NEWBERY, Jorge – Personaje recordado del mes: Febrero 2008

febrero 1st, 2008

Ingeniero Jorge Newbery Newbery en una de sus tantas incursiones en globo. Newbery bate el récord mundial de altura en aeroplano,el 10-2-1914. Newbery y su pasión por conocer,el deporte y la aventura.

Jorge Newbery, pionero de la aeronavegación argentina. Ultima foto.Al día siguiente,1-3-1914,Newbery moriría durante una exhibición en Mendoza. Jorge Newbery, figura emblemática. Sello postal del Correo Argentino.

Jorge Newbery nació en Buenos Aires, el 27 de mayo de 1875. Se graduó de Ingeniero electricista en los EEUU, donde tuvo como maestro a Thomas Alva Edison.Fue pionero de la aeronavegación argentina y creador de la Escuela de Aviación Militar. Newbery desarrolló el sistema de alumbrado de Buenos Aires. Y fue un eximio deportista en diversas especialidades. Murió en la provincia de Mendoza, argentina, el 1 de marzo de 1914.

Newbery, Jorge

Promotor de la ciencia y la cultura – Nació en Buenos Aires el 27 de mayo de 1875. Murió en Los Tamarindos (Mendoza, Argentina) en marzo de 1914. Se conoce de Jorge Newbery que fue el fundador de la aeronáutica argentina, una gran aviador y un deportista reconocido. Fue, además, un innovador en el campo de la tecnología, y un funcionario público eficiente y esforzado. También, y este aspecto de su vida es menos conocido, fue un promotor de la ciencia y la cultura del país, y uno de los primeros en estudiar con seriedad la cuestión del petróleo. Jorge Newbery nació en el centro de Buenos Aires, en una casa de la calle Florida, el 27 de mayo de 1875. Por su origen, y por su vida, fue un porteño de estirpe. Se bachilleró en 1890; y en 1891, con 16 años viajó a los Estados Unidos. Era la segunda vez: ya lo había hecho, solo, cuando tenía 8 años de edad. Regresó en 1895, con un título de ingeniero electricista de la Universidad de Cornell y certificados de alumno brillante en el Drexel Institute, donde Tomás A. Edison fue su maestro. Con sus títulos, rápidamente obtuvo un nombramiento con cargo de jefe en la compañía Luz y Tracción del Río de La Plata. De los Estados Unidos también trajo la obsesión por los deportes; allí ganó un campeonato de boxeo en Cornell, y no se quedó atrás en esgrima y en natación. Newbery encontró tiempo para trabajar, mantenerse al día en materia de novedades científicas extranjeras, estudiar, practicar deportes y desarrollar una vida social mucho más que intensa. En 1897, ingresó a la Armada, en tiempos del conflicto limítrofe con Chile. Al mismo tiempo, era profesor de natación en la Escuela Naval. La carrera naval de Newbery duró tres años, hasta 1900, cuando el intendente Adolfo Bullrich lo nombró director general de alumbrado de la Municipalidad de la Capital Federal, cargo que mantendría hasta el fin de su vida. Por ese tiempo, era socio y habitué en los salones del Jockey Club, de Gimnasia y Esgrima y del Club del Progreso. Pronto, ganó una enorme popularidad en todos los niveles sociales. En 1903, el gobierno municipal propuso colocar bajo administración comunal la provisión de energía eléctrica a la ciudad de Buenos Aires, lo cual, necesariamente, le hacía entrar en conflicto con las compañías extranjeras que explotaban ese servicio. Newbery rápidamente tomó parte en esa polémica y escribió un largo artículo, publicado en tres partes durante el primer semestre de 1904, en números sucesivos de sus Anales, por la Sociedad Científica Argentina. En ese trabajo, Newbery expone un concepto bien norteamericano: la propiedad pública integra el patrimonio de cada uno de los ciudadanos; la comuna, dice, constituye una “sociedad cooperativa anónima” y cada residente de la ciudad es “un tenedor de títulos”. Newbery se manifiesta partidario de la intervención decidida del Estado en materia energética. En 1904, quedó a cargo de la cátedra de electrotecnia en la Escuela Industrial de la Nación. Ni bien se hizo cargo de esa cátedra, Newbery viajó a Sant Louis, Estados Unidos, donde asistió al Congreso Internacional de Electricidad en representación del municipio porteño. Allí, Newbery se reencontró con su antiguo maestro Tomás Edison. En los trabajos de Newbery publicados por la Sociedad Científica Argentina, se advierte su obsesión por el desarrollo industrial y energético, y por incorporar a la Argentina todos los avances en ese sentido. También se entrevé en esos artículos su formación laica y cientificista. Hacia 1907, la compañía Auer aplicó el tungsteno, por primera vez, a la producción de una lámpara eléctrica, en reemplazo del filamento de carbón creado por Edison. El tungsteno era entonces desconocido en la Argentina, y fue Newbery quien trajo la noticia de su existencia y uso. En 1907, conoció la aerostática. El 26 de noviembre, Aarón Anchorena (ya experto: había ascendido en París 11 veces) y Newbery aseguraron que subirían en globo antes de navidad. El 25 de diciembre, en la Sociedad Sportiva, que ya tenía su hipódromo en medio de Palermo, ascendieron con el Pampero. La actividad se convirtió en su pasión. Al año siguiente, preparó la constitución de un club dedicado a desarrollar la aerostación deportiva, y también el empleo de globos en estudios atmosféricos y meteorológicos (Aero Club). Pocos meses después, le llegaron informes del descubrimiento de un yacimiento petrolífero en las afueras de Comodoro Rivadavia. Newbery discutió largamente la cuestión con su amigo Justino Thierry, profesor de química en el Colegio Militar y jefe del laboratorio en la Dirección de Alumbrado, comenzó la redacción de un libro sobre la cuestión. En 1910, al reunirse en Buenos Aires el Congreso Científico Internacional Americano, Newbery y Thierry presentaron un libro de casi 300 páginas: El petróleo. Allí hicieron esbozo de las ideas desarrolladas más tarde por otro amigo de Newbery, Enrique Mosconi. Propugnaron la creación, mediante leyes especiales, de reservas estatales en toda zona potencialmente petrolera. El Estado, decían, debía rodear con toda clase de garantías su facultad de explotar hidrocarburos. La dirección del Aero Club no volvió a reunirse y en la práctica quedó disuelta luego de que el Pampero se perdiera trágicamente en lo que intentó ser el primer viaje nocturno (viajaba en él Eduardo Newbery, hermano de Jorge). Con la adquisición de un nuevo aeróstato: el Patriota, el Aero Club se revitalizó. En 1910, llegó al país el piloto francés Henry Brégi. Su visita impulsó a Newbery a la aviación. El 23 de marzo, luego de un gran esfuerzo realizado por muchos de los allegados al Aero Club, se inauguró el aeródromo. Con la llegada del piloto italiano Cattaneo a Buenos Aires se produjo un salto cualitativo para la aviación argentina. El piloto sobrevoló Buenos Aires y logró cruzar el río hacia Uruguay. La aviación se convirtió en un fenómeno de masas. Newbery aprovechó la visita de Cattaneo para intentar convencer a los altos mandos militares sobre la conveniencia de incorporar a la aviación en sus proyectos. Según sus palabras, la aeronáutica es “el punto de partida de una revolución mundial vinculada no sólo a la guerra sino que también representa una vasta contribución al estudio de la meteorología y un paso más para resolver el ideal de la facilidad y rapidez en el transporte.” A mediados de 1912, se tomó la decisión política de incorporar al ejército una escuadrilla aérea. Una comisión integrada por Newbery, Teodoro Fels y el coronel Martín Rodríguez fue la encargada de recomendar el avión más adecuado para las armas argentinas. Fue también Newbery uno de los encargados de preparar la Escuela de Aviación Militar. Convertido en un aviador avezado, en febrero de 1914 Newbery logró el récord mundial de altura alcanzando los 6.225 metros en un vuelo preparativo de su gran objetivo: el viaje transcordillerano. Este proyecto le sería fatal. Murió en marzo de 1914, cerca de Los Tamarindos (Mendoza), cuando la nave en la que realizaba un viaje de práctica (eran las vísperas de su gran proyecto) se desplomó a tierra.

