SARMIENTO, Domingo Faustino – Personaje recordado del mes: Enero 2008.

enero 1st, 2008

Domingo Faustino Sarmiento Sarmiento, hombre de convicciones y de acción. Sarmiento trabajó por la educación para el desarrollo del país y su gente.

Domingo Faustino Sarmiento nació en San Juan -República Argentina- el 15 de febrero de 1811, y murió en Asunción del Paraguay, el 11 de septiembre de 1888. Fue político, pedagogo, escritor, docente, periodista, estadista y militar; gobernador de la Provincia de San Juan entre 1862 y 1864, y presidente de la República Argentina entre 1868 y 1874. Y se destacó por su lucha en favor de la educación y del desarrollo de la ciencia.

EL PROYECTO DE UN PAÍS EN MARCHA

Adriana De Muro – Investigadora, Museo Histórico Sarmiento

En la Argentina, hacia mediados del siglo XIX, la agricultura era una actividad poco desarrollada debido a la escasez de capitales y de brazos, a lo que se sumaba la sistemática oposición de los latifundistas que no deseaban la proliferación de campesinos en las proximidades de sus estancias. Pero el auge que tomaron la ciencia y la técnica hizo que también la agricultura se viera beneficiada por ellas y esto permitió aumentar las cosechas, disminuyendo costos e incentivando a los productores para llevar a la práctica los adelantos que se ponían a su alcance. Todo estaba por hacerse y había que combatir el atraso agrícola desde varios frentes.

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Acciones de Sarmiento a favor del agro

Sarmiento fue uno de los argentinos que más trabajó para hacer crecer la producción agrícola y lograr que fuese una actividad complementaria de la ganadera. Desde la función pública alentó el tendido de alambrados, la plantación de árboles para atenuar los efectos del viento y la sequía, la formación de docentes en temas agronómicos para que luego actuaran como agentes multiplicadores en la difusión de estos conocimientos, la realización de exposiciones agro-industriales, la facilitación del ingreso de labradores desde el exterior y la incentivación del cultivo de cereales y forrajeras con vistas a cubrir el mercado interno y hacer crecer la exportación de los excedentes, para proveer al país de importantes recursos. Sostuvo la idea de que los agricultores debían trabajar sus propias parcelas y propuso la venta de tierras públicas con ese fin.

La apertura de la Oficina Meteorológica Argentina en 1872 fue otro de sus logros. Tuvo como principal objetivo la necesidad de estudiar el clima para volcar ese saber a favor del agro.

Profesores competentes de colegios nacionales, escuelas normales y agronómicas de todo el país fueron provistos de instrumentos de medición para enviar regularmente a la Oficina, a través de las líneas telegráficas, los datos referidos a las variaciones de temperatura, humedad, presión y régimen de lluvias de sus respectivas regiones.

Detalle de la escultura de Auguste Rodin inaugurada el 25-5-1900 en el Parque 3 de Febrero. Paseo en el Parque 3 de Febrero, en Bs.As. Sarmiento pensó en parques cruzados por modernas avenidas.

El Parque 3 de Febrero fue creado por iniciativa de Sarmiento, en 1874, como un espacio recreativo abierto a toda la comunidad. En él dispuso la plantación de una gran variedad de árboles traídos de todo el país y también del exterior. Carlos Thays instaló allí, dos décadas más tarde, el Jardín Botánico como archivo de plantas y laboratorio de investigación.

Durante este periodo se multiplicaron los jardines públicos, no sólo por razones estéticas sino también por salubridad y especialmente en Buenos Aires, los terrenos que estaban próximos a espacios verdes, acrecentaron mucho su valor. Paisajistas, horticultores y jardineros, venidos en su mayoría desde Francia, difundieron en ellos su arte.

Las redes ferroviarias y la agricultura

La Porteña,histórica primera locomotora en la Argentina. Ejemplo de la convicción de Sarmiento en el ferrocarril.

Los primeros ferrocarriles fueron fundamentales para hacer que la Argentina se convirtiera en un creciente exportador de cereales. El Gran Sur y el Oeste se extendieron sobre zonas productoras de granos.

Zona productora de granos con maquinaria a vapor.

Más tarde el Central Argentino al unir Rosario con Córdoba en 1871 y esta ciudad con Tucumán en 1876, impulsó el desarrollo agropecuario de las provincias del noroeste, abaratando los fletes y permitiendo acercar al puerto de Buenos Aires la producción de sus plantaciones e ingenios.

Creciente importancia de la agricultura

Al inaugurarse, el Departamento de Agricultura se instaló dentro del edificio de la Capitanía de Puertos, pero las oficinas resultaron estrechas. Por eso, en 1882, el Congreso Nacional acordó aumentar los recursos de la dependencia e instalarla en una casa construida expresamente. La misma fue dotada de personal técnico y de una imprenta, para realizar allí sus trabajos de propaganda.

Revista número 2, Setiembre 2004 “La ciencia y la tecnología en el proyecto de una nación”. Páginas 17 y 18.

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LA EDUCACIÓN, un proceso que no termina nunca.

Editado por el diario Clarín, el 11 de septiembre de 2006, en Crónicas de la Historia, Suplemento de historia argentina.

A los 12 años, Sarmiento había demostrado ser un excelente alumno en la Escuela de la Patria. Corría el año 1823 cuando Bernardino Rivadavia crea un colegio en el que gratuitamente recibirían educación, ropa y alimentos seis jóvenes de cada provincia. Don José Clemente eleva la solicitud pidiendo una vacante para su hijo, pero en la selección no fue favorecido. Apeló, pero sin resultados.

Aquella frustración de Sarmiento marcará su vida. Hará todo lo que esté a su alcance para que toda la población llegue a la escuela. Siguiendo en esto la línea de pensamiento de Manuel Belgrano y José de San Martín., era conciente de la importancia que tenía la educación pública para el crecimiento de una nación y desarrollo de sus habitantes.

Dice de su tío José de Oro: “A él le debo mi consagración al estudio de las cosas de mi país, de que nunca pudieron distraerme ni la pobreza, ni el destierro, ni la ausencia de largos años”. Junto a Oro, en 1826, crea su primera escuela en San Francisco del Monte, San Luis, con siete alumnos, todos mayores que él. Así toma contacto con su vocación.

Escuela de San Francisco del Monte, en San Luis.

 

A los 28 años creó el Colegio de Señoritas de Santa Rosa, en San Juan, y desde entonces trató de impulsar la formación de la mujer en todos los ámbitos, combatiendo la idea, muy difundida, de que la mujer estaba destinada solamente a las tareas domésticas.

Diferencias políticas con el gobierno de Juan Manuel de Rosas y sus aliados en Cuyo lo llevarán al exilio en Chile, donde continuará con su tarea educativa, llegando a ocupar cargos oficiales del gobierno chileno. El país vecino le encarga que recorra diferentes países de Europa y América para estudiar sus sistemas educativos y, a partir de eso, mejorar la calidad de la enseñanza en Chile.

Sarmiento reflejó sus experiencias adquiridas en distintos viajes.

El resultado de esta larga gira se verá reflejado en el primer todomo de “Viajes” (1849), donde narra con un sentido agudo, inteligente y ameno sus experiencias. Ese mismo año escribe “Educación Popular”, un texto que expresa su propuesta de extender y mejorar la producción de conocimientos.

Sarmiento expone su propuesta:mejorar la producción de conocimientos. Un Sarmiento relativamente joven.

 

 

Regresará al país en 1851 y volverá a irse en 1852, después del derrocamiento de Juan Manuel de Rosas. En 1855 se radica en Buenos Aires y, a partir de entonces, Sarmiento ocupará distintos cargos públicos relacionados con la educación.

Logró que el gobierno de Buenos Aires elevara el presupuesto educativo de 20.000 a 70.000 pesos.

En realidad él había solicitado un presupuesto mínimo de 200.000 pesos, pero lamentablemente, en esa época como en tantas otras de nuestra historia, la mayor parte del presupuesto nacional estaba destinado a dos rubros que se consideraban prioritarios: gastos militares y pago de la deuda externa.

Entre 1862 y 1864, como gobernador de la provincia de San Juan, pudo llevar adelante algunos de sus proyectos, como decretar la enseñanza primaria obligatoria, crear un colegio nacional para mil alumnos y desarrollar la Escuela de Señoritas, dedicada a la formación de mujeres en el magisterio.

Durante su presidencia, entre 1868 y 1874, dará un gran impulso a la educación, transformándola en uno de los pilares de su obra de gobierno.

Se inauguraron unas 800 escuelas y el número de alumnos de todo el país pasó de 30.000 a 100.000.

Le dio mucha importancia a la modernización de los planes de estudio y para eso contrató especialistas extranjeros, sobre todo de los Estados Unidos, país por el que sentía una profunda admiración. Caso paradigmático fue el de su amiga y colaboradora Mary Peabody Mann.

El aprendizaje de Sarmiento y sus reflexiones.En Ambas Américas,editada en Nueva York.

Sarmiento, además, fue uno de los primeros en plantear que la educación es un proceso permanente que nunca termina, para lo cual había que proveer a la gente de los medios necesarios: establecimientos educativos y bibliotecas populares.

Terminada su presidencia siguió en la gestión pública como Director General de Escuelas de la provincia de Buenos Aires primero y luego como Superintendente General de Escuelas de la Nación.

Durante el Congreso Pedagógico de 1882, impulsó la sanción de la Ley 1.420 de Educación Común, la misma que aún nos rige y establece la educación gratuita, laica, gradual y obligatoria.

A través de ella el Estado debe garantizar a todos los habitantes del país el acceso en igualdad de condiciones a la educación primaria.

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Su asesora – El modelo americano – Mary Mann, educador norteamericana, aportó los nuevos métodos.

En 1846, mientras cumplía misiones diplomáticas en los Estados Unidos, Sarmiento conoció a la educadora Mary Mann, con quien mantuvo una estrecha amistad. Su marido, Horace Mann, tradujo el “Facundo” al inglés.

Algunas de las maestras llegadas de los Estados Unidos.

Mary colaboró con Sarmiento convocando a maestras norteamericanas para que vengan a aplicar sus novedosos métodos a nuestro país. Las maestras se trasladaron a diferentes puntos de la Argentina, aprendieron rápidamente el idioma y contribuyeron notablemente en la formación de maestros y profesores argentinos.

El libro “Mi Estimado Señor: cartas de Mary Mann a Sarmiento”, compilación de Barry Velleman, refleja la profunda relación intelectual y política que mantenían.

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EL MUNDO de SARMIENTO – ENTRE LOS SUEÑOS y la REALIDAD –

Editado en Biografías imprescindibles Clarín – Los hombres y mujeres que cambiaron el mundo – SARMIENTO el gran maestro.

Sarmiento nació un año después de la Revolución de Mayo.

Partida de nacimiento de Faustino Sarmiento,luego se sumaría “Domingo”.

La filosofía de la Ilustración, que había inspirado a los padres de la Patria, caló en lo más hondo de su corazón.

En Europa, la expansión de la industria y de la ciencia alimentaba la idea de un progreso lineal y creciente.

En América, el único modelo de desarrollo era Estados Unidos, independizado de Gran Bretaña en 1776.

En 1865, la guerra civil entre los Estados del Sur –de economía agraria y esclavistas- y los del Norte –industrialistas y liberales- había terminado con un triunfo de estos últimos.

Pero la América hispana siguió un derrotero distintos: en general, los intereses vinculados a la producción agropecuaria se impusieron a los sectores interesados en el desarrollo industrial.

Tras el fracaso del proyecto continental sostenido por José de San Martín y Simón Bolívar, la confrontación entre los distintos localismos y la implicancia de los intereses europeos –especialmente los de Inglaterra, entonces principal potencia mundial- derivó en el surgimiento de países signados por la inestabilidad y las luchas civiles.

