha de este Instituto se inició el capítulo más importante de la obra científica del doctor Leloir, que culminaría con la obtención del Premio Nobel de Química en 1970.Con una excepcional voluntad, las investigaciones de Leloir en el Instituto avanzaron superando los inconvenientes que provocaba el muy modesto presupuesto disponible. Esta circunstancia lo exigía a usar toda su creatividad para concebir, en forma artesanal, parte del complejo instrumental necesario. En estas condiciones, su trabajo se orientó a un aspecto científico hasta entonces postergado: el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa -azúcar común- y produce glucógeno, el material de reserva energética del organismo.A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azúcar-nucleótidos, compuestos que desempeñan un papel fundamental en el metabolismo (transformación por el cuerpo de los hidratos de carbono). Pocos descubrimientos han tenido tanta influencia en la investigación bioquímica como este, que convirtió al laboratorio del Instituto en un centro de investigación mundialmente reconocido.Leloir recibió inmediatamente el Premio de la Sociedad Científica Argentina, el primero de una larga lista de reconocimientos nacionales y extranjeros previos y posteriores al Premio Nobel de Química de 1970. En el vocabulario científico internacional se denomina “el camino de Leloir” al conjunto de descubrimientos que llevó al gran científico argentino a determinar cómo los alimentos se transforman en azúcares y sirven de combustible a la vida humana.La fundación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en el año 1958, permitió asociar al Instituto de Bioquímica con la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires y aumentar el número de investigadores. A su vez, esta Facultad creó su propio Instituto de Investigaciones Bioquímicas y designó director al doctor Leloir, quien también fue nombrado Profesor Extraordinario.Numerosas instituciones científicas lo incorporaron como miembro: la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, la Academia de Ciencias de Chile, la Academia Pontificia de Ciencias, la Biochemical Society, la Royal Society de Londres, la Societé de Biologie de París, la Academia de Ciencias de Francia y la Academia de Ciencias de Buenos Aires.La resonancia que provocó en nuestro país la adjudicación del Premio Nobel al doctor Leloir despertó el interés de las autoridades que dotaron a su laboratorio con los elementos y el equipamiento necesario para que pudiera continuar su labor científica y transmitir su saber a un importante grupo de colaboradores y discípulos. El equipo de investigación dirigido por Leloir también inició el estudio de las glicoproteínas -una familia de proteínas asociadas con los azúcares- y determinó la causa de la galactosemia, una grave enfermedad manifestada en la intolerancia a la leche.Luis Federico Leloir -como su maestro, el también Premio Nobel Bernardo A. Houssay- hizo del trabajo disciplinado y constante una rutina y sus admirables logros no lo apartaron de la sencillez, su otra costumbre. Pocos años antes de su muerte Leloir pudo inaugurar, frente al Parque Centenario, un nuevo edificio para el Instituto de Investigaciones Bioquímicas, que se veía desbordado por la gran cantidad de estudiantes, becarios e investigadores que querían trabajar en él. Sus valores éticos y sus ciencias siguen siendo un ejemplo para el mundo y un orgullo para los argentinos.Leloir formó parte de la escuela de Houssay, de quien fue discípulo y amigo. Pero su trayectoria fue tan importante como la de su maestro.
Recibido de médico, y mientras era interno del hospital Ramos Mejía, se interesó por la tarea de laboratorio. Leloir se especializó en el metabolismo de los hidratos de carbono.
Fue a principios de los años – 40 cuando se acercó al Instituto dirigido por Houssay, antecedente del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar, que Leloir dirigiría desde su creación en 1947 y durante 40 años.
Por ese entonces, Leloir compartía sus trabajos de laboratorio con la docencia como profesor externo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, tarea que sólo interrumpió para realizar viajes al exterior con el fin de completar estudios en Cambridge, el Enzime Research Laboratory de los Estados Unidos y otros importantes centros científicos del mundo.
Con una excepcional voluntad, las investigaciones de Leloir en el Instituto superaron los escollos de un presupuesto modesto que obligaba a usar cajones de madera como sillas y a fabricar complejos instrumentos de forma casera. En estas condiciones, su trabajó se orientó a un aspecto científico hasta entonces postergado: el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa y produce glucógeno, el material de reserva energética del organismo.
A principios de 1948, el equipo de Leloir identificó los azucarnucleótidos, compuestos que desempeñan un papel fundamental en el metabolismo de los hidratos de carbono, descubrimiento que convirtió al laboratorio del Instituto en un centro de investigación mundialmente reconocido.
 

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Bernardo Houssay escribió:

“El grado de desarrollo de la investigación es un índice seguro de la jerarquía y la posición de un país entre las naciones del mundo moderno.

Se puede medir la ilustración y la clarividencia de los gobernantes por la importancia que acuerdan a la investigación científica fundamental, por lo que realmente hacen para ayudarla, y por el apoyo y respeto que dispensan a los auténticos hombres de ciencia.