Artículo publicado en el periódico universitario ARGIROPOLIS. Proyecto de las Universidades Nacionales de Quilmes, La Plata y del Litoral, y Página 12.

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HOMENAJE A

Jorge Newbery

1914 – 2004

A 90 años del trágico fallecimiento de Jorge Newbery

(1º de marzo de 1914)

 

Jorge Newbery (nació el 27 de mayo de 1875) era descendiente de una familia inglesa acomodada residente en el condado de Berkshire (Gran Bretaña), que prestaban servicios editoriales a la reina Isabel.

Su padre fue Ralph Newbery, un odontólogo inmigrante que llegó a nuestras tierras desde Estados Unidos, luego de navegar tres meses en una pequeña embarcación a vela. En la Argentina se casó con Dolores Malagarie, una aristocrática dama de la ciudad de Buenos Aires, con quien tuvo tres hijos: Jorge, Eduardo y Ernesto.

Newbery estudió en la escuela escocesa San Andrés, de Olivos, en la provincia de Buenos Aires. En 1890, viajó a EE.UU. a visitar a su abuelo quedándose a estudiar por aquellas tierras, donde en 1895 se graduó de ingeniero electricista en el Drexel Institute de Filadelfia, asistiendo a las clases magistrales que dictaba Tomás Alva Edison.

De regreso a Buenos Aires es nombrado Director General de Alumbrado Público de la Ciudad, por el intendente Adolfo Bullrich en 1900, siendo el encargado de instalar el alumbrado para los grandiosos festejos del Centenario de la Revolución de Mayo (1910), donde se realizaron también variadas actividades deportivas. Como funcionario, Newbery luchó denodadamente contra los excesos de las compañías privadas de electricidad que en esa época ya estaban cuestionadas por la opinión pública. También asesoró a distintas ciudades del interior del país para la colocación de su alumbrado público. Entre ellas, Río Cuarto, en la provincia de Córdoba.

 

Casado con Sara Escalante (luego divorciado), Newbery, fue un polifacético deportista, que se consagró campeón argentino de florete en 1901 y luego sudamericano, logrando al año siguiente batir un récord de velocidad en un bote a remos.

Entre sus títulos deportivos se cuenta un certamen de boxeo en los clubes Atlético y Germani Gimnasium, en Londres, y un campeonato de lucha grecorromana en nuestro país. Fue uno de los iniciadores del béisbol en el Buenos Aires Béisbol Club, entidad fundada en 1888 y que se extinguió rápidamente.

