SABATO, Jorge Alberto, personaje recordado – Dic.,06/Enero 07

diciembre 10th, 2006

Texto editado en homenaje a Jorge Sabato.

Físico. Nació en 1924, en la ciudad bonaerense de Rojas, y murió en la Capital Federal, año 1983.

El nombre de Jorge Alberto Sabato se liga ineludiblemente con la introducción de la metalurgia en la Argentina.

Nació en Rojas, Provincia de Buenos Aires, el 4 de junio de 1924, y en Quilmas se recibió de Maestro Normal. Como a otros jóvenes de su tiempo, un libro de Einstein puso a la física en su camino, y en 1946 ya era Profesor de Enseñanza Secundaria de esa materia. Desde el ejercicio de la docencia luchó para que la física modernizara el dictado de sus clases y logró marcar una tendencia con un libro de física básica, escrito junto a Alberto Maiztegui, que se convirtió en un clásico de las escuelas argentinas: Introducción a la Física.

El periodismo fue para él una salida en momentos de problemas económicos y pronto derivó en divulgación científica, tarea que inició cuando se terminaba la década del `40, y que no abandonaría en el resto de su vida. Ya entonces comenzó a sentir curiosidad por los procedimientos de extracción y tratamientos de los metales.

“Yo no era capaz de distinguir un pedazo de bronce de uno de cobre”, solía comentar Sabato, pero la Universidad de Birmingham (Inglaterra) se encargó de modificar esta situación. Hasta allí marchó para estudiar Metalurgia, entre 1957 y 1958, y de allí regresó en condiciones de ponerse al frente del desarrollo de la disciplina en el país.

Empezó por crear y hacerse cargo de la Dirección de Laboratorios de Investigaciones de la empresa metalúrgica Guillermo Decaer S.A., pionera en el área, y en 1954 se integró a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA) para dirigir el recién creado Departamento de Metalurgia, y ser Gerente de Tecnología. Lo ocuparon también los cursos de posgrado que empezó a dictar y la creación de la Escuela de Física del Centro Atómico Bariloche, tarea en la que fue colaborador del físico nuclear José Antonio Balseiro.

Cuando muchos dudaban en la CONEA sobre la creación del primer reactor experimental de América latina, Sabato insistió en su conveniencia y finalmente se inauguró en 1958: tiempo después la Comisión se convertía en uno de los centros científicos más avanzados del momento.

Sabato realizó estudios y dictó cursos en universidades de Inglaterra, Canadá y Estados Unidos luego de dejar la Gerencia de Tecnología de la CONEA en 1970. Instituciones como las Naciones Unidas, la UNESCO, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos lo tuvieron como consultor y especialista.

Sabato falleció en 1983. Fue siempre un entusiasta de la aplicación de la investigación científica a la industria, con el apoyo estatal: es ya un clásico el llamado “triángulo de Sabato”, que expresa la interacción necesaria entre el Estado, las universidades y las empresas, como camino para el logro de un desarrollo tecnológico que beneficie a toda la sociedad de manera equitativa.

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“SABATO POR ÉL MISMO”, del Prólogo de su libro “Ensayos en Campera”, Buenos Aires, 1979.

“Con tanto Sabato que anda por ahí conviene comenzar con un identi-kit del autor:

Nació hace mucho (en 1924) pero allí cerca (Rojas, Pcia. De Buenos Aires). De profesión, Físico (¡podría ser algo mucho peor!), de oficia, Investigador (que hace investigación, no que trabaja de “tira”), de vocación, hombre libre (de allí sus desplantes ante la prepotencia, como lo testimonia elocuentemente su renuncia a la presidencia de SEGBA S.A., hace algunos años).

Ha realizado investigaciones en la Universidad de Birmingham (Inglaterra), en la Comisión de Energía Atómica, en la Universidad de Stanford (Estados Unidos), en Place Pigalle (Francia), en la Universidad de Sussex (Inglaterra), en Colegiales (donde vive), en el Wilson Center de EE.UU., etcétera.

Como todo señor bastante maduro que se respete pertenece a una barra de instituciones: Fundación Bariloche, Club de Roma, Institute of Metals, Centro de Estudios Industriales, Club Gure-Echea, Foro Latinoamericano, Instituto de Desarrollo Económico y Social, etc.

Por las mismas razones biológicas ha recibido importantes distinciones: Premio del V Congreso Nacional de Ingeniería, Orden del Ladrillo, Llave del Fogón de los Arrireros, Premio Multinacional de Metalurgia, etcétera.