En la Argentina, el enfrentamiento interno se libró entre dos bandos: unitarios y federales.

EL IDEARIO DE MAYO

Frente a la grandiosidad de las ideas ilustradas, las Provincias Unidas del Río de la Plata aparecían como un vasto territorio marcado por el despoblamiento, el atraso y el analfabetismo.

Identificado con el ideario de los hombres de Mayo, Sarmiento veía en esos rasgos la herencia del antiguo imperio español que, en el siglo XIX, había quedado a la zaga del progreso y el desarrollo.

Para el “Gran Sanjuanino”, el desafío era inmenso pero ineludible: ¿cómo concretar las premisas de la Ilustración en un extenso país sin un Estado centralizado y firme, sin fábricas, sin tecnología, sin caminos, sin transportes, sin escuelas e incluso sin educadores?

“La despoblación y la falta de industria –escribió Sarmiento en Argirópolis- prohijan las revueltas: poblad y cread intereses. Haced que el comercio penetre por todas partes, que mil empresas se inicien, que millones de capitales estén esperando sus productos, y crearéis un millón de sostenedores del orden”.

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UN PROYECTO PARA EL PAÍS – Presidente de la Nación -

Extraído de Crónicas de la Historia –Suplemento de la historia argentina- editado por el diario Clarín el 11 de septiembre de 2006.

Con el compromiso de continuar la política iniciada por su antecesor Bartolomé Mitre, Sarmiento debía consolidar el Estado nacional a partir de la supremacía de Buenos Aires, reforzando el poder estatal a lo largo de todo el territorio y unificándolo a través de la ampliación de las funciones del ejército y la educación.

D.F.Sarmiento con la banda presidencial. Sarmiento presidente,óleo de Eugenio Belín Sarmiento.

Sarmiento asumió la presidencia el 12 de octubre de 1868. El país enfrentaba una guerra con el Paraguay y que ya llevaba tres años sin poder resolverse y era muy impopular en las provincias, provocando incluso rebeliones como la de Felipe Varela en Catamarca y la crítica de hombres de la cultura, como Juan Bautista Alberdi y José Hernández.

Pese al derroche presupuestario que implicaba la guerra, Sarmiento pudo seguir impulsando la educación, incluso la militar, creando el Liceo Naval y el Colegio Militar.

Durante su gestión diplomática en los Estados Unidos había aprendido la importancia que tuvieron en la historia de ese país las comunicaciones.

Advirtió cómo un país comunicado se integra en un mercado interno unificado aumentando notablemente la industria y la demanda de los productos nacionales.

Esto genera más puestos de trabajo y mejora el nivel de vida de la población.

Con estas ideas fomentó la extensión de la red ferroviaria, pero no logró que las compañías británicas hicieran un trazado que comunicara a las regiones entre sí, como en los Estados Unidos.

Aquí los trenes irán directamente desde las zonas de producción hacia el puerto exportador, según las necesidades del modelo agroexportador impuesto por los británicos, sin generar desarrollo e intercambio entre las regiones del interior.

Se tendieron 5.000 kilómetros de líneas telegráficas. Modernizó el sistema de correos e inauguró en 1874 el cable transoceánico que permitió la comunicación inmediata con Europa.

En 1869 se realizó el primer censo nacional. La Argentina tenía 1.836.490 habitantes, de los cuales el 31% vivía en la provincia de Buenos Aires.

El 71% de la población era analfabeta.

Impulsó la inmigración tratando de favorecer, de acuerdo a sus ideas, la llegada de ingleses o de los países del norte de Europa y desalentando la de la Europa mediterránea (España e Italia).

En 1871 afrontó los efectos de una terrible epidemia de fiebre amarilla traída por los soldados y oficiales que regresaban del Paraguay.

El arte reflejó el drama de la fiebre amarilla durante su presidencia.

 

Murieron 14.000 personas solamente en Buenos Aires. Las familias ricas se mudaron a Barrio Norte y Recoleta, abandonando sus antiguas mansiones cercanas al puerto y a la Plaza de Mayo, que se transformaron en viviendas colectivos de alquiler para inmigrantes, llamadas popularmente “conventillos”.

Al finalizar su mandato presidencial, en 1874 apoyó la candidatura del tucumano Nicolás Avellaneda, que se transformaría a partir del 12 de octubre de ese mismo año, en su sucesor.

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SARMIENTO Y LA ASTRONOMÍA ARGENTINA

Por Alejandro Gangui – Investigador del Instituto de Astronomía y Física del Espacio. Conicet/UBA

Artículo editado el martes 24 de octubre de 2006, en el diario La Nación de Buenos Aires.

“Es anticipado o superfluo, se dice, un observatorio en pueblos nacientes y con un erario o exhausto o recargado. Y bien: yo digo que debemos renunciar al rango de nación, o al título de pueblo civilizado, si no tomamos nuestra parte en el progreso y en el movimiento de las ciencias naturales”.

Así se expresaba el 24 de octubre de 1871 el presidente de los argentinos, Domingo F. Sarmiento, al inaugurar oficialmente el entonces Observatorio Nacional Argentino, hoy Observatorio Astronómico de Córdoba.

Edición evocativa de un episodio trascendente para el conocimiento. Detalle del edificio del Observatorio, año 1871. La presencia fundamental del astrónomo Gould.

 

En 1865, en calidad de ministro del gobierno de Bartolomé Mitre, Sarmiento viaja a los Estados Unidos y allí conoce al astrónomo Benjamín Gould. Este la manifiesta su interés en realizar una expedición a nuestro país para explorar el cielo austral.

Es un encuentro afortunado, pues durante el gobierno de Mitre, pese a tener que afrontar numerosos conflictos internos y hasta la guerra con el Paraguay, se da un fuerte impulso a la organización institucional del Estado, a la justicia y a la educación. Sarmiento, al suceder a Mitre en la presidencia, continuará con esa política de gobierno.

Ya para esos años, varios observatorios del hemisferio norte habían realizado un exhaustivo relevamiento de la distribución de estrellas visibles desde aquellas latitudes, pero una cobertura completa de cielo –imprescindible para estudios estadísticos y de clasificaciones- necesitaba observatorios en el Sur.

Gould era consciente de la gran tarea que estaba pendiente y no dudó en prepararse para llevarla a cabo, aunque para ello tuviese que emigrar de su país de origen.

Fiel a sus ideas a favor del desarrollo científico, una de las primeras medidas que toma Sarmiento después de asumir la presidencia en 1868, es recomendar la creación de un observatorio nacional.

Caricatura de D.F.Sarmiento alusiva al Observatorio de Córdoba.

 

Votado por el Congreso en su primera sesión luego de esta recomendación, se encarga al ministro de la instrucción pública, Nicolás Avellaneda, que haga la invitación a Gould para organizarlo.

Llegados a Córdoba en septiembre de 1870, Gould y sus cuatro jóvenes asistentes se dedican de inmediato a las primeras observaciones –como refiere el astrónomo Enrique Chaudet, ayudados ocasionalmente sólo por anteojos de teatro para las estrellas en le límite de la visibilidad- y a la instalación de algunos instrumentos, además de tener que prestarle atención a la construcción del edificio mismo del observatorio.

Fue un trabajo minucioso: un año más tarde, unas ocho mil estrellas del futuro catálogo Uranometría argentina habían sido avistadas al menos una vez.

Catálogo con las primeras observaciones en el Hemisfero Sur.

Pero un largo y difícil camino quedaba por delante –tanto en la recopilación de datos como en su verificación- en este trabajo, sin duda alguna, el que hizo célebre al Observatorio de Córdoba con la publicación de la Uranometría en 1879. Esta reunía, entre otros varios datos importantes, las posiciones y brillos de 6755 estrellas comprendidas entre el Polo Sur y el Ecuador celestes, más 1001 adicionales de la noche boreal (por encima del Ecuador celeste) hasta los +10 grados de declinación (tal el nombre dado a la latitud sobre el cielo).

Todo esto, para estrellas cuyo brillo llega hasta la séptima magnitud (en condiciones de excelente visibilidad, el ojo humano no logra detectar más allá de la sexta magnitud; por su definición, magnitudes mayores corresponden a brillos menores)

Muchos de nosotros aprendimos que, en gran parte gracias a Sarmiento, para 1872 ya funcionaban en todo el país más de 1600 escuelas primarias.

Pero conviene no olvidar que también funcionaba un observatorio astronómico pionero, cuyos trabajos instruirían a varias generaciones de estudiosos del universos de todo el planeta.

Vista general del predio donde se levantaba el Observatorio. Portada de la revista del Museo Histórico Sarmiento,año 2006. Ese día Gould les habló a los argentinos sobre el trascendente momento.

 

Aquel 24 de octubre, Gould compartía el palco junto a Sarmiento, pero les hablaba a los habitantes de este país que tan gentilmente lo habían recibido y cuyo gobierno siempre lo había apoyado, al decir: “Cuando levantéis, señores, vuestros ojos esta noche, después de ponerse la Luna, hacia el cielo estrellado, y esforzando vuestra atención se os presenten las más pequeñas estrellas, una en pos de otra, no hallaréis ni una sola cuya posición y magnitud no esté ya registrada por alguno, sino por más de uno, de los astrónomos de vuestro Observatorio”.

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LOS COMIENZOS DE LA ASTRONOMÍA Y SARMIENTO

Resumen de la conferencia pronunciada por Santiago Paolantonio, en el Salón de Actos de la Agencia Córdoba Ciencia, ciudad de Córdoba, Argentina, en oportunidad de la X Convención de la LIADA, al cumplirse el 115 aniversario del fallecimiento del presidente Domingo Faustino Sarmiento, promotor de la ciencia moderna argentina.

“Usted, señor Sarmiento me ha atribuido el honor de haber hecho algo en pro de este país querido. Permítame contestar que es Usted y el país los que han hecho todo por mí. Cuando tuve el privilegio, veinte años hace, de entrar en relaciones con Usted y se principió en compañía de Emerson, Longfellow, Lowell. Agassiz, Pierce y la señora Mann, la amistad con la cual me ha honrado desde entonces; Usted ha sabido lo que era el colmo de mi ambición, conseguir la oportunidad de estudiar el cielo austral”.

Imagen fotográfica del Observatorio de Córdoba. Al despedir a Gould,Sarmiento elogió la magnitud de su obra. Gould también le respondió a Sarmiento en términos elogiosos.

Estas fueron las palabras con las que Benjamín A. Gould, el primer director del Observatorio Nacional Argentino, dio respuesta a los elogios pronunciados por Domingo Faustino Sarmiento durante la despedida que le organizaron eminentes personalidades argentinas en la Sociedad Geográfica, con motivo del retorno a su patria en 1885.

Daba fin de este modo al comienzo de la aventura de la ciencia argentina.

El inicio de esta historia puede identificarse con la partida del maestro Sarmiento a Chile en 1840. Durante el exilio en la hermana república, comienza a modelar las que serían sus políticas de promoción de la educación y la ciencia que llevaría a cabo durante su posterior presidencia.

En Santiago entabla amistad con el Teniente Gilliss, encargado de la expedición austral del Observatorio Naval de los EEUU, germen del Observatorio Nacional de Chile. Este marino es quien seguramente pone al tanto a Sarmiento sobre la importancia y potencialidades de la ciencia astronómica.

En su viaje a Europa y EEUU, conoce al pedagogo Horace Mann y a quien sería posteriormente una pieza clave para la concreción de las mencionadas políticas: Mary Peabody de Mann.