Pero es el boxeo el deporte en el que Newbery (con solo 21 años) más influye, ya que es quien corrige la forma de practicar esta actividad en Buenos Aires. Newbery elimina la forma francesa (llamada savate) de utilizar las piernas para pegar sobre el rival, lo que hasta entonces estaba permitido. Esta nueva forma, sólo con los puños, la había observado durante sus estudios en los Estados Unidos de Norteamérica.

Como el Boxeo estaba prohibido en la ciudad de Buenos Aires (como alguna vez ocurrió con el pato y el automovilismo), él lo practicaba en forma oculta en la quinta de Carlos Delcasse, ubicada en el cruce de las actuales calles Sucre y Arcos del barrio de Belgrano. Pese a la diferencia de edades, Newbery y Delcasse, que tenía 44 años, se enfrentaron dos veces, con un triunfo para cada uno.

En julio de 1908 un centenar de distinguidos deportistas, entre los que se encontraban Eduardo Naón, César Viale, Jorge Newbery, Carlos Delcasse y Marcelo Peacan del Saar (elegido presidente) fundan el Boxing Club Buenos Aires. Dos años más tarde el Boxing organiza el primer campeonato para distintas categorías. A los pocos años aparecerán los primeros boxeadores profesionales entre los que se encuentra Luis Angel Firpo, que luego de desarrollar una extensa y éxitosa campaña en EE.UU., disputará el título mundial frente a Jack Dempsey en 1923.

Amigo personal del barón Antonio De Marchi, Newbery fue junto a éste uno de los impulsores de la actividad deportiva moderna en nuestro país. Juntos participan de la Asamblea de la fundación del Automóvil Club Argentino el 11 de junio de 1904, en la que eligen presidente a Dalmiro Varela Castex, el primero en tener un auto en nuestro país. También en 1907 funda el Aero Club, que presidía al momento de su muerte.

Luego de aburrirse de volar en el globo Huracán, con el cual el 27 de diciembre de 1909, bate un récord de distancia uniendo Buenos Aires y Bagé (Brasil), se dedica a volar aviones.

En 1910 además de participar de las actividades deportivas que se realizaron por el aniversario del Centenario de la Revolución de Mayo, colabora con el perito Francisco Pascasio Moreno en el Congreso Científico Internacional, presidiendo la Comisión de la Volación. Newbery para este congreso redactó un documento clave sobre legislación de la explotación del petróleo argentino. En este mismo congreso el profesor Arsenio Thamier presentó ante la comisión médica, un fundamentado trabajo sobre gimnasia militar.

Este mismo año había conseguido su brevet de aviador, siendo uno de los primeros en tenerlo en el país. Para 1911, Newbery se compró un avión Blériot, influenciado por el récord de altura conseguido por el mítico aviador francés Roland Garros.

En noviembre de 1912 logra cruzar en su avión el Río de La Plata, en 37 minutos y a 1.600 metros de altura. Por esa época también es uno de los fundadores del Aero Club de Villa Lugano.

En 1913 adquiere en Europa un avión Morane – Saulnier y comienza a urdir ya el cruce de Los Andes, para unir Argentina con Chile. El 25 de mayo de ese año, para festejar el día de la Patria, encabeza la primera flota de aviones que participan de un desfile militar.

Su nombre había adquirido por esa época una fama inusual en el país, a causa de sus hazañas deportivas. Ya se lo conocía como el primer sportsman criollo.

Por este motivo en octubre de 1913 en el cabaret Armenonville, la orquesta típica de Roberto Firpo lo homenajea por sus proezas con una velada de gala, interpretando el tango De pura cepa, que honra el valor temerario del homenajeado.

Es allí donde Newbery tiene un altercado muy famoso. Cuando va a entrar al cabaret, el Turco Záncano, un guapo del  900 que había perdido protagonismo entre el malevaje, le hace una zancadilla y cuando éste cae al suelo le dice: El Niño Jorgito ha batido el récord de bajura. Newbery se levanta tranquilamente y con una docena de piñas de estilo pugilístico, manda al guapo al hospital. Este episodio inspirará a Celedonio Esteban Flores a escribir el tango Corrientes y Esmeralda que en uno de sus párrafos expresa: –Amainaron guapos junto a tus ochavas, cuando un elegante los calzó de cross….

En febrero de 1914 bate el récord mundial de altura con 6.225 metros en su avión Morane mejorado, aunque sólo le homologan 6.110 metros, por cuestiones meteorológicas.

 

En plenos preparativos para cruzar en avión la Cordillera de Los Andes (por su obsesión de aventuras ya la había recorrido a pie y en mula) viaja a Mendoza, para estudiar las condiciones meteorológicas y geográficas de la zona.

Dicen que al salir del hotel donde había almorzado con el gobernador Rufino Ortega y, ante el pedido de un grupo de damas, el domingo (de carnaval) 1º de marzo de 1914, decide mostrar algunas piruetas que había aprendido en su reciente estadía en Europa. Como no tenía su avión se sube al avión Morane de su amigo Teodoro Fels, junto con Benjamín Tito Giménez Lastra y, aunque sabía que el avión se inclinaba de manera inadecuada hacia la izquierda, pues se lo había comentado su dueño, Newbery comienza, pese a todo, a hacer una rutina de acrobacias para su público, que en gran cantidad lo alentaba desde tierra. Al intentar hacer el looping, un círculo que el escape del avión dibuja en el aire y en cuya cumbre los pilotos sienten esa experiencia extraordinaria de ver el mundo al revés, terminó en el tirabuzón mortal, que clavó la hélice del Morane contra el suelo de la estancia de Los Tamarindos, perdiendo así la vida.