Ha publicado trabajos científicos (y de los otros…) en castellano, francés, inglés, portugués, alemán, lunfardo y hasta en una revista distinguidísima llamada Ekistics. Ha sido centro-foward en el barrio de Palermo, socio de una librería en la calle Córdoba, asesor de las Naciones Unidas y del Pacto Andino, expositor en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, profesor en Canadá, gerente en Energía Atómica…y una pila de cosas más. Ha pronunciado centenares de conferencias, charlas y afines entre las que se destacan “Hipólito Irigoyen y el Surrealismo”, “El tango, el fútbol y la crisis nacional” y “Reflexiones sobre la Chantocracia”. De sus varios libros prefiere “Segba, Cogestión y Banco Mundial” que molestó por igual a peronistas y antiperonistas, a derechistas e izquierdistas, simplemente porque dice toda la verdad.

Es hincha de Gardel, Artaud, el Comandante Prado, Joyce, Arolas, Gramsci, el Malevo Muñoz, Dostoievski, Arlt, Joyce Cary, la Camerana Bariloche, Dante Panzeri, Vivaldi, el fútbol de potrero, el guiso de arroz, las camperas, los “foratti” con tuco, la siesta…En dos palabras: hincha de la autenticidad.

Es enemigo de la corbata, los “curricula vitae”, los discursos en las academias y en los cementerios, los organigramas, los agradecimientos por los importantes y patrióticos servicios prestados, los trepadores, los editoriales de los diarios serios, las funciones de gala, los maletines de los ejecutivos, la música enlatada, la literatura exquisita…En dos palabras: enemigo de la solemnidad.

Jorge A. Sabato”

Sobre su última reflexión, abundaba: “He evitado cuidadosamente la solemnidad, porque ésta no es más que la máscara que oculta la mediocridad, el chaleco de fuerza del espíritu creador, el “enemigo de la verdad”, como la definió Chesterton”.

Sabato prevenía: “En el terreno de la ciencia y la cultura, las mayores dificultades provienen de lo que he llamado la conspiración de los mediocres. La mediocracia probablemente haya sido, y es, una enfermedad más grave, en la Argentina, que la aristocracia, la oligocracia, la plutocracia…Yo le tengo miedo a los mediocres, primero porque son más, segundo porque viven más y, además, se disimulan más. Uno cree que no están, pero sí, siempre están…”

Cabe señalar que en la Publicación Instituto de Tecnología “Profesor Jorge A. Sabato”, “Sabato en cnea”, editada en 1993 por iniciativa de la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Universidad Nacional de General San Martín y recopilado por Luis Quesada, se puede leer en la página 14:

…Volviendo al concepto de “industrias industrializantes” de Sabato-Martin, en el sector nuclear como sector de “punta”, su tecnología es “intensiva en conocimiento científico” y requirió una fuerte base de I + D. Tuvo un fuerte poder multiplicativo a través de su impacto de modernización tecnológica en los medios productivos locales, al crear una “industria nuclear”. Fue el eje para el desarrollo de otros sectores: calderería, soldadura, instrumentación y control, tratamiento de aire, tratamiento de superficies, fabricación de bienes y capital (plantas para la industria de alimentos y farmacéutica), etc. Igualmente, hubo otros aspectos no nucleares que debieron contemplarse: ecológicos (posible aumento de temperatura en ríos o lagos), estudios de sismicidad, problemas de radioactividad, seguridad de centrales nucleares, aspectos legales y jurídicos, etc.

Se puede leer también en la página 14 de la citada publicación:

…Durante 1973 Sabato desplegó una intensa actividad para luchar por la línea de “autonomía tecnológica” (ahora desde afuera de CNEA) en relación a la licitación de la Central Nuclear Córdoba.

…Con la colaboración de Raúl Frydman, Gerardo Gargiulo y Oscar Wortman reinició sus trabajos sobre: las limitaciones al desarrollo nuclear y la influencia del sistema de salvaguardias, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y el Tratado de Tlatelolco (para América Latina), analizó el Plan Nuclear brasileño, entre otros. Sobre el TNP Sabato destacó que “establece todo tipo de exigencias y seguridades…a los que no tienen armamento nuclear, a los poseedores de inmensos arsenales…muy bien, muchas gracias”. Lo comparaba con “defender la moral pública controlando a los mudos para que no canten canciones obscenas y a los ciegos para que no vean películas pornográficas”.

…Éstas actividades culminaron con una invitación para colaborar en 1979 en el Woodrow Wilson Center en Washington/DC, USA.

En la página 15, se define el “vademécum” de la “Gerencia de un Centro de Investigación y Desarrollo”.

…Su secreto, que él definió implícitamente, fue: tener clara idea y medida de “su ignorancia” en el tema, e ir cubriéndola en un “clima de creatividad” y con una fuerte motivación, basada en la dedicación exclusiva y el trabajo, pero asegurando previamente un marco ideológico-filosófico a las actividades Este marco podría resumirse en su concepto de “autonomía tecnológica”. Ese “clima de creatividad” estaba basado en: un espíritu democrático de libertad y ético, excelencia y gran competencia intelectual, respeto profesional y personal. Y una fuerte acción solidaria como grupo, que permitiera aprovechar sus virtudes y disimular sus defectos. Sabato siempre tuvo muy claro que la gente capaz no era “fácil”, que debían respetarse sus puntos de vista y su personalidad y que tenían que actuar sintiéndose convencida de la importancia y bondad de lo que hacían y de sus desafíos.