La investigación científica consiste en un examen incesante de los problemas, sin otro límite que la demostración de la verdad, independientemente de los dogmas religiosos, políticos o de otra clase. Exige la libertad de investigación, de expresión y de discusión. La ciencia no se desarrolla bien más que en una atmósfera de libertad, mientras que languidece o entra en decadencia bajo los regímenes de opresión”

Citado en “Desarrollo sin ciencia: otra fantasía argentina” del Dr. Ricardo H. Pichet – Fundación Favaloro – Torres Agüero Editor.

Otro texto dedicado a reconocer la figura de B.Houssay. Houssay, reconocimiento y difusión de su perfil humano y científico.

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IBYME, Instituto de Biología y Medicina Experimental también creado por B. Houssay.

Edificio del Ibyme,calle Obligado 2499,en la capital argentina. En recuerdo del fundador del Ibyme. Texto que informa en síntesis la historia del Instituto.

En 1959, el Instituto de Biología y Medicina Experimental fue trasladado al edificio de Obligado 2499, pues la necesidad de mayor espacio se había hecho imperiosa y desde 1950 venia reclamándose insistentemente, para aumentar la enseñanza y la investigación. Por esta razón las posibilidades de trabajo aumentaron, por el mayor número de investigadores, los modernos equipos y el aumento de los ingresos.

Con todo, dos pérdidas sensibles habían afectado al Instituto. La desaparición de su primer gestor, consejero y hombre de visión, don Miguel Laphitzondo (Febrero 5 de 1956) y la de uno de los hombres clave en su desarrollo científico y autoridad mundial sin discusión, Don Eduardo Braun Menéndez (Enero 16 de 1959).

El traslado a la nueva sede, mucho más amplia, permitió compartirla con la Fundación Campomar (que la había ocupado en 1958) dirigida por el Profesor Luis F. Leloir, y posteriormente con el Laboratorio de Investigaciones Agrícolas, (VI/1959) cuyo director es el Ingeniero Agrónomo Jorge Molina, y con el Laboratorio de Neurobiología (26/XII/1969) hoy transformado en Instituto de Neurobiología (12/XII/1969), que tiene hoy una nueva sede, a cargo del Doctor Juan Tramezzani. Los tres Institutos mencionados funcionan con total autonomía científica y financiera.

Grupo fundador del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Primera fila, de izquierda a derecha: Eduardo Braun Menéndez, Oscar Orías, Houssay, Juan Treharme Lewis; segunda fila, de izquierda a derecha: Carlos Martínez, R. M. Pinto, Virgilio Gerardo Además, pudieron incorporarse mayor número de becarios, nacionales o extranjeros, técnicos, y aumentar el número de equipos e iniciar nuevas líneas de investigación. Al mismo tiempo se constituyó en sede de la Secretaria de dos importantes revistas científicas: Acta Physiologica Latinoamericana y Revista de la Sociedad Argentina de Biología.

Los recursos económicos han provenido de fuentes múltiples, pero siempre de origen argentino. La ayuda extranjera sólo se admitió en forma de donaciones de revistas, libros, aparatos o drogas, y en algunos casos de becas, pero en ningún momento y como principio, se aceptó dinero.

Los fondos de mantenimiento fueron exclusivamente privados, desde su fundación hasta 1955. Se iniciaron con la crucial ayuda de la Fundación Sauberán en 1943, a la que se agregó la del Comité de Ayuda tres años después (1946). La biblioteca y parte de los equipos fueron donados por la Fundación Rockefeller o los Institutos de Salud de los Estados Unidos (NIH) y también por la Fundación Guggenheim. El alquiler del edificio no fue cobrado por el Señor Mauricio Braun.

Uno de los laboratorios del Instituto de Biología y Medicina Experimental.Después de 1955, el Gobierno ayudó extraordinariamente, por intermedio de tres Instituciones que sumaron sus esfuerzos a las anteriores, inicialmente con un préstamo por 10 años del Ministerio de Asistencia Social, que luego lo transfirió al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). La Universidad de Buenos Aires ayudó substancialmente al considerarlo Instituto propio, suministrando cargos y subsidios para gastos. El CONICET proporcionó cargos, becas, subsidios para viajes e investigación, sumas para reparaciones del edificio. El Ministerio de Salud Pública otorgó sumas importantes para los mismos objetivos. En 1960, los aportes de estas instituciones superaron y consolidaron los de las instituciones privadas que lo habían sostenido en los comienzos: la Fundación Sauberán desde 1943, el Comité de Ayuda desde 1946, las fundaciones Rockefeller y Guggenheim y los Institutos de Salud (NIH) de los Estados Unidos de América. La nueva sede fue compartida con el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar dirigido por Luis F. Leloir.