Con toda justicia, Newbery fue considerado, junto a la aviadora Carola Lorenzini, que también encontró la muerte en forma parecida, como los más altos exponentes de nuestra aviación civil.

El entierro de Newbery se realizó en el cementerio de La Chacarita tras una verdadera peregrinación, según cuentan los diarios de la época, acompañado por 50.000 personas que admiraban al primer ídolo de la era moderna de nuestro país. Belisario Roldán fue el encargado de despedir sus restos expresando: –Ha caído para siempre el que tenía el corazón abierto a todas las emociones puras, y la mano lista para todas las lealtades; el que no necesitó dejar de ser bueno para ser glorioso.

Podemos decir que Newbery encarnó al primer héroe nacional moderno, como tiempo después lo serían Yrigoyen, Gardel, Evita y Perón, quienes también fueron despedidos con el llanto honesto de su pueblo. Cada vez que el Pueblo llora por uno de sus hijos, es porque se ha ido una persona de bien.

La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires para homenajear al primer sportman de nuestro país, por unanimidad, sancionó el 7 de diciembre del año 1990, la Ordenanza Nº 44.481, por la cual se instituye todos los años el premio Jorge Newbery a los mejores deportistas de la Ciudad de Buenos Aires. Y también se creó, dependiente de la Secretaría de Cultura de la Nación, el Instituto Nacional Newberiano en homenaje al impulsor de las actividades aeronáuticas en el país.

En 1903, cuado el gobierno municipal propuso colocar bajo administración comunal la provisión de energía eléctrica a la ciudad de Buenos Aires, ( lo cual, necesariamente, le hacía entrar en conflicto con las compañías extranjeras que explotaban ese servicio). Newbery tomó parte rápidamente en esa polémica y escribió un largo artículo, publicado en tres partes durante el primer semestre de 1904, en números sucesivos de sus Anales, por la Sociedad Científica Argentina. En ese trabajo, Newbery expone un concepto en boga en EE.UU: la propiedad pública integra el patrimonio de cada uno de los ciudadanos; la comuna, dice, constituye una sociedad cooperativa anónima y cada residente de la ciudad es un tenedor de títulos. Asi, Newbery se manifiesta partidario de la intervención decidida del Estado en materia energética.

En 1904, quedó a cargo de la cátedra de electrotecnia en la Escuela Industrial de la Nación y de inmediato, viajó a Sant Louis, Estados Unidos, donde asistió al Congreso Internacional de Electricidad reencontrandose con su antiguo maestro Tomás Edison.

En sus trabajos, publicados por la Sociedad Científica Argentina, se advierte en Newbery su obsesión por el desarrollo industrial y energético, y por incorporar a la Argentina todos los avances en ese sentido. También se entrevé en esos artículos su formación laica y cientificista.

Hacia 1907, la compañía Auer aplicó el tungsteno, por primera vez, a la producción de una lámpara eléctrica, en reemplazo del filamento de carbón creado por Edison. El tungsteno era entonces desconocido en la Argentina, y fue Jorge Newbery quien trajo la noticia de su existencia y uso

Pocos meses después, le llegaron informes del descubrimiento de un yacimiento petrolífero en las afueras de Comodoro Rivadavia. Newbery discutió largamente la cuestión con su amigo Justino Thierry, profesor de química en el Colegio Militar y jefe del laboratorio en la Dirección de Alumbrado, comenzó la redacción de un libro sobre la cuestión. En 1910, al reunirse en Buenos Aires el Congreso Científico Internacional Americano, Newbery y Thierry presentaron un libro de casi 300 páginas: El petróleo. Allí hicieron esbozo de las ideas desarrolladas más tarde por otro amigo de Newbery, Enrique Mosconi. Propugnaron la creación, mediante leyes especiales, de reservas estatales en toda zona potencialmente petrolera. El Estado, decían, debía rodear con toda clase de garantías su facultad de explotar hidrocarburos.

Publicación de UPCN Capital Federal

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El Ingeniero Jorge Newbery

Fuente: “Jorge Newbery 1875-1914 – el fundador”,
Instituto Argentino de Historia Aeronautica Jorge Newbery y
“Algunas declaraciones y opiniones sobre su personalidad y obra”
por el brigadier mayor ( R) César A. Guasco.

El precursor

Jorge Newbery saludando a unos amigos antes de subir al Albatros.Cuarenta ascensiones en globo en tres años. Cruce del estuario del Plata. Récord sudamericano de altura y de distancia. Newbery sin embargo anda errabundo, callado. Hay otros cielos que ganar. Hacia el oeste se yergue una piedra infinita, una cadena de montañas de las más altas del universo. Del otro lado trascienden preparativos para transponerlas. ¿Quién lo hará primero? ¿La Argentina o Chile?

No cruzaré la Cordillera en globo“, desmiente Newbery ante el requerimiento periodístico. Ya en esos días habían arribado a Buenos Aires los primeros aviadores extranjeros con sus frágiles aparatos, a divulgar entre nosotros la novedad “del vuelo mecánico”. A partir de ese momento, Jorge Newbery divide sus amores entre el esférico y el aeroplano, pero ha de llegar el instante en que todo su ardimiento y su potencia los brinde al nuevo navío del aire que tiene la ventaja de la conducción gobernable.

Realiza las primeras prácticas en un monoplano Blériot en el aeródromo de Villa Lugano, en el año del Centenario. Y el 20 de junio de 1910 recibe su diploma. Es el número 8 de la lista de aviadores argentinos de la Federación Aeronáutica Internacional.

A impulsos de la iniciativa privada, el Poder Ejecutivo de la Nación suscribe, el 10 de agosto de 1912, un decreto creando la Escuela de Aviación Militar, sobre el ofrecimiento de Newbery, quien en nombre del Aero Club Argentino coloca a disposición del Ministerio de Guerra, libre de todo costo, su parque aerostático: siete esféricos, gas, instructores.

Es un día de júbilo. ¡Qué lejos el desaliento y escepticismo de los días en que el globo Pampero se internaba en la penumbra! A punta de energía e intrepidez han remontado la tragedia, el desbande, para mantener y avivar el núcleo inicial. En la dirección de la Escuela son nombrados Newbery junto con los tenientes coroneles Martín J. López y Enrique Mosconi. Así es como aparecen por primera vez, ligados en la acción común, dos argentinos ilustres –Newbery y Mosconi– padres virtuales de la aviación argentina. Pues Mosconi sería, siete años después, el primer director del Servicio Aeronáutico del Ejército, en una época en que la aviación militar no existía como organización independiente. Y ello lo llevaría a plantearse el autoabastecimiento en materia de petróleo, para que volaran los aviones.

La tarea sin embargo no es fácil. No hay dinero oficial para dotar a la Escuela de Aviación Militar del instrumental y los aparatos necesarios. No obstante, allí donde levantan vuelo los curiosos aeroplanos, se congrega una romería: vienen padres con los chicos, familias enteras, y señalan con el dedo a los héroes de la jornada. Ahí va Jorge Newbery; aquel es Mascías; aquel Escola; este Castaibert; este Fels. El mayor Luisoni lanza la iniciativa y nuestro prócer la recoge: apelar al pueblo para adquirir una flotilla de aviones. Así se constituye la Comisión Central Recolectora de Fondos Pro Flotilla Aero Militar Argentina, que presiden el barón Antonio de Marchi y el ingeniero Jorge Newbery. Se emite un millón y medio de postales alegóricas que son adquiridas por el pueblo, sin distinción de sectores sociales. Si el presupuesto oficial carece de partidas, en el bolsillo del pobre hay una moneda para comprar una postal (impresas por resolución del ministro de Guerra, gratuitamente), y distintas empresas, diversas sociedades y algunos particulares rivalizan en sus donaciones, las que son aceptadas por la Comisión Central nombrada más arriba.

Donaciones todas que fueron ofrecidas al Superior Gobierno de la Nación por intermedio del Aero Club Argentino, Sociedad Sportiva Argentina o directamente por la Comisión Central aludida. De la multiplicación de donaciones surgió la primera Flotilla Aérea Militar.

Newbery es como siempre el alma de la Comisión. Busca el concurso de los militares, sobre todo de aquellos que lucen el cuello y la bocamanga de terciopelo negro, es decir del arma de Ingenieros. Entre sus colaboradores más activos resalta el teniente coronel Mosconi, que años después estructurará la quinta arma y creará Y.P.F..

El Albatros estrelladoLa siembra de la Escuela brinda su cosecha: el 25 de mayo de 1913, el público asistente al desfile militar que se realiza en el Hipódromo Argentino contempla maravillado el paso de la primera escuadrilla militar que haya surcado en formación el cielo de Buenos Aires. Al frente de los cuatro aviones, como director del vuelo, el ídolo popular, el caballero del aire admirado por todos: Jorge Newbery.

Meses después, el 12 de noviembre, se nombra a los ingenieros Jorge Newbery y Alberto R. Mascías –por decreto– primeros aviadores militares.

Poco más tarde, Jorge Newbery supera el récord de altura sudamericano al alcanzar los 4.178 metros. Todos saludan con alborozo el hecho insólito. Pero Newbery no queda satisfecho. Para realizar lo que se propone –atravesar el grandioso macizo andino– debe sobrepasar los cinco mil metros. Entretanto, hay que aguardar el nuevo mes de marzo, el más favorable para el cruce. Le quedan nueve meses por delante.

Idolo popular

Jorge Newbery sobre el Albatros.Sin quererlo, sin proponérselo, Jorge Newbery llegó a ser ídolo de su pueblo. El primer ídolo de la multitud porteña, ídolo popular. Idolatría es el cultivo de falsos dioses según la definición estrictamente académica. Pero en su acepción vulgar es, también, pasión vehemente, amor exaltado hacia alguna persona. Ese amor sin fronteras hace al ídolo. El pueblo deposita en el ídolo lo mejor de sí, encarna en él todo lo que quisiera ser, simboliza lo heroico, el coraje, el desinterés, la grandeza. Esa exaltación eleva al ídolo a la categoría de ser sobrenatural. Y Newbery llegó a significar para el pueblo porteño precisamente eso: un ser sobrenatural. Cada vez que llegaba a la Sportiva para emprender un vuelo en globo, la multitud se apiñaba a contemplarlo como en éxtasis. Los chicos daban vueltas en su torno, las mujeres le dedicaban sus miradas más desfallecientes, los hombres su admiración más encendida. Newbery, el impávido conquistador del espacio expresaba el arrojo, el coraje. Newbery, con su eterna sonrisa, siempre alegre, con su desplante de varón recio, que salía a lo alto, a tutearse, a conversar mano a mano con los dioses.