En la página 22 del capítulo que lleva la firma de Carlos A. Martínez Vidal: Ing. Mecánico y Electricista de la UNLP (1953), y Posgrado en la “Escuela Técnica Superior” – Stuttgart, RFA (1959), los dos primeros párrafos del ítem: “Epílogo y reflexiones” señalan lo siguiente:

…Creo conveniente cerrar este trabajo recuperando la particular visión optimista que nos legara Sabato (“El pesimista es un optimista con información”…dicho popular) e insistir en lo expuesto en la primera parte de este trabajo y reiterado a lo largo del mismo: rescatar su fuerza mágica del “se puede”, incluso en un país periférico, en desarrollo o subdesarrollo (pueden elegir), y en un sector de tecnología de punta como el nuclear.

…Nos dice Joan Manuel Serrat: “Sin utopías la vida no es otra cosa que un largo y triste ensayo general para la muerte”. Sabato, juntamente con un puñado de gente que lo acompañó, definió objetivos, que eran utopías para nuestro país, “que está solo y espera”: “construir el mejor laboratorio de metalurgia latinoamericano y uno de los buenos del mundo” –cuando éramos conscientes de nuestra ignorancia en el tema-, “nuestra política de desarrollo nuclear será tecnológicamente autónoma” –cuando éramos fuertemente dependientes-, y “nuestras centrales nucleares tendrán un 40% de participación nacional” –mientras en las centrales eléctricas térmicas o hidráulicas convencionales no superábamos el 20 o 25% de participación. Nos toca a nosotros levantar “nuevas utopías”, similares a aquellas, aunque haya que sembrar en un erial.

Por otra parte, en la página 39 de la misma publicación, y con la firma del Ingeniero Químico Jairo Torres Sánchez, se pueden leer estos dos últimos párrafos:

…en mi opinión Sabato introdujo o ayudó protagónicamente a introducir en la conciencia latinoamericana conceptos como los de la tecnología como mercancía, las fábricas de tecnología, los parques tecnológicos, régimen de tecnología, apertura del paquete tecnológico, división internacional del trabajo y la propiedad industrial teniendo como referencia la tecnología como mercancía, el rol de las empresas del Estado en el desarrollo basado en el manejo tecnológico, la tecnología en el modelo de sustitución de importaciones, el manejo de la tecnología por las corporaciones multinacionales y en general las relaciones entre ciencia, tecnología, industria y sociedad.

…Tanto calaron esas ideas que en América Latina hay un ejército de tecnólogos que lo venera y lo sigue porque fuimos muchos los que abrevamos de esa fuente y los que lo hicimos no nos despojaremos nunca de esa unción. Y especialmente los que hemos sido testigos de todo este proceso y en cierta forma protagonistas, con mayor razón seguimos siendo adherentes a estas ideas que siguen teniendo vigencia ya que aún persisten las grandes confrontaciones entre países ricos y pobres en materia tecnológica, sólo que han cambiado de forma y de matiz. Me gustaría que Jorge me escuchara decir que definitivamente ni aró en el mal ni sembró en el desierto.

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Un Sábato Menos Conocido pero Igualmente Importante

Durante un acto realizado el 14 de noviembre de 1993 en el Centro Atómico Constituyentes (CAC), se impuso el nombre “Profesor Jorge A. Sábato” al Instituto de Tecnología.

Este centro educativo, de inusuales características, es fruto de un convenio firmado -hace tres años- entre la Universidad Nacional de Gral. San Martín y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Persigue la formación de alumnos, en un ámbito de investigación, con rápida respuesta a la evolución de la ciencia y la tecnología.

Funciona dentro del Centro Atómico Constituyentes (CAC). La CNEA facilita laboratorios, biblioteca, instrumental y materiales. La Universidad otorga los títulos de las nuevas carreras.

Desde 1994 el Instituto de Tecnología ofrece una Maestría en Ciencia y Tecnología de Materiales, un Post-Grado de dos años destinado a Licenciados en Física o Química y a Ingenieros. A partir de 1995 se puso en marcha el Doctorado en esas disciplinas y desde este año está disponible la carrera de Ingeniería en Materiales, a la que se puede ingresar habiendo aprobado previamente segundo año de física, química o ingeniería.

El Instituto alberga también al famoso Laboratorio Cero, que funciona en la CNEA desde 1987, destinado a alumnos con inquietudes científicas de los ultimos años de la escuela secundaria.

Siguiendo el modelo del Instituto Balseiro de Bariloche, uno de los puntos claves es la alta relación docente/alumno, así como disponer de excelente equipamiento e infraestructura de laboratorios.

 

 

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