De regreso a la Argentina y siendo embajador en EEUU, Sarmiento entra en contacto con la elite cultural norteamericana gracias a los buenos oficios de su amiga Mary Mann.

En Cambridge, conoce al primer norteamericano doctorado en astronomía y discípulo de Gauss, Benjamín Aphtorp Gould, amigo de Mary y del Teniente Gilliss. Trabajaron juntos en la determinación del paralaje solar.

Estando el sabio al tanto de las favorables ideas que sobre la ciencia tenía el embajador, le solicita “protección” para la realización de una expedición astronómica austral similar a la que años antes llevara adelante su amigo Gilliss. La respuesta al pedido fue favorable, pero se impuso la condición de crear una institución científica permanente: el Observatorio Nacional Argentino. De este modo una expedición privada extranjera se convierte en un proyecto nacional.

En pos de mantener vivo el interés de Sarmiento, Gould lo invita a su casa a conocer su observatorio particular. Visitan la Universidad y a importantes amistades. De este modo se inicia una profunda amistad.

Ya en la presidencia Sarmiento cumple su sueño, el Observatorio es inaugurado el 24 de octubre de 1871 en la ciudad de Córdoba.

“La Docta” fue elegida por Gould haciendo caso a las recomendaciones de Gilliss y del mismo Sarmiento.

Se trataba además de una plaza favorable para el presidente desde el punto de vista político y sede de la primera universidad argentina.

La actuación de Benjamín Gould –al igual que la del naturalista alemán Burmeister- constituye un ejemplo notable de la política científica planeada en el siglo XIX.

La idea de sus gestores –Sarmiento y Avellaneda-, estaba basada en un predominio de las ciencias naturales y de la astronomía como síntesis de éstas, tal como lo expresan las palabras pronunciadas por Sarmiento en su discurso de inauguración del Observatorio Nacional:

“Y bien, yo digo que debemos renunciar al rango de nación, o al título de pueblo civilizado, si no tomamos nuestra parte en el progreso y en el movimiento de las ciencias naturales”.

El notable creador Antonio Berni y el trazo artístico para evocar a Sarmiento.

 

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SARMIENTO y LA UNIVERSIDAD CIENTÍFICA ARGENTINA.

Por Ema Cibotti – Historiadora

El 12 de Octubre de 1868, apenas asumía la presidencia de la República, Domingo Faustino Sarmiento se abocó a resolver uno de los problemas educativos que más lo desvelaban: la enseñanza de la ciencia en la Universidad.

El conocimiento científico y su enseñanza fueron política de Estado con Sarmiento. La importante figura del alemán Burmeister a quien Sarmiento admiró.

 

Contaba para ello con un primer diagnóstico realizado por el gran naturalista Carlos Germán Conrado Burmeister, el sabio alemán que dirigía el único centro de investigación científico del país: el Museo público de Buenos Aires, creado por Rivadavia. Con fecha 5 de octubre, Burmeister le escribía al presidente electo:

“No existe en la República Argentina un establecimiento que responda a esta elevada tarea. La Universidad de San Carlos en Córdoba está desposeida de catedráticos para todas las ciencias teóricas y exactas; ni las matemáticas, ni la química, ni las otras ramas de las ciencias físicas pueden estudiarse allí; como tampoco es posible en ella el estudio de la historia y de las lenguas antiguas, el griego y el latín con sus ricas literaturas, que han conservado, aun en la oscuridad de la Edad Media, la civilización entre las naciones europeas. Es este un defecto muy grande, que debe ser reparado cuanto antes, y para cooperar a la reforma que requiere, con mis débiles conocimientos me presento a Ud. Solicitando la reforma de ese establecimiento, colocándolo sobre bases que estén más en relación con las necesidades modernas y elevándolo a la altura de un verdadera Universidad”.

El presidente Sarmiento designó a Nicolás Avellaneda como Ministro de Instrucción Pública y entre ambos transformaron la Universidad de Córdoba en una nueva institución científica, foco de desarrollo de la educación superior que mirará hacia el Interior y no hacia el puerto. ¿Por qué, Córdoba? La Universidad de Buenos Aires era más moderna, pero todavía provincial, y no igualaba aún en prestigio a la de Córdoba que fundada 250 años atrás, mantenía como rémora los métodos rígidamente escolásticos de la etapa colonial. Las únicas disciplinas enseñadas era Teología, Filosofía y Derecho, y sus claustros docentes eran reactivos a toda incorporación de las ciencias.

La falta de recursos humanos fue el primer desafío a superar.

Gracias a la ley Nª 322, votada en septiembre de 1869, el Poder Ejecutivo quedó habilitado para contratar hasta veinte profesores para la enseñanza de las ciencias en la Universidad de Córdoba y en los Colegios Nacionales.

Sarmiento le encomendó a Burmesiter una importante misión en Europa.

En el mes de octubre del mismo año, Sarmiento le encomendó a Burmeister viajar a Alemania para contratar a siete profesores destinados a enseñar en la Facultad de Ciencias Matemáticas y Físicas recién fundada. La nueva unidad de estudios debía cumplir con la función docente y de investigación.

En 1872, parecía mucho el camino recorrido. En su memoria al Congreso de la Nación, el ministro Avellaneda sostuvo: “Cuando en 1870 visité por primera como Ministro la Universidad de Córdoba, la encontré reducida a un número menor de cátedras que el que le había sido atribuida por la Cédula Real de su erección. Tenía una cátedra de Filosofía, otra de Matemáticas y Física, y tres de Derecho. La Biblioteca con su escaso y antiguo catálogo, no contenía cien volúmenes que sirvieran para auxiliar eficazmente la enseñanza de los profesores”.

En 1876, el gobierno de Avellaneda, para resolver los problemas de incumbencias que se habían generado en el claustro, dividió las funciones docentes de las científicas, y separó la Facultad de la Academia. A partir de esa fecha Córdoba contará con una Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas y una Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, ambas entidades con edificio propio.

Sede de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba.

 

Fue la visión de Sarmiento y de Nicolás Avellaneda la que convirtió el problema del conocimiento científico y su enseñanza en una cuestión de gobierno, en una prioridad no sólo nacional, sino federal, en definitiva en una política de Estado.

Artículo editado en la Revista número 2 del Museo Histórico Sarmiento, Setiembre de 2004, pág. 31.

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SARMIENTO y EL PROGRESO ECONÓMICO

Por Fernando Rocchi – Universidad Torcuato Di Tella

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Una de las ideas que motorizaban la fe de Sarmiento en el futuro argentino fue la de progreso económico.

Encontraremos allí una conjunción de significados que le dan a la idea de progreso, como a toda idea que emanaba de Sarmiento, un cariz tan matizado como complejo, tan rico como fértil en posibilidades. Como ha señalado Roberto Cortés Conde, la idea de progreso económico no fue exclusiva de Sarmiento, pero sí encontró en él una adaptación a la realidad argentina, una aproximación romántica, que es difícil encontrar en otros autores. Se intentará desentrañar esta idea peculiar de progreso.

Nacido en 1811 en una San Juan que ni siquiera alcanzaba por entonces las proporciones de una gran aldea –la habitaban unas 3000 personas- Sarmiento se convirtió en uno de los personajes más cosmopolitas entre aquellos que pensaron el progreso argentino.

Por un lado, consiguió esa visión universalista con sus lecturas, en las que aparecían autores de diversos lugares, de distintos tiempos, cuyos escritos devoraba.

Por otro lado, alcanzó esa perspectiva en sus viajes, en los que veían las ideas que aparecían en los libros llevadas a la práctica.

Sarmiento evaluó en sus viajes aciertos y errores de los países visitados.

 

Sarmiento viajó, y mucho, y allí vio con sus propios ojos éxitos y fracasos, países nuevos y países viejos, desde el lejano oeste norteamericano hasta las tribus bereberes de Argelia, el occidente y el oriente, el pasado, el presente y el futuro.

En su exilio chileno Sarmiento escribió quizá los libros más destacados de su extensa obra. La caída de Rosas y su vuelta a la Argentina iban a transformarlo en un hombre de acción en su país natal.

Los años que siguieron a la batalla de Caseros tuvieron como contendientes a dos proyectos que se tensaron en sus diferencias, pero también lograron una síntesis peculiar de la que surgió la Argentina moderna: los proyectos de Alberdi y de Sarmiento.

Ambos fueron los instrumentos para alcanzar la organización argentina, el primero a través de las Bases y la Constitución Nacional, el segundo a través de una idea de progreso que convirtió a nuestro país en un modelo de movilidad social que para Sarmiento era sinónimo de democracia.

El proyecto de Sarmiento conjugaba la acumulación con la distribución desde el principio del proceso de crecimiento; tenía como motor del desarrollo de un mercado interno. Repartía al mismo tiempo que crecía la economía. Y para lograrlo la educación era el nexo clave.

La idea de progreso implicaba para Sarmiento la idea de igualdad. El progreso significaba el fin de la pobreza y el inicio de la democracia económica.

Enviado por el gobierno de Chile a fines de los años cuarenta a realizar la serie de viajes que ha hemos mencionado, Sarmiento se había desilusionado con las diferencias sociales que había visto en la vieja Europa y se había entusiasmado con la movilidad y pujanza de la sociedad norteamericana, que desde entonces se convirtió en el modelo a emular.

Por eso tuvo una sorpresa agradable cuando volvió a Buenos Aires en 1855 y encontró que, pese a la tiranía política de Rosas que había imperado hasta hacía pocos años, la sociedad había producido una democratización social que se comparaba con la Santiago de Chile de donde venía.

En una carta a Mariano de Sarratea, Sarmiento le relataba una grata visión:

“Más he hecho en examinar esta sociedad que en las fiestas de mayo está en exhibición. Estoy encantado. Buenos Aires es ya el pueblo de la América del Sur que más se acerca en sus manifestaciones exteriores a los Estados Unidos.

Mezclándose con las muchedumbres que llena completamente la plaza de la Victoria, no he encontrado pueblo, plebe, rotos. El lugar de los rotos de Chile lo ocupan millares de vascos, italianos, españoles, franceses, etc. El traje es el mismo para todas las clases, o propiamente hablando no hay clases. El gaucho abandona el poncho, y la campaña es invadida por la ciudad como esta por la Europa. En estos veinte días que he estado aquí han llegado trescientos rusos, cuatrocientos italianos, y están anunciados 600 franceses, 200 canarios, y otros tantos rusos y españoles. El salario no baja, y apenas llegan estos millares de hombres son absorbidos por la vorágine del trabajo. De aquí puede Vd. colegir qué profunda revolución se ha hecho en estos países”.

Pero a pesar de su amor por las ciudades y su tan mal usada, por muchos que hablaron sobre Sarmiento, idea de civilización y barbarie, para él era en el campo en donde se debía producir esa doble revolución de igualdad y progreso que aseguraría la democracia en medio del crecimiento económico.

Sarmiento, ese espíritu inquieto que no podía concebir la calma, le había confesado a Mitre que no imaginaba la idea de convertirse en Cincinato, aquel héroe romano que prefirió volver a su granja y dejar los cargos que le ofrecían en la ciudad Pero la misma alusión a este personaje mostraba que a Sarmiento lo obsesionaba la idea de la transformación agraria.

Elementos para mejorar la producción en el campo. Distintas máquinas utilizadas para mejorar la producción. Publicidad que ofrece la bondad de nuevos equipos.

En buena medida, como señala Natalio Botana en su biografía de Sarmiento, éste era un discípulo lejano de Jefferson. Concebía a la unidad productiva agraria como el centro de la democracia y al mundo local, al municipio, como el centro de poder. Para Sarmiento, como le comentaba en una carta a Valentín Alsina en 1847 desde los Estados Unidos:

“La aldea norteamericana es ya todo el Estado, en su gobierno civil, su prensa, sus escuelas, sus bancos, su municipalidad, su censo, su espíritu y su apariencia.”

Sarmiento con el hijo del presidente Mitre,secretario en su viaje por EEUU.

 

Y aquí, en su viaje a los Estados Unidos podemos ver que en Sarmiento la educación lograba unir el espíritu de la democracia local con el del mercado. Para ejemplificarlo usó de manera genial la imagen del aviso publicitario, que mostraba que aquel que podía leer se transformaba en lo que hoy llamaríamos un consumidor informado:

“Mi aldea tiene varios establecimientos públicos, alguna fábrica de cerveza, una panadería, varios bodegones, todos con el anuncio en letras de oro, perfectamente ejecutadas por algún fabricante de letras. Este es un punto capital. Los anuncios en los Estados Unidos son por toda la Unión una obra de arte, y la muestra más inequívoca del adelanto del país. Me he divertido en España y en toda América del Sur, examinando aquellos letreros donde los hay, hechos con caracteres raquíticos y jorobados y ostentando en errores de ortografía la ignorancia supina del artesano o aficionado que los formó. El norteamericano es un literato en materia de anuncios, y una letra chueca o gorda, o un error ortográfico expondría al locatario a ver desierto su mostrador.”.

Era en la aldea, en la localidad, donde reinaban el mercado y la democracia. Por esta razón, el proyecto sarmientito de crear un mercado interno apuntó a la agricultura, una actividad que iba a producir el trabajo que los inmigrantes necesitaban, de tal manera que nunca se produjera un exceso de inmigración. Un conflicto entre labriegos sometidos a los avatares de la ley de enfiteusis en la localidad de Chivilcoy le dio la oportunidad para poner en práctica su pensamiento cuando el gobierno del estado de Buenos Aries, en el que comenzaba a actuar, les entregó la tierra a los ocupantes. En el proyecto de ley de tierras de Chivilcoy de 1855, Sarmiento establecía la promesa de un país agrario (recordemos que hasta fines del siglo XIX la Argentina es una tierra ganadera, productora de cueros vacunos y lanas).

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Este proceso promovió una curiosidad, que era participación y encarnación de democracia. Sarmiento se refería a una verdadera “revolución económica” el interés puesto por el pueblo de Buenos Aires en la ley de tierras, como publicaba en septiembre de 1856 en el diario El Nacional, una experiencia en la que creía descubrir en el Río de la Plata una réplica de los remates de tierra que convocaban a granjeros en los Estados Unidos.

También creyó encontrar el mismo fenómeno con la fundación de Nueva Roma, cerca de Bahía Blanca, cuyo nombre y naturaleza de agrupación de colonos lo llevaba a soñar con el principio de una serie de ciudades como las que en los Estados Unidos tomaban el nombre de viejas urbes de la antigüedad clásica.

Sarmiento idealizaba al ciudadano común, el hombre de la aldea, y soñaba en crear programas e instituciones para elevar las capas más bajas de la sociedad.

Y para Sarmiento la sociedad era como una arcilla a la que había que dar forma. En esa arcilla entraba la masa de inmigrantes que llegaba por entonces a la Argentina.

La idea de educación como nexo entre progreso e igualdad aparecía entonces en la idea de formar una nueva sociedad.

Así lo decía en el mensaje del Poder Ejecutivo de la provincia de Buenos Aires sobre creación de centros agrícolas a lo largo del ferrocarril oeste en 1860: “Si Dios nos ha dado una tierra a medio hacer, la inmigración nos dará una sociedad por formar que ha de repasar sólo en la fuerza de la ley para vivir y desenvolverse”.

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El progreso no era para Sarmiento una idea sino una acción y una pasión. Como bien ha dicho Natalio Botana, no era una entidad abstracta sino una “fuerza sujeta a la inteligencia humana que cobraba forma en las escuelas, colegios, universidades, museos y observatorios, en el acceso masivo a la propiedad agrícola, en oleadas de inmigrantes que llegaban en busca del ascenso social, en el correo que sellaba con garantías inviolables la transmisión de la palabra escrita, en vapores que navegaban ríos interiores y se atrevían a surcar el océano, en ferrocarriles que atravesaban el antiguo desierto y en cables de telégrafos que achicaban distancias”.

Por esto quizá no nos sorprenda que Sarmiento no se preocupara especialmente por el déficit fiscal. Y aquí sin duda puede ser el blanco de las críticas de quienes defienden posiciones económicas más ortodoxas. Pero Sarmiento no se preocupaba en gastar cuando podía llevar adelante los proyectos que tenía en su cabeza.

Como senador del estado de Buenos Aires a fines de la década de 1850, pidió una garantía para construir el ferrocarril a San Fernando del 7% por un capital de ochocientos mil, pesos fuertes que sus colegas hallaban excesiva. Sarmiento respondió indignado que era tan poca cosa, que en Londres, un banquero a quien se le fuera a pedir esa suma, contestaría: “Vean ustedes al prestamista del barrio (…) En cuanto a mí –agregaba- no he de morirme sin ver empleados en ferrocarriles, en este país, no digo ochocientos mil, sino ochocientos millones de duros!”.

Sarmiento criticó con dureza a los opositores del ferrocarril.

 

Los senadores y la barra se echaron a reír, y Sarmiento pide que constara ese acto en las notas del taquígrafo:

“Porque necesito que las generaciones venideras sepan que para ayudar al progreso de mi país, he debido adquirir inquebrantable confianza en su porvenir. Necesito que consten esas risas, para que se sepa también con qué clase de necios ha tenido que lidiar”.

También lo mostró en su paso como gobernador de San Juan en 1862 y la política de gasto público que allí implementó, a pesar de los escasos recursos con que contaba. Estaba más preocupado por la obra pública que por la inflación o por la salud fiscal. Y no iba a perder la oportunidad de mostrarlo cuando esos recursos fueran más importantes.

Así iba a ocurrir durante su presidencia, cuando pudo plasmar su idea de progreso.

Después de su segundo viaje a los Estados Unidos volvió a la Argentina y ya como presidente visitó Chivilcoy en 1868. La utopía se había vuelto realidad; el gaucho y el inmigrante labraban su propia tierra. No sólo veía progreso material, según decía en el discurso que entonces pronunció sino que “encuentro algo más que no entraba en mi programa, y es el espíritu republicano, el sentimiento del propio gobierno, la acción municipal de los habitantes”.

Es entonces que Sarmiento se convence del fenómeno de una rápida convergencia de la Argentina hacia el mundo desarrollado.

Sarmiento y el uso de la tecnología para el bienestar.

 

Y era posible converger, en este país nuevo y emergente, sin pasar por los tiempos y las penurias de otras sociedades, porque estaba la tecnología a disposición de quien la quisiera tomar. Así se veía en la máquina de coser:

“Hoy la máquina de coser hace resonar su dulce tric trac en cada aldea del mundo civilizado. Las damas de Chivilcoy no tuvieron tiempo de aprender a coser por el método antiguo, tan nueva es esta sociedad”.

Quizá la mejor forma de hacer un balance del progreso sea mostrando la calidad y la cantidad alcanzadas en el gobierno de Sarmiento.

El espiritu de este gobierno puede verse en que, a pesar de asumir la presidencia de un país en guerra, realiza la proeza de levantar el primer censo nacional en 1869. El progreso necesitaba de los números para los diagnósticos y las soluciones.

Sin duda, el contexto internacional lo favoreció en cuanto a la posibilidad de conseguir los créditos que le iban a permitir realizar obras públicas.

Casi toda su presidencia se desenvolvió durante los brillantes años previos a la terrible crisis de 1873 que iba a sumir al mundo en más de veinte años de depresión.

Pero es necesario reconocer que aprovechó la oportunidad que le ofreció la historia.

Gastó buena parte de los créditos en obras de salubridad, en un país que sufría epidemias endémicas.

El ingreso nacional subió de 12 a 20 millones de pesos fuertes, es decir en moneda constante.

La inmigración pasó de 40 a 80 mil personas por año.

Y quizá el dato que más lo alegraba: comenzó su presidencia con 30 mil alumnos cursando estudios primarios y la terminó con 100 mil.

Pero todo le parecía poco a Sarmiento. Lo angustió la crisis que un año antes de entregarle el mando a Avellaneda. Y se alegró cuando vio, hacia 1879, que los tiempos terribles parecían haber terminado. En la década de 1880 creía que el país necesitaba un empujón para recuperarse e impulsar un progreso mayor.

En su obra Conflictos y Armonías en carta a Mary Mann Sarmiento decía en 1883:

“Desde que regresé de ese país (los Estados Unidos) hemos hecho bastante camino, dejando por lo menos de estar inmóviles con muchas otras secciones americanas, sin retroceder como algunas, a los tiempos coloniales.

Nuestros progresos, sin embargo, carecen de unidad y consistencia. Tenemos productos agrícolas y campiñas revestidas de mieses doradas cubriendo provincias enteras; nuevas industrias se han aclimatado, y ferrocarriles, vapores y telégrafos llevan la vida a las entrañas del país o la exhalan fuera de sus límites.

El gobierno, que es el constructor de estas vías, las empuja hasta donde el presente no las reclama, anticipándose al porvenir.

El crédito es el mayor de esta América, puesto que ninguna sección lo tiene empeñado en cifras tan respetables, pero cuan abundantes sean las cosechas, la proporción de aumento de un año a otro no es geométrica.

Tenemos este año la renta de 1873.

La educación común ha decrecido, y la emigración es hoy de la mitad de la cifra que alcanzó entonces. Para nuestro común atraso sudamericano avanzamos ciertamente; pero para el mundo civilizado, que marcha, nos quedamos atrás”.

Este inconformista, que tantas obras públicas le gustaba realizar y siempre le parecían pocas iba a terminar sus días con una visión más crítica respecto del endeudamiento necesario para realizarlas. Quizá había llegado a esa visión equilibrada que producen los años.

En el programa de El Censor, el 19 de diciembre de 1885, después que Argentina decretara en enero de ese mismo año el fin de la convertibilidad, Sarmiento mostraba la angustiosa complicidad en que la Argentina, con México, Ecuador, Perú y Venezuela se encontraba “acribillada de empréstitos”.

El imaginativo ex presidente sugería modificar el texto del himno nacional y decir: “Calle Esparta, su virtud; sus hazañas, Calle Roma; silencio, que al mundo asoma la gran deudora del sud”.

Pero estas palabras venían de la desazón de un país que nuevamente había entrado en crisis y se encontraba endeudado sin posibilidades de conseguir más créditos ni realizar la obra pública necesaria para el progreso que él quería.

La Argentina volvería a sufrir otra en 1890, y todavía más grave que la de 1873 o la de 1885, pero Sarmiento ya había muerto.

Sin embargo, con sus crisis recurrentes, el país se fue encaminando por una senda de progreso. El camino no fue lineal, pero sí hubo un camino. Y Sarmiento marcó uno: no cerrarse al mundo sino aprovechar las posibilidades de crédito internacional (algo que se ha hecho en la Argentina repetidamente) y gastarlo en obras de inversión que sentaran las bases del progreso.

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Artículo resumido, publicado en la Revista del Museo Histórico Sarmiento, edición Número 3, de Septiembre de 2006. Páginas 8 a 13

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LA EVOLUCIÓN DE LA CIENCIA Y LA TÉCNICA

Juan Carlos Nicolau – Ingeniero

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Durante la presidencia de Bartolomé Mitre, su ministro de gobierno Domingo F. Sarmiento, en 1865, invita a Germán Burmeister a dirigir un Museo Público de Ciencias Naturales mientras simultáneamente Gutiérrez pide su apoyo para la creación de la Sociedad Paleontológica destinada a estudiar los fósiles bonaerenses.

En ese año, se restablece en la universidad, de la cual era rector Gutiérrez, el Departamento de Ciencias Exactas, que comprende la enseñanza de las Matemáticas puras y aplicadas y de la Historia natural y a la cual se incorporan el profesor Bernardino Speluzzi de la Universidad de Milán, el ingeniero Rossetti, de Turín, y el profesor Peregrino Strôbel, conocedores de prácticamente todas las ciencias físicas y naturales.

La provincia de Córdoba fue el escenario de otros acontecimientos importantes relacionados con la ciencia, pues en esos años se efectuó la creación del Observatorio Astronómico dirigido por Benjamín A. Gould y el dictado de cursos de ciencias exactas y naturales en la antigua universidad cordobesa a cargo de varios profesores europeos.

La elección de Sarmiento para ejercer el cargo de presidente de la República significará un notable impulso al desarrollo de las producciones agrícolas e industriales.

Los viajes del sanjuanino por los países europeos y el desempeño de la embajada argentina en los Estados Unidos de Norteamérica le habían permitido comprobar los adelantos de la ciencia y la tecnología y los beneficios que de ellas se obtenían para lograr mejores condiciones de vida para el hombre.

Ilustración de una fábrica de hielo. Tecnología de avanzada para el progreso social y económico. Otro ejemplo de nueva maquinaria para el campo.

La revolución industrial, consecuencia de la aplicación de la energía que se obtenía mediante la máquina a vapor, a la producción de bienes y de las comunicaciones terrestres y marítimas, debía contribuir a la transformación de las materias primas que abundaban en nuestro suelo, y consecuentemente al desarrollo de la agricultura y la manufactura.

Si bien la primera máquina a vapor instalada en nuestro país había tenido lugar en 1847 para la molienda de harina y el bombeo de agua en las cercanías de la Plaza de Mayo, y el primer ferrocarril se echó a rodar en 1857, era necesario aplicar las nuevas tecnologías al servicio del adelanto e incremento de la riqueza económica.

Producto de esa idea surge la iniciativa de Sarmiento de realizar la Exposición de los Productos del Suelo é Industria Argentina que abre sus puertas en Córdoba el año 1871, para concretar dos fines específicos, uno introducir maquinaria moderna para el cultivo, siembra y recolección en el agro y otro alentar la manufactura de los productos primarios.

La revolución industrial que tuvo su origen en la invención de la máquina a vapor por Newcomen en 1712, continuó por una nueva innovación, el motor y el generador eléctrico de Siemens y prosigue hoy, como consecuencia del desarrollo de la electrónica y la microelectricidad. Estos avances han conducido a un mundo globalizado y a la conquista del espacio más allá de los límites terrestres.

El desarrollo de la tecnología está estrechamente vinculado a la disponibilidad de la energía producida mediante el uso del carbón y el petróleo, mientras que el próximo paso será recurrir a fuentes renovables como son el viento y la luz solar.

Artículo editado en la Revista número 2, Setiembre 2004, a cargo del Museo Histórico Sarmiento. Página 9.

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CIENCIA, TECNOLOGÍA e INDUSTRIA en la MIRADA DOCENTE

Por Cecilia Mayorga – Historiadora UBA.

Estímulos insustituibles para la innovación tecnológica y espectáculos de masas a la vez festivos y educativos, las grandes exposiciones sirvieron para organizar el mercado consumidor, para perfeccionar la industria y también para la divulgación científica y el debate intelectual.

Era lógico que Sarmiento se interesara por este tipo de grandes episodios sociales. Pero a través de su particular mirada docente, veía con especial interés el posible sentido pedagógico de las exposiciones como recursos para la presentación social de un sistema de valores útiles para la construcción de un país moderno, abierto, progresista e integrado al mundo.

Predio de la Exposición Nacional de Córdoba,1871. Edificio de la Academia Nacional de Ciencias,en Córdoba. Detalle del Observatorio Astronómico,en Córdoba.

La Exposición Nacional de Córdoba de 1871 no fue una iniciativa aislada: era parte de un conjunto de acciones que incluían el impulso al ferrocarril, a la Academia de Ciencias y al Observatorio Astronómico de Córdoba y cuya potenciación habría de valorizar el papel protagónico de la ciencia en el desarrollo de la técnica y de ambas en el surgimiento de la industria.

En ese sentido, la exposición de Córdoba, a diferencia de las de Londres o París, tendría un propósito más polémico y más didáctico. Dijo Sarmiento en su discurso inaugural: “Agrupamos aquí por la primera vez los elementos que revelan nuestro modo de ser presente, y los que mediante el trabajo, prometen medios de subsistencia para millones de habitantes en lo futuro. ¡Lección instructiva para todos! Instructiva por las riquezas que el suelo encierra y aún no han recibido forma y valor por el trabajo; instructiva por los artefactos en que se ensaya nuestra tímida industria; instructiva, en fin, por su deficiencia misma”.

Efectivamente, a diferencia de Inglaterra y de Francia, la Argentina carecía casi completamente de industria moderna y era eso, justamente, lo que deseaba poner de manifiesto. Félix Weinberg ha señalado lo novedoso de este planteo. Además de promover la agricultura y el comercio –ideas que ya estaban en los iluministas como Belgrano- Sarmiento se adelanta a auspiciar la industrialización.

Sarmiento concebía la idea de industrializar el país.

 

Indudablemente estas ideas pueden explicarse claramente dentro de un análisis del contexto intelectual del que había sido testigo durante sus viajes por Europa y los Estados Unidos, que le daban una perspectiva más amplia que la típica de las discusiones locales.

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Puerta de entrada de la Exposición de Córdoba,1871. Vista de uno de los pabellones de la Exposición. El pabellón de las máquinas despertó un interés especial.

Folleto con la ubicación de las representaciones provinciales en la muestra. El cable carril fue otro de los atractivos de la exposición. Jardín del café,en la Exposición Nacional de Córdoba.

La zona del Gran Lago conformó el predio de la Exposición. La muestra en Córdoba fue un acontecimiento económico y social. Medalla entregada como distinción a los participantes.

La exposición de Córdoba vendría a ser, entonces, la muestra de lo que existe y de lo que hace falta construir. A partir de este inventario, sería posible avanzar más fácilmente en esta construcción. Para la tarea, su línea de pensamiento estaría estructurada a través de una secuencia de tres grandes capítulos: la ciencia, la técnica y la industria, y la conexión se establecería por medio del sistema educativo y la creación de instituciones adecuadas para la investigación científica básica.

En este esquema de instauración de una política científica se insertan la creación de la Academia de Ciencias y del Observatorio Astronómico de Córdoba, la introducción de la enseñanza sistemática de las ciencias naturales en la universidad mediterránea, el posterior auspicio al Museo de La Plata y muchas otras acciones.

En cuanto a las técnicas, uno de los ejemplos más evidentes de su programa es la creación del embrión de la Escuela de Minería de San Juan, entidad educativa fuertemente ligada al mejoramiento de una sociedad local pero también a un proyecto productivo de escala nacional y a una dilatación del conocimiento universal.

Pero en ningún caso es tan clara la posición de Sarmiento en estos temas como en su oposición a la creación de lo que en esa época se llamaban escuelas de artes y oficios, es decir, internados productivos subsidiados por el tesoro.

Su oposición se funda en consideraciones económicas (aún no existía industria capaz de recibir a eventuales egresados), filosóficas (se opone al estado industrial empleador) y principalmente pedagógicas.

Estas nuevas escuelas, presuntamente destinadas a capacitar a obreros, vendrían a desviar a los niños de las escuelas comunes, reduciendo su educación universal para limitarlos a un oficio.

Las escuelas, para Sarmiento, no debían enseñar un oficio sino los principios científicos de cuya aplicación dependen los oficios.

En contra de estas escuelas de origen francés y alemán, Sarmiento sostiene que Inglaterra y Estados Unidos, los países más avanzados en materia educativa, han evitado este tipo de reducciones escolares a lo meramente utilitario. “Me he negado a poner mi firma en estas escuelas”.

En cambio, propicia el enriquecimiento de los contenidos curriculares con materias útiles para desarrollar en todos aptitudes productivas e industriales.

Por ejemplo, señala la importancia del dibujo para el mejoramiento de la producción: “La Inglaterra desconoció esta verdad hasta que la Exposición de 1867 en París se la hizo sentir de un modo humillante”; después la educación inglesa incorporó con beneficio la asignatura faltante.

La oposición de Sarmiento a la prematura especialización, tenía, además, otro fundamento de peso. En 1885, en su discurso ante la Unión Industrial, recordaba a los empresarios una presentación de obreros franceses ante su gobierno, en la cual planteaban la siguiente exigencia: “En las escuelas profesionales se evitará la división del trabajo, a fin de que el obrero en tiempo de suspensión de su arte, pueda pasar de uno a otro ramo de la misma industria”.

Estas ideas eran centrales para el ideario sarmientito en materia de educación industrial y confirman la coherencia de un proyecto modernizador que incluía la ciencia, la técnica y la industria como factores de progreso para el conjunto de la sociedad sin auspiciar su fragmentación.

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Artículo editado en la Revista del Museo (Histórico Sarmiento), correspondiente al número 2 de Septiembre de 2004. Páginas 26 y 27 – Directora de la Revista: Marta Germani.

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LA ESTADÍSTICA COMO EXPRESIÓN DE PROYECTO NACIONAL:

El Primer Censo de la República Argentina, 1869

Por Gladys Massé

El Primer Censo de la República Argentina, verificado los días 15, 16 y 17 de setiembre de 1869, constituye el hito primogénito del período estadístico en la Argentina y marca el punto de partida de la acción gubernamental de carácter oficial y nacional en esta materia.

Momento en el que los Congresos Internacionales de Estadística sientan las bases científicas que rigen los operativos censales a partir del siglo XIX, el aparato oficial argentino contribuye a diseñar, implementar y difundir la información censal, imprescindible para orientar las políticas públicas en la Argentina finisecular. En este contexto, el censo se manifiesta como el elemento estadístico oficial que contribuye a forjar desde el Estado la futura Nación que aún está en gestación.

Si bien los antecedentes históricos revelan el reconocimiento oficial respecto de la importancia que reviste la verificación regular de “censos generales” con vistas a la buena dirección del Estado y para la solución de problemas de orden político, económico y social, la historia de la estadística oficial en Argentina parte de reconocer una primera etapa, colonial e independentista previa a 1870, de la que sólo se dispone información fragmentaria y no sistemática.

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En consonancia con lo prescripto en la Constitución Nacional jurada en Santa Fe en 1853, que establece en su artículo 39 como función del gobierno nacional el realizar censos de población, antes de la asunción de Bartolomé Mitre a la presidencia (27-09-1862), el Congreso Nacional dicta una norma que ordena levantar un censo general de la población en cada una de las jurisdicciones que componen la nación.

Sin embargo, hacia 1868, han pasado ya seis años y la implementación del censo no ha podido concretarse. Superado el primer momento de tregua, epílogo de Pavón, vuelve a desatarse la guerra civil en el interior. La Guerra con el Paraguay, declarada entre este último país y las naciones signatarias del tratado de la Triple Alianza –Brasil, Argentina y Uruguay- e iniciada hacia 1865, se prolonga hasta 1870. Al finalizar el período presidencial mitrista, la ciudad de Buenos Aires enfrenta una epidemia de cólera.

No obstante ello, al poco tiempo de asumir Domingo Faustino Sarmiento a la presidencia del país (1868-1874), se dicta una nueva ley que ordena al Poder Ejecutivo presentar “en las sesiones del año 1870 o en las de 1869, si fuere posible, el censo general de la República” (Ley 260). Al año siguiente -1869- se aprueban los decretos dictados por el Poder Ejecutivo organizando la forma de proceder para la confección del censo general (Ley 302) de conformidad con lo prescrito en la ley de setiembre de 1862.

Sarmiento realiza el postergado Primer Censo en la Argentina.

De esta manera, el Primer Censo de la República Argentina se lleva finalmente a cabo durante los días martes 15, miércoles 16 y jueves 17 de setiembre de 1869. El mismo tiene como objetivo primordial relevar a la población que compone el entonces Estado Nacional de manera simultánea y homogénea. En ellos reside fundamentalmente su relevancia. Unos tres años después de realizado el operativo, en 1872, se difunden sus resultados. Los datos censales arrojan una población total de 1.877.490 habitantes.

Cabe aclarar que hacia 1869, el Estado Nacional mantiene una línea de frontera inestable –en algunas partes sometida a los conflictos con los pueblos indígenas- y no controla la totalidad del territorio que abarca la actual República Argentina. En consecuencia, desde el punto de vista técnico, la cobertura censal se ve constreñida a alcanzar a la población residente en territorios controlados por el Estado (catorce provincias y cuatro territorios no colonizados) y a estimar aquella radicada en áreas no dominadas por el gobierno nacional.

La trascendencia que adquiere la implementación sincrónica del relevamiento se concreta en los hechos a partir de “crear un plan especial para que el trabajo sea uniforme, simultáneo y exacto”. Es forzoso “crear para el censo funcionarios especiales, estipendiados y responsables, aleccionados uniformemente para la ejecución de los trabajos, reconociendo un solo centro directivo y abarcando con el apoyo respectivo de los Estados todos los ámbitos de la nación”.

Sarmiento encaró la realización del primer censo en la Argentina.

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Por primera vez en el país se aplica de manera homogénea a toda la población un número de variables básicas y elementales en todas sus investigaciones, principalmente las relativas a las condiciones personales de sus habitantes.

La cantidad de preguntas incluidas en el cuestionario censal asciende a un total de nueve y su contenido remite a relevar las características demográficas básicas (sexo, edad, estado civil, lugar de nacimiento), educación (sabe leer y escribir; va a la escuela para las personas entre 6 y 14 años), ocupación (profesión o medio de vida) e incluye además un apartado sobre condiciones especiales de algunos empadronados.

A partir de la pregunta lugar de nacimiento, el primer censo nacional capta el stock de la población no nativa relevada en el lugar de llegada. Reflejo del modelo liberal que sustenta la concreción del idearios civilizador a partir de la vertiginosa afluencia de mano de obra extranjera, en su mayoría europea, y su posterior integración a la sociedad receptora, su medición busca representar saldos positivos o negativos de población para cada una de las jurisdicciones del país, en el que los desplazamientos obedecen siempre a la atracción que ejercen los lugares más promisorios –la Argentina con respecto a Europa, el Litoral con respecto al Interior-.

La preocupación por investigar el nivel educativo de la población refiere a uno de los aspectos más acabados de la concebida “riqueza moral” de la sociedad, cuyo desarrollo resulta clave como vehículo de su progreso indefinido.

En tanto, otro de los aspectos que interesa sobremanera versa sobre el conocimiento de la “riqueza material” del país mensurada a partir de las ocupaciones de las personas. Estas últimas aluden al medio de vida u oficio habitual del individuo, cuyo enfoque otorga una medida de la calidad y de las habilidades presentes en la población.

Por otra parte, las inquietudes del Estado argentino se reflejan en la incorporación de preguntas específicas que permiten conocer las condiciones específicas de la población potencialmente demandante de políticas pùblicas.

En virtud de los enfrentamientos militares –externos e internos- y las epidemias a las que ha estado sujeta la población, interesa cuantificar por ejemplo a las personas con discapacidad.

Sin embargo, dentro del conjunto poblacional con condiciones especiales, junto a categorías conceptuales que remiten al ámbito de la salud –sordomudos, ciegos, inválidos en acción de guerra o por accidente, dementes, cretinos, imbéciles, estúpidos, opas, con bocio o coto- se incluyen también categorías de índole social tales como huérfanos de padre o de madre, ilegítimos y amancebadas.

El censo de 1869 no incorpora las preguntas relativas a raza o color de la población que sí contenían los padrones del periodo colonial. Por su parte, la población indígena constituye una especie de colectivo indiferenciado que, o bien es tan sólo estimada, o bien es incorporada a los territorios controlados por el Estado y por ende pierden existencial real. Quienes sustentan en los hechos la consolidación de la ideología liberal civilizadora a partir de la impronta que le impone la inmigración europea a la sociedad argentina de los siglos XIX y XX, se esfuerzan por mostrar que la Argentina es un país blanco y culturalmente homogéneo.

En síntesis, el censo contribuye a plasmar un concepto de homogeneidad simbólica que involucra una masa poblacional heterogénea y multiétnica.

Demografía y sociedad – El progreso de la población en cifras –

Censo…………..1869……………… Censo 1895

Total………….. 1.877.490………. 4.094.911

Argentinos…. 1.531.360………. 2.950.384

Alfabetos………. 360.683………. 1.479.704

Abogados……………… 459…………….. 1.506

Dentistas………………… 28………………… 134

Arquitectos…………….. 70…………………. 896

Cirujanos………………… 15……………….. 1.648

Editado en la Revista número 2, septiembre 2004. Páginas 29 y 30.

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COMPRENDER LA INMIGRACIÓN, UNA ASIGNATURA PENDIENTE

Por Ema Cibotti - Historiadora

Vincular a Sarmiento con la inmigración es un lugar común para quienes investigan la historia social argentina de la segunda mitad del siglo XIX. En efecto, aunque no fue el padre del apotegma: gobernar es poblar, sí es cierto que dedicó una parte de sus escritos periodísticos a proyectar el fenómeno y a analizar sus resultados.

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Antes de ingresar al análisis de los orígenes del vínculo entre Sarmiento y los inmigrantes, conviene arrojar algunos datos sumarios sobre el desarrollo demográfico del país….

Recién creada bajo las formas constitucionales de la República, la Argentina presentaba una situación, sin duda, precaria.

En efecto, en 1869, mientras el país apenas alcanzaba pñoco más de 1.700.000 habitantes, Chile sumaba dos millones de personas y el Brasil, con diez millones superaba en cinco veces a su despoblado vecino.

Lo único que permitió revertir esta tendencia fue sin lugar a dudas el aluvión de recién llegados que inundó campos y ciudades y mostró su resultado en apenas una generación.

En 1895 el país había cuadruplicado su número. Este crecimiento vertiginoso fue otra vez evidente en el tercer Censo Nacional de 1914, que registró un tercio de extranjeros sobre el total de 7.885.237 habitantes.

En la Capital, la población ascendía al millón y medio de habitantes y los extranjeros representaban más del 60% de la población ocupada mayor de 14 años.

La estimación total para el país de 1920 proyectó otro fenomenal salto, la cifra trepó a 8.700.000 habitantes, de los cuales el 24% era inmigrante.

Con estos indicadores demográficos la Argentina demostró hacia 1920, que no sólo duplicaba holgadamente la población de Chile, que registraba un total de 3.750.000 habitantes, sino que también acortaba la brecha demográfica con el Brasil. El gigante vecino orillaba los 30 millones de habitantes. En definitiva, a lo largo de medio siglo, la inmigración aportó el 60% del crecimiento poblacional del país, que superó así ampliamente el promedio demográfico de la región.

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En 1855, Sarmiento escribió en su diario, El Nacional: “De que haya millares de franceses en estos parajes, no resulta que haya una Francia con intereses, gustos y predilecciones franceses, un pueblo que hable francés y requiera diarios franceses. En despecho de la tendencia de la diplomacia y de los ensayos del diario, el francés, el español, el inglés, viven en Buenos Aires de la vida argentina y aun de sus preocupaciones políticas y sociales”.

Sarmiento enumera los beneficios de la inmigración.

 

La utopía sarmientina confiaba en que la voluntad de participar de la res publica transformaría naturalmente al inmigrante, propietario, trabajador, labrador industrioso y fabricante, en todos los casos, contribuyente y productor, en un sujeto de derecho político mediante la nacionalización.

Todavía a comienzos de los años 1880, esperaba ese concurso político, sobre todo de parte de los italianos, a la sazón la colectividad más numerosa de la Capital que se multiplicaba sin cesar.

De hecho a fines de esa década, representaba más del 30% de los 430.000 habitantes que tenía la ciudad.

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Recién en 1910 el país legal y el país real se dieron la mano e hicieron de la necesidad una virtud con la sanción de la Ley de sufragio universal, secreto y obligatorio de 1912.

El corolario de ese proceso es muy conocido: los hijos de los inmigrantes, portadores de apellidos inequívocamente extranjeros, llegaron al Congreso, ocuparon sitiales en la administración pública y por cierto, también alcanzaron la primera magistratura de la República.

Bastó una generación para que se venturoso cursus honores republicano comenzara a cumplirse. Era la Argentina de los años 20

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Resumen del artículo editado en la Revista número 3 del Museo Histórico Sarmiento, páginas 14 a 17.

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SARMIENTO y LA BUENOS AIRES del OCHENTA

Por Gustavo Brandariz – Universidad de Buenos Aires

Fue Domingo Faustino Sarmiento la personalidad más activa e influyente en la Argentina del siglo XIX. Nacido en 1811, maestro a los catorce años de edad, destacado miembro de la generación romántica del ´37, periodista, político exiliado, escritor notable ya en 1845, erudito propulsor de la educación a partir de 1849, gobernante desde los primeros días de la Organización Nacional, presidente de la República entre 1868 y 1874…, era ya en 1880 una figura consular.

Pese a ello –o gracias a ello-, su pensamiento fue muy influyente en los debates que, a partir de ese año, sirvieron para definir rumbos y tendencias posteriores para el país y para la ciudad de Buenos Aires, que ya no eran el sueño casi utópico de unos intelectuales patriota sino una realidad pujante y potente que en poco tiempo más se contaría “en el número de las naciones llamadas a vivir, crecer y multiplicarse”, como diría Bartolomé Mitre en 1901.

Si es válido el “método de las generaciones” Sarmiento fue un hombre del ´37 y también del ´80.

Nacido en San Juan

“He nacido en una provincia ignorante y atrasada…”: así describía a su querida San Juan. Pero en aquella provincia ya había focos de progreso, incluso dentro de un mundo todavía colonial. Su propia madre era un ejemplo de un nuevo espíritu emprendedor: “La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción…”; esa casa fue, en gran medida un mensaje progresista para su infancia y adolescencia. De ella aprendió a pensar que el ambiente podía mejorar y con él mejoraban la vida humana y la sociedad.

1884,última visita de Sarmiento a San Juan.Se alojó 20 días en su casa natal. Previo a su paso por San Juan,hizo su última visita a Chile,1884. Con proyectos,visitó una estancia en Junín,a los 73 años,1884.

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Sarmiento en Cosmópolis

Cuando Sarmiento llega a Buenos Aires, la ciudad, aún estática, muestra apenas unas pocas imágenes: sobre el paisaje chato y colonial sólo recortan el cielo los campanarios de las iglesias y la torre del Cabildo; la “ciudad de las Luces” es una huella fragmentaria en la Recova, el pórtico de la Catedral y poco más; el pintoresquismo se ve en las iglesias anglicana y escocesa –neogriegas- y en los pocos jardines ribereños que quedan.

Entre 1852 y 1880, Sarmiento interviene activamente en el modelado de una Buenos Aires muy distinta: en vez de los cañones del Fuerte, ahora se han construido los muelles de la Aduana Nueva y de Pasajeros: “El señor Taylor, ingeniero que me mostraba no ha mucho este trabajo, lo clasificaba diciéndome:

“El muelle es la mano que avanza Buenos Aires hacia el río para recibir la civilización que nos envía el mundo en esas naves”, dice Sarmiento en el discurso inaugural; pero agrega mucho más:

“El muelle que se construye aquí con maderas y hierro, es un trabajo moral, es una escuela de virtudes para el pueblo. Ahórrale trabajo y padecimientos inútiles; aléjalo de la naturaleza bruta, y le muestra el poder de la inteligencia del hombre” (…); y entonces, de esclavo de las necesidades duras, de vasallo del agua que era, se transforma con el muelle en hombre (…) y se siente independiente ya de la naturaleza, y rey de la creación”.

La “Gran Aldea” romántica, es una ciudad poblada de escuelas:

“Los pueblos antiguos hicieron en pirámides y mausoleos la apoteosis de lo pasado y de la muerte, ensalzando la tumba.

Los pueblos modernos principian hoy a enaltecer el porvenir y la vida, erigiendo en la escuela monumental la cuna del pueblo, donde han de crecer y desarrollarse las virtudes y las dotes sociales de todos”.

La escuela es mucho más que una institución:

“El edificio de la escuela es la escuela misma”, “la escuela debe ser una exhibición permanente”, “nuestras escuelas deben ser construidas de manera que su espectáculo, obrando diariamente sobre el espíritu de los niños, eduque su gusto, su físico y sus inclinaciones”.

Con estas premisas, Sarmiento se ha lanzado a fundar 800 escuelas, cuyos edificios cada vez más importantes y eficientes van cambiando el paisaje de los barrios.

Después podrá escribir con orgullo: “La República Argentina ha agregado un edificio más al material requerido al principio para la gestión de los negocios públicos, y es la Escuela, a más de la Iglesia, a más del Cabildo”.

La “Gran Aldea” romántica no es ya una ciudad desolada: ahora tiene un gran parque público como París, Londres y Nueva York, -el Parque 3 de Febrero, inaugurado el 11 de Noviembre de 1875- y ha sido Sarmiento su propulsor:

“El Parque Tres de Febrero será, de hoy en adelante, el patrimonio del pueblo, verdadero tratamiento higiénico, que robustecerá sus miembros por el saludable ejercicio, dilatará su ánimo por el espectáculo de las perspectivas grandiosas que alcanza en todas direcciones la vista, y cultivará el bueno gusto, con la combinación de bellezas naturales y artísticas que estos dilatados jardines ofrecerán. (…) Sólo en un vasto, artístico y accesible parque, el pueblo será pueblo; sólo aquí no habrá ni extranjeros, ni nacionales, ni plebeyos…”.

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Sarmiento en los debates urbanos

Sarmiento ha sido concejal, constituyente, legislador, ministro, presidente…y siempre se ha ocupado con interés y firmeza de las cuestiones urbanas de Buenos Aires.

Pero en 1880 es Presidente de la República un hombre joven –el Gral. Julio A. Roca- cuya habilidad política no es grata al frontal y ya veterano Sarmiento, pese a que el nuevo mandatario lo respeta y lo admira. Hay un cambio de generación, pero hay mucho más: Sarmiento no se ha quedado en el tiempo sino que vislumbra nuevas controversias y toma partido con decisión.

Sarmiento buscó siempre superar el atraso y auspició el progreso. Sarmiento (der.) asiste a una evaluación educativa.

 

 

 

Polemista, firme defensor de la neutralidad religiosa en las escuelas, decidido batallador en todas las causas que ayudan a superar el atraso y auspiciar el progreso, Sarmiento está pensando en una ciudad moderna, con ferrocarriles, puerto, hospitales, asilos, parques higiénicos y escuelas monumentales; pero no le interesa la imposición autoritaria de un modelo urbano sino el crecimiento moral y material de la población y de su ambiente urbano y rural.

No cree en la “ingeniería social”: “No es fuerte el gobierno que pretende serlo, sino el que deja en pie todos los elementos que constituyen la fuerza de un pueblo”, escribía en 1855.

Sarmiento –opositor del intendente de Buenos Aires, Torcuato de Alvear- es el que ha hecho construir escuelas, el que inventó un parque enorme, el que ha cuidado cada detalle de higiene y belleza urbana no está de acuerdo con que la Avenida de Mayo venga a contradecir por mera voluntad política toda la herencia histórica de la ciudad: “hay de por medio una ciudad que tiene derecho a vivir”.

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Artículo editado en la Revista del Museo Histórico Sarmiento. Número 3 de Septiembre de 2006. Resumen páginas 41 a 44

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LAS TRANSFORMACIONES de BUENOS AIRES EN EL OCHENTA

Por Juan Malvicini – Museo Histórico Sarmiento

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Sarmiento y su concepto de ciudad

…No debemos dejar de mencionar que las transformaciones urbanas que se produjeron en Buenos Aires, hacia finales del siglo XIX y principios del XX, tuvieron sus raíces en las reformas rivadavianas y en las construcciones teóricas de Sarmiento.

Éste es un referente ineludible en el momento de pensar la ciudad.

Sarmiento estaba convencido de que cambiando la ciudad, se podía cambiar la sociedad, marcando así las virtudes educativas del espacio urbano.

La relación estrecha que existe entre ciudad y sociedad, lo había descubierto en su viaje por las ciudades norteamericanas…

Buenos Aires comenzó a transformarse en una ciudad moderna cuando se creó el Parque 3 de Febrero, proyecto aprobado en el Senado en 1874, a impulso de Sarmiento.

El educador pensaba que el núcleo central de la vieja ciudad –ordenado por la primitiva cuadrícula española- con calles estrechas sin espacios verdes que ahogaban a sus habitantes y con pésimas vías de comunicación, era un problema insoluble; y que la única manera de salir de esa encrucijada era crear una “nueva ciudad”, fuera del casco antiguo.

El nuevo hábitat debía tener como centro el parque de Palermo, a imagen del Central Park de Nueva York.

Ese nuevo ámbito daría como resultado el nacimiento de un nuevo ciudadano. Además la nueva ciudad optimizaría las instituciones políticas y favorecería el ejercicio cívico.

Para Sarmiento la ciudad vieja debía convertirse en la “City” –centro burocrático y comercial-, la función residencial debía desplazarse a la nueva ciudad.

Los parques europeos conocidos por Sarmiento también tuvieron un objetivo educativo y regenerador.

Palermo es el punto de partida los parques públicos de Buenos Aires. En la década del ochenta, en el momento de pensar ¿Cómo debe ser la ciudad? Y ¿Cómo debe crecer Buenos Aires?, dos corrientes de pensamiento dieron respuestas a estas preguntas.

La corriente representada por Sarmiento propuso crear una nueva ciudad, fuera del núcleo central, con enormes espacios verdes (Palermo). Ejemplo de ciudad nueva fue La Plata.

Y la corriente que podríamos calificar de intervención en el núcleo central de la ciudad, representada por Torcuato de Alvear y apoyada por el Presidente de la Nación el General Roca, y la que se impuso finalmente, modificó y transformó el antiguo núcleo central, con intervenciones urbanas puntuales. Obras emblemáticas de esta corriente de pensamiento fueron la creación de la Plaza de Mayo y la apertura de la Avenida de Mayo.

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Artículo editado en el Número 3 de la Revista del Museo Histórico Sarmiento, Septiembre 2006. Resumen páginas 31 a 33.

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EL PUEBLO de BELGRANO: capital, ciudad y barrio porteño

Por Beatriz Fernández-Orlando – Junta de Estudios Históricos de Belgrano

El 23 de noviembre de 1855, a pedido de un grupo de vecinos del Partido de San José de Flores, se formalizó la creación del Pueblo de Belgrano, por un decreto del Gobierno de Buenos Aires, en la Calera, antiguos depósitos de cal explotados por los franciscanos, ubicados en las actuales Barrancas de Belgrano.

Los límites primitivos eran las actuales calles 11 de septiembre, La Pampa, Cráter y Monroe.

En 1865 se ampliaron sus límites como Partido Judicial de Campaña hasta abarcar el perímetro de las actuales Av. General Paz, Av. De los Constituyentes, Av. Warnes y, por Scalabrini Ortiz, hasta el Río de la Plata.

En 1869, el Primer Censo Nacional registró para el Partido de Belgrano 2.760 habitantes, de los cuales 1.502 eran argentinos y 1.258 extranjeros.

En 1872 se estableció el edificio de la Casa Municipal, de acuerdo al proyecto del arquitecto Juan Antonio Buschiazzo.

A la antigua capilla de La Calera, situada sobre la actual calle La Pampa, le sucedió la importante Iglesia de la Inmaculada Concepción, inaugurada el 8 de diciembre de 1878, sobre planos de los arquitectos Nicolás y José Canale y concluida por el Arq. Juan Antonio Buschiazzo.

Por decreto de 1880, confirmado por la Ley Nª 1.029, se declaró a Belgrano Capital Provisoria de la Nación como residencia de las autoridades nacionales que, encabezadas por el presidente Nicolás Avellaneda, sesionaron en el edificio que actualmente ocupa el Museo Histórico Sarmiento y allí sancionaron la Ley de Federalización.

Imagen actual del Museo Histórico Sarmiento.Barrio de Belgrano. Galería exterior del Museo con busto de Sarmiento. Entrada principal del Museo recordatorio.

Durante 4 meses, de junio a octubre de 1880, Belgrano ostentó esa categoría, y a su vez el pueblo fue elevado a Ciudad en 1883.

En 1888 el Poder Ejecutivo Nacional aprobó la incorporación de los Partidos de Flores y Belgrano a la Ciudad de Buenos Aires, extendiendo ésta sus límites.

El Edificio Municipal

Como Belgrano carecía de un edificio fiscal que sirviera de sede a la Comisión Municipal, se decidió levantar una sede propia frente a la plaza.

La Casa Municipal se inauguró oficialmente el 8 de diciembre de 1872, con un baile popular.

Durante los sucesos políticos de 1880, el gobierno nacional se trasladó a Belgrano y, desde junio hasta octubre, fijó el edificio municipal como sede para sus deliberaciones.

En el Salón Principal se aprobó la Ley de Federalización de Buenos Aires, que la declaraba Capital de la Nación, el 21 de septiembre de 1880.

En 1938 el edificio pasó a ser el Museo Sarmiento. En 1880 se declaró allí a BsAs,capital argentina.

 

El 11 de septiembre de 1938 abrió sus puertas como Museo Histórico Sarmiento. Su patrimonio consiste en los objetos, muebles, biblioteca y archivo pertenecientes a Domingo Faustino Sarmiento, donados por sus nietos al Estado. Además contiene piezas pertenecientes a las colecciones de Augusto Belín Sarmiento y de los descendientes de Nicolás Avellaneda.

El Pueblo de Belgrano

Era un lugar de quintas, huertas y calles mal empedradas donde sólo sobresalía los importantes edificios de la Casa Municipal, la Iglesia de la Inmaculada Concepción, conocida como “La Redonda” y sus escuelas, todos frente a la plaza, aún sin monumento.

Los congresales que integraron el Congreso de Belgrano llegaron a caballo o en carruajes, que ataban en los palenques de la plaza. También en tren, que llegaba al bajo, o en embarcaciones, hasta el pie de las Barrancas.

Se alojaron en casas de amigos o en pensiones familiares o en el Hotel Watson, situado frente a la plaza, junto al templo parroquial, que era propiedad de Don Tomás Watson, ciudadano inglés funcionario del ferrocarril. Se comía en fondas o en el mismo hotel, donde por las noches se jugaba a los naipes y se charlaba en ese invierno frío y lluvioso.

En 1881, el pueblo tenía 6.054 habitantes, y de ellos, 994 eran niños que concurrían a alguna de las siete escuelas que funcionaban.

El pueblo contaba con diligencias y tranvías hasta Plaza de Mayo, estación de ferrocarril, cementerio, dos periódicos, Biblioteca Pública e iluminación a gas alrededor de la plaza.

El congreso de Belgrano

Instalado por el presidente Avellaneda en Belgrano, se reunió con sus ministros en la Casa Municipal y, mediante un decreto, declaró al pueblo “residencia de las autoridades de la Nación”.

Al llegar a Belgrano, Avellaneda se instaló inicialmente en el Hotel Watson. Días después, el presidente pasó a ser huésped de la familia Astigueta, cuya casa se alzaba en la esquina de Echeverría y Vuelta de Obligado.

Belgrano era entonces un lugar de quintas cuyos edificios importantes rodeaban la plaza: la iglesia redonda, la casa municipal y la escuela graduada, 994 alumnos concurrían a sus 7 escuelas fiscales y 3 privadas. Había 2 hospitales, un banco y 49 casas de comercio.

El presidente Avellaneda y los congresales comenzaron a reunirse en el edificio municipal, hoy Museo Histórico Sarmiento, desde junio de 1880.

Diariamente sesionaron en este Salón Histórico, con asientos prestados por vecinos e instituciones, hasta llegar a la sanción definitiva de la ley propuesta por Avellaneda.

Visitantes al Congreso de Belgrano, por una o dos jornadas, fueron los ex Presidentes de la Nación Bartolomé Mitre y Domingo F. Sarmiento, además de militares y representantes diplomáticos extranjeros que venían a averiguar el estado de las deliberaciones sobre la federalización de Buenos Aires.

Concluida la difícil empresa de darle sede definitiva al Gobierno Federal, y aprobada, sancionada y promulgada el 21 de septiembre la Ley 1.029 que declaraba Capital de la República a la Ciudad de Buenos Aires, para mostrarse huésped agradecido, el Congreso acordó destinar 4.000 pesos fuertes para la adquisición de un reloj público, reparar las calles y mejorar la plaza principal, así como otros 1.000 pesos fuertes para el Consejo Escolar y la Biblioteca Popular y 2.000 para la conclusión del templo parroquial.

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Sarmiento en Belgrano

La segunda gestión escolar de Sarmiento comenzó en 1875 al asumir la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires. Designó como secretario a Adolfo Saldías, colaborador tenaz y amigo constante del sanjuanino.

Saldías poseía una propiedad en Belgrano, muy cerca de la estación ferroviaria que ahora se denomina “Belgrano C”. Cuenta Saldías de Sarmiento:

“Los domingos solía honrarme con su visita. Llevaba un buen libro o me decía que lo esperase con un libro nuevo. En pláticas y lecturas amenísimas para mí, pasaban breves las horas”.

No se sabe cuántas veces Belgrano recibió a Sarmiento con motivo de sus visitas a Saldías.

Tampoco se puede asegurar que llegara en ferrocarril (existente desde 1862) o en el tranvía tirado a caballos que, desde 1873, unía Plaza de Mayo con las Barrancas de Belgrano.

En octubre de 1876, Sarmiento viajó a Tucumán, acompañanado al presidente Avellaneda para inaugurar esa línea férrea.

Cuando el tren pasó junto al pueblo de Belgrano, Sarmiento contó su impresión en una nota periodística:

“El hipódromo se divisa a lo lejos, y el “domo” de Belgrano en país tan llano, domina la escena como la cúpula de San Pedro” (el domo era la Iglesia de la Inmaculada Concepción).

Iglesia de la Inmaculada Concepción vista desde el tren por Sarmiento.Y Hotel Watson.

 

 

El diario “La Nación”, en su edición del miércoles 9 de junio de 1880, después de haberse instalado el presidente Avellaneda en la Municipalidad de Belgrano, informó:

“El General Sarmiento fue ayer a Belgrano, en donde se vio con el Dr. Avellaneda. Se dice que ofreció al presidente sus servicios y su espada (…) El General Sarmiento se quedó en Belgrano, durmiendo en el Hotel Watson. Ignoramos si había regresado esta mañana”.

Los belgranenses conservaron un recuerdo cálido de D. Domingo, ya que el Club Social de Belgrano solicitó que se reservara lugar para sus socios en la columna fúnebre que acompañaría sus restos a Recoleta, el 21 de septiembre de 1888.

Nota publicada en el la Revista del Museo Histórico Sarmiento, número 3 de Septiembre de 2006. Reseña que corresponde a las páginas 45 a 47.

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LA ACTUALIDAD de SARMIENTO

Por José Claudio Escribano, Redacción La Nación – Resumen del artículo publicado el viernes 21 de septiembre de 2007

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Impresiona la magnitud de lo que Sarmiento hizo por la educación popular, como un compromiso en la acción con el más democrático de los principios, el de la igualdad de oportunidades, pero también por el impulso que dio a la conciencia agraria nacional.

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Impresiona lo que Sarmiento realizó como introductor de las ciencias y de científicos –de Carlos Germán Burmeister a Benjamín Gould- y como impulsor de artes y de variados conocimientos útiles: el dibujo, el teatro, la observación astronómica. Como artífice del profesionalismo y la modernización del Ejército y de la Escuela Naval y la conformación de la flota de guerra, de la que se carecía al llegar él a la presidencia. Como impulsor de la inmigración, con la que el país despegó del atraso y la ignorancia aupado en un crisol de razas.

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Imagen del muelle de Bs.As.,al arribo de los restos de Sarmiento.

Los restos de Sarmiento arribaron al puerto de Buenos Aires el 21 de septiembre de 1888, a bordo de la torpedera Maipú. Esperaban allí el presidente Juárez Celman y los ministros, los senadores, los diputados, los jueces y –derramándose hasta donde alcanzaba la vista, por el Paseo de Julio y las calles adyacentes, en balcones y terrazas, el pueblo, congregado en todas sus clases bajo la lluvia intensa.

Residencia de Sarmiento en Paraguay,donde falleció. Esta foto tan difundida tomada al día siguiente de su deceso. El tintero de Sarmiento,un símbolo del pensador y escritor.

 

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Bajo relieve que muestra a Sarmiento y su vinculación con la educación. Precisiones sobre la obra que puede verse a la izq.de esta imagen. Sentencia emblemática de Sarmiento,en francés.

Los restos de Sarmiento debieron ser transferidos primero a una falúa, para poder luego bajarlos a tierra. Mientras las tropas que rendían honores se apostaban a lo largo del Paseo de Julio, hoy Leandro Alem, se adelantó en el muelle para hablar el ministro del Interior, Eduardo Wilde.

Dijo que la ambición de Sarmiento había sido “el orden, su fantasma la anarquía y su intensa preocupación librar a los argentinos de caudillos y demagogos”.

Luego llegó el turno del vicepresidente de la Nación, Carlos Pellegrini, que habló en nombre del Senado.

Pellegrini anotició a la posteridad sobre cómo se evaluaba, antes de haberse cumplido un siglo de la Revolución de Mayo, el desempeño de los principales arquitectos de la nacionalidad.

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El orador hizo después la comparación que ha llegado a nuestros días: atribuyó a Sarmiento haber dispuestos de las alas de un cóndor para haber volado tan alto y haberse atrevido a tanto. Martínez Estrada diría más tarde que quien procuraba enseñar, en medio de la anarquía y el desorden, por qué Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos de América eran lo que eran, había opuesto nada menos que “la guerra a la guerra, el libro a la tacuara, la imprenta a la montonera…”

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Sarmiento había nacido en San Juan, en 1811. Salvo la revolución, estaba todo por hacerse.

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…invocar con la fuerza de un programa renovado de gobierno:”…seguridad individual, respeto de la propiedad, responsabilidad de la autoridad, equilibrio de los poderes, educación pública…”

Esta última fue su más rotunda obsesión. A los 15 años ya estaba en San Francisco del Monte, San Luis, al frente de su primera escuela. Todavía en 1868 –año en que asumió la presidencia de la Nación después de haber sido militar, concejal, legislador provincial, ministro, constituyente, gobernador, y cumplido misiones diplomáticas en Chile, Perú y los Estados Unidos- el setenta por ciento de la población del país ignoraba cómo leer y escribir.

Se debe a su persistencia la fundación de más de ochocientas escuelas. La apertura de instituciones de la trascendencia de la primera escuela normal de América latina, en Chile, por dos veces asiento de las tristezas del destierro. Las escuelas normales de Paraná y Concepción del Uruguay y, entre otros colegios nacionales, los de Santiago del Estero y Corrientes. El Observatorio Astronómico y la Facultad de Ciencias de Córdoba, el Boletín Oficial, las bibliotecas populares que prodigó al país.

Fue honrado con un doctorado honoris causa por la Universidad de Michigan, y de su amistad con los educadores Horacio Mann y su esposa, Mary Mann, derivó que vinieran al país unos setenta pedagogos norteamericanos por él contratados. Todos ellos pensaban, como los Mann, que “la educación es nuestra única solución política”, que, fuera de ella, “todo es diluvio”.

¿Hará falta añadir que soñó con los jardines que pueblan Palermo, porque soñó con grandes espacios que sirvieran no sólo para la recreación sino para la confraternidad de todas las clases sociales?¿O que no cejó en la extensión del ferrocarril y en la difusión del telégrafo y del alambrado, como medios indispensables para enhebrar y enriquecer los impulsos del crecimiento nacional?

Fue Sarmiento quien facilitó que las mujeres argentinas entraran en la modernidad. “La civilización –decía- se detiene a las puertas del hogar doméstico, cuando ellas no están preparadas para recibirla”.

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Al cabo de sesenta años entregados al bien público, Sarmiento había terminado por habituar a la Argentina a la reciedumbre de su genio, de sus arengas y artículos periodísticos, a la de esa pluma también fresca por la espontaneidad y presente en una obra ordenada en más de cincuenta tomos.

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Aquel varón de rasgos y hombros cargados, de cabeza grande y cuerpo sólido, sensible a las ternuras de la intimidad y hosco para el trato público; aquel hombre desentendido del acopio personal de riquezas materiales y sin el don de la elegancia, acaso porque todos los dones habían sido concentrados en la construcción suprema del intelecto, había vivido en un tiempo igualmente extraordinario del país.

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Vive Sarmiento en hombres y mujeres de las más diversas condiciones sociales. Vive en todos aquellos dispuestos a superar con esfuerzo y solidaridad las dificultades que se interponen en el camino compartido de la nacionalidad.

Sarmiento aún hoy,una mirada que inspira y compromete.

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Hago expreso mi agradecimiento para la realización de este homenaje a Domingo Faustino Sarmiento, a la buena voluntad de la señora Marta Gaudencio -Directora del Museo Histórico Sarmiento, mhs- y a Fabiana Dibb -responsable de prensa de dicha institución- por su orientación y buena predisposición.

En relación con el material fotográfico utilizado debo citar tres publicaciones del Museo Histórico Sarmiento; la revista AMBAS AMÉRICAS, Número 7, segunda época-mes de septiembre de 1995-;Revista TODO es HISTORIA -número 326, septiembre 1994-;Colección LOS NOMBRES DEL PODER, edición dedicada a Domingo Faustino Sarmiento, a cargo del politólogo Natalio R. Botana; y colecciones del diario La Nación y del diario Clarín: Biografías imprescindibles: Los hombres y mujeres que cambiaron el mundo, “SARMIENTO el gran maestro”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

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