BABINI, José – Personaje recordado del mes: Agosto 2007

agosto 1st, 2007

Ing. José Babini, foto Educ.ar Foto histórica, en publicación de Editorial Dunken.

José Babini, Ingeniero, matemático e Historiador de la ciencia: 1897-1984.

Luego de la biografía del Ing., Babini “Algunos recuerdos personales”, escrito por su hijo, el Arq. Nicolás Babini.

La trayectoria intelectual de José Babini

José Babini nació en Buenos Aires el 10 de mayo de 1897. Era hijo de Aristide Babini y Teresa Cortesi, ambos oriundos de Forli, Italia. Su padre, republicano mazziniano, llegó solo a la Argentina en 1890; luego arribó su mujer con las hijas. Hacia 1904 viajaron todos a Italia, donde permanecieron un año y José cursó el primer grado primario.

A su regreso a Buenos Aires concluyó la primaria en la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza y su padre intentó luego inscribirlo en la Escuela de Comercio, porque consideraba que tenía facilidad para los números y porque tenía que contribuir lo antes posible al mantenimiento de la familia, que era muy modesta: el padre trabajó toda su vida como artesano al servicio de una importante fábrica de sombreros de Buenos Aires. Al fracasar el intento paterno, por no tener la edad reglamentaria, José Babini cursó el bachillerato en el Colegio Nacional Noroeste y se empleó como cadete en una empresa constructora, cuyo propietario lo apoyó luego económicamente para que pudiera estudiar ingeniería civil. Lo hizo en la entonces Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, al mismo tiempo que cursaba Matemática y Cosmografía en el Instituto Nacional del Profesorado. Mientras cursaba ambas carreras se mantuvo dando clases a sus compañeros.

A los veinte años, cuando formaba parte de la redacción de la Revista del Centro de Estudiantes de Ingeniería, en la que publicó sus primeros artículos matemáticos, asistió a las clases que dictó Julio Rey Pastor. Los apuntes que redactó, sobre temas entonces difíciles y novedosos, llamaron la atención del gran matemático español y fueron punto de partida de una relación que se mantuvo durante toda la vida de Rey.

En 1919 se recibió de profesor y obtuvo su primera cátedra, que ejerció en el Colegio Internacional de Olivos. Ingresó también en la Sociedad Científica Argentina, en cuyos Anales publicó ese año un artículo que sería comienzo de una prolongada colaboración. Al año siguiente, poco antes de graduarse de Ingeniero Civil, fue nombrado profesor en la Facultad de Química Industrial y Agrícola de la recién creada Universidad Nacional del Litoral. Se trasladó entonces con su flamante esposa a Santa Fe, ciudad donde vivió los treinta años siguientes consagrado a sus cátedras y desplegando una intensa actividad de difusión cultural en toda la zona de influencia de la Universidad, que en esa época tenía Facultades también en Rosario, Paraná y Corrientes. Su principal instrumento fue el Departamento de extensión universitaria, cuya titularidad ejerció mucho tiempo. Trajo conferenciantes distinguidos, publicó y difundió sus trabajos, y utilizó el recurso entonces novedoso de la radiodifusión, a través de la propia emisora universitaria, primera del país.

Desde 1921, cuando fue designado Decano interino de la Facultad de Química, alternó esa actividad con el ejercicio de cargos universitarios electivos, entre ellos un fugaz Decanato de la Facultad de Ciencias de la Educación de Paraná, suprimida por la dictadura de Uriburu en 1931. Ocupó también cargos docentes en escuelas de enseñanza media, desde las cuales realizó una infructuosa campaña a favor del nombramiento de profesores diplomados, en una época en que las influencias políticas eran factores dominantes de esas designaciones.

Al mismo tiempo, alentado y apoyado por Rey Pastor desde Buenos Aires, avanzó en una carrera que lo señaló como uno de los pioneros de la renovación de la matemática en la Argentina. Aunque, como único cultor de esa disciplina en Santa Fe, la suya fue una labor solitaria, el nivel científico de sus colegas de Facultad hizo posible crear, en 1927, una Sociedad Científica de Santa Fe, que lo tuvo por principal animador y que en 1935 se convirtió en filial de la Sociedad Científica Argentina. En 1938 fue designado Vicepresidente de la Unión Matemática Argentina, que presidió luego hasta 1968, período en el cual fue responsable de sus publicaciones, que se imprimieron al comienzo en la imprenta de la propia Universidad del Litoral.