Durante esos años el IBYME fue afectado, el 5 de febrero de 1956, por el fallecimiento de Miguel Laphitzondo, el primer gestor y consejero, y el fatal accidente aéreo, el 16 de enero de 1959, de Eduardo Braun Menéndez, fundador institucional y maestro científico.

Organización científica

Bioterio del Instituto de Biología y Medicina Experimental.La investigación científica realizada en el IBYME es desinteresada y aborda problemas básicos de biología o medicina pues, en palabras de Houssay: “La investigación científica fundamental busca desinteresadamente el conocimiento de la verdad por el estudio de los principios y mecanismos básicos. Es la fuente inmediata o mediata de todos los progresos y mantiene la vida de las ciencias aplicadas, como son la medicina, la biología, la ecología, la agricultura y las industrias. De ella provienen los adelantos que mejoran la salud, previenen o curan las enfermedades del hombre y animales o plantas y sirven de base a las tecnologías que dan bienestar a la humanidad“.

El IBYME ha cumplido tres finalidades:

  1. la investigación original;
  2. la formación de investigadores y
  3. la difusión de los conocimientos.

Investigación original

Los temas estudiados en el Instituto son variadísimos y cubren campos de disciplinas diversas como la histología, la fisiología, la farmacología y la bioquímica, normales o patológicas. Continúan las líneas de trabajo iniciadas en la Facultad de Medicina, a las que se agregan nuevas.

Tal vez, los más conocidos son los temas que se refieren a endocrinología hipertensión y reproducción.

Al referirnos a endocrinología lo hacemos también a diabetes y a metabolismo. Durante este período el estudio de la diabetes aloxánica y la pancreática en sapos, ratas y perros constituyó uno de los temas más estudiados. Se analizaron en estos animales, las alteraciones renales, las oculares, las de los glóbulos blancos, la diferencia sexual, la influencia de la hipófisis y la tiroides, los trastornos de la cetogénesis y las grasas, la acción de las sulfamidas, la de las vitaminas, y diversos problemas relacionados con la hipófisis, el timo, las suprarrenales y las catecolaminas, el metabolismo de los esteroides donde han trabajado numerosos grupos de investigadores. Los estudios sobre hipertensión de origen renal, que se convirtieron en clásicos, demostraron la producción y liberación de renina a la sangre y su interacción sobre proteínas plasmáticas para originar hipertensina y pudieron explicar el mecanismo de la hipertensión arterial.

Los estudios sobre reproducción, principalmente en el sapo; llevaron a la descripción de la conocida reacción del embarazo. En efecto la inyección de gonadotrofinas al sapo macho, libera espermatozoides que pasan a la orina y se pueden recoger en la cloaca. Asimismo se ha estudiado la regulación del ciclo sexual de la rata hembra y su modificación por diversos factores y drogas u hormonas.

A estos temas se agregan los estudios sobre génesis de tumores, crecimiento del pelo; acción farmacológica de diversas sustancias, apetito específico; intoxicación por el plomo; regulación de la respiración y neurofisiología.

La lectura de las 778 publicaciones aparecidas en libros o revistas, nacionales o extranjeros, bajo la dirección de Houssay muestra un promedio anual de 28 artículos originales de distintos investigadores.

Trabajos originales publicados anualmente por los miembros del Instituto de Biología y Medicina Experimental

1944-19 1951-32 1958-27 1965-18
1945-14 1952-31 1959-35 1966-40
1946-19 1953-37 1960-35 1967-27
1947-35 1954-25 1961-18 1968- 9
1948-29 1955-28 1962-21 1969-14
1949-27 1956-23 1963-32 1970-14
1950-32 1957-38 1964-29 1971-38

Formación de investigadores

La larga y delicada tarea de formación de investigadores es esencial en el funcionamiento de una institución científica. .

Varias condiciones son básicas para llevar a cabo eficazmente esta tarea: tener personal con capacidad suficiente para enseñar; disponer de equipos y medios de trabajo suficientes; dar condiciones económicas a quien trabaja y se dedica y disponer de un ambiente científico general reconfortante. Todas estas condiciones las ha podido cumplir el Instituto, dentro de las limitaciones naturales de nuestro país.

El Instituto dispuso desde un primer momento de la capacidad científica y técnica de investigadores formados. Baste recordar que el doctor Houssay sería laureado con el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947. Los restantes tenían larga experiencia en la enseñanza y la investigación universitaria.

El Instituto dispuso, desde el inicio, de una excelente biblioteca, un bioterio que suministraba el material biológico necesario y el equipo indispensable.

El personal científico, técnico y auxiliar fue remunerado con fondos de origen privado y, luego de 1955, sostenido por la Universidad de Buenos Aires o el CONICET. Muchos investigadores trabajaban en condiciones de dedicación exclusiva y otros con dedicación parcial. Hubo numerosos becarios argentinos y extranjeros.

Difusión de los conocimientos

La actividad científica, fundada en el amplio y libre intercambio de ideas requiere, de manera indispensable el contacto personal con otros científicos y la lectura cotidiana de las publicaciones.

El personal científico del Instituto ha viajado y conocido otros laboratorios. Todos sus miembros, en una u otra época, estuvieron becados en el extranjero por uno, dos o más años y visitaron o realizaron estadías en otros laboratorios argentinos.

También científicos extranjeros permanecieron meses o años en el Instituto, o realizaron cortas visitas.

Las investigaciones fueron publicadas en revistas nacionales o extranjeras de la especialidad respectiva. Entre las primeras cabe mencionar por su jerarquía y difusión: Revista de la Sociedad Argentina de Biología; Acta Physiologica Latinoamericana y Ciencia e Investigación. La biblioteca del IBYME ha sido actualizada permanentemente con las publicaciones periódicas y los libros de la especialidad de todos los países del mundo.

Houssay, Braun Menéndez y Foglia fundaron en 1956, junto con los delegados de Chile y Uruguay, la Asociación Latinoamericana de Ciencias Fisiológicas, que luego incorporó a casi todos los países del continente. La primera reunión fue en Punta del Este (ROU) del 24 al 27 de abril de 1957, en 1958 y 1959 en Buenos Aires y, en agosto de 1966, tuvo lugar el VII Congreso en Mar del Plata que fue inaugurado por el Profesor Houssay .

Los miembros del Instituto de Biología y Medicina Experimental, con Houssay como Presidente, organizaron, en 1959 en Buenos Aires, el XXI Congreso Internacional de Ciencias Fisiológicas.

Observaciones finales

En 1981, en el décimo aniversario de la muerte de su maestro, Virgilio Foglia afirmó del Instituto de Biología y Medicina Experimental: “Ha permitido mantener viva la llama votiva de la investigación científica desinteresada durante años de adversidad, ha producido trabajos científicos y ha formado investigadores. Ha demostrado con su creación y existencia la posibilidad e importancia de la ayuda privada y la necesidad de mantener y fomentar la existencia, de instituciones similares destinadas al estudio de los problemas básicos de la ciencia“, concluyendo, “El Instituto de Biología y Medicina Experimental honra a la ciencia argentina y al espíritu de sus habitantes, cumple una noble misión y es deber de todos los argentinos y de sus gobiernos mantenerlo y desarrollarlo en beneficio del propio país y en bien de todos“.

Fuente: Foglia, V. G. y Deulofeu, V. (editores), Bernardo A. Houssay, Su vida y su obra, 1887-1971, Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Buenos Aires, 1971.
Memoria del Instituto de Biología y Medicina Experimental (1957).

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Algunos recuerdos de Bernardo A. Houssay

Por Luis Federico Leloir.

Houssay con Leloir, a mediados de 1971, en la biblioteca del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Preservada en la Editorial Abril.En la esquina de Córdoba y Uriburu, en la vieja Facultad de Medicina, hoy Ciencias Económicas, había una gran aula que fue demolida durante el decanato de José Arce con el objeto de acelerar la construcción del nuevo edificio. En esa aula había un gran cuadro pintado al óleo que representaba un médico de la antigüedad examinando un paciente, o no sé si sería un cadáver. Debajo de ese cuadro y tras una larga mesa daba sus clases el Profesor de fisiología, Bernardo A. Houssay. Pocas veces quedaban asientos vacíos, pues se corría la voz de que era difícil aprobar la materia sin haber asistido a las clases. Estas eran muy claras y precisas, pero no piezas de oratoria como se solía usar en esos tiempos.

El examen de fisiología que englobaba química y física biológica era una de las vallas más difíciles que debían trasponer los estudiantes de medicina de los años 1920-1940.

Houssay tenía fama de ser un hombre estricto, exigente y severo, pero muy justo. En cierta ocasión un estudiante aplazado quiso vengarse y para ello envió un matón armado de una cachiporra para que castigara a Houssay cuando iba en camino a su casa. Afortunadamente el ataque no tuvo consecuencias graves. Otro miembro de la mesa examinadora era Raúl Wernike, quien se ocupaba de la parte de física. Uno de sus temas preferidos era interrogar a los que llevaban anteojos sobre los defectos de sus ojos y sobre la función de los lentes. En química biológica, fueron examinadores sucesivamente Alfredo Sordelli, Laclan y Venancio Deulofeu. De este último comentaba Houssay que los alumnos que daban examen con él quedaban muy satisfechos porque siempre les sonreía y los trataba con amabilidad, pero que aplazaba igual que los otros. La tarea de tomar examen, como lo pude comprobar muchos años después, era agotadora. Había que pasar días enteros oyendo los exámenes de miles de estudiantes. El Doctor Houssay ideó una manera de ahorrar esfuerzos. Preparó unos carteles que decían: saque bolilla, hable, puede retirarse y los mostraba sucesivamente a los alumnos. Esto le valió ser el blanco de muchas críticas injustas tanto de los malos estudiantes como de otros profesores que le tenían envidia. Decían que el profesor de fisiología era inhumano. No tengo recuerdos de mi examen y recién varios años después, ya como médico, me interesé seriamente en la Fisiología. Trabajaba en una sala de gastroenterología y me parecía que la medicina se ejercía de una manera muy superficial y sin los conocimientos básicos necesarios. Por estas razones pedí a Carlos Bonorino Uduando, que era el Jefe de Sala, que me presentara a Houssay. Este me recibió amablemente y me propuso varios temas de trabajo para que eligiera. Me decidí por el estudio del papel de las glándulas suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono. Houssay me dio una cantidad de fichas bibliográficas, algunas escritas por él y otras por su mujer Angélica Catán, quien lo ayudaba con devoción. Como primera tarea práctica tuve que aprender a medir glucosa por el método de Hagedorn y Jensen. Quien me enseño fue el Doctor Alfredo Biasotti que trabajó con Houssay en los principales estudios sobre el papel de la hipófisis en regulación de la glucemia. Llegó a operar perros para extirparles las glándulas suprarrenales. Esto lo hacía Houssay personalmente y yo actualmente como ayudante. Creo que nunca aprendí a hacerlo bien y los perros que operé sin la ayuda de Houssay murieron prematuramente o no llegaron a ser suprarrenoprivos.

Los resultados de los experimentos se publicaban en la revista de la Sociedad Argentina de Biología y los correspondientes resúmenes aparecían en Francia en los Comptes Rendus de la Societé de Biologie. Houssay escribía personalmente los resúmenes en francés, idioma que conocía muy bien, y ésta era casi la única vía por la cual los trabajos del Instituto de Fisiología llegaban a ser conocidos internacionalmente. Era una vía muy insuficiente pero a pesar de ello los trabajos de Houssay llegaron a ser muy conocidos en todo cl mundo.

Pude terminar el trabajo de tesis en 2 o 3 años, después de lo cual Houssay me aconsejó que me perfeccionara en el exterior. Como consecuencia de consultas con Venancio Deulofeu, Romano de Meio y otros, decidí ir al laboratorio de Bioquímica de la Universidad de Cambridge que dirigía Sir Frederick Gowland Hopkins. En esa época Houssay había sido invitado a dar las Dunn Lectures en Boston. Esto significaba una importante distinción y creo que marcó el principio de su actuación internacional. Antes de ir a los EEUU decidió ir a Europa y lo hizo en un barco de la Compañía Royal Mail cuyo nombre era Avon o Arlanza. En ese mismo viaje iba yo para iniciar mi perfeccionamiento. Houssay había escrito varias conferencias cuyo traductor de inglés había sido Juan T. Lewis. En el curso del viaje, Houssay, que hablaba francés perfectamente pero poco inglés, me leía las conferencias y yo trataba de mejorar su pronunciación. Cuando el vapor paraba en los puertos y salíamos a visitar la región, él nos explicaba todo como si fuera un guía autóctono. Para ello se valía de su poderosa memoria y de su vasta cultura. Recordaba el nombre de calles y hoteles de todas las ciudades que visitó. Y yo apenas si recuerdo las de Buenos Aires.

Una de las conferencias que Houssay tenía preparadas la dio en el Biochemical Laboratory de Cambridge y a pesar de que la pronunciación aún no era buena tuvo bastante éxito. Después de esto viajó a Boston y a varias otras ciudades.

Después de un año en Cambridge volví al Instituto de Fisiología provisto de algunos manómetros de Harburg y de los conocimientos técnicos para trabajar con cortes de tejido. Houssay tenía interés en comparar las oxidaciones en los hígados de perros pancreatoprivos con los normales. Después de realizar unos pocos experimentos me convencí de que éste era un proyecto de investigación que no daría resultados interesantes. No sé si estaba en lo cierto o equivocado, pero fue cuando me asocié con Juan N. Muñoz para estudiar la oxidación de alcohol y de los ácidos grasos. Esto me costó un pequeño distanciamiento con Houssay, pero que por suerte duró poco tiempo.

Muñoz había aceptado ser profesor de fisiología de la Facultad de Odontología y para ello había tenido que dar todos los exámenes de la carrera para conseguir el título de Odontólogo. Parecía disparatado que para enseñar esa materia hubiera que tener ese título. Houssay consideraba que esto era un requerimiento que violaba los principios universitarios y ya no veía a Muñoz ni a los que trabajaban con él. Más o menos un año después nos asociamos con Juan Carlos Fasciolo que trabajaba sobre la hipertensión producida por ‘constricción de la arteria renal ‘, con Eduardo Braun Menéndez que se interesaba en cardiología experimental. El objetivo era detectar si el riñón produce una substancia hipertensora y si era así estudiar sus propiedades. El equipo anduvo muy bien y más tarde se sumó Alberto Taquini. Constantemente recibíamos consejos de Houssay y él hizo todo lo posible para que los experimentos tuvieran éxito.

Mientras el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires estuvo bajo la dirección de Houssay fue un centro científico que irradiaba entusiasmo por la investigación. Allí concurría una constelación de jóvenes que llegarían a ser figuras importantes en Medicina o ciencias relacionadas. Se pueden citar algunos nombres: Foglia, Braun Menéndez, Battro, del Castillo, Lewis, Marenzi, Hug, Rietti, Biasotti, Fasciolo, Gershman, Chiodi, Mazzocco. También concurrían al Instituto algunos personajes pintorescos. Uno de estos era la señorita X que usaba largas pestañas postizas y un atuendo muy vistoso. El Doctor Mazzocco usando terminología química la llamaba la décimo normal. Houssay la trataba con bondad e infinita paciencia, pero a pesar de todo no pudo evitar que dicha señorita hiciera cosas raras. En una ocasión nos preguntó: “¿A qué no saben lo que se le ha ocurrido a X? Quiere que le palpen un seno porque dice que tiene una dureza“. En otra ocasión anduvo con un revólver amenazando a las otras mujeres del laboratorio. Pero su capacidad de armar líos culminó cuando consiguió que un pariente de ella retara a duelo a Houssay. Afortunadamente el duelo no se realizó y todo terminó sin graves consecuencias. Las autoridades de la Facultad de Medicina a veces ayudaban a Houssay y otras veces no. El Decano Alfredo Lanari lo nombró profesor de fisiología dejando de lado al otro candidato que era el Doctor Frank Soler. Sin embargo cuando José Arce era decano, las cosas no andaban tan bien. El tic de Houssay que consistía en torcer la boca y la nariz hacia un lado, se intensificó notablemente en ese período.

Un incidente mucho más grave puso fin al trabajo de nuestro equipo de la hipertensión, que era tan eficiente y que nos brindó tantos momentos agradables.

El presidente de la República, R. Castillo había sido derrocado por un grupo de militares. Actuaba de presidente el General Ramírez, pero ya estaba tirando los hilos otro personaje siniestro que siempre vio con malos ojos a Houssay y a todos los hombres destacados. Tal vez el gobierno quiso amedrentar a los que pensaban independientemente o tal vez intervino el odio a los intelectuales, lo cierto es que a raíz de una publicación en los diarios fueron dejados cesantes en sus puestos muchas personas bien conocidas y responsables. Una de ellas era Houssay.

Se sucedieron muchos días de pesadumbre y de conciliábulos. Cada uno procuraba aportar ideas para solucionar la grave situación. Al fin predominó la idea de que todos debíamos renunciar a nuestros puestos. Así lo hicimos la mayoría, pero algunos no renunciaron. Como suele suceder en estas circunstancias se produjeron graves tensiones con algunos miembros del Instituto de Fisiología. Había quien consideraba que no podía quedar sin sueldo y dejar su familia en la estacada. También había quien secretamente pensaba que alguna ventaja podía sacar de una situación tan confusa. Houssay estaba más bien decaído y en algunos momentos parecía desorientado, pero pronto volvió a recuperar fuerzas cuando fueron tomando forma los proyectos de creación de un Instituto de Investigación privado. No presencié ese período de instalación del Instituto de Medicina Experimental, pues estuve en los Estados Unidos. Allí estuve un año y medio y a mi vuelta el Instituto de Fisiología ya funcionaba de nuevo, pues Houssay había sido reincorporado a la cátedra. Carlos Martínez quedó como director del Instituto de Biología y Medicina Experimental. Tuvo la sabiduría de oponerse a que éste fuera disuelto, puesto que tiempo después Houssay fue de nuevo separado de su cátedra, esta vez con el pretexto de jubilación. Fue en esa época (1946) que comenzamos con la Fundación Campomar y continuamos trabajando en una casa vecina al Instituto de Biología y Medicina Experimental.

Todas las mañanas nos reuníamos a tomar café con Houssay, Braun Menéndez, Carlos Martínez y otros. En aquella época (1947) se tuvo la noticia del Premio Nobel. Hubo gran júbilo, pero Houssay se mantenía sereno, creo recordar que comentó que esa distinción le había tomado ya demasiado viejo y que de lo contrario podría haber realizado más obra.

Contrariamente a lo que creíamos, el Premio Nobel no representó mayor cambio en las condiciones de trabajo. Las autoridades de entonces no demostraron ningún interés, sino que probablemente se sintieron molestas con el premio: lo recibía un opositor acérrimo al régimen imperante. Este régimen cayó en 1955 y otra vez nos ilusionamos de que la investigación científica iba a recibir una mayor ayuda estatal. Pero pasaba el tiempo y esto no sucedía. Fue en esa época que recibí interesante propuestas del exterior y estuve tentado de aceptarlas. Nuestro pesimismo cesó cuando en 1958 durante el gobierno de Aramburu se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. El directorio estaba constituido por una mayoría de expertos en cuestiones científicas. varios de ellos (Houssay, Braun Menéndez, Deulofeu y yo) ya habíamos actuado en el colegiado directivo de la Asociación Argentina para el progreso de las Ciencias. Esta institución había tenido como presidente a Houssay desde su creación y durante muchos años fue la única que daba becas para investigación científica. Cuando se trató la elección de presidente del Consejo, el Doctor Deulofeu propuso el nombre de Houssay y la mayoría aceptó. Desde entonces y durante 12 años Houssay fue presidente del Consejo. Ejerció ese cargo con gran ecuanimidad y acierto. Trataba siempre de mantener un alto nivel de competencia entre los investigadores del Consejo. Para esto tenía que luchar con los que sólo procuraban conseguir más dinero sin cuidar mucho de la calidad de la gente. Esta es una tendencia muy fuerte y que puede llegar a desprestigiar a la investigación científica en nuestro país. Muchos de los enemigos que tuvo Houssay se creían merecedores de más ayuda de la que recibían de él. Además no tenía reparos en dar su opinión sobre las personas y estos comentarios a menudo llegaban a los interesados en forma aumentada.

Tenía un objetivo principal que era promover la investigación científica en la Argentina. Dedicó gran parte de su vida a ello y tuvo considerable éxito. Durante muchos años trabajamos muy cerca el uno del otro. En 1958 nos mudamos al local de la calle Obligado 2490 que nos cedió el Ministerio de Salud Pública. Por un descuido de la secretaría me enteré que Houssay había hecho una presentación a la Fundación Nobel para que me fuera otorgado un premio. Quedé muy agradecido a él aunque no deseaba ese premio. Por otra parte creo que la iniciativa no prosperó porque la presentación era para el premio de Medicina y el que recibí años después fue el de Química.

Houssay entre Banchs y Mujica Láinez en la Academia Nacional de Letras, en la década de 1960.En política era más bien conservador, pero nunca tuvo actuación. Odiaba la ineficiencia, el desorden, la mentira y los slogans. Tuvo tratos con varios de nuestros presidentes, así Justo asistió a un acto en su homenaje que se realizó en la Facultad de Medicina, tuvo buena relación con Aramburu y los presidentes que le siguieron salvo los justicialistas.

El último viaje que hicimos juntos fue en el año 1970, a Roma para una reunión de la Academia Pontificia. Creo que mi nombramiento en dicha Academia fue por iniciativa de Houssay. En esa época ya tenía una insuficiencia cardíaca, cosa que se puso de manifiesto en una visita a las Catacumbas donde en la subida de las escaleras le produjo una fuerte disnea. A pesar de esto no disminuía su actividad y concurrimos a una espléndida recepción que dieron nuestro embajador en el vaticano, Doctor Pedro Frías y señora, en un palacio de Roma. Poco tiempo después tuvimos la noticia de que Houssay había sufrido una caída en Santiago de Chile de la cual no se recuperó más. Pero su vida activa fue mucho más larga que la de un hombre normal, porque vivió hasta los 82 años y porque trabajó muy intensamente durante esos años. Solía decir: “No tengo tiempo para enfermarme“.

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El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)

Fuente: Foglia, V. G. y Deulofeu, V. (editores), Bernardo A. Houssay, Su vida y su obra, 1887-1971, Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Buenos Aires, 1971.

Sesión Constitutiva del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas presidida por el Félix González Bonorino. De izquierda a derecha: Rolando García, Raimundo L. Parodi, Félix Gonzáles Bonorino, Venancio Deulofeu, Alberto José Zanetta, Pedro E. Aramburu, Bernardo A. Houssay, Ignacio Pirosky, Eduardo Braun Menéndez, Humberto Ciancaglini, Fidel A. Alsina Fuertes, Luis F. Leloir, Eduardo De Robertis; semioculto Julio César Gancedo.En 1955 el país carecía de suficiente cantidad de investigadores en las distintas ramas de la ciencia y el instrumental científico con que se contaba era escaso y anticuado.

Houssay había manifestado durante muchos años, desde 1937, a través de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, la necesidad de crear un organismo gubernamental para impulsar la actividad científica en el país. Entrevistó, con un grupo de personalidades, al General Pedro Eugenio Aramburu, Presidente de la Nación, y el 5 de febrero de 1958 consiguió el Decreto-Ley de creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, con la misión de “promover, coordinar y orientar las investigaciones en el campo de las ciencias puras y de las aplicadas“.

El 12 de mayo de 1958 fue Houssay designado Presidente del CONICET cargo que mantuvo hasta su muerte volcando en él los mejores de sus esfuerzos y conocimientos en beneficio de la investigación científica en todas sus áreas. Los resultados beneficiosos están a la vista.

El Consejo fue concebido como un organismo ágil y dinámico, libre de trabas burocráticas, dotado de alta jerarquía administrativa y manejado por verdaderos hombres de Ciencia.

Las actividades del Consejo son múltiples y han contribuido a transformar rápidamente y en sentido favorable nuestro panorama científico bosquejado al principio.

Esto lo ha conseguido a través de diferentes medios, cada uno de los cuales merecería una explicación detallada. Nos limitaremos a mencionar los siguientes:

Becas: De iniciación, formación y perfeccionamiento en la investigación científica y tecnológica, en el país y en el extranjero, para incrementar y mejorar la dotación nacional de investigadores.

Subsidios: Para apoyar el desarrollo de proyectos de investigación; organizar congresos y reuniones científicas en el país; asistir a congresos, simposios, etc., en el país o en el extranjero; editar publicaciones científicas periódicas; abonar cuotas de adhesión a uniones científicas internacionales; procurar fondos bibliográficos; repatriar a investigadores; facilitar el cumplimiento de misiones científicas en la Argentina por investigadores extranjeros.

Carrera del Investigador Científico y Técnico: Creada en 1961, esta carrera permite dedicarse íntegramente al trabajo científico y ofrece una posición honorable a investigadores calificados, cuando cumplen dedicación exclusiva, poseen un lugar de trabajo estable y desarrollan planes de investigación aceptados por el Consejo.

Carrera del Técnico Auxiliar: Permite proporcionar ayuda técnica de personal calificado a los grupos de investigadores científicos y tecnológicos.

Creación y mantenimiento de Institutos de Investigación: Cumpliendo uno de los fines que le asigna el Decreto-Ley de su creación, de crear y subvencionar institutos, laboratorios y otros centros de investigación. Estos podrán funcionar en universidades y otras instituciones oficiales o privadas, según los términos que se acordaren con las mismas, o bajo la dependencia directa del Consejo. El CONICET, desde 1962, creó y firmó convenios para la creación de nuevos Institutos, o para la expansión de centros de investigación preexistentes.

Otras actividades: entre sus muchas actividades, el Consejo promueve la creación de sociedades científicas; difunde información sobre la actividad científica del país; interviene en la adjudicación de premios a científicos; formaliza convenios con instituciones científicas del país y del exterior para el intercambio de investigadores; lleva su acción al interior mediante Comisiones Regionales instaladas en cada lugar sede de universidad nacional. El Consejo mantiene servicios de información científica, que obtiene del país y del exterior.Repatrió a numerosos científicos, todos ellos de alto nivel.Efectuó múltiples gestiones para mejorar las condiciones de vida de los investigadores y entre ellas promovió y obtuvo la asignación de créditos para la compra de viviendas destinadas a investigadores.Proporcionó cargos, becas, subsidios para viajes e investigación y sumas para reparaciones del edificio de Instituto de Biología y Medicina Experimental.A nivel internacional estableció vinculaciones con organismos gubernamentales y no gubernamentales, tales como la UNESCO, la FAO y la OEA en el primer caso, y el Consejo Internacional de Uniones Científicas (ICSU), en el segundo.Mantuvo relaciones con distintas instituciones extranjeras para el cumplimiento de sus fines, encontrándose vigentes convenios de intercambio y cooperación con instituciones similares del Brasil, España, Estados Unidos y Francia; programas de intercambio con Alemania Federal, Gran Bretaña, Italia y la Academia de Ciencias de la URSS; relaciones no convencionales con Bélgica, Suiza, Sudáfrica, Polonia, Países Bajos, Chile, Venezuela, Perú y Paraguay, entre otros.El Consejo, puede decirse sin reparos, es la obra que acaparó todas las energías, el dinamismo y vitalidad enormes de Houssay, en los últimos catorce años de su vida y coronó la labor ciclópea de este luchador infatigable.


Período anterior Documentos de este Período Próximo período
  Síntesis de este período  
  Retorno a la Universidad  
  Nueva sede del Instituto del IBYME  
  El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas  
  Muere María Angélica  
  Houssay cumplió ochenta años  
  Federico Leloir, Premio Nobel de Química  
  18 de septiembre de 1970, un accidente  
  El retiro de la docencia universitaria  
  Muerte de Houssay  
  Sepelio de Bernardo A. Houssay  
  Despedida de Osvaldo Loudet en el sepelio de Houssay  
  Algunos recuerdos de Bernardo A. Houssay  
  Proyección latinoamericana de la obra de Houssay  

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