Hasta entonces había ídolos políticos. Alem, que al poner fin a su vida exaltó la imaginación popular creando la leyenda. Bartolomé Mitre, que se paseaba por la calle Florida arrastrando su gloria aún escasamente discutida. Pero los ídolos políticos no concitaban el amor vehemente del conjunto. Estaban los fanáticos partidistas. Pero también los adversarios que odiaban y vituperaban al ídolo, con tanta o mayor fuerza que sus adoradores. Por encima de ellos vino Jorge a unanimizar las voluntades, la vehemencia, el calor abrasador, la idolatría. Nadie lo discutía. Todos vivían pendientes de sus actos, de sus proyectos, de sus andanzas. Al margen quizá quedaban algunos intelectuales enamorados de la palabra, que decían envidiosos de su popularidad: “es un deportista“, con amarga hostilidad. Esa acentuación despectiva se ha prolongado hasta nuestros días, con una evidente subestimación de valores. Ajustemos los términos para apreciar en qué medida a Newbery no le cabía el desdén pues no era un ocioso que hacía deporte para quemar grasas.

Newbery partía de un estilo de vida, de una estética, del cultivo del cuerpo tal como lo querían los griegos. La práctica del deporte supone autodominio de la personal naturaleza, mejoramiento de sí mismo, un prepararse para otras empresas. No hay mejor camino para dominar a la Naturaleza que acatar sus leyes. Y, Newbery comenzaba por obedecer el mandato de su propio ritmo interior. El que le marcaba su exuberancia. Porque la vida en él se desbordaba latente en su sangre en sus impulsos, en sus entregas. Y él quería disponer esa exuberancia para los demás, para sus amigos, para sus compatriotas, para el ámbito criollo que rodeaba sus días, ese pedazo de la humanidad que era su patria. Era un deportista cabal que empezaba por ser él mismo actor del juego, el actor principal, el protagonista.

En la idolatría de la gente sencilla hacia Newbery latía también admiración por todo aquello que le estaba vedado intentar. Era admiración mezclada con envidia. Pero no la envidia malsana, nostálgica del bien ajeno, sino la sustentada en una apetencia honesta de emulación.

La inmensa mayoría oteaba el nuevo espectáculo de este lado del Riachuelo o detrás de los muros de la quinta de Delcasse, alejada pero no ajena. Pues cuando se le ofrecía la oportunidad alertaba su interés y su pasión. Esa multitud descubrió a Newbery. Y lo hizo su ídolo. El primer ídolo popular criollo. Y, si algo faltaba para fijar esa idolatría y proyectarla en las generaciones venideras, un domingo de Carnaval se estrelló con el pequeño avión de su amigo Fels en Los Tamarindos. Esa suerte de esguince trágico, en plena madurez, lo fijó para siempre con su eterna sonrisa en el corazón multitudinario. Pareciera que los ídolos –para serlos del todo– debieran morir jóvenes y en circunstancias fatales. Así le sucedió a Newbery.

La gloria

Jorge Newbery delante del MoraneEl 4 de julio de 1913 parte a Europa en el vapor Asturias. En París difunde todo lo hecho en la Argentina en materia de aviación. Realiza exhibiciones, vuela con los famosos Garrós, Legagneux y Morane. El teniente coronel Mosconi y el poeta Leopoldo Lugones han de ser testigos de sus demostraciones en tierra extranjera.

Regresa a Buenos Aires, el 14 de enero de 1914, con dos motores de 80 caballos de fuerza construidos de acuerdo con sus instrucciones para su Morane Saulnier. Y el 10 de febrero bate el récord de altura al ascender a 6.225 metros. Más que el récord le ha preocupado alcanzar la altura necesaria para el cruce de la Cordillera. Ahora sabe que la travesía es posible, sólo falta fijarle fecha. El domingo 22 de febrero viaja a Mendoza con su amigo el aviador Benjamín Giménez Lastra. Allí se encuentra con Fels y los tres juntos excursionan la región andina realizando observaciones meteorológicas. Prepara todos los detalles de su vuelo con la observación y el estudio.

El primer domingo de marzo de 1914 está pronto a retornar a Buenos Aires para traer su avión que ha quedado allí y ejecutar el cruce. El gobernador Ortega le ofrece un almuerzo. Por la tarde regresa al hotel. Varias damas que ha conocido en Buenos Aires lo rodean. Quieren verlo volar. Newbery acepta hacerlo en el avión de Fels. Asciende acompañado con su amigo Tito Giménez Lastra. Al iniciar un looping el aparato cabrea en forma anormal. Se inclina peligrosamente sobre el ala izquierda. Aferrado al comando Newbery maniobra para enderezarlo. El Morane cae como una hoja en vuelto en el viento andino. Casi sobre el suelo, Newbery corta contacto al motor, intentando al mismo tiempo enderezar el aparato. Cree ver que las crestas del macizo andino lo observan con ojos desafiantes. Y así, con la sonrisa en los labios, con esa sonrisa de aliento y confianza que le conocían sus amigos, el héroe, el pionero, el explorador del aire, se hunde en la tierra. En la eternidad. Los cóndores andinos, desde las cúpulas de los picachos, son testigos perplejos del derrumbe.

Cerca de una acequia de riego, como osamenta inútil, un montón de hierros y telas retorcidos. Sobre la hierba, un pañuelo manchado de sangre. Es el de Jorge Newbery. Atardece el primero de marzo de 1914.

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Perfiles
PIONERO DE LA AVIACION Y LUCHADOR ANTIMONOPOLISTA
JORGE NEWBERY

Por: Emilio J. Corbière

‘… Por esto a la menor tentativa de reparación en favor del público perjudicado basta para que pongan el grito en el cielo. Para ellos no hay razones; el único Norte que les guía es el lucro; sabiendo de esta esfera, todo es malo; simple iniciación de cualquier proyecto que tienda a mejorar la situación de la comunidad que tanto los favorece, siempre que ello amenace

tocar en lo más mínimo sus intereses, basta y sobra para que cierren sus puertas a la más clara razón. De ahí ha nacido el monopolio de la electricidad y la unión entre las compañías de gas que hoy nos dominan a tal punto y de tal manera que nos vemos precisados a soportar con estoica resignación todo el imperio que emana de su tiranía’.
Jorge Newbery (1904)

Jorge Newbery está ligado íntimamente al surgimiento de la aviación argentina. Aventurero, dandy, fue sin embargo un hombre de ideas definida sen cuanto al futuro argentino y muchas de sus concepciones nacionales suelen ser olvidadas por la crónica periodística y los panegiristas superficiales, deslumbrados solo por el aspecto heroico de la vida de Newbery.

El 13 de enero de 1908, por inspiración de los hermanos Newbery, fue creado el Aeroclub Argentino, que coincidió -pocos días antes- con la primera ascensión y vuelo del Pampero, un globo de algodón con una capacidad de 1200 metros cúbicos de gas. La subida del legendario pampero, primera experiencia aerostática cumplida en la Argentina, en el día de Navidad de 1907, constituyó un hecho trascendental para la aeronáutica nacional.

Jorge Newbery, su hermano Eduardo y Aarón de Anchorena figuran entre los pioneros de la aviación argentina, y la crónica también señala a hombres como el diputado socialista Alfredo L. Palacios y el actor teatral Florencio Parraviccini entre los que viajaron en aquellos primitivos transportes aéreos.

Aquel 25 de diciembre de 1907, el globo -inflado con gas de alumbrado- ascendió piloteado por Aarón de Anchorena -su propietario- y Jorge Newbery desde la Sociedad Sportiva Argentina de Palermo. Tras cruzar el Río de la Plata habiéndolo ascendido a 2000 metros, el globo aterrizó en Conchillas, departamento de Colonia, Uruguay.

Diez meses después de aquella proeza -el 17 de octubre de 1908- , el globo se perdió, probablemente en aguas del Atlántico. Lo tripulaban en esa oportunidad Eduardo Newbery y el sargento primero Eduardo Romero y había levantado vuelo desde la quinta Los Ombúes, de Ernesto A. Tornquist. Desde allí, el globo partió a las 17:30 horas avistándoselo por última vez a las 12 del mismo día del ascenso sobre la localidad bonaerense de Moreno.

Todavía puede verse, recorriendo las páginas de Caras y Caretas, a los hermanos Newbery junto al Pampero, a don Alfredo L. Palacios, con su rancho de paja encasquetado en la cabeza, o la sonrisa mefistofélica del inefable ‘Parra’, que logró, años después, el brevet de aviador número dos en el país.

Newbery colocó el Aero Club, sus instalaciones, su parque aerostático (siete esféricos, gas, instrucciones) a disposición del Ministro de Guerra. Sobre la base de este ofrecimiento el Poder Ejecutivo creó la Escuela Militar de Aviación el 10 de agosto de 1912.

AL entregar la escuela, Newbery afirmó en presencia del ministro de Guerra, general Gregorio Vélez: ‘Debe reconocerse que éste es un día fausto para el Aero Club Argentino. Cuando lo fundamos en 1908 uno de los propósitos establecidos en los estatutos era crear la escuela de Aerostación del Ejército. Pero antes de poder realizar esta patriótica idea fue menester ejecutar serios trabajos que tuvieron la aprobación, no tan solo de nuestras instituciones armadas, sino también del extranjero. Que el programa se ha cumplido esta reunión lo evidencia. El estudio de las capas atmosféricas y nuestra seriedad sportiva nos mereció primeramente el alto honor del Congreso Aeronáutico de París, de 1910, incorporándose a la Federación de Aeronáutica Internacional, entidad deportiva que gobierna la aeronáutica mundial’.

‘Ella ha formado y es asesora técnica de la aeronáutica militar de los principales países del Viejo Mundo, Que hemos merecido también un estimable concepto de nuestros compatriotas lo prueba el entusiasmo producido en hombres progresistas y estudiosos, y con la ayuda de otros para todas las causas dignas de apoyo. El decreto firmado por el Presidente de la Nación, refrendado por Vuestra Excelencia aceptando nuestra iniciativa y elementos, creando la Escuela de Aeronáutica Militar, cuya dirección se nos confía temporariamente es también la demostración más elocuente de que hemos llenado nuestros propósitos primordiales’.

Como director técnico y profesor de teoría de aviación de la Escuela, Jorge Newbery se transformo en el ‘alma mater’ de la reciente aviación argentina, y a su tesón de debe también la creación en El Palomar de la Escuela de aviación. Por todo ello, la Fuerza Aérea lo declararía, años después, fundador de la nueva institución militar.

Una vida plena

Jorge Newbery había nacido en la Capital Federal el 29 de marzo de 1875, cursó sus estudios de bachiller en el Colegio Nacional. Sintiendo vocación por la mecánica, después de obtener el título de ingeniero se trasladó a los Estados Unidos, diplomándose en la universidad de Drexel, Filadelfia. Prestó sus servicios un año después como ingeniero electricista en la compañía de luz y tracción del Río de la Plata.

En 1897 fue nombrado como ingeniero electricista de primera clase en la Armada Nacional. Al año siguiente fue ascendido y enviado a Europa como comisionado especial con el objeto de comprar e investigar la construcción del material eléctrico para la Marina y defensa de las costas. Al retirarse de la armada asumió la dirección municipal de instalaciones eléctricas y alumbrado puesto que ocupaba antes de morir.

Viajó varias veces a Europa y como allí era conocido por sus diversas actividades deportivas, una de sus principales preocupaciones fue hacer conocer el adelanto alcanzado en breve tiempo por el vuelo mecánico en nuestro país y los trabajos realizados por el Aero Club Argentino.

En los aeródromos de Hendon (Inglaterra), Johannistal (Alemania) y en muchos de Francia, tuvo ocasión de efectuar de efectuar numerosos vuelos, mereciendo sus exhibiciones la más franca aprobación de los entendidos del Viejo Mundo y varios artículos de los principales diarios y revistas de esos países.

Dio conferencias sobre la importancia científica de vuelo de altura, en el instituto Tiffel de París. Despertó especial interés por ser la primera vez que se trataba este tema, debido al carácter profesional de la mayoría de los aviadores franceses quienes guardaban secretos de la ascensión para mantener la competencia.

Boxeador, esgrimista, remero, en todos los deportes sobresalió por su empuje y su preparación física y moral. Y esa vida del deporte no le impidió ejercer brillantemente su profesión de ingeniero, y participar de las grandes luchas nacionales contra los monopolios extranjeros. En ese sentido su trabajo sobre la municipalización del servicio de alumbrado y la nacionalización del servicio de gas, constituyen dos contribuciones fundamentales, en los primeros años del siglo, enderezados a la defensa de nuestro patrimonio energético.

Un hombre de la causa nacional

Resulta de interés reproducir una página de Jorge Newbery donde reseñó su pensamiento antimonopolista y su inquietud por los negocios públicos. Se trata de sus consideraciones generales sobre la municipalización del servicio de alumbrado, reproducido en los Anales de la Sociedad Científica Argentina (Tomo LVII primer semestre de 1904)*. No fueron sus únicos trabajos en esta línea: también debe mencionarse la municipalización de los servicios públicos (1904) y el anteproyecto para la explotación de la corriente eléctrica y del gas en el municipio de la Capital federal (1908).

En el primero de esos trabajos, afirmaba Newbery: ‘La historia de la formación de los pueblos nos pone de manifiesto los grandes errores en que casi siempre se ha incurrido, cada vez que se ha introducido un nuevo progreso, un adelanto cualquiera tendiente a beneficiar la comunidad. El deseo natural, apoyado por la necesidad relativa de llenar un servicio, ha originado la existencia de las liberales concesiones que hoy están en manos de la especulación, No se trató entonces de fijar un límite al deseo de la mejora ni se pensó en el porvenir, sino tan sólo en las circunstancias del momento. No se tomó en cuenta que la civilización transforma en necesidades imprescindibles lo que en un principio sólo reviste el carácter de una mera aspiración’.

‘Nada más justo, entonces, que la iniciación de la campaña provocada; ella se imponía. Hemos llegado a la edad de la razón. Las ingentes sumas que han ido a parar a las arcas del capital privado nos ha aleccionado y nos ha hecho palpar la conveniencia de la reacción. Esa innovación será un hecho, aun cuando para ello habrá que chocar seguramente con grandes dificultades. No es difícil prever la guerra que se iniciará, ha de ser sin cuartel’.

‘Sin ir más lejos, el grito de la crítica, ha llegado hasta sostener la incompetencia de la autoridad para regentear y presidir la complicada administración que impone de por sí la existencia, o más bien dicho, la realización del proyecto. No ha vacilado tampoco en manifestar su seguridad, de que ella sería un foco de corrupción administrativa, donde reinaría el desquicio y la desorganización con su consecuente resultado final: el fracaso’.

‘Más aquellos que tal cosa sostienen, ignoran seguramente que las simples aseveraciones, por dogmas que sean, sin pruebas y como caídas del cielo, no tienen valor alguno científico, porque son puras hipótesis gratuitas. Por otra parte, ¿es posible admitir que en asuntos de esta índole pueda discurrirse sin basarse en la ciencia prescindiendo de las enseñanzas administradas por la práctica? No; la tesis de que no podemos ni sabemos administrar que es la más seria y absurda, pues además de probar la práctica todo lo contrario, como se verá, aunque sea en otro terreno, equivaldría negarnos la virtud cívica, desconocemos aptitudes morales, intelectuales que nadie nos ha desconocido hasta la fecha, Ante todo existe un medio poderoso para defendernos con éxito, de caer en la corrupción que se presagia, que es otro de los cargos , y ello es, llamar al seno de la comisión o autoridad a quien se confíe el manejo del capital, la realización del proyecto y después su mantenimiento, a hombres de bien y de reconocida competencia, de posición independiente, con los cuales el éxito se asegurará. No deberá salirse de esta vía ni un solo instante, si es que no se quiere dar una ventaja indiscutible a los que, por hoy, podemos llamar nuestros enemigos’.

 

 Artículo publicado en ARGENPRESS.info – Prensa argentina para el mundo.

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