El derrocamiento del presidente Castillo y la instauración de una nueva dictadura militar en 1943, marcó un punto de inflexión en la carrera académica y la vida personal de José Babini. Ese año fue dejado cesante y luego reincorporado en sus cátedras universitarias.

En 1945 fue reelecto Decano pero al año siguiente, en vísperas de la asunción presidencial del coronel Juan D. Perón, se lo destituyó definitivamente y debió mantenerse únicamente con las cátedras del Colegio Nacional, a las que renunció en 1950 para instalarse primero en Buenos Aires y luego en la vecina localidad de Merlo, donde vivió hasta 1959.

En el período signado por las dos Presidencias de Perón (1946-1955), José Babini desplegó una intensa y múltiple actividad. Llevado por su fervor antiperonista y venciendo una acendrada vocación de apoliticismo, se afilió en 1948 al principal partido opositor de entonces, la Unión Cívica Radical, y mantuvo esa militancia cuando se mudó a Merlo. Al mismo tiempo se prodigó en cursos y conferencias, que dictó en la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. Fue también un periodo de intensa producción intelectual, en el que publicó once libros propios y seis traducciones, e infinidad de artículos y reseñas, muchos de los cuales aparecieron en La Nación y en la revista Sur, donde colaboraba desde 1937.

La caída de Perón en 1955 y su reemplazo por un gobierno de facto cívico-militar, abrió para José Babini un breve período dominado por la gestión pública. Ese año fue nombrado Interventor Reorganizador de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires y llegó a desempeñar en tal carácter el Vicerrectorado de la Universidad. Al finalizar su mandato se lo designó para organizar la Universidad Nacional del Nordeste, con sedes en Resistencia y Corrientes. En 1958 la Universidad de Buenos Aires lo nombró Director-Presidente de su flamante editorial (Eudeba) y, tras la asunción de Arturo Frondizi como Presidente, ocupó durante un año la Dirección General de Cultura del Ministerio de Educación, entre cuyas creaciones se cuentan las Ediciones Culturales Argentinas.

La renovada actividad universitaria, que incluyó un retorno a la cátedra como profesor de historia de la ciencia en la ahora Facultad de Ingeniería Química de Santa Fe y en las Facultades Ciencias Exactas y de Medicina de la U.B.A., tuvo otro busco final en 1966, cuando el derrocamiento del presidente Illia abrió un período de turbulencias políticas para el país y ostracismo universitario para José Babini, que sólo se cerraría en 1983, en vísperas de su fallecimiento, ocurrido en Buenos Aires el 18 de mayo de 1984.

Esos años fueron, sin embargo, de rica producción intelectual, reflejada principalmente en los dos intentos, que no llegaron a culminar, de publicar una historia universal de la ciencia que hubiera sido en su época la obra más importante en su género en castellano, como lo fueron en los suyos la Historia de la matemática que publicó con Rey Pastor en 1952 y el Panorama general de la historia de la ciencia donde completó con Desiderio Papp, entre 1952 y 1961, la obra que había iniciado Aldo Mieli en 1945.

La Enciclopedia de historia de la ciencia, con el sello del Centro Editor de América Latina (fundado por Boris Spivacov, que había sido el principal animador de Edudeba) quedó inconclusa cuando se habían publicado, entre 1967 y 1969, trece entregas (libros de bolsillo de un centenar de páginas) de las treinta que se habían proyectado. La Historia universal de la ciencia y la técnica, de la misma editorial, que debía constar de 66 fascículos encuadernables (a modo de revistas de 15 páginas, profusamente ilustradas), quedó reducida, en 1978, a los primeros diez. En ambos casos la suspensión de la publicación se debió a los problemas económicos de la editorial. José Babini llegó a completar la redacción de los capítulos inéditos de ambas obras, cuyos originales se conservan.

A partir de 1966, José Babini alternó la redacción de esos y otros libros, entre ellos una Historia de la medicina que se editó en España con prólogo del ilustre historiador Pedro Laín Entralgo, con la publicación de casi 150 artículos y más de 120 reseñas en diarios y revistas de distinto carácter, en algunos casos, como en los de Sur y La Semana Médica y de los diarios La Nación, Clarín y La Gaceta, éste de San Miguel de Tucumán, de forma casi permanente.

Su actividad de difusión periodística de la ciencia se remontaba a 1937, cuando, con su firma y a pedido de Eduardo Mallea, la revista Sur comenzó a publicar artículos de ese carácter.

Esta circunstancia ubicaría a Babini entre los precursores del periodismo científico en la Argentina, lo que quedaría corroborado por la existencia de un proyecto suyo de constituir un Grupo de Escritores Científicos en fecha tan temprana como 1951 (el primer seminario sobre el tema se reunió en Buenos Aires, por iniciativa de Bernardo Houssay, quince años después). Aclaramos que esta propuesta no figura en la Cronología que redactó el propio Babini, sino en una carta-circular que envió a un numeroso grupo de científicos de la época, uno de cuyos destinatarios fue Enrique Gaviola, de acuerdo con un ejemplar que se encontró en fecha reciente en el archivo de ese prestigioso investigador.

Después de 1966, Babini retomó también el papel de docente ex-cátedra que había desempeñado casi toda su vida, prodigándose en cursos y conferencias que dictó en los ámbitos más diversos. Esas disertaciones, que exponía de memoria y cautivaban a sus oyentes, trataban por lo general los temas –la historia de la ciencia en el mundo y en nuestro país- que habían ocupado a José Babini desde mediados de siglo y lo habían convertido en el máximo exponente argentino de esa disciplina.

Aunque su principal ocupación de estudioso y exclusiva de docente fue, durante casi veinte años, la investigación matemática, Babini tuvo un interés temprano por la historia de la ciencia, que se encauzó al principio en el pasado de la propia matemática. El fruto principal de esa dedicación –que se tradujo inicialmente en artículos, clases y conferencias- fue precisamente la ya citada Historia de la matemática, que escribió con Julio Rey Pastor y se publicó en 1952.

El acontecimiento que marcó su destino de historiador de la ciencia fue la puesta en marcha, en 1939 y en Santa Fe, del Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia de la Universidad Nacional del Litoral, bajo la dirección del gran historiador italiano Aldo Mieli.

Babini colaboró intensamente con Mieli hasta la supresión del Instituto, en 1943, por obra del mismo interventor universitario que lo había dejado cesante.

Para entonces, Babini ya se había interesado en la historia de la ciencia en la Argentina. El primer artículo sobre el tema data de 1938 y lo retomó seis años mas tarde, hasta culminar con la publicación de la Historia de la ciencia argentina, que editó en México en 1949 el Fondo de Cultura Económica, primera de una serie de cuatro obras similares (dos de ellas con carácter de textos escolares), que aparecieron entre 1951 y 1963, aparte de una edición póstuma de 1986. Es digno de señalar que estas obras, todavía no superadas en nuestro país, fueron compuestas en las peores condiciones posibles, sin ningún apoyo personal ni económico, cuando Babini padecía ostracismo político y le estaba negado el acceso a la cátedra universitaria.

La Bio-Bibliografía de José Babini

Durante sus últimos años, José Babini redactó una Cronología, cuyo original se conserva en el Archivo de la Biblioteca que lleva su nombre. En ella describe todo lo que hizo y escribió entre 1917 y 1984, e incluye desde su carrera docente y su obra como matemático e historiador de la ciencia, hasta charlas que dio y las opiniones que vertió a través de distintos medios de comunicación social.

 

Las anotaciones comienzan en 1917 cuando Babini, que contaba entonces veinte años y cursaba dos carreras, acababa de conocer a Julio Rey Pastor, la primera de las dos personalidades, la otra sería Aldo Mieli, que marcarían su vocación de matemático, primero, e historiador científico después.

El texto precedente lleva la firma de Nicolás Babini –cuya reproducción se publica en ésta página web con autorización del autor- y se encuentra editada en José Babini BIO-BIBLIOGRAFÍA 1897-1984, por Editorial Dunken (Primera edición: agosto 1984, y una Segunda edición, corregida y aumentada, en enero de 2001).

En la contratapa de la última edición, se aclara que dicha Bio-Bibliografía fue “concebida como obra de consulta”. Asimismo, que “puede servir a quienes se interesen en conocer la vida y la obra de quien fue el primer historiador de la ciencia argentina, y también como fuente de información sobre los logros y las vicisitudes de la cultura científica de la Argentina del siglo veinte.

Tapa del texto de referencia, Año 2001. Ed. Dunken

 

 

En la INTRODUCCIÓN de la citada edición de 2001, Nicolás Babini refiere que la Bio-bibliografía publicada es una reelaboración de la Cronología escrita por su padre (y que estaba subdividida en años) consistente en un reagrupamiento por tema de las entradas anuales.

Nicolás Babini afirma que según la  recopilación, basada en la Cronología redactada por el propio protagonista, José Babini escribió 43 libros (nueve en colaboración), de los cuales tres fueron reeditados; tradujo, revisó o editó otros 17 y dejó 16 inéditos (de los cuales se conservan doce en el Archivo Babini). Publicó más de 300 artículos, preferentemente de temas históricos, y casi 150 de temas matemáticos. Las recensiones bibliográficas y demás “reseñas” son más de 200; las “noticias” y “referencias” recogidas más de 130.

Al concluir la INTRODUCCIÓN, Nicolás Babini asegura que “quienes se preocupen en lo futuro por evaluar con rigor la obra del primer historiador de la ciencia argentina, no podrán prescindir de este marco singular si pretendieran formular un juicio justo”.

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JOSÉ BABINI Y LA FACULTAD DE QUÍMICA

Algunos recuerdos personales

Nicolás Babini

La entonces Facultad de Química Industrial y Agrícola fue una presencia constante durante mi adolescencia, en la década de 1930, porque vivíamos a una cuadra de su entrada principal por la calle Junín. Me refiero sólo a esos años, porque en 1938 me mudé a Rosario, para cursar la carrera de Arquitectura, y no regresé a Santa Fe cuando me recibí. De esa época recuerdo que mi padre tenía tres ocupaciones absorbentes: sus cátedras (en la Facultad y en el Colegio Nacional), la Extensión Universitaria de la UNL y la matemática.

Como profesor universitario cultivaba una relación con los estudiantes que no era corriente en ese ambiente. Mi casa parecía la de un profesor estadounidense o europeo, que suelen recibir a sus alumnos fuera de clase. Esa relación peculiar se manifestó en muchos planos. Los representó en los cuerpos directivos cuando los estudiantes no elegían todavía a compañeros suyos para esas funciones. Fue el garante elegido siempre por los estudiantes del interior que tenían que alquilar piezas o casas en el barrio (mi padre solía ufanarse de que nunca lo “clavaron”). Cuando los partidarios del golpe del 4 de junio de 1943 pintaron leyendas nazis en el frente de mi casa, los estudiantes de la Facultad las limpiaron al día siguiente.

En el área de Extensión Universitaria, mi padre tenía a su cargo las conferencias, las publicaciones, la imprenta y la radiodifusora LT10. Gracias a su empeño, no sólo Santa Fe sino otras ciudades del interior, pudieron escuchar a figuras como Carlos Vaz Ferreira, Francisco Romero, José Luis Romero, Vicente Fatone, Victoria Ocampo, Juan Mantovani y tantos otros, muchos de los cuales daban sus primeros pasos en disciplinas en las que luego se destacarían. Esas conferencias (a las que yo asistía religiosamente, acompañando a mi madre) aparecieron luego en folletos que son hoy testimonio de una época brillante de la cultura argentina.

Tanto de la imprenta como de la radiodifusora conservo recuerdos muy vivos. Acompañé a mi padre en visitas a la imprenta y presencié las tareas, hoy desplazadas por la electrónica, de tipógrafos, compositores e impresores. Gracias a mi padre, que nunca tuvo en cuenta la edad de sus interlocutores cuando trataba temas científicos y me trató siempre como a un adulto, aprendí a escribir a máquina, a corregir pruebas de imprenta e incluso a hablar por radio (me encargó dos conmemoraciones de músicos, Bach y Pergolesi), antes de cumplir mis quince años.

En relación indirecta con la Facultad y directa con mi aprendizaje mecanográfico, recuerdo la Sociedad Científica de Santa Fe, de la que mi padre había sido uno de los fundadores, que estaba integrada principalmente por colegas de la Facultad, cuyos nombres sabía yo de memoria porque era el encargado de escribir los sobres de la correspondencia que, también eso, estaba a cargo de mi padre.

Los tiempos libres de esa actividad que no dedicaba a pensar sus propios trabajos (lo hacía a veces caminando por toda la casa, seguido por el chico de la empleada que le llevaba el mate infaltable) estaban consagrados entonces a la matemática. Recuerdo un enorme pizarrón montado en el garaje, cubierto de ecuaciones para mí ininteligibles. Era, duele decirlo, una actividad solitaria, porque no había ningún grupo de matemáticos en la ciudad y las posibilidades de encontrarse con los contados colegas de Buenos Aires eran pocas. Sólo el apoyo invariable de Julio Rey Pastor (que era sobre todo postal, aunque nos visitó un par de veces) debió permitirle mantener esa dedicación, que no tardaría en remplazar por la historia de la ciencia, cuando llegó Aldo Mieli a Santa Fe. Pero eso ocurrió cuando hacía un año que yo vivía en Rosario.

En este cúmulo de actividades, la vida de la Facultad de Química no predominaba entre las preocupaciones domésticas. Las cuestiones suscitadas por los inevitables problemas de política interna, que debían afectarlo por su propia actuación (fue el primer Decano de la Facultad y lo fue varios años, aparte de sus cargos en el Consejo Superior), apenas trascendían en algunas conversaciones con mi madre, que para mí eran sólo mera repetición de algunos nombres conocidos.

Hasta aquí llegan mis recuerdos de esos años, en los que mi padre pudo disfrutar de un período del país de intensa vida cultural y científica, en una Facultad que era una casa de estudios y un centro de investigación, de una Universidad abierta y tolerante. Nadie podía imaginar entonces que las leyendas que infamaron mi casa en 1943 serían el presagio de una Argentina diferente.

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CV Nicolás Babini

Nicolás Babini (n. 1921) es autor de Realidad y destino de la vivienda; Enero de 1919. Los hechos y los hombres de la Semana Trágica; y Frondizi, de la oposición al gobierno (reeditado recientemente como Arturo Frondizi y la Argentina moderna. La forja de una ilusión), obras que fueron consecuencia de su militancia política entre 1945 y 1957 y su actuación posterior como Secretario Técnico y luego Subsecretario del Interior del presidente Frondizi en 1958-1959.

Publicó luego La informática en la Argentina, 1956-1966, y La Argentina y la computadora. Crónica de una frustración, que fueron las primeras publicaciones sobre la historia de la computación en nuestro país y fruto de su colaboración con Manuel Sadosky, primero en la firma de software Asesores Científico Técnicos (ACT), a partir de 1967 y luego como asesor de la Secretaría de Ciencia y Técnica, en 1984 y 1985.

Después del fallecimiento de su padre, en 1984, se dedicó a mantener abiertas al público la biblioteca y el archivo de José Babini (actualmente en la Universidad Nacional de San Martín) y a editar la revista de historia de la ciencia Saber y Tiempo que dirigió hasta el año 2005.

Síntesis cronológica 1600-1966 a cargo de Nicolás Babini.

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4 Comments Add your own

  • 1. maria pilar babini  |  septiembre 26th, 2009 at 4:00 PM

    soy pilar BABINI, fue re lindo conocer la vida de jose babini, no sabia de él mi abuelo Luis babini me dijo porque estoy estudiando matematica, soy de rio cuarto, cordoba.

  • 2. Ramón Prieto  |  febrero 2nd, 2010 at 12:25 PM

    Mira María Pilar, debe ser magnífico tener a un abuelo en su linaje de semejante talla como tienes tu. La verdad, un lujo. Esperando que te vaya bien en la vida y sabiendo hasta que punto necesita nuestra patria de gente como tu ancestro y como tu, recibe saludos sinceros, de parte de Ramón.

  • 3. myriam diner  |  diciembre 7th, 2011 at 9:11 AM

    Maria Pilar, te comento Jose Babini tuvo un solo nieto con su apellido, Pablo Babini, hijo de Nicolas, te lo aseguro porque José eas tío politico mio, casado con una hermana de mi padre.
    De sus hijas mujeres hay tres nietos, Jose Luis y Ana Rosa Diez y Nora Bonaparte, que viven en Rosario.
    Me interesaria saber como es es entonces tu parentesco.

  • 4. Natalio Schmucler  |  diciembre 15th, 2011 at 1:08 PM

    En 1968 en la Asociación de Periodistas de Buenos Aires el profesor José Babini era docente de la cátedra de Introducción a la historia de la ciencia. Había obtenido su puesto -tal como decía- en concurso público de títulos, oposición y antecedentes… Sin oposición.
    Compartí con el -también como docente- el primer año de la Escuela de Periodismo Octavio Palazzolo y muchos café en el “Paulista” Si bien mi materia era otra, asistí regularmente a sus clases por la profundidad de sus conocimientos y su amenidad.

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