Programa 100 – Discípulos de Leloir lo recuerdan a cien años de su nacimiento.

agosto 31st, 2006

El argentino Luis Leloir, premio Nobel de Química 1970, es recordado por dos de sus discípulos en el año del centenario de su nacimiento.
Aunque Leloir “inventó” la salsa golf, fue su capacidad para investigar en áreas de la salud lo que hizo que se destacara y fuese reconocido. Sus discípulos Belocopitow y Ugalde, son quienes lo recuerdan con cariño y admiración. Leloir – que tuvo como maestro a nuestro primer Nobel en ciencia, Houssay- mostraba olfato y capacidad para descubrir cosas. “Veía el problema desde un ángulo simple y superador”, estimulado por un sentido crítico y en el hallazgo de interpretaciones nuevas. En la dirección de tesis dejaba hacer: “como si uno tirara a alguien al agua, uno aprende a nadar o se muere”, era una forma de despertar la iniciativa. También habló de la urgencia de apuntalar las áreas científica y tecnológica en nuestro país.

Fundación Instituto Leloir situado frente a Parque Centenario Octubre de 1987. Leloir en su laboratorio con Belocopitow Octubre 1987. Leloir acomoda los papeles que llevará a su casa.
Belocopitow y la foto de Leloir recibiendo el Premio Nobel Una popular marca de cuadernos elegida por Leloir para sus notas. Año 1956: en su cuaderno, Leloir repasa un experimento de Ugalde. Anotaciones de Leloir escritas en lápiz. Ugalde repasa uno de los cuadrenos de Leloir.

 

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……..cortina…….LA CIENCIA ARGENTINA EN LA VIDRIERA….cortina…..

En nuestro programa número 100, evocaremos a Luis Federico Leloir en el centenario de su nacimiento..(ráfaga)El destino -sus padres estaban de vacaciones en Francia- hizo que el segundo premio Nobel en ciencias de la Argentina, naciera en París, calle Víctor Hugo, muy cerca del Arco del Triunfo, el 6 de septiembre de 1906..(ráfaga)..No se abundará en datos biográficos. Preferimos escuchar a dos de sus discípulos en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas-Fundación Campomar; y en la actual Fundación Instituto Leloir, de Parque Centenario, donde Leloir fue director desde 1947 hasta su muerte, 40 años después…”cuando yo entré pregunté por Leloir. Supuse que me iba a atender en una oficina en un laboratorio. Me dijeron está ahí, en el lavadero. Voy a verlo y veo un plomero que está arreglando una canilla. Y le pregunto: no sabe adónde está el doctor Leloir. El tipo se da vuelta y me dice, soy yo. Estaba arreglando la canilla en serio. Creo que es muy útil saber manejar las manos y él lo hacía”… nos cuenta el Doctor en Química, Enrique Belocopitow, quien reconoce en Leloir una buena síntesis de trabajador manual e intelectual..(ráfaga).. Eran épocas en que aparatos, drogas, accesorios y “services” lo hacían los mismos investigadores…”justo cuando empezaron a trabajar como Fundación Campomar, los primeros trabajos tuvieron un resultado entre inesperados e importantes y novedosos. Originales, que fue algo que se llamó nucleótidos-azúcares”… mostraron su acción en muchos caminos metabólicos antes desconocidos. Este hallazgo de los años 50 -de tan alto impacto en la investigación bioquímica- y por el cual Leloir ganaría el Nobel de Química en 1970, hizo evidente el proceso interno por el cual el hígado recibe glucosa -azúcar común- y produce glucógeno, el material de reserva energética del organismo..(ráfaga)..El doctor Rodolfo Ugalde destaca precisamente ese don, olfato y capacidad para descubrir cosas…”un poco esto de mirar el problema desde un ángulo o desde un lugar que me permite descubrir la verdadera naturaleza de lo que estoy analizando”… Un atributo que tenía Leloir…”El era capaz de mirar cosas o de encarar el problema o de hacer un análisis de la realidad desde un ángulo donde se interpretaba mejor el conjunto. Se acercaba más a la verdad. Y generalmente esa visión era tan obvia que uno decía: pero porqué no se me ocurrió a mí? Claro, no se me ocurrió a mi por alguna razón. El era el premio Nobel y yo no”…. Recibido de médico en 1932, Leloir abandonó pronto esa actividad para consagrarse a la investigación científica pura. Ingresó al Instituto del doctor Bernardo Houssay -Nobel de Fisiología y Medicina en 1947- de quien fue discípulo, antes de trabajar con otros notables científicos en Inglaterra y EEUU, donde consolidó…”ese sentido crítico del análisis, esa capacidad, esa libertad de pensamiento. Esa capacidad de asombrarse con las cosas, de no quedar encasillado en una interpretación que dio otro”… Una convicción -cuenta Belocopitow- que también hizo de Leloir un muy buen maestro…”El fue mi director de tesis. La impresión que tengo, que él dejaba hacer. Hay distintos estilos”…. Mientras Houssay era de guiar más de cerca a sus discípulos…”Leloir era más bien de dejar que la gente haga lo que quiera. Es como si uno tirara a alguien al agua. O aprende a nadar o se muere”…. Y esto es importante porque…”los discípulos empiezan a tener iniciativa propia”…. Leloir -inventor de la salsa golf, al juntar mayonesa y ketchup para superar el aburrimiento de comer los langostinos siempre con mayonesa- tenía espíritu bromista y era feliz trabajando en equipo. Y aprovechaba bien el tiempo…”siempre llegaba a la misma hora. Se iba a la misma hora. Llegaba más o menos a las 9, se iba a las 5. Se llevaba revistas científicas para leer en su casa. Pero siempre a la misma hora”… Leloir recibió premios en el país y en el exterior, fue incorporado a distintas Academias, y tentado a ocupar la Dirección del Departamento de Bioquímica de la Universidad de Harvard, pero eligió trabajar aquí. Y es verdad que siempre instó a sus discípulos a crear nuevos núcleos científicos…”Yo creo que estaría contento. El siempre promovía esto de que la gente vaya, forme nuevos grupos”… comentó Ugalde en su oficina del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSM, donde con su grupo completó a fines de 2004 una investigación clave del propio Leloir. Sobre esto, Ugalde especula…”estoy seguro que hubiera aportado muchísimo durante este trabajo. Más de lo que nosotros pensamos. Estoy seguro que hubiera discutido y hubiera dado buenas ideas, porque siempre lo hizo”.. Porque lo cierto es que Leloir..”era un entusiasta, es decir, hasta sus últimos días uno le llevaba un resultado y no es que decía bueno, no me importa. No. Se interesaba. Era un fanático de la ciencia”…. y un hombre que lamentaba el lento avance argentino en áreas claves de la ciencia y la tecnología..(ráfaga).. Por eso, en este año 2006, centenario de su nacimiento, hay que recordar las palabras de Leloir: “la fuente de riqueza pasó de los campos a las fábricas y ahora a los descubrimientos científicos”. La única esperanza, es que esta realidad sea comprendida por la sociedad argentina. En tanto, su legado, está bien protegido en el Instituto que lleva su nombre